En el piso 30 del edificio Chartered Square, en el centro de Bangkok, opera una discreta oficina. Allí funciona Skyhub Technologies Ltd., empresa que se ha convertido en pieza clave de un circuito comercial internacional. El espacio está alquilado a un proveedor de oficinas con servicios. Recibe visitas ocasionales de su único director y de ciudadanos chinos, según personal del edificio.
La empresa no publica número de contacto. Tampoco había personal disponible durante una visita de prensa de Bloomberg a finales de enero. Sin embargo, documentos comerciales revelan datos significativos. Skyhub Technologies es el segundo mayor importador de drones de Tailandia procedentes de China.
El destino final de los equipos no figura en los registros oficiales. No obstante, la mayor parte de los drones importados por el país se reexporta a Rusia. Esta operación se considera legal bajo la normativa vigente. Además, coincide con el aumento de la demanda militar tras la invasión a gran escala de Ucrania.
Durante años, Tailandia pasó desapercibida como punto de tránsito hacia Rusia. Pero datos oficiales muestran cambios importantes desde 2022. Las exportaciones tailandesas de drones hacia ese país aumentaron con fuerza en paralelo con las importaciones desde China. Funcionarios ucranianos detectaron esa tendencia, según una fuente familiarizada con la situación.
Entre enero y noviembre de 2025, Rusia importó drones desde Tailandia por 125 millones de dólares. Esta cifra equivale al 88% de las exportaciones tailandesas de ese rubro. Asimismo, representa ocho veces más que el año anterior. En el mismo período, China envió a Tailandia drones por 186 millones de dólares. Esta cantidad constituye casi la totalidad de sus exportaciones hacia ese mercado.
En 2022, las ventas tailandesas no alcanzaban el millón de dólares. Tampoco incluían a Rusia como destino. El cambio ha sido drástico en apenas tres años. Por ello, analistas internacionales observan con atención esta nueva ruta comercial.
El director general de aduanas de Tailandia, Phantong Loykulnanta, ofreció declaraciones al respecto. Sostuvo que las exportaciones cumplen el marco legal vigente. Además, señaló que no existe obligación de declarar el uso final de los drones al importarlos desde China. “Estamos listos para actuar, pero primero es necesario promulgar una ley”, afirmó. También indicó que el Ministerio de Comercio investiga el asunto.
China sostiene que no brinda asistencia militar a Moscú. Sin embargo, equipos de fabricación china aparecen de forma habitual en el campo de batalla ucraniano. En especial destacan los drones con vista en primera persona. Estos dispositivos son capaces de transmitir imágenes en tiempo real. Consecuentemente, modifican las tácticas de combate sobre el terreno.
El Departamento de Estado de Estados Unidos evitó comentar específicamente los envíos vía Tailandia. No obstante, un portavoz sostuvo que China respalda el esfuerzo bélico ruso. Además, afirmó que aporta cerca del 80% de las piezas de doble uso empleadas por Moscú. Es decir, componentes con aplicaciones civiles y militares.
Maria Shagina, investigadora principal del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, analizó la situación. “El Sudeste Asiático es una región que sin duda hay que vigilar”, afirmó. Luego agregó: “Los países pueden cambiar, pero los métodos no: desvío a través de terceros países mediante empresas fantasma”.
Rusia enfrenta múltiples sanciones internacionales por la guerra en Ucrania. Por ello, se vio obligada a buscar rutas alternativas de suministro. Tras medidas occidentales contra corredores previos, el panorama cambió. Países como Emiratos Árabes Unidos y Kazajistán dejaron de funcionar como vías principales. Entonces, el Sudeste Asiático emergió como alternativa relevante.
En octubre, la Unión Europea sancionó a dos empresas tailandesas. El motivo fue su apoyo al ejército ruso. Esta medida evidencia la preocupación occidental por estas rutas comerciales. También demuestra los esfuerzos por cerrar canales de suministro a Moscú.
Otros países también han funcionado como intermediarios en diferentes rubros. Informes previos señalaron a India como canal para servidores con chips estadounidenses. Asimismo, proveedores sudafricanos aparecen como origen de piezas de drones utilizados por Rusia. Además, Moscú adquiere misiles a Irán. También ensambla en su territorio drones Shahed 136 de diseño iraní.
“La guerra de desgaste es una batalla por recursos”, señaló Shagina. “Rusia está intensificando su presencia”, añadió la investigadora. Esta observación refleja la estrategia de largo plazo del Kremlin. Igualmente, explica la búsqueda constante de nuevas rutas de suministro.
Skyhub Technologies, originalmente dedicada a la geología, cambió su perfil comercial. Importó drones por unos 25 millones de dólares en 2025. Muchos procedían del fabricante chino Autel Robotics. Entre los envíos figuraban 976 unidades del modelo EVO Max 4T. Cada una tiene un precio aproximado de 9.000 dólares.
Una empresa rusa solicitó apoyo estatal para producir ese modelo localmente. Esta petición llegó tras evaluar su desempeño en combate. Por su parte, Autel negó cualquier asociación con fines militares. La compañía sostuvo que sus equipos son de uso civil exclusivamente. También afirmó que cuentan con sistemas de geocercado. Estos impedirían operar en zonas de conflicto, según la empresa.
Otra firma desempeña un papel aún mayor en este comercio. China Thai Corp., con sede en las afueras de Bangkok, muestra cifras significativas. Importó drones por 144 millones de dólares en los primeros once meses de 2025. Además, fue sancionada por el Reino Unido por suministrar tecnología al ejército ruso. Sus ingresos crecieron de forma abrupta desde 2023, según registros oficiales.
Más allá del comercio de tecnología, los vínculos entre Tailandia y Rusia se expanden. El año pasado, un récord de 1,9 millones de turistas rusos visitó el país. Asimismo, ciudadanos de esa nacionalidad adquirieron propiedades por más de 30 millones de dólares. Esto ocurrió en el primer trimestre de 2025. En la isla de Phuket, cerca de un tercio de los expatriados eran rusos a finales de 2023.
Moscú también impulsa proyectos culturales y educativos en el país. Estos incluyen centros de idioma y becas para estudiantes. Según analistas, Bangkok prioriza atraer inversiones y turismo ruso pese al conflicto en Europa del Este. Esta política coincide con el crecimiento del comercio indirecto de tecnología sensible a través de su territorio.
El fenómeno plantea interrogantes sobre el control de exportaciones de doble uso. También cuestiona la efectividad de las sanciones internacionales. Mientras tanto, las empresas tailandesas operan dentro del marco legal de su país. Pero sus actividades contribuyen al esfuerzo bélico ruso, según observadores occidentales.
La situación refleja las complejidades de la economía globalizada. Las cadenas de suministro se adaptan rápidamente a las restricciones. Además, encuentran rutas alternativas cuando se cierran canales tradicionales. Por tanto, las sanciones requieren coordinación internacional más amplia.
El caso también ilustra cómo países neutrales pueden convertirse en puntos de tránsito. Tailandia mantiene relaciones con ambos bandos del conflicto. No ha condenado la invasión rusa de Ucrania. Tampoco se ha sumado a las sanciones occidentales contra Moscú.
Esta postura le permite beneficiarse económicamente de la situación. El turismo ruso aporta ingresos significativos. Las inversiones inmobiliarias generan actividad económica. Y el comercio de tránsito crea oportunidades para empresas locales.
Sin embargo, estas ventajas económicas conllevan riesgos reputacionales. Las sanciones europeas contra empresas tailandesas son una advertencia. También podrían complicar las relaciones con socios occidentales en el futuro. Bangkok deberá equilibrar estos intereses contrapuestos.
Mientras tanto, el flujo de drones continúa. Las empresas fantasma siguen operando en edificios de oficinas anodinos. Los documentos comerciales muestran transacciones legales. Pero el destino final de los equipos alimenta un conflicto que ya lleva años.