El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, compareció por segundo día consecutivo ante el Comité de Servicios Armados. Además, defendió su gestión de la guerra contra Irán. También explicó los costos del conflicto ante los representantes.

Durante la primera sesión del miércoles, el Pentágono reveló información crucial. Por primera vez, las autoridades presentaron cifras oficiales del gasto militar. Jules Hurst III, contralor interino del Pentágono, proporcionó datos específicos sobre el conflicto.

Según Hurst, el costo total alcanza los 25.000 millones de dólares. La mayor parte se destinó a municiones y despliegue de activos. Asimismo, el gobierno invirtió recursos en reposición de equipo perdido en combate. Sin embargo, varios legisladores cuestionaron estas cifras presentadas por el Pentágono.

Los representantes señalaron que el costo real podría ser significativamente mayor. Por ejemplo, no se incluyeron los daños a bases estadounidenses. Tampoco se contabilizaron otros gastos indirectos del conflicto. En consecuencia, la cifra oficial podría subestimar el impacto financiero real.

Hegseth mantuvo una postura firme durante su intervención. Defendió la necesidad de inversión masiva frente a Irán. Además, respaldó la solicitud de la administración de Donald Trump. El presidente solicita aumentar el presupuesto de defensa a 1,5 billones de dólares.

Este incremento representa la mayor expansión desde la Segunda Guerra Mundial. Según el reporte oficial, la cifra busca modernizar drones. También pretende actualizar sistemas de defensa ante la amenaza iraní. Por otra parte, la guerra ha disparado los precios del petróleo.

Los precios alcanzaron niveles no vistos desde 2022. Ante esto, la bancada demócrata expresó dudas sobre la viabilidad del gasto. No obstante, Hegseth argumentó que “el presupuesto solicitado refleja la urgencia del momento”.

El secretario planteó una pregunta retórica a los legisladores. “¿Cuánto vale asegurar que Irán nunca obtenga un arma nuclear?”, cuestionó. De esta manera, intentó justificar el uso de los impuestos ciudadanos. Posteriormente, el General Dan Caine respaldó esta visión ante el comité.

Caine preside el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Acompañó a Hegseth durante toda la audiencia legislativa. Afirmó que el monto “representa un pago inicial histórico para la seguridad futura”. Así, ambos funcionarios presentaron un frente unido ante los cuestionamientos.

Este encuentro legislativo ocurre en un momento crítico para la administración. Se cumplen 60 días desde que el Ejecutivo notificó formalmente los ataques. Según la Ley de Poderes de Guerra de 1973, este plazo tiene implicaciones importantes. La norma obligaría a iniciar el retiro de tropas sin autorización expresa del Congreso.

La audiencia reveló una profunda fractura partidista en el Comité. Los demócratas cuestionaron la falta de objetivos claros en la guerra. También criticaron el impacto humanitario de las operaciones militares. Por el contrario, los republicanos cerraron filas en torno a la administración.

La efectividad de los bombardeos sobre Teherán generó fricciones adicionales. El representante Adam Smith confrontó directamente a Hegseth. Señaló declaraciones contradictorias sobre el programa nuclear iraní. Específicamente, cuestionó si realmente había sido “anulado” como se afirmó.

La respuesta del jefe del Pentágono intentó diferenciar dos aspectos. Separó la capacidad física de la intención política del régimen iraní. “Sus instalaciones están bombardeadas y borradas”, afirmó Hegseth ante los legisladores. “Sus ambiciones continúan y están construyendo un escudo convencional”, agregó posteriormente.

De este modo, justificó la continuidad de las acciones militares. Lo hizo a pesar del aparente éxito de las misiones iniciales. Sin embargo, esta explicación no satisfizo a todos los presentes. Muchos consideraron la respuesta insuficiente para justificar el gasto continuo.

El costo humano del conflicto fue otro eje de confrontación importante. Específicamente, se abordó el ataque estadounidense a una escuela en Minab. En ese incidente murieron al menos 120 niñas iraníes. El representante Ro Khanna presionó al secretario para obtener información específica.

Khanna solicitó una cifra sobre el costo de los misiles utilizados. También preguntó sobre la responsabilidad del Estado en el incidente. No obstante, Hegseth evitó profundizar en detalles financieros sobre este ataque. Se limitó a declarar que “esa desafortunada situación permanece bajo investigación”.

Además, agregó que “yo no le vincularía un costo a eso”. La falta de respuestas concretas alimentó las críticas de la oposición. Muchos legisladores ven en este conflicto un “atolladero” económico. También lo consideran un problema ético para el país norteamericano.

Hegseth mostró su lado más combativo durante ciertos intercambios. El representante John Garamendi calificó la guerra como un “desastre político y económico”. “El presidente se ha metido a sí mismo y a Estados Unidos en un atolladero”, declaró Garamendi. “Supone otra guerra en Oriente Medio”, agregó el legislador demócrata.

Garamendi continuó con sus críticas hacia la administración Trump. “Está intentando desesperadamente enmendar sus errores”, afirmó. “Es en interés de Estados Unidos, y de hecho del mundo entero, que lo consiga”, concluyó.

El secretario rechazó tajantemente el uso de la palabra “atolladero”. Acusó a los críticos de fortalecer la narrativa del enemigo. “Tu odio hacia el presidente Trump te ciega ante la verdad del éxito de esta misión”, respondió Hegseth.

Luego, el secretario intensificó sus acusaciones contra los demócratas. “¿Lo llamas un atolladero, entregar propaganda a nuestros enemigos?”, cuestionó. “¡Qué vergüenza que digas eso!”, exclamó ante el comité legislativo. Posteriormente, identificó lo que considera el mayor desafío actual.

“El mayor adversario que enfrentamos en este momento son las palabras imprudentes, débiles y derrotistas de los demócratas del Congreso”, declaró Hegseth. De esta manera, arremetió duramente contra la oposición. También intentó desviar la atención de los cuestionamientos sobre costos.

Con la mayoría republicana evitando una votación formal, la situación permanece indefinida. No existe autorización expresa del Congreso para la guerra. Sin embargo, el conflicto entra en un limbo legal preocupante. Mientras tanto, las tropas permanecen desplegadas en la región.

La incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz continúa creciendo. Trump amenazó con no ser más “el chico bueno”. Lo haría si las negociaciones de alto el fuego fracasan. En consecuencia, la tensión global se mantiene en niveles máximos.

La situación afecta los mercados energéticos globales de manera significativa. También impacta las relaciones diplomáticas en Medio Oriente. Además, genera preocupación entre los aliados tradicionales de Estados Unidos. Por lo tanto, la comunidad internacional observa atentamente los desarrollos.

La ronda de preguntas al secretario de Defensa continuó el jueves por la mañana. Se esperaban nuevos enfrentamientos entre republicanos y demócratas. También se anticipaban más revelaciones sobre el conflicto. Finalmente, el debate evidenció las profundas divisiones políticas en Washington.

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