La administración de Donald Trump ha enfrentado una serie de desafíos al intentar utilizar la Base Naval de Guantánamo como centro de detención para migrantes. Esta iniciativa, parte de una estrategia más amplia para reforzar las deportaciones, ha generado críticas y complicaciones logísticas significativas. A pesar de los esfuerzos por ampliar la capacidad operativa de la base, los resultados han sido limitados. Hasta el 13 de marzo, no había migrantes detenidos en Guantánamo, y los 40 que permanecían allí fueron trasladados de nuevo a Estados Unidos. En total, solo 300 migrantes han sido detenidos en la base, una cifra muy por debajo de los 30.000 que se esperaba albergar.
El exdirector interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Tom Homan, ha señalado que actualmente hay 46.000 personas detenidas por el ICE, aunque la cifra debería ser de 65.000. Guantánamo tiene capacidad para albergar a 180 migrantes, pero podría aumentar a 3.120 si se equiparan las 195 estructuras temporales con sistemas de climatización. Sin embargo, estas carpas permanecen vacías debido a la falta de equipamiento básico, como aire acondicionado, según el Departamento de Defensa.
El uso de Guantánamo para la detención de migrantes ha sido objeto de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos. Estas organizaciones han denunciado las condiciones de reclusión, que incluyen movilidad restringida e intentos de suicidio. Además, los costos de retener migrantes en Guantánamo son significativamente más altos que en centros de detención en Estados Unidos. Según registros del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), mantener a un migrante en un centro de detención en EE. UU. cuesta 157 dólares diarios, mientras que en Guantánamo el costo asciende a 16.540 dólares al día. El gobierno ha gastado aproximadamente 4 millones de dólares en vuelos militares y hasta 16 millones de dólares en detención migratoria.
A pesar de estos problemas, la administración de Trump sigue considerando a Guantánamo como una opción clave en su estrategia migratoria. Un funcionario de la Casa Blanca ha admitido los obstáculos, pero ha afirmado que persistirán en el uso del centro de detención como parte del cumplimiento de sus promesas de campaña. Históricamente, Guantánamo ha sido utilizado para albergar a presuntos combatientes enemigos vinculados con los atentados del 11 de septiembre. También ha servido como centro de operaciones para migrantes interceptados en el mar y para recibir a los deportados.
El despliegue militar en la base ha aumentado, con más de 1.000 soldados asignados a operaciones de aeródromos, logística, seguridad y distribución de alimentos. La representante demócrata Sara Jacobs, quien visitó Guantánamo con una delegación del Congreso, ha explicado que el Departamento de Defensa ha solicitado al DHS que solo transfiera a la base a migrantes sin problemas de salud mental ni necesidades médicas graves. Jacobs también ha señalado el desafío que enfrenta Trump para llegar a detener a 30.000 personas en Guantánamo.
Varios expertos en Guantánamo y en derechos humanos han expresado preocupaciones sobre la legalidad y la idoneidad de que los militares se encarguen de la detención de migrantes en la base naval. J. Wells Dixon, abogado del Centro de Derechos Constitucionales, ha argumentado que Estados Unidos no está en guerra con los inmigrantes detenidos, por lo que el uso del Campamento 6 como centro de detención no es apropiado. Dixon ha advertido que si surgen problemas graves, no será el DHS el responsable, sino el propio Departamento de Defensa.
Por su parte, las congresistas Jill Tokuda y Sara Jacobs han señalado que los primeros migrantes detenidos en Guantánamo fueron tratados más como terroristas que como inmigrantes. El congresista Mark Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y asesor principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, ha criticado la decisión de Trump de destinar tropas militares a la detención de migrantes. Cancian ha afirmado que el ejército no está entrenado para estas operaciones de cuidado a largo plazo, ya que su propósito es participar en misiones de guerra, no en la retención de migrantes.