Hace unas semanas, varios emprendedores y analistas económicos recibieron tres preguntas. El objetivo era conocer sus peticiones para Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. Las respuestas buscaban identificar necesidades del ecosistema emprendedor colombiano. Además, se exploraron temas como alivios tributarios y pagos justos. También surgió la propuesta de crear un fondo soberano.
La semana del cambio de gobierno trajo una respuesta adicional. Óscar Granados, Director del área académica de Negocios de UTadeo, compartió su visión. Sus reflexiones abordan el país de emprendedores y el proceso tecnológico. Asimismo, analiza la estructura productiva nacional.
Colombia ha sido un país de emprendedores durante décadas. Recientemente, el emprendimiento se ha volcado hacia diferentes actividades. Muchas de estas actividades se enfocan en la optimización de procesos. En consecuencia, algunas tecnologías han jugado un papel importante.
Sin embargo, existe una situación estructural que limita el crecimiento. Esta situación ha impedido que el emprendimiento se fortalezca adecuadamente. Por un lado, falta una base científica sólida. Por otro lado, no se ha logrado la complejización económica necesaria.
La articulación de políticas públicas resulta fundamental para avanzar. Las políticas de ciencia, tecnología, industria y educación deben integrarse. Esta integración permitiría direccionar procesos de emprendimiento en áreas estratégicas. De esta manera, se podría aprovechar la estructura actual del país.
La generación de valor agregado representa una oportunidad clave. Ampliar esta generación requiere actividades que consoliden la diversificación. Un portafolio de productos más amplio fortalecería la economía nacional. Por lo tanto, el direccionamiento estratégico se vuelve indispensable.
El ecosistema debe facilitar el emprendimiento desde múltiples frentes. No basta con agrupar emprendedores en un mismo espacio. Más bien, se necesita transformar la forma en que se ejecutan. El apoyo institucional y gubernamental debe partir desde los procedimientos básicos.
Los recursos financieros constituyen otro pilar fundamental del ecosistema. La infraestructura adecuada permite que los emprendimientos crezcan. Muchos proyectos no logran pasar de la fase de incubación. En consecuencia, se pierde talento y potencial económico.
Las grandes compañías nacionales deben asumir un rol más activo. Estas organizaciones consolidadas deben buscar mecanismos para usar productos locales. Actualmente, muchos emprendimientos solo reciben esquemas de prueba. Ir más allá de estos esquemas permitiría consolidar resultados.
Los espacios de colaboración entre grandes empresas y emprendedores son escasos. Abrir estos espacios permitiría mejorar los productos y servicios. Además, se fortalecerían los resultados de los emprendimientos nacientes. Esta colaboración beneficiaría a toda la cadena productiva.
La tecnología lidera actualmente el mundo y los negocios globales. El enfoque que dé la nueva administración a este renglón es crucial. El proceso tecnológico no se sustenta solamente en adoptar tecnologías. También requiere entender y crear nuevas soluciones tecnológicas.
El proceso parte de la transferencia tecnológica entre instituciones. Posteriormente, avanza hacia la investigación tecnológica aplicada. Su base fundamental se consolida en la investigación científica pura. Ahí es donde realmente está la posibilidad de transformación.
Formar parte activa del proceso tecnológico requiere inversión significativa. La inversión pública y privada ha consolidado organizaciones en otras regiones. Estas organizaciones definen los avances y las transformaciones tecnológicas globales. Colombia debe aspirar a participar en este nivel.
Si el país participa de forma pasiva, perderá oportunidades valiosas. Además, no tener un direccionamiento científico y tecnológico genera dependencia. El país se convertiría en una periferia que solo usa tecnologías. Esta situación implicaría perder capacidad para estar en el centro.
Los procesos tecnológicos demandan cada vez más recursos financieros. También requieren infraestructura especializada y conocimiento avanzado. Es necesario concentrarse en el cómo de la implementación. Las estructuras presupuestales precisas de mediano y largo plazo son esenciales.
La documentación con buenas intenciones no basta para avanzar. Se necesita definir con precisión cómo desarrollar las iniciativas. Los planes deben incluir metas medibles y recursos asignados. Solo así se logrará un impacto real en el ecosistema.
Los emprendimientos que logran acceder a capital de riesgo son pocos. La mayoría debe acudir a la financiación bancaria tradicional. Otros recurren a recursos propios o alternativas limitadas. Esta situación hace difícil la sostenibilidad en el mediano plazo.
El estado emprendedor se vuelve necesario para economías emergentes. Colombia requiere un gobierno que invierta estratégicamente en innovación. Este rol activo del estado puede marcar la diferencia. Las economías exitosas han demostrado la efectividad de este modelo.
La informalidad sigue siendo un gran lastre de la economía colombiana. Sin embargo, el emprendimiento puede ser el camino para cambiar. Esta realidad requiere políticas públicas enfocadas y sostenidas. El emprendimiento e intra-emprendimiento deben jugar un papel transformador.
La estructura productiva actual no es suficientemente amplia. Muchas actividades no generan mayor valor de manera constante. Tampoco avanzan hacia nuevos procesos productivos y tecnológicos. En consecuencia, la informalidad se convierte en una opción para muchos.
Un gran número de personas no logra desarrollar actividades formales. La limitada estructura productiva restringe las oportunidades disponibles. En ocasiones, la alta especialización de algunas actividades también limita. Muchas personas no tienen las capacidades o conocimientos necesarios.
Ante esa limitación productiva, el emprendimiento adquiere relevancia especial. No debe verse desde la perspectiva de subsistencia únicamente. Más bien, debe ser un escenario de articulación productiva. Los procesos de formación técnica y tecnológica deben implementarse rápidamente.
Los productos o servicios mínimos viables permiten validar ideas. La alianza entre empresas, procesos de formación y gobierno es clave. Estas tres partes deben alinearse en identificar actividades esenciales. Un plan productivo preciso debe guiar los esfuerzos conjuntos.
Ese direccionamiento definido desde la articulación no es algo nuevo. Alemania lo definió durante el siglo XIX con resultados notables. Corea del Sur, Singapur y China hicieron lo propio durante el siglo XX. Estos países lograron transformaciones económicas impresionantes.
El proceso implica definir actividades que se consolidarán estratégicamente. También implica renunciar a otras actividades menos prioritarias. Esta toma de decisiones difíciles es parte del camino. Los países exitosos han demostrado la importancia de la claridad estratégica.
La inteligencia artificial cambiará los emprendimientos convencionales según expertos. El nuevo paradigma es la investigación y desarrollo en software y hardware. Este es el reto para el cual el país no está preparado. De lo contrario, Colombia se quedará en emprendimientos tradicionales.
Los emprendimientos con bajo valor agregado de conocimiento tienen limitaciones. La colaboración con incubadoras de empresas en varios países ofrece lecciones. Manizales ha tenido experiencias en este campo con resultados mixtos. La Utadeo tuvo el TadeoLab en su momento.
El ecosistema de emprendimiento colombiano requiere transformaciones profundas. La nueva administración tiene la oportunidad de marcar una diferencia. Las políticas integradas de ciencia, tecnología, industria y educación son el camino. Solo con esta articulación se logrará un impacto sostenible.