Desde la próxima semana, millones de personas dirigirán su atención al Mundial de Fútbol de la FIFA. En su última edición, Catar 2022, el torneo captó el interés de 5.000 millones de espectadores. Durante 39 días, del 11 de junio al 19 de julio, se disputarán 104 partidos en distintas sedes. Sin embargo, los protagonistas no serán únicamente Lionel Messi, Kylian Mbappé o “Lucho” Díaz. Las altas temperaturas también ocuparán un papel central en este evento deportivo.
El calor extremo ha encendido las alertas de científicos, médicos deportivos y organizaciones de futbolistas. Varias ciudades anfitrionas de Estados Unidos y México enfrentarán condiciones climáticas desafiantes. Este factor adicional representa un riesgo tanto para el rendimiento deportivo como para la salud de los participantes.
El 20 de mayo, jugadores y exjugadores firmaron una carta reconociendo el problema. En el documento expresan su preocupación por el calor agravado por la crisis climática. “El rendimiento disminuye y resulta imposible jugar con la misma intensidad que con temperaturas más moderadas. Con un calendario futbolístico cada vez más apretado, la fatiga física y mental ya afecta a muchos jugadores”, señala la carta. Futbolistas de clubes y selecciones de Bélgica, Canadá, Alemania, Portugal, España, Reino Unido y Estados Unidos respaldaron esta declaración.
La carta surgió tras un informe del World Weather Attribution (WWA). Este estudio detalla cómo el calor será protagonista en el evento más importante del fútbol mundial. Ciudades como Nueva York, donde se jugará la final, enfrentarán temperaturas particularmente altas. También Filadelfia, Kansas City y Miami presentarán condiciones climáticas extremas durante los partidos.
Según el informe, los partidos en ciudades del norte o costeras presentarán temperaturas relativamente suaves. Especialmente en Canadá y a lo largo de la costa del Pacífico de Estados Unidos. Por el contrario, las zonas más meridionales e interiores de Estados Unidos y México experimentarán temperaturas significativamente más altas. Con frecuencia alcanzarán o superarán los 30 °C, con posibilidad de períodos de calor extremo durante el día.
Los investigadores utilizaron un indicador específico para sus conclusiones. La Temperatura de Bulbo Húmedo y Globo (WBGT, por sus siglas en inglés) considera múltiples factores. Entre ellos, la humedad, el calor radiante como la luz solar directa y la circulación del aire. Estos elementos afectan la capacidad del cuerpo para regular su temperatura interna mediante la sudoración.
Este indicador es fundamental en el deporte y la salud ocupacional. Proporciona una evaluación más relevante desde el punto de vista fisiológico del estrés térmico. Especialmente durante la actividad física al aire libre, su importancia resulta crucial para la seguridad de los deportistas.
Para la Federación Internacional de Fútbol Profesional (FIFPRO), existen umbrales claros de riesgo. Cuando la WBGT alcanza los 26 °C o más, el estrés térmico se convierte en un riesgo real. Por lo tanto, los partidos deben incluir pausas para refrescarse y permitir la recuperación de los jugadores. Cuando la temperatura llega a los 28 °C o más, las condiciones se consideran inseguras para jugar. En estos casos, FIFPRO recomienda aplazar el partido hasta que las condiciones mejoren.
La FIFA, sin embargo, mantiene una postura diferente respecto a estos umbrales. Solo contempla el aplazamiento cuando la WBGT supera los 32 °C, un nivel considerablemente más alto. Esta diferencia de criterios ha generado debate entre las organizaciones de futbolistas y el organismo rector del fútbol.
En la Copa Mundial de este año, las cifras resultan preocupantes. De los 104 partidos programados, 26 se disputarán con una WBGT de al menos 26 °C. Adicionalmente, cinco partidos más se jugarán con 28 °C, superando el umbral que FIFPRO considera inseguro.
“Superar los umbrales es extremadamente probable ahora en los estadios con aire acondicionado, pero también existe un fuerte aumento en la probabilidad de alcanzar estos umbrales en algunos estadios al aire libre, como los de Miami, Kansas o Filadelfia”, señala el informe del WWA. Los estadios al aire libre representan un desafío particular por la exposición directa al sol.
Los datos demuestran un aumento significativo del riesgo climático. Al compararlos con las condiciones del Mundial de 1994, que se disputó únicamente en Estados Unidos, la diferencia es notable. Para ese año, el número de juegos donde se esperaba que el WBGT alcanzara los 26 °C era 21. Ahora, esa cifra ha aumentado a 26, evidenciando el impacto del cambio climático en tres décadas.
Chris Mullington, investigador en el Imperial College London, amplía la perspectiva del problema. Estas condiciones no solo afectan a los futbolistas en el campo de juego. “Sino también a los cientos de miles de aficionados que se encuentran en los estadios y en los festivales al aire libre”, explica el científico.
La principal razón de preocupación es el golpe de calor. Esta es la forma más grave de enfermedad relacionada con el calor y pone en peligro la vida. Las personas mayores y aquellas con afecciones médicas preexistentes son particularmente vulnerables a estos episodios. Los estadios llenos de espectadores expuestos al sol representan un riesgo sanitario considerable.
El estudio del World Weather Attribution no es la única evidencia disponible. La organización Climate Central, conformada por científicos y comunicadores, también publicó un informe relevante. Su análisis se centró específicamente en la temperatura de las sedes del Mundial, complementando los datos del WBGT.
Su conclusión resulta alarmante para los organizadores y participantes del torneo. Noventa y siete de los 104 partidos programados tienen una mayor probabilidad de registrar temperaturas superiores a los 28°C. Esto significa que casi la totalidad del torneo se desarrollará bajo condiciones de calor extremo.
Además, casi la mitad de los partidos enfrentarán condiciones particularmente severas. Cuarenta y nueve encuentros tienen al menos un 50 % de probabilidad de experimentar calor que pueda afectar el rendimiento. Estos datos representan un desafío sin precedentes para la organización del evento deportivo más importante del mundo.
Mike Tipton, investigador en la Universidad de Portsmouth, Inglaterra, explica las consecuencias deportivas. “Jugar con temperaturas superiores a los 28 °C cambia el partido, ya que afecta a la táctica, el ritmo y la calidad general. Se observa una menor intensidad, menos sprints y, posiblemente, menos ocasiones de gol”, detalla el experto.
Estas condiciones alteran fundamentalmente la naturaleza del juego. Los jugadores tienden a esforzarse más allá de sus límites naturales para compensar la reducción de capacidad. Sin embargo, esto aumenta el riesgo de lesiones y problemas de salud relacionados con el calor.
En el caso específico de los partidos de Colombia, el informe proporciona datos detallados. El riesgo de que las temperaturas afecten el rendimiento del equipo es del 63 % en la fase de grupos. Este riesgo va aumentando progresivamente a medida que avanzan los partidos del torneo.
En su debut, el 17 de junio en el estadio de la Ciudad de México contra Uzbekistán, la probabilidad es del 19%. Esta cifra representa el escenario más favorable para la selección colombiana en términos de condiciones climáticas.
En su segundo encuentro, programado para el 23 de junio en el estadio Guadalajara contra República Democrática del Congo, las condiciones empeoran. La probabilidad de sufrir un calor intenso aumenta drásticamente al 88 %, representando un desafío considerable para los jugadores.
En su último partido de la fase de grupos, el más esperado por los colombianos, las condiciones serán aún más extremas. El 27 de junio en el estadio de Miami contra Portugal, la probabilidad aumenta al 95 %. Prácticamente es seguro que este encuentro se disputará bajo condiciones de calor extremo.
Todos esos porcentajes han incrementado debido al cambio climático provocado por la actividad humana. El caso más extremo será el partido entre Uruguay y España el 26 de junio en Guadalajara. Los investigadores estiman que existe un 70 % de probabilidad de que se juegue bajo condiciones de calor potencialmente peligrosas.
De ese riesgo del 70 %, 37 puntos porcentuales se atribuyen directamente al cambio climático. En otras palabras, sin el cambio climático provocado por la actividad humana, la probabilidad habría sido del 33 %. Esta cifra demuestra el impacto directo y medible del calentamiento global en el deporte.
Shel Winkely, meteorólogo en Climate Central, ofrece una reflexión sobre el futuro del deporte. Los mundiales del pasado no volverán a repetirse con las mismas condiciones climáticas. “No porque los jugadores hayan cambiado, sino porque el planeta sí lo ha hecho. Las olas de calor, el clima impredecible y las estaciones cambiantes están reescribiendo las reglas de los deportes que amamos”, afirma el experto.
Ante este panorama, las reglas del fútbol están experimentando modificaciones necesarias. Actualmente, existen pausas de hidratación que dependen de las condiciones climáticas en las que se juegan los partidos. El árbitro puede ordenar una pausa de hidratación en cada tiempo, normalmente alrededor de los minutos 30 y 75.
Estas pausas tradicionales duran entre 60 y 90 segundos, un tiempo considerado insuficiente para las condiciones actuales. Por eso, dadas las condiciones climáticas extremas esperadas, el protocolo cambiará durante la Copa del Mundo. Las nuevas medidas buscan proteger mejor la salud de los deportistas durante la competencia.
En este evento, todos los partidos tendrán pausas de rehidratación de tres minutos (180 segundos). Esta medida se aplicará sin importar cuánto calor haga en cada sede específica. El árbitro detendrá el juego en el minuto 22 de cada tiempo para cumplir con esta norma obligatoria.
Además, la FIFA afirmó que para organizar el calendario del torneo evaluó múltiples factores. Entre ellos, temperaturas promedio, infraestructura de refrigeración, días de descanso entre partidos y transporte. También consideraron otros factores logísticos relevantes para minimizar el impacto del calor en los participantes.
La organización también informó que los estadios al aire libre contarán con equipamiento especial. Estos, que son la mayoría de las sedes, tendrán banquillos refrigerados o climatizados para jugadores suplentes. Los cuerpos técnicos también dispondrán de estas áreas con temperatura controlada durante los encuentros.
La idea es proporcionar espacios de recuperación efectivos durante los partidos. Además, buscan reducir la exposición directa al calor de quienes no están participando activamente en el juego. Estos refugios climáticos representan una innovación importante en la gestión de eventos deportivos bajo calor extremo.
Sin embargo, diversos expertos consideran que las medidas pueden no ser suficientes. Vincent Gouttebarge, médico jefe de FIFPRO, expresa sus reservas sobre los protocolos actuales. Su organización representa a más de 70 sindicatos de futbolistas en el mundo, dándole autoridad en el tema.
“Un entretiempo de 15 minutos podría no ser suficiente para disminuir la temperatura central”, advierte Gouttebarge. El médico explica que se están investigando estrategias de mitigación alternativas más efectivas. “Podría ser que un medio tiempo de 20 minutos tuviera un valor añadido significativo”, sugiere el experto.
Los futbolistas, en su carta, también le piden a la FIFA considerar la problemática de fondo. Solicitan una acción climática coherente alejada del apoyo de los combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas. Estos son precisamente los mismos que contribuyen al cambio climático que ahora afecta al deporte.
“Apoyamos las peticiones anteriores de los jugadores para que la FIFA abandone sus patrocinadores de combustibles fósiles y tome medidas climáticas serias para reducir su impacto climático, incluyendo un calendario de fútbol más reducido y regional”, agregan en el documento. Esta petición conecta la crisis climática con las decisiones comerciales de la organización.
Sobre estos puntos, al mundo del fútbol se le han criticado varios aspectos relacionados con su huella ambiental. La construcción de nuevos estadios genera emisiones considerables durante el proceso de edificación. Los viajes para competencias internacionales implican miles de vuelos que liberan gases de efecto invernadero a la atmósfera.
La publicidad de empresas contaminantes también ha sido objeto de críticas por parte de activistas climáticos. Estos factores generan emisiones de gases de efecto invernadero considerables, según un estudio publicado por New Weather Institute. Esta organización reúne a varios expertos para analizar la relación de diversos sectores con el cambio climático.
Ese informe detalla que las emisiones generadas por la industria mundial del fútbol son significativas. Están entre las 64 y 66 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono equivalentes (CO2e) por año. Esta cifra coloca al fútbol entre los sectores con mayor impacto climático a nivel global.
Esto significa que solo este deporte tiene aproximadamente la misma cantidad de emisiones que un país rico. Austria, con 9,1 millones de habitantes, genera una cantidad similar de emisiones anuales. Además, el fútbol produce alrededor de un 60 % más de las emisiones de países enteros con menor desarrollo industrial.
Estos datos revelan la urgencia de transformar la industria del fútbol hacia prácticas más sostenibles. Mientras tanto, el Mundial que comienza la próxima semana servirá como laboratorio para probar nuevas medidas. Los ojos del mundo estarán puestos no solo en los goles, sino también en cómo el deporte enfrenta su mayor desafío climático.