El próximo 17 de enero llegará a Valparaíso un buque chino de investigación. Se trata del Tan Suo Yi Hao. La nave pertenece al Instituto de Ciencias e Ingeniería del Mar Profundo. Este organismo forma parte de la Academia de Ciencias China.
El barco realizará una expedición científica inédita en aguas chilenas. Trabajará junto al Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción. El objetivo es explorar la Fosa de Atacama. Esta fosa alcanza los 8.000 metros de profundidad.
Sin embargo, la llegada del buque genera preocupación en círculos de seguridad internacional. Durante 2025, el mismo barco fue avistado frente a costas de varios países. Filipinas, India y Australia reportaron su presencia. Expertos y autoridades lo señalaron como posible “buque espía”.
Malcolm Davis es analista senior del Instituto Australiano de Política Estratégica. Este experto advierte sobre la doble función del Tan Suo Yi Hao. Según Davis, el gobierno chileno debería tener cautela con esta visita.
“Los buques chinos de prospección oceanográfica y batimétrica cumplen una doble función, civil y militar”, asegura Davis. El analista trabaja desde Sidney en temas de defensa australiana. Su especialidad es el análisis de posibles conflictos futuros.
El Tan Suo Yi Hao alberga al submarino Fendouzhe. Este batiscafo es único en el mundo. Puede sumergirse en las zonas más profundas del océano. Ningún otro vehículo tripulado alcanza esas profundidades.
En marzo de 2025, el buque chino finalizó una misión en Nueva Zelanda. Había explorado la fosa de Puysegur mediante colaboración científica con ese país. Posteriormente, la nave no regresó directamente a su puerto base en Hainan.
En cambio, el Tan Suo Yi Hao rodeó la costa sur de Australia. Navegó desde el oeste hacia el este del continente. Realizó dos paradas en la Fosa Diamantina. Este comportamiento encendió las alarmas de seguridad australianas.
Davis fue el primero en alertar sobre la ruta del barco. Declaró a Sky News que la embarcación seguía un cable submarino crucial. Este cable es fundamental para la economía australiana. También resulta vital para la infraestructura de comunicaciones del país.
Según el experto, la misión del buque era doble. Por un lado, realizaba investigación científica legítima. Por otro, recopilaba información de inteligencia estratégica.
“En el ámbito civil, contribuyen a la investigación científica, ya sea para China en solitario o en colaboración con otros Estados, para comprender mejor los campos oceanográficos y batimétricos, lo que contribuye a comprender áreas como el cambio climático. Para ello, suelen utilizar plataformas de aguas profundas, como vehículos submarinos sin tripulación y minisubmarinos tripulados, así como tecnologías de sonar activo y pasivo”, explica Davis.
No obstante, estas mismas tecnologías tienen aplicaciones militares. El experto señala que sirven para comprender el terreno del fondo marino. También permiten identificar dónde desplegar conjuntos de sonares activos en ese terreno.
Además, estos buques pueden conocer las temperaturas oceánicas. Las termoclinas configuran la naturaleza acústica del entorno submarino. Esta información resulta crucial para el uso eficaz de submarinos en tiempos de guerra.
Los datos recopilados permiten identificar regiones acústicamente tranquilas. Así se maximizan las operaciones antisubmarinas. Los submarinos pueden operar con mayor ventaja táctica.
Davis añade otra función preocupante de estos buques. Pueden mapear redes de cables submarinos. También identifican los mejores lugares para atacar y cortar dichas redes.
Este tipo de operaciones forma parte de la “guerra de destrucción del sistema”. El objetivo es desmantelar una sociedad basada en la información. Los cables submarinos son cruciales para el funcionamiento de internet.
“Por lo tanto, un buque de investigación científica, nominalmente civil, puede apoyar directamente las operaciones de los submarinos de la Armada china bajo la apariencia de investigación científica civil”, asegura Davis de manera taxativa.
El analista explica qué sucedió finalmente con el Tan Suo Yi Hao en Australia. Cita un artículo reciente de Euan Graham y Ray Powell publicado en ASPI. Según este análisis, el buque podría instalar fácilmente redes de sensores en la Fosa de Diamantina.
Esta fosa se encuentra lejos del HMAS Stirling. Esta es la principal base submarina de Australia. Sin embargo, los sensores podrían contribuir al monitoreo futuro de operaciones submarinas australianas y aliadas.
Las operaciones se desarrollarían en el Océano Índico. Además, mediante el empleo de sofisticadas redes de sensores diseñadas para la lucha en alta mar, China podría obtener información valiosa. Conocería los movimientos de misiles australianos a larga distancia.
Es muy probable que el buque apoyara el establecimiento de dichas redes de sensores. También se encargaría de su mantenimiento mientras operaba frente a las costas australianas.
Respecto a la Fosa de Atacama, Davis explica el posible propósito de cartografiarla. China ha desarrollado un concepto denominado “Lucha en las Profundidades Marinas”. Este busca proyectar su poderío militar en entornos submarinos extremos.
La Fosa de Atacama se convierte en un campo de pruebas ideal. Allí China puede probar tecnologías relevantes. Estas incluyen vehículos submarinos no tripulados. También conjuntos de sonares de fondo marino y otras tecnologías de sensores.
Estas tecnologías podrían respaldar la Lucha en las Profundidades Marinas. También impulsaría el desarrollo de información térmica y acústica submarina. Esta información podría respaldar las operaciones submarinas en estas regiones.
No se trata de operar en el fondo de la fosa. Esa profundidad está muy por debajo de la profundidad de aplastamiento de los submarinos modernos. Sin embargo, la información brinda a los submarinos chinos una mayor ventaja a menor profundidad.
Esa región también tiene aspectos civiles pero estratégicamente relevantes. Incluye el mapeo de recursos minerales. China podría querer acceder y controlar estos recursos en el futuro. También le interesa conocer regiones de aguas profundas similares más cercanas a su territorio.
Davis considera que el gobierno chileno debería preocuparse por este acuerdo. Al igual que el gobierno australiano, debería tomar precauciones. China no realiza estos despliegues únicamente para la cooperación científico-civil.
Tampoco lo hace solo para el bien público. Existe un claro potencial militar en estos despliegues científicos. Incluso cuando se realizan en colaboración con otros gobiernos.
China busca obtener una ventaja tecnológica-militar. También persigue ventajas de inteligencia en regiones clave de interés. El gobierno de Chile debería abordar cualquier colaboración con mucha cautela.
Al igual que todos los gobiernos extranjeros, debe estar atento. Debe vigilar la doctrina militar china. También el desarrollo de capacidades de ese país.
La Armada de Chile ha tomado medidas al respecto. Aseguró que tendrá un ojo puesto en todos los movimientos del Tan Suo Yi Hao. Previamente ha hecho lo mismo con flotas pesqueras chinas.
Desde la Armada de Chile informaron estar completamente al tanto de la fecha de llegada. Conocen por dónde tiene permitido navegar el buque. También saben el día en que deberá abandonar aguas jurisdiccionales.
Estos movimientos serán monitoreados por el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada. Este organismo se conoce como SHOA.
El SHOA recibió el 17 de junio de 2025 los antecedentes correspondientes. Llegaron desde Cancillería. Se trataba de la solicitud de Investigación Científico Marina de un buque chino.
El Tan Suo Yi Hao solicitaba realizar investigación entre las regiones de Atacama y Arica. Prestaría especial atención a la Fosa de Atacama.
Como medida preventiva, los antecedentes técnicos fueron analizados por el SHOA. Sus implicancias relacionadas con Seguridad Nacional fueron revisadas por los mandos del Estado Mayor. Las observaciones fueron subsanadas en los tiempos estipulados.
Finalmente se despachó la respectiva Resolución de Autorización a Cancillería. En consecuencia, la investigación fue autorizada para analizar la columna de agua y fondo marino.
Se autorizaron 33 estaciones oceanográficas ubicadas en el eje de la Fosa de Atacama. Estas corresponden a la Zona Económica Exclusiva. Se emplearán equipos oceanográficos y un submarino que opera a 8.000 metros de profundidad.
El área de estudio se restringió solamente a la Zona Económica Exclusiva. Se suprimieron estaciones, pasando de 68 a 33 estaciones oceanográficas. Así se cumple con la normativa vigente DS 711.
El SHOA designó un Observador Nacional. Este se embarcará para fiscalizar los trabajos. También verificará que la ruta de navegación autorizada sea cumplida.
El buque zarpará de Valparaíso el 19 de enero. Recalará en Antofagasta el 9 de febrero en una primera etapa. A continuación zarpará desde Antofagasta hacia la Fosa el 10 de febrero.
Recalará de vuelta el 3 de marzo en Valparaíso. Posteriormente el buque extranjero regresa a su puerto base chino en Hainan.
Desde la Sección de Asuntos Científicos de la Embajada de China en Santiago emitieron un breve comunicado. Señalaron que la expedición oceanográfica conjunta chino-chilena se lleva a cabo dentro del marco legal.
“La expedición oceanográfica conjunta chino-chilena se lleva a cabo dentro del marco de las leyes y regulaciones pertinentes de Chile, y para información específica, sírvase consultar con los organismos competentes chilenos”, indica el comunicado.
El Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción fue contactado. Este organismo firmó el convenio de colaboración con el IDSSE chino. El convenio establece la expedición a la Fosa de Atacama.
Sin embargo, no hubo respuesta desde su dirigencia. El silencio del instituto deja algunas preguntas sin responder sobre los detalles de la colaboración.
La situación plantea un dilema para Chile. Por un lado, existe la oportunidad de colaboración científica valiosa. La Fosa de Atacama guarda secretos oceanográficos importantes. Su estudio puede aportar conocimiento sobre cambio climático y biodiversidad marina.
Por otro lado, las advertencias de expertos internacionales no pueden ignorarse. La experiencia de Australia con el mismo buque genera precedentes preocupantes. Las capacidades de doble uso del Tan Suo Yi Hao están documentadas.
Chile se encuentra en una posición geopolítica delicada. Debe balancear sus intereses científicos con consideraciones de seguridad nacional. La Fosa de Atacama forma parte de su Zona Económica Exclusiva.
El control sobre lo que sucede en estas aguas es responsabilidad soberana chilena. Las decisiones que se tomen sentarán precedentes para futuras colaboraciones internacionales.
La presencia de un observador nacional a bordo es una medida prudente. Sin embargo, algunos expertos cuestionan si es suficiente. La sofisticación de las tecnologías de recopilación de datos plantea desafíos de supervisión.
Un observador puede verificar que se cumplan las rutas autorizadas. Puede constatar que se realicen las mediciones declaradas. Pero detectar la recopilación simultánea de datos de inteligencia resulta más complejo.
Los equipos de sonar y sensores tienen múltiples capacidades. Pueden realizar mediciones científicas legítimas. Al mismo tiempo, pueden recopilar información de valor estratégico militar.
La distinción entre ambos usos no siempre es clara. La misma información oceanográfica que sirve para estudiar el cambio climático puede tener aplicaciones militares.
Las temperaturas oceánicas y las corrientes marinas afectan la propagación del sonido bajo el agua. Este conocimiento es fundamental tanto para la oceanografía como para la guerra submarina.
El mapeo detallado del fondo marino tiene valor científico indiscutible. Pero también permite identificar rutas óptimas para submarinos. Además, revela lugares adecuados para instalar sensores de vigilancia.
La experiencia internacional sugiere que China persigue ambos objetivos simultáneamente. Sus buques de investigación científica avanzan el conocimiento oceanográfico. Al mismo tiempo, fortalecen las capacidades militares del país.
Esta dualidad no es exclusiva de China. Muchas naciones con capacidades navales avanzadas realizan prácticas similares. La investigación oceanográfica siempre ha tenido dimensiones militares.
Durante la Guerra Fría, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética desplegaron extensas redes de sensores submarinos. La investigación científica a menudo servía como cobertura para actividades de inteligencia.
Lo que distingue el caso actual es el contexto geopolítico. China está expandiendo su presencia naval global. Busca proyectar poder más allá de sus aguas costeras.
El desarrollo de capacidades de aguas profundas forma parte de esta estrategia. La “Lucha en las Profundidades Marinas” representa un nuevo dominio de competencia militar.
Para Chile, la situación requiere un equilibrio cuidadoso. El país no desea renunciar a oportunidades de colaboración científica valiosa. Pero tampoco puede ignorar las implicaciones de seguridad.
La decisión de autorizar la expedición con restricciones y supervisión parece un compromiso razonable. El tiempo dirá si las medidas de control resultan adecuadas.
La experiencia servirá como aprendizaje para futuras solicitudes similares. Otros países observan cómo Chile maneja esta situación. Las lecciones aprendidas pueden informar políticas en toda la región.
América Latina se encuentra en una posición única. La región ofrece oportunidades de colaboración científica con potencias globales. Pero debe proteger sus intereses soberanos y de seguridad.
El balance entre apertura y cautela define el desafío. La ciencia prospera en ambientes de colaboración internacional abierta. Pero la seguridad nacional requiere vigilancia y protección de información sensible.
El caso del Tan Suo Yi Hao ilustra estas tensiones. Representa tanto una oportunidad como un desafío. La forma en que Chile navegue esta situación marcará precedentes importantes.
Las próximas semanas revelarán cómo se desarrolla la expedición. El monitoreo de la Armada chilena será crucial. La comunidad internacional observa con atención.
Los resultados científicos de la expedición eventualmente se conocerán. Pero las implicaciones de seguridad pueden permanecer ocultas por mucho tiempo. Solo el futuro revelará el verdadero alcance de lo recopilado en las profundidades de Atacama.