Colombia enfrenta una crisis energética sin precedentes. La demanda de electricidad superó la capacidad de oferta firme del sistema. Además, los pronósticos climáticos anticipan un fenómeno de El Niño muy fuerte.
El más reciente Boletín de Seguridad Energética de XM lanzó una alerta contundente. XM opera el Sistema Interconectado Nacional. Según el documento, la energía firme disponible ya no alcanza para cubrir la demanda proyectada. Esta situación se agrava bajo escenarios de sequía extrema.
Los déficits energéticos se extenderían durante los próximos tres periodos de obligación. Para la vigencia 2025-2026, XM estima un faltante de 3.107 gigavatios hora. En el periodo 2026-2027, el déficit aumentaría hasta 5.468 gigavatios hora. Durante 2027-2028, la brecha seguiría en 5.102 gigavatios hora.
Paralelamente, los pronósticos climáticos elevan la probabilidad de enfrentar El Niño entre octubre y diciembre. Este fenómeno tendría intensidad muy fuerte. Como consecuencia, aumentaría la exigencia sobre las plantas térmicas. También se reducirían los aportes hídricos a los embalses.
El país se acerca a la época de menor hidrología con una demanda creciente. Durante julio, el consumo promedio alcanzó 262,67 gigavatios hora por día. La demanda máxima llegó a 12.475 megavatios. Estos niveles representan un incremento anual de 6,67% frente al mismo mes del año anterior.
Las altas temperaturas registradas durante los últimos meses impulsaron ese comportamiento. En consecuencia, el operador ya impartió instrucciones de desconexión de carga. Esta herramienta preserva la estabilidad del sistema cuando la operación estrecha sus márgenes. Entre abril y julio 16, se impartieron 233 instrucciones de desconexión en la región Caribe.
El fenómeno de El Niño concentra buena parte de la atención pública. Sin embargo, las alertas de XM muestran que la presión no responde únicamente al clima. El operador identifica un conjunto de factores estructurales que redujeron la capacidad de respuesta.
Entre estos factores sobresalen varios elementos críticos. Primero, la demora en la entrada de nuevas centrales de generación. Segundo, los retrasos en proyectos de transmisión nacional. Tercero, la necesidad de depender más tiempo de las plantas térmicas.
El exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, sostiene que el riesgo es real. Según su análisis, la demanda continúa creciendo mientras la oferta firme no aumenta al mismo ritmo. A su juicio, el país llega a este fenómeno climático con menores márgenes de respaldo.
La presidenta de Acolgen, Natalia Gutiérrez, coincide en que las cifras reflejan advertencias previas. “Las cifras que hemos visto son cifras sobre las que venimos alertando desde hace varios años. Además, son cifras públicas. Desde hace tres o cuatro años hemos dicho que el país estaba llegando a márgenes negativos de energía en firme y hoy, desafortunadamente, ya estamos en ese escenario”, afirmó.
Para la dirigente gremial, el margen de acción existe pero es cada vez más reducido. “Tenemos que trabajar de manera conjunta con el Gobierno Nacional para tomar las medidas que aún se pueden implementar de aquí a diciembre. Es fundamental cuidar el agua, proteger los embalses y llegar con niveles adecuados de almacenamiento. También debemos garantizar que las plantas térmicas puedan operar, promover campañas de ahorro de energía y coordinar a todo el sistema eléctrico para lograr superar el fenómeno de El Niño de la mejor manera posible”, señaló.
El diagnóstico presentado por XM pone el foco sobre un factor crítico. La expansión del sistema avanza a un ritmo inferior al que exige el crecimiento. El país cuenta con decenas de proyectos de generación y transmisión en desarrollo. No obstante, buena parte continúa enfrentando retrasos.
Los retrasos responden a múltiples causas. Entre ellas figuran trámites ambientales prolongados, consultas previas pendientes, dificultades prediales y problemas constructivos. Esta situación limita la incorporación de nueva capacidad precisamente cuando el sistema necesita mayor respaldo.
Las cifras del operador muestran la dimensión del rezago de manera contundente. Para 2026 estaba prevista la entrada en operación de 4.475 megavatios de nueva capacidad. Sin embargo, con corte al 16 de julio solo habían ingresado 669 megavatios. Esto equivale al 14,9% de lo programado.
En otras palabras, cerca del 85% de la capacidad esperada seguía pendiente. Esta demora reduce la holgura con la que el sistema enfrentará los meses críticos. Adicionalmente, se suma el atraso de la infraestructura de transmisión.
De acuerdo con XM, 42 proyectos del Sistema de Transmisión Nacional presentan retrasos. Cerca del 60% ya superó la fecha prevista para entrar en operación. Aunque muchos se encuentran en ejecución, el desfase ha limitado la capacidad de fortalecer la red.
Ese panorama adquiere especial relevancia en la región Caribe. Allí, la expansión de la demanda ha sido una de las más dinámicas del país. El crecimiento poblacional, el desarrollo urbano y las altas temperaturas impulsan este comportamiento. En esta región, las restricciones no solo dependen de la generación disponible.
La capacidad de la red para transportar la electricidad también resulta determinante. Durante los últimos meses, esa presión ya comenzó a reflejarse en la operación. Entre abril y julio, XM impartió múltiples instrucciones de desconexión automática de carga. En el Caribe se concentró la mayor parte de esas restricciones.
El boletín advierte que el sistema enfrenta cuatro riesgos simultáneos. Primero, un posible déficit de potencia en el Caribe. Segundo, otro déficit en la región Oriental. Tercero, un déficit de potencia a escala nacional. Cuarto, un déficit de energía para todo el país.
Uno de los escenarios analizados contempla que la central hidroeléctrica del Guavio opere con generación mínima. Esto ocurriría debido a la reducción de los aportes hídricos. De materializarse esa situación, el sistema podría enfrentar déficits de potencia significativos.
El análisis también plantea la posibilidad de que algunos embalses operen por debajo de mínimos históricos. Incluso contempla que determinados complejos hidroeléctricos se acerquen al 0% de su volumen útil. Este escenario elevaría considerablemente la presión sobre las demás tecnologías de generación.
En esas condiciones, XM calcula que sería necesario mantener la generación térmica por encima de 90 gigavatios hora diarios. Este nivel de exigencia debería sostenerse durante cerca de cuatro meses consecutivos. Según el operador, un nivel de exigencia de esa magnitud no tiene antecedentes.
El exministro de Minas y Energía, Tomás González, considera que ese escenario obliga a cambiar la perspectiva. “Hay un peligro muy serio. No solo lo decimos quienes analizamos el sector. La propia XM, como operadora del sistema, ha advertido que la situación es muy crítica”, afirmó en una entrevista a El Tiempo.
El exfuncionario explicó que durante los meses de menor hidrología la situación se vuelve crítica. Las plantas térmicas deberían operar prácticamente de manera continua. Esto requiere disponibilidad de combustibles, especialmente gas natural. También exige que las plantas se mantengan en condiciones óptimas de operación.
La combinación de factores genera un escenario de alta complejidad. Por un lado, la demanda continúa creciendo por encima de los promedios históricos. Por otro, la nueva oferta de generación no llega al ritmo esperado. Mientras tanto, la infraestructura de transmisión acumula retrasos significativos.
A esto se suma la variable climática. El fenómeno de El Niño muy fuerte reduciría los aportes hídricos a los embalses. Como consecuencia, el sistema dependería más de la generación térmica. Esta mayor dependencia incrementa los costos de generación.
Además, eleva la vulnerabilidad ante posibles fallas o indisponibilidades de las plantas térmicas. También aumenta la presión sobre el suministro de combustibles. En particular, sobre el gas natural que alimenta varias de estas centrales.
La región Caribe enfrenta una situación particularmente delicada. Las limitaciones de transmisión existentes restringen la capacidad de llevar energía a la zona. Al mismo tiempo, la demanda continúa creciendo debido a factores estructurales. Las altas temperaturas incrementan el uso de aires acondicionados y ventiladores.
El crecimiento poblacional y urbano también impulsa el consumo eléctrico. Adicionalmente, el desarrollo económico de la región genera mayor demanda industrial y comercial. Todo esto ocurre mientras la infraestructura de transmisión no se expande al mismo ritmo.
Las instrucciones de desconexión automática de carga representan un mecanismo preventivo. Se utilizan para preservar la estabilidad del sistema cuando determinadas zonas alcanzan condiciones críticas. Sin embargo, su uso frecuente evidencia la estrechez de los márgenes operativos.
Entre abril y julio 16, se impartieron 233 de estas instrucciones solo en el Caribe. Esta cifra refleja la presión que enfrenta el sistema en esa región. También anticipa lo que podría ocurrir si las condiciones se agravan durante los meses críticos.
El operador señala que “se requiere contar con la energía firme suficiente para atender la demanda esperada en el mediano y largo plazo, de manera confiable”. Esta advertencia coincide con un momento de crecimiento acelerado del consumo eléctrico. También coincide con retrasos en la expansión de la infraestructura.
Los analistas del sector han venido señalando estos riesgos desde hace varios años. Las advertencias sobre márgenes negativos de energía firme no son nuevas. No obstante, la materialización de ese escenario genera una urgencia mayor.
Las medidas que aún se pueden implementar antes de diciembre resultan críticas. Entre ellas figura el cuidado del agua y la protección de los embalses. Resulta fundamental llegar con niveles adecuados de almacenamiento a los meses de mayor exigencia.
También es necesario garantizar que las plantas térmicas puedan operar sin restricciones. Esto implica asegurar el suministro de combustibles. Además, requiere que las plantas se mantengan en condiciones óptimas de operación.
Las campañas de ahorro de energía pueden contribuir a reducir la presión sobre el sistema. Aunque su impacto individual puede parecer limitado, la suma de pequeños ahorros genera un efecto significativo. Especialmente cuando se implementan de manera masiva y sostenida.
La coordinación de todo el sistema eléctrico resulta igualmente fundamental. Esto incluye a los generadores, transportadores, distribuidores y comercializadores. También involucra a las autoridades gubernamentales y a los organismos de control.
El panorama que enfrenta Colombia en materia energética refleja la confluencia de múltiples factores. Algunos son de naturaleza coyuntural, como el fenómeno de El Niño. Otros responden a problemas estructurales que se han venido acumulando durante años.
La demora en la entrada de nuevos proyectos de generación evidencia dificultades en los procesos de planeación. También refleja obstáculos en los trámites ambientales y en las consultas previas. Las dificultades prediales y los problemas constructivos agravan la situación.
Los retrasos en la infraestructura de transmisión tienen un impacto directo sobre la confiabilidad del sistema. Aunque se genere suficiente energía, resulta inútil si no puede transportarse a donde se necesita. La región Caribe ejemplifica claramente esta problemática.
El crecimiento de la demanda por encima de los promedios históricos refleja tendencias positivas. Indica crecimiento económico, desarrollo urbano y mejora en el acceso a la electricidad. Sin embargo, también genera presión sobre un sistema que no se ha expandido al mismo ritmo.
La dependencia de la generación térmica durante los periodos de baja hidrología no es nueva. El sistema eléctrico colombiano tradicionalmente ha operado con un respaldo térmico. No obstante, la magnitud de la exigencia proyectada para los próximos meses sí resulta inédita.
Mantener la generación térmica por encima de 90 gigavatios hora diarios durante cuatro meses consecutivos representa un desafío operativo. Requiere disponibilidad continua de las plantas. También exige un suministro constante y confiable de combustibles.
Además, implica costos de generación significativamente más altos que los de la generación hidráulica. Estos mayores costos eventualmente se trasladan a las tarifas que pagan los usuarios. Por tanto, la crisis energética también tiene implicaciones económicas para los hogares y las empresas.
La posibilidad de que algunos embalses operen por debajo de mínimos históricos genera preocupación adicional. Los embalses no solo sirven para generar electricidad. También cumplen funciones de control de inundaciones y abastecimiento de agua.
Si determinados complejos hidroeléctricos se acercan al 0% de su volumen útil, las consecuencias trascienden el sector eléctrico. Podrían afectarse también el suministro de agua potable y las actividades agrícolas. Esto amplificaría el impacto social y económico de la crisis.
El déficit de potencia a escala nacional representa el escenario más grave. Implicaría que el sistema no cuenta con capacidad suficiente para atender la demanda en momentos críticos. En ese caso, serían inevitables los racionamientos programados de energía.
Los racionamientos tienen impactos significativos sobre la actividad económica. Afectan la producción industrial, el comercio y los servicios. También generan inconvenientes para los hogares y deterioran la calidad de vida.
Además, los racionamientos pueden tener efectos duraderos sobre la confianza de los inversionistas. Generan incertidumbre sobre la capacidad del país para garantizar el suministro energético. Esto puede desincentivar nuevas inversiones y afectar el crecimiento económico.
La situación que enfrenta Colombia evidencia la importancia de la planeación energética de largo plazo. Los proyectos de generación y transmisión requieren varios años desde su concepción hasta su entrada en operación. Por tanto, las decisiones de hoy determinan la disponibilidad de energía en el futuro.
Los retrasos acumulados en múltiples proyectos reflejan la necesidad de mejorar los procesos. Los trámites ambientales, aunque necesarios, no deberían convertirse en obstáculos insalvables. Las consultas previas deben realizarse de manera oportuna y efectiva.
Las dificultades prediales requieren mecanismos más eficientes de negociación y compensación