Eduardo Robayo Ferro falleció en las últimas horas del 21 de marzo. Su esposa, Alba Lucía Gómez, confirmó la noticia al medio Noticias Caracol. El empresario colombiano dejó una huella indeleble en el sector gastronómico nacional. Además, transformó la manera en que los colombianos consumen pollo asado.

La noticia generó manifestaciones de pesar entre figuras públicas y colegas empresariales. Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá, escribió en redes sociales sobre el fallecimiento. “Lamento la muerte de Eduardo Robayo, creador de Kokoriko, gran empresario constructor de patria y mejor ser humano”, expresó el exalcalde. Asimismo, el periodista Fernán Martínez envió mensajes de condolencia a la familia. Por su parte, las redes sociales de Kokoriko compartieron la noticia con sus seguidores.

Robayo Ferro fundó Kokoriko junto a dos socios visionarios en 1969. Noé Cardona Cardona y Emilio Jordán Collazos se unieron a su proyecto empresarial. Inicialmente, crearon la “Compañía Comercial e Industrial de Aves – AVESCO Ltda.” en Bogotá. Sin embargo, la marca Kokoriko no surgió inmediatamente con ese nombre.

El primer establecimiento se llamó Las Colonias y abrió sus puertas en Bogotá. El local estaba ubicado en la calle 63 con avenida Caracas. Allí, los fundadores ofrecieron un menú simple pero revolucionario para la época. La propuesta consistía en pollo asado, papa y arepa. Esta configuración se convirtió rápidamente en el estándar de la cadena. Posteriormente, la fórmula del menú sencillo sentó las bases de la expansión nacional.

El primer restaurante con la marca Kokoriko abrió en Cali en 1971. A partir de ese momento, la expansión fue constante y estratégica. La cadena alcanzó ciudades como Medellín, Barranquilla, Cartagena y Manizales. Actualmente, Kokoriko opera 80 puntos de venta en Colombia. Además, tiene presencia en al menos 18 ciudades del país. La empresa cuenta con más de medio siglo de historia en el mercado colombiano.

Este alcance operacional convierte a Kokoriko en un actor dominante del sector. La cadena compite con otras marcas reconocidas como Frisby. No obstante, su posicionamiento en el mercado colombiano es indiscutible. La masificación del pollo asado en Colombia se debe en gran parte a Robayo Ferro.

Antes de incursionar en el sector gastronómico, Robayo Ferro emprendió en diferentes rubros. Su trayectoria empresarial comenzó con las cacharrerías en sus primeros años. Posteriormente, se dedicó a la venta de joyas de fantasía. También incursionó en la importación de mercancías desde el exterior. La historia empresarial de Robayo Ferro destaca por su capacidad para identificar oportunidades. Igualmente, su habilidad para reinventarse marcó su carrera.

La entrada al negocio alimentario en los años 60 surgió de una búsqueda específica. Robayo Ferro buscaba consolidar una empresa familiar perdurable y rentable. El éxito inicial permitió que asumiera el liderazgo del negocio junto con su hermano. Antonio Robayo se unió a la dirección de la empresa familiar. Juntos, consolidaron la presencia de Kokoriko en todo el territorio colombiano.

La consolidación de Kokoriko en la década de 1980 abrió nuevas oportunidades. Los Robayo Ferro diversificaron inversiones hacia el sector financiero durante ese período. La familia adquirió Diners Club Colombia en una operación estratégica. Esta compra posteriormente dio origen al Banco Superior. Sin embargo, el banco fue absorbido por Davivienda en años posteriores.

La familia también incursionó en fondos de pensiones y vivienda. Además, invirtieron en otras empresas del sector financiero y comercial. A pesar de la diversificación, Kokoriko se mantuvo como epicentro de su actividad empresarial. La cadena de restaurantes siempre fue el núcleo del conglomerado familiar.

En el año 2000, el grupo incorporó a Helados Mimo’s a su portafolio. Ese mismo año fundaron el conglomerado Conboca. Posteriormente, en 2016, sellaron una alianza estratégica con Andrés Jaramillo. El empresario es reconocido como creador de Andrés Carne de Res. Como resultado de esta alianza, en 2017 surgió un nuevo grupo empresarial.

El grupo Inmaculada Guadalupe y Amigos (IGA) nació de esta asociación. Actualmente, IGA agrupa cientos de restaurantes bajo una estructura empresarial ampliada. Además, emplea a miles de trabajadores en todo el país. Esta expansión consolidó el legado empresarial de la familia Robayo Ferro.

Las adversidades también marcaron la historia de la familia empresarial. En 2003, Antonio Robayo perdió la vida en un atentado terrorista. El ataque contra el Club El Nogal fue atribuido a las Farc. Este evento supuso uno de los momentos más duros para la familia. El rol de Antonio era clave en la toma de decisiones financieras del grupo. Su pérdida representó un golpe significativo para la estructura empresarial.

A pesar de las dificultades, la familia continuó fortaleciendo el negocio. La capacidad de liderazgo de Eduardo Robayo Ferro fue fundamental en este proceso. Su visión empresarial permitió superar los momentos más difíciles. Asimismo, su compromiso con la empresa familiar nunca decayó.

El legado de Robayo Ferro trasciende el ámbito puramente empresarial. Su aporte al sector gastronómico colombiano es innegable y permanente. La masificación del pollo asado cambió los hábitos alimenticios de millones de colombianos. Además, generó miles de empleos directos e indirectos en el país.

El modelo de negocio de Kokoriko se convirtió en referente del emprendimiento familiar. Muchas empresas colombianas han estudiado su caso de éxito. La combinación de calidad, precio accesible y expansión estratégica fue clave. Igualmente, la capacidad de adaptación a diferentes mercados regionales marcó la diferencia.

La propuesta gastronómica de Kokoriko democratizó el consumo de pollo asado. Antes de su llegada, este producto no era tan accesible para la población. El menú sencillo permitió ofrecer precios competitivos sin sacrificar calidad. Por consiguiente, el pollo asado se convirtió en parte de la cultura gastronómica colombiana.

Las nuevas generaciones de colombianos crecieron con la marca Kokoriko presente. Los restaurantes se convirtieron en lugares de encuentro familiar y social. Además, la marca logró mantener su relevancia durante más de cinco décadas. Este logro es excepcional en un mercado tan competitivo y cambiante.

La trayectoria de Eduardo Robayo Ferro inspira a nuevos emprendedores colombianos. Su historia demuestra que es posible construir empresas duraderas desde Colombia. Asimismo, evidencia la importancia de la visión a largo plazo. La capacidad de reinventarse y diversificar también fue fundamental en su éxito.

El sector empresarial colombiano reconoce la importancia de su legado. Robayo Ferro fue considerado un constructor de patria desde el emprendimiento privado. Su aporte al desarrollo económico del país fue significativo y sostenido. Además, su ejemplo trasciende el sector gastronómico y alcanza toda la industria colombiana.

La familia Robayo Ferro enfrenta ahora el duelo por su partida. Sin embargo, el legado empresarial y humano de Eduardo permanece vivo. Las miles de personas que trabajan en el grupo empresarial continúan su labor. Igualmente, millones de colombianos siguen disfrutando de los productos de Kokoriko.

La marca que fundó hace más de 50 años sigue siendo icónica. Su presencia en 18 ciudades colombianas demuestra la solidez del proyecto empresarial. Los 80 puntos de venta operan diariamente atendiendo a miles de clientes. Por lo tanto, el impacto de su visión continúa vigente en Colombia.

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