El reciente Reporte de Inclusión Financiera 2024, presentado por la Superintendencia Financiera de Colombia y la Banca de las Oportunidades, ofrece un panorama detallado sobre el acceso y uso de productos financieros en el país. Este informe es crucial para entender cómo los colombianos interactúan con el sistema financiero y qué desafíos persisten en la búsqueda de una inclusión financiera más equitativa.
A finales de 2024, el número de adultos con al menos un producto de depósito alcanzó los 37,1 millones, lo que representa el 95,8 % de la población adulta. Este incremento de 1,8 puntos porcentuales respecto al año anterior es significativo, aunque menor al crecimiento observado en 2020. Paola Arias, directora de Banca de las Oportunidades, subrayó que las cuentas de ahorro y los depósitos de bajo monto son los productos más comunes, con una penetración del 82,4 % y 76,1 %, respectivamente. Sin embargo, solo el 85 % de las personas con productos financieros los utilizan activamente. Esto indica que, aunque el acceso ha mejorado, el uso efectivo de estos productos aún es limitado.
El informe destaca una preocupante brecha entre el acceso y el uso de productos financieros. Aunque las cuentas de ahorro son más numerosas, los depósitos de bajo monto son los más utilizados. Esto sugiere que, a pesar de tener cuentas, muchos colombianos prefieren las billeteras electrónicas para sus transacciones diarias. Esta tendencia podría estar relacionada con la facilidad y conveniencia que ofrecen las plataformas digitales.
Uno de los principales retos identificados es la inclusión financiera en zonas rurales. Mientras que las ciudades muestran casi un 100 % de inclusión, en áreas rurales esta cifra cae al 56 %. Regiones como el Pacífico y el Caribe, y departamentos como Vaupés, Vichada y Guainía, presentan indicadores de acceso por debajo del 70 %. Estos departamentos, con una alta presencia de comunidades indígenas, enfrentan barreras significativas para acceder a servicios financieros. En contraste, Antioquia, Bogotá y Risaralda tienen un acceso del 100 %, lo que resalta la disparidad regional.
La exclusión financiera también afecta de manera desproporcionada a ciertos grupos demográficos. Los hombres tienen mayor acceso a depósitos que las mujeres, excepto en los depósitos de bajo monto para personas mayores de 41 años. Además, los jóvenes rurales (18 a 25 años) y los adultos mayores de 60 años son los más excluidos. Solo uno de cada seis jóvenes rurales utiliza productos de depósito, y apenas una de cada tres personas mayores de 65 años lo hace.
En cuanto a las transacciones, el informe revela que en 2024 se realizaron 20.114 millones de operaciones. Las oficinas bancarias siguen siendo relevantes, especialmente para retiros en zonas rurales. Sin embargo, las operaciones por canales digitales han experimentado un crecimiento exponencial, triplicándose desde 2019. En promedio, hay más de una tarjeta débito por adulto y 3,8 tarjetas de crédito por cada 10 adultos, lo que indica una creciente adopción de medios de pago electrónicos.
El acceso al crédito en el sector financiero tradicional sigue siendo un desafío. Al cierre de 2024, solo el 35,5 % de los adultos tenía al menos un producto de crédito financiero, un aumento marginal de 0,2 puntos porcentuales respecto a 2023. Las tarjetas de crédito y el crédito de vivienda mostraron un leve crecimiento, mientras que el crédito de consumo y el microcrédito continuaron disminuyendo. Esta última modalidad alcanzó su nivel más bajo desde que se lleva a cabo esta medición.
El acceso al crédito también presenta disparidades de género y edad. Los hombres acceden más al crédito en todas las modalidades, con la mayor diferencia en el crédito de consumo. Los adultos entre 26 y 40 años son los que más acceden al crédito, lo cual es coherente con su etapa de mayor productividad. En zonas rurales, el acceso al crédito disminuye, excepto en el caso del microcrédito, donde la tendencia se invierte.
El informe también destaca que el 67 % de los municipios tienen niveles de acceso a crédito de vivienda por debajo del 1 %, concentrándose este tipo de crédito en las ciudades. La región Caribe es la más rezagada en acceso a crédito, y departamentos como Vaupés, Vichada y Guainía tienen los niveles más bajos.
Por primera vez, el reporte incluye el acceso al crédito en el sector formal no financiero, como fintechs y empresas del sector real. Bajo este enfoque, el 50,5 % de los adultos tiene al menos un producto de crédito. Sin embargo, la mora es mayor en estas entidades no tradicionales. El sector formal no financiero ha cubierto necesidades de financiación, especialmente en puntos de compra, con más de 7 millones de personas financiándose directamente con el comercio.
Este reporte subraya la necesidad de políticas que promuevan una inclusión financiera más equitativa. Es crucial cerrar las brechas de acceso y uso, especialmente en zonas rurales y entre grupos demográficos vulnerables. Además, se debe fomentar la educación financiera para que más colombianos puedan aprovechar plenamente los productos y servicios disponibles. La colaboración entre el sector público y privado será esencial para superar estos desafíos y construir un sistema financiero más inclusivo y resiliente.