Entre marzo y mayo, el flujo de petróleo por el Estrecho de Ormuz se desplomó. Pasó de 20 millones de barriles diarios a solo 2,7 millones. Así lo documenta la Agencia Internacional de la Energía en un informe publicado el 22 de junio.

Esta caída representa la mayor interrupción de suministro petrolero jamás registrada. Las pérdidas acumuladas superan los 1.300 millones de barriles desde el estallido de la guerra en Oriente Medio. El conflicto comenzó el 28 de febrero.

Sin embargo, el mercado petrolero mundial no colapsó como muchos analistas temieron. El sistema global encontró formas de compensar ese vacío gigantesco. La pregunta clave es cómo lo logró.

El precio del crudo Dated Brent del Mar del Norte tocó máximos históricos en abril. Alcanzó los 144 dólares por barril. Esta cifra más que duplicaba el valor previo a la guerra. Aun así, el mundo no se quedó sin combustible.

**El superávit previo al conflicto**

Antes de la guerra, el mercado petrolero ya mostraba un excedente considerable. Las proyecciones de la AIE indicaban un superávit de 3,7 millones de barriles diarios para 2026. Durante doce meses consecutivos, la producción mundial había superado el consumo.

Las existencias almacenadas llegaban a 8.200 millones de barriles. Este colchón resultó fundamental cuando comenzó la crisis. El excedente acumulado evitó que el impacto se sintiera de inmediato con toda su fuerza.

China jugó un papel crucial en esa acumulación. Durante meses, el gigante asiático había comprado petróleo muy por encima de sus necesidades reales. Guardó esas reservas estratégicamente.

Cuando el tráfico por Ormuz se desplomó a principios de marzo, China tenía margen de maniobra. Entre febrero y mayo, el país recortó sus importaciones de crudo en un 40 por ciento. Esta reducción equivale a 4,6 millones de barriles diarios.

La demanda china también se había debilitado tanto en refinerías como entre consumidores finales. Esta combinación de reservas abundantes y demanda débil le permitió al país resistir. Pero ese colchón, por grande que fuera, tenía límites claros.

**La liberación masiva de reservas**

Los países miembros de la AIE tomaron una decisión sin precedentes a principios de marzo. Acordaron liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas de emergencia. La decisión fue unánime.

Esta liberación se ejecutó en apenas dos semanas desde el inicio del conflicto. Constituye la mayor acción de este tipo en la historia de la Agencia. Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, anunció personalmente la medida.

Sin embargo, el mercado ya había comenzado a vaciarse por cuenta propia antes de esta decisión. Los precios elevados empujaron a productores, comercializadoras y refinerías a extraer petróleo de sus inventarios privados. Lo hicieron a un ritmo nunca antes visto.

En promedio, las existencias privadas cayeron 3,8 millones de barriles diarios desde el arranque del conflicto. La liberación oficial de la AIE se sumó a este proceso. No lo sustituyó, sino que lo complementó.

La liberación se intensificó semana tras semana después del anuncio inicial. Primero actuaron los países de Asia-Pacífico. Necesitaban atender las tensiones más inmediatas en su propia región. Luego se sumaron los demás miembros.

Para mayo, la acción colectiva ya estaba inyectando al mercado 2,5 millones de barriles diarios adicionales. Esta cifra representaba una contribución significativa, pero no suficiente por sí sola.

Birol ha insistido repetidamente en un punto crucial. Liberar reservas de emergencia es una medida de corto plazo. No constituye una solución de fondo al problema.

Lo que realmente resuelve la crisis, según el director ejecutivo, es la reapertura total del Estrecho. Debe ser incondicional y permanente.

**Rutas alternativas para esquivar el bloqueo**

Arabia Saudita activó su infraestructura alternativa de forma masiva. El oleoducto Este-Oeste del país termina en el puerto de Yanbu. Esta instalación está ubicada en la costa saudí del mar Rojo.

Antes de la guerra, este oleoducto movía 2 millones de barriles diarios. A comienzos de junio, su capacidad había aumentado a más de 5 millones. Arabia Saudita también recurrió a reservas almacenadas en el extranjero.

Los Emiratos Árabes Unidos desplegaron su propia estrategia de evasión. Un oleoducto de 380 kilómetros conecta el centro de producción de Habshan con Fujairah. Este último puerto está ubicado en el golfo de Omán.

Esta ruta esquiva por completo el Estrecho de Ormuz. Por ahí, los Emiratos pueden mover 1,8 millones de barriles diarios. Cerca del puerto se encuentra además el complejo subterráneo de almacenamiento Mandous.

Esta instalación tiene capacidad para 42 millones de barriles. Le dio al país margen adicional de maniobra durante la crisis.

Desde abril, los Emiratos Árabes adoptaron una táctica más arriesgada. Comenzaron a sacar petróleo directamente por Ormuz, pero pegados a la costa de Omán. Los transpondedores de sus petroleros permanecían apagados para evitar detección.

La AIE documenta esta práctica en su blog. La combinación de todas estas rutas llevó las exportaciones emiratíes a 4,3 millones de barriles diarios a principios de junio. En marzo habían caído a apenas 1,9 millones.

Esta cifra representa casi el 85 por ciento de lo que el país exportaba antes de la guerra. Las licitaciones anunciadas recientemente por Emiratos, Kuwait y otros productores del Golfo apuntan a una nueva realidad.

La AIE señala que el tránsito por la costa omaní podría convertirse en la nueva normalidad. Esto permitiría reducir las existencias acumuladas desde el inicio de la guerra. También facilitaría reactivar campos petroleros que habían quedado cerrados.

**El protagonismo estadounidense**

La crisis reordenó buena parte del comercio mundial de petróleo. Varios productores de la cuenca atlántica aprovecharon para enviar más crudo hacia Asia. Entre ellos destacan Estados Unidos, Kazajistán, Brasil y Venezuela.

Ninguno se acercó al desempeño de Estados Unidos. Sus exportaciones totales de crudo y productos petrolíferos alcanzaron un máximo histórico en mayo. Llegaron a 13,1 millones de barriles diarios.

Esta cifra representa casi una cuarta parte más que en el mismo mes del año anterior. Detrás de estos números hubo mayor producción doméstica. También se redujo significativamente las existencias privadas y gubernamentales del país.

Este soporte resultó clave para el suministro global en medio del desorden. Pero conseguir más crudo era solo una parte del desafío. Producir los combustibles refinados que antes salían de Oriente Medio era otra historia completamente distinta.

El diésel fue uno de los productos más afectados. Sin embargo, el combustible de aviación fue el que más preocupación generó.

**La crisis del combustible de aviación**

En 2025, Oriente Medio se había consolidado como la mayor fuente de combustible de aviación para los mercados internacionales. Cuando el Estrecho se cerró de facto a finales de febrero, ese suministro desapareció del tablero.

Europa fue la región más perjudicada. Dependía de Oriente Medio para la mayoría de sus importaciones de combustible de aviación. La situación amenazaba con paralizar el transporte aéreo justo antes de la temporada alta.

Las refinerías estadounidenses respondieron produciendo combustible de aviación a un ritmo récord. En Europa, los rendimientos de este combustible por refinería tocaron máximos históricos. Cada instalación exprimió al máximo su capacidad.

En África Occidental, las exportaciones de combustible de aviación casi se duplicaron. Esta cifra supera ampliamente el promedio de los tres meses anteriores. La recuperación de la refinería Dangote en Nigeria contribuyó significativamente.

Estados Unidos experimentó una transformación notable. En abril de 2025 era importador neto de combustible de aviación. A comienzos de 2026 se había convertido en exportador neto.

Según la AIE, estos cambios alejaron en buena medida el temor a una escasez crítica. La temporada alta de viajes de verano se aproximaba. El riesgo de que los aviones quedaran en tierra había sido considerable.

No obstante, la Agencia advierte que la situación sigue siendo delicada. La demanda europea de combustible de aviación va camino a su pico de verano. Alcanzará 1,8 millones de barriles diarios.

Las importaciones empiezan a repuntar desde los niveles bajos de abril y mayo. Sin embargo, las refinerías europeas tendrán que mantener ese ritmo de producción en los próximos meses. Si no lo hacen, el mercado puede volver a tensarse.

**La advertencia de zona roja**

Mientras todos estos ajustes ocurrían, las reservas mundiales se vaciaban a velocidad sin precedentes. Esto sucedía justo antes del arranque de la temporada de mayor demanda del año. Las palancas para incrementar la oferta ya no daban para mucho más.

A finales de mayo, Fatih Birol emitió una advertencia contundente. Sin una reapertura total del Estrecho de Ormuz, los mercados corrían un riesgo serio. Podrían entrar en julio y agosto en una “zona roja”.

La advertencia llegó pocas semanas antes de un desarrollo diplomático crucial. Estados Unidos e Irán firmaron un memorando el 17 de junio. El acuerdo busca poner fin a la guerra y reabrir el paso estratégico.

Para la AIE, este acuerdo llegó en un momento crítico. Sin embargo, la propia Agencia no se atreve a dar la crisis por resuelta. La situación sigue siendo “muy impredecible”, según su blog.

Las tensiones permanecen fuertes en buena parte del mercado. Persisten dudas sobre cómo evolucionará el proceso de paz. Incluso si el Estrecho termina reabriendo completamente, como espera la AIE, el conflicto ya dejó marcas profundas.

Gobiernos y empresas de medio mundo están revisando en este momento sus estrategias energéticas. Estas revisiones abarcan desde decisiones de inversión hasta rutas de suministro. También incluyen la selección de socios comerciales.

La crisis demostró la fragilidad del sistema petrolero global. Reveló su dependencia de puntos de estrangulamiento geográficos. También mostró la capacidad del mercado para adaptarse cuando se ve forzado.

Las reservas estratégicas cumplieron su función, pero se agotaron rápidamente. Las rutas alternativas funcionaron, pero tienen límites de capacidad. La producción estadounidense fue fundamental, pero no puede sostener indefinidamente ese ritmo.

La reconfiguración del sistema petrolero global que documentó la AIE no fue ordenada ni planificada. Fue caótica, improvisada y costosa. Funcionó porque había margen previo y porque todos los actores actuaron simultáneamente.

Pero ese margen ya no existe. Las reservas están bajas. Las refinerías operan al máximo. Las rutas alternativas están saturadas. Por eso la reapertura del Estrecho no es solo deseable.

Es absolutamente necesaria para evitar que el sistema colapse en los próximos meses.

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