La colaboración internacional ha sido un pilar fundamental en el desarrollo del sistema agroalimentario en Colombia. La Unión Europea (UE), la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS) y la FAO han unido esfuerzos para impulsar el Programa de Desarrollo Rural con Enfoque Territorial (DRET II). Este programa ha sido clave para enfrentar los desafíos que presenta la agricultura en un mundo con una población en constante crecimiento. Según la FAO, se espera que la población mundial alcance los 9.500 millones de personas en 2025, lo que podría aumentar la demanda de productos agrícolas entre un 60% y un 70%.
El DRET II ha desarrollado 20 iniciativas regionales conocidas como “Rutas Territoriales”. Estas iniciativas han sido posibles gracias al trabajo conjunto entre instituciones nacionales y locales, productores rurales y actores de conservación ambiental. Alberto Menghini, jefe de cooperación de la UE en Colombia, destacó que el programa ha encontrado soluciones que combinan desarrollo económico con sostenibilidad ambiental. Este enfoque colaborativo ha permitido transformar modelos de producción, conservación y consumo desde los territorios.
Un ejemplo destacado de estas iniciativas es el Plan Departamental de Agroecología del Valle del Cauca 2024-2035. Este plan, aprobado bajo la ordenanza 018 de 2024, ha sido un modelo para otros territorios del país. Marcos Rodríguez Fazzone, especialista de la FAO, señaló que la agroecología ha servido como un eje articulador entre los sectores agrícola y ambiental. Este enfoque ha permitido avanzar en la construcción del Plan Nacional de Agroecología mediante un proceso participativo que involucra a organizaciones sociales y la academia.
La implementación de prácticas sostenibles, como la creación de biofábricas en Tolima y Boyacá, ha demostrado la efectividad del modelo agroecológico. Estas biofábricas han permitido a los productores de la Agricultura Campesina, Familiar, Étnica y Comunitaria (ACFEC) abrir nuevas líneas de negocio, como la producción de insumos de origen biológico. Este negocio está en auge en la región y promete un futuro próspero y sostenible.
El programa DRET II también ha abordado la reducción de desigualdades, especialmente las que enfrentan las mujeres rurales. Un piloto de economía del cuidado en Santander ha permitido a las mujeres cacaoteras de Zurron’s Cacao reducir el tiempo dedicado a tareas domésticas. Esto se logró mediante la entrega de dotaciones para el hogar y un proceso de sensibilización comunitaria.
La juventud rural enfrenta desafíos significativos, como el limitado acceso a la tierra, tecnologías y mercados. Según un estudio del Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural, se estima que la población rural juvenil se reducirá al menos un 20% para 2050. Para abordar esta problemática, el DRET II ha trabajado con la Mesa de Empleabilidad y Emprendimiento Juvenil Rural (MEEJR). Esta instancia, integrada por más de 5 mil jóvenes, ha desarrollado estrategias para mejorar la educación rural, la innovación y la tecnología.
Un ejemplo de éxito es el Esquema de Pago por el Servicio Ambiental de Regulación Hídrica en el Valle del Cauca. En este proyecto, los jóvenes lideran un proceso de compensación por conservar la biodiversidad y los ecosistemas. Este enfoque promueve el cuidado del territorio y la preservación de la identidad cultural.
La sostenibilidad es un tema prioritario para la AICS, que busca integrar la sostenibilidad en las decisiones productivas. Aunque existen tensiones entre producción agrícola y conservación, se ha demostrado que es posible implementar modelos de paisajes productivos sostenibles. Estos modelos se basan en la bioeconomía, la agroecología y la economía circular. Luca De Paoli, coordinador de programas de la AICS, enfatizó la necesidad de invertir en educación, investigación, infraestructura verde y tecnología adaptada.
El programa DRET II ha demostrado que es posible avanzar hacia la sostenibilidad ambiental, económica y social del campo. La voluntad, la solidaridad y la integración de agendas y actores han sido clave para lograr estos avances. La colaboración internacional y el enfoque territorial han sentado las bases para un futuro más sostenible y equitativo en el campo colombiano.