Durante años, José Luis Rodríguez Zapatero ha recorrido América Latina como mediador. Sin embargo, su papel ha generado fuertes controversias. Numerosos líderes regionales lo señalan como blanqueador de la dictadura venezolana.
En septiembre de 2018, Luis Almagro lanzó una frase contundente. “Al señor Zapatero le aconsejo que no sea imbécil”, declaró en NTN24. La crisis humanitaria venezolana alcanzaba entonces niveles críticos. Miles de personas huían del país en un éxodo masivo.
Lejos de criticar a Nicolás Maduro, Zapatero defendió al régimen. En Sao Paulo aseguró que las sanciones estadounidenses causaban el problema humanitario. No responsabilizó al gobierno chavista de la tragedia. Esta posición provocó la reacción inmediata del secretario general de la OEA.
“Defender una dictadura es ser un político perimido, arcaico y anacrónico”, señaló Almagro. Además, agregó: “Viene haciéndole mandados al régimen desde 2016”. El gobierno español, presidido por Pedro Sánchez, protestó formalmente ante la OEA.
Las críticas contra Zapatero no provienen únicamente de Almagro. María Corina Machado afirmó que la historia lo juzgará. Iván Duque, ex presidente colombiano, lo calificó como “mayordomo diplomático de la dictadura”. Antonio Ledezma, ex alcalde de Caracas, fue más duro aún.
“Es un delincuente, tiene que ir a la cárcel”, declaró Ledezma. Sin embargo, la acusación más grave llegó de Andrés Pastrana. “El hombre que más daño le ha hecho a la democracia en América Latina es José Luis Rodríguez Zapatero”, sentenció el ex presidente colombiano.
En 2024, Pastrana presentó un informe en La Haya. El documento denunciaba violaciones sistemáticas de derechos humanos en Venezuela. Una treintena de ex presidentes lo suscribieron, incluyendo a Felipe González. Zapatero se negó a firmarlo.
El papel del ex presidente español en Venezuela comenzó en 2015. Inicialmente llegó como mediador para ayudar a presos políticos. La oposición venezolana solicitó su intervención. Durante los primeros años logró resultados humanitarios importantes.
En 2017 participó en la liberación de Leopoldo López. Posteriormente lideró la mesa de negociación en Santo Domingo. El régimen y la oposición buscaban una salida negociada. Las protestas sociales de 2017 habían sido violentamente reprimidas.
No obstante, su posición cambió gradualmente durante el proceso. En 2018, el diálogo de Santo Domingo fracasó estrepitosamente. Muchos responsabilizan directamente a Zapatero de este colapso. Presionó a la oposición para aceptar condiciones inaceptables.
El ex presidente español exigió firmar un acuerdo electoral impuesto por Maduro. Las condiciones democráticas mínimas no estaban garantizadas. Esta actitud marcó un punto de quiebre definitivo. La oposición venezolana perdió la confianza en su mediación.
A partir de entonces, su rol se transformó completamente. Actuó como observador electoral internacional con gastos pagados por el régimen. Avaló procesos electorales cuestionados por la comunidad internacional. Legitimó leyes diseñadas para perpetuar el chavismo en el poder.
Durante las presidenciales de 2024 ocurrió un fraude electoral masivo. Maduro proclamó su victoria sin mostrar pruebas verificables. Zapatero guardó silencio ante esta estafa. Su complicidad quedó evidenciada por esta omisión deliberada.
Además, se negó sistemáticamente a calificar a Maduro como dictador. Elogió su supuesta “capacidad de diálogo” en múltiples ocasiones. Desvió las responsabilidades del chavismo hacia Estados Unidos. Se convirtió en el principal limpiador internacional del régimen.
En una ocasión, espetó a la oposición que “la alternativa a Maduro no existe”. Criticó públicamente a diversos dirigentes opositores venezolanos. Su transformación de mediador a aliado quedó completamente consumada. Se había convertido en el embajador áulico del régimen.
Andrés Pastrana pronunció la acusación más dura contra él. “Zapatero lleva los muertos de Venezuela a sus espaldas”, declaró. Esta frase resume la responsabilidad política que muchos le atribuyen. Miles de víctimas del chavismo pesan sobre su conciencia.
Recientemente, la situación de Zapatero cambió drásticamente en el ámbito judicial. El juez José Luis Calama lo imputó en España. Lo señala como presunto líder de una trama internacional. Los delitos investigados incluyen tráfico de influencias y blanqueo de capitales.
La instrucción se centra inicialmente en un caso específico. En 2021 se rescató la aerolínea Plus Ultra con dinero público. Se habrían desviado irregularmente 53 millones de euros. Sin embargo, las investigaciones abarcan mucho más.
El auto judicial de 85 páginas abre otras líneas de investigación. Se investiga la venta de petróleo venezolano con presunto “peaje obligatorio”. También se estudian negocios relacionados con el oro. Además, se rastrea el blanqueo transnacional de divisas.
La ruta del dinero investigada es compleja y extensa. Va desde Caracas hasta Dubái, pasando por República Dominicana. Este país funcionaría como base logística y financiera. Luego el dinero llegaría a Beijing y aterrizaría finalmente en Madrid.
Estados Unidos también investiga al ex presidente español. La fiscalía federal del Distrito Sur de Nueva York lleva un caso. Investiga a 63 colaboradores internacionales del régimen chavista. Zapatero estaría incluido entre los investigados.
Paralelamente, la DEA mantiene otra investigación independiente. Sigue la ruta del petróleo y el oro venezolano. Rastrea flujos de dinero que presuntamente llegarían a cuentas asociadas. Estas cuentas podrían estar vinculadas al ex presidente.
Zapatero enfrenta ahora la doble condición de investigado e imputado. Este caso representa el escándalo político más importante de la democracia española. El tiempo dirá si los indicios se convierten en pruebas. También se sabrá si las pruebas derivan en sentencias.
Es posible que las acusaciones judiciales se deshinchen eventualmente. La justicia debe seguir su curso sin presiones políticas. Sin embargo, lo político parece estar fuera de toda duda. Su rol de colaboración con el chavismo está documentado.
Más allá de las intenciones que lo motivaron originalmente. Independientemente de si buscaba objetivos puramente ideológicos. O si también perseguía intereses económicos espúreos. Lo cierto es que se convirtió en aliado de la dictadura.
Lo que comenzó como mediación humanitaria terminó siendo otra cosa. Se transformó en un ejercicio de lobby diplomático internacional. Su objetivo final fue normalizar y lavar la imagen del régimen. La escalada hacia esta posición fue gradual pero constante.
Durante años legitimó procesos electorales fraudulentos ante el mundo. Avaló leyes que perpetuaban la represión y el autoritarismo. Calló ante violaciones masivas de derechos humanos. Desvió sistemáticamente las responsabilidades del régimen hacia otros actores.
José Luis Rodríguez Zapatero ha sangrado, arruinado y tiranizado indirectamente a Venezuela. Durante décadas, el chavismo ha destruido al país. Él ha sido su principal legitimador internacional. Ha facilitado la continuidad de un régimen despótico.
Los jueces determinarán su responsabilidad en actividades económicas ilícitas. Las investigaciones judiciales seguirán su curso en España y Estados Unidos. Sin embargo, su culpabilidad política ya está establecida. Su legado en América Latina está definitivamente manchado.
La historia recordará su papel como blanqueador de una dictadura. Los muertos, los exiliados y los perseguidos pesan sobre su conciencia. Su transformación de mediador a cómplice quedó consumada. Venezuela y América Latina no lo olvidarán.