Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante cargan sus mochilas con un propósito que trasciende las montañas. Estas dos colombianas se preparan para conquistar el Monte Vinson en la Antártida. Con esta expedición cerrarán el desafío de las siete cumbres. Han llevado la bandera de Colombia a cinco continentes. Incluso llegaron al círculo polar ártico. Ahora enfrentan la última frontera de su gran reto.
El proyecto busca demostrar que lo imposible se vuelve alcanzable. Esto ocurre cuando se unen capacidades. También cuando se trabaja en equipo con un propósito claro. Ambas montañistas han recorrido un camino de sacrificio y aprendizaje. Sus historias personales se entrelazan con valores de liderazgo y resiliencia.
Ana María Giraldo es montañista, conferencista internacional y entrenadora en mentalidad de cima. Además, es madre y emprendedora. Fue una de las tres primeras colombianas en conquistar el Monte Everest. Ahora se prepara para cerrar su proyecto de las siete cumbres. El apoyo incondicional de sus hijos, Simón y Rafael, la acompaña. Su esposo también forma parte de este respaldo fundamental.
Ana Isabel Bustamante es ingeniera y directora de proyectos. Ha participado en expediciones en diversas montañas del mundo. Este será su cuarto ascenso dentro del proyecto. Está convencida del poder del trabajo colectivo. Por eso decidió unir sus fortalezas a esta cordada. Juntas buscan alcanzar la meta final.
Desde marzo de 2024, ambas se han entrenado intensamente. Su objetivo es enfrentar el Monte Vinson con la mejor preparación posible. La preparación combina ciclismo de montaña, trote y caminatas. También incluye fortalecimiento muscular para prevenir lesiones. Cada sesión de entrenamiento tiene un propósito específico.
Han realizado expediciones en las cordilleras de Perú, Colombia y Bolivia. El fin es mejorar su aclimatación a grandes alturas. También buscan reducir riesgos como el edema pulmonar o cerebral. Estas condiciones pueden ser fatales en alta montaña. La aclimatación progresiva resulta esencial para la supervivencia.
Además, se certificaron como socorristas en zonas remotas. Son conscientes de que en una expedición antártica la ayuda puede tardar días. En el continente blanco no existen hospitales cercanos. La autosuficiencia médica se convierte en una necesidad vital.
A este proceso se sumó la mentoría del montañista colombiano Marcelo Arbeláez. Él las ha acompañado en su fortalecimiento físico, mental y emocional. El desafío, coinciden, no ha sido únicamente físico. Lo más exigente ha sido mantener la calma ante la adversidad. También trabajar desde la humildad. Encontrar disfrute incluso en los momentos difíciles completa la preparación mental.
El Monte Vinson alcanza los 4.892 metros de altura. Es la cumbre más alta del continente antártico. Fue descubierto en 1958 por aviadores estadounidenses. La primera escalada ocurrió en 1966. Una expedición liderada por Nicholas Clinch logró ese hito histórico.
La montaña se ubica a 1.200 kilómetros del Polo Sur. Forma parte del macizo Sentinel. Presenta condiciones extremas que ponen a prueba a los escaladores. Las temperaturas pueden descender hasta los –35 °C. Los vientos polares exigen concentración absoluta y alta resistencia. El frío extremo puede causar congelamiento en minutos.
La expedición partirá desde Punta Arenas, Chile. Desde allí volarán rumbo a Patriot Hills. Luego llegarán al campamento base, ubicado a 2.200 metros. Este será el punto de partida para el ascenso final. Desde el campamento base deberán atravesar glaciares. También ascenderán pendientes de hasta 45 grados. Las jornadas de escalada durarán entre 11 y 14 horas.
El proyecto de Ana María y Ana Isabel busca inspirar. También pretende movilizar acción a partir de tres pilares fundamentales. El primero es la fuerza del trabajo en equipo. El segundo, la capacidad de lograr lo extraordinario. El tercero, la importancia del paso a paso para cumplir los sueños.
“Con Epopeya ellas han aprendido valores como compromiso, vulnerabilidad, retroalimentación constructiva y sinergia para alcanzar sus objetivos, a través de un liderazgo consciente y resiliente”, explicó Marcelo Arbeláez. Él es socio de Epopeya. También fue uno de los primeros colombianos en completar el reto de las siete cumbres.
“Más que escaladoras, somos mujeres liderando un propósito”, afirman Ana María y Ana Isabel. Con sus experiencias y aprendizajes han impactado a más de 50.000 personas. Su influencia se extiende por América Latina. Han trabajado desde empresas hasta instituciones educativas y comunidades diversas.
Más allá de la Cumbre y Epopeya Colombia unieron fuerzas para este proyecto. El propósito va más allá del desafío deportivo. Buscan impulsar el liderazgo femenino a través de metas extraordinarias. Esta alianza combina experiencia y visión compartida.
Con 25 años de experiencia, Epopeya ha sido referente en proyectos de montaña. La organización opera en el país promoviendo el liderazgo. El trabajo en equipo constituye su metodología central.
Por su parte, Ana María y Ana Isabel crearon ‘Más allá de la Cumbre’. Lo hicieron con la convicción de que cualquier persona puede desarrollar su liderazgo. Creen que todos pueden alcanzar lo extraordinario. Junto al respaldo de Epopeya, consolidaron una alianza transformadora. Esta combina experiencia, disciplina y acción. Hoy impulsa a dos mujeres que representan el espíritu montañista de Colombia.
El encuentro de despedida tuvo lugar en El Muro. Este gimnasio de escalada se ubica en el Centro Comercial San Diego, en Medellín. Allí agradecieron el apoyo de los medios de comunicación. También pidieron oraciones y buenos deseos. Estos llevarán escritos en las banderas que ondearán en la cima del Vinson.
“Cada meta de tu equipo y de tu vida es una gran montaña. Todos somos escaladores. Llevar la bandera de Colombia a lo más alto es poner a prueba nuestra determinación, resiliencia y convicción como país”, afirmaron. Estas palabras resonaron antes de iniciar esta última gran expedición.
El reto de las siete cumbres implica escalar la montaña más alta de cada continente. El Monte Aconcagua, con 6.962 metros en América, ya fue conquistado. El Monte Kilimanjaro, con 5.894 metros en África, también está logrado. El Monte Elbrus, con 5.642 metros en Europa, forma parte de las cimas alcanzadas.
El Monte Denali, con 6.194 metros en el Ártico, ya fue superado. El Monte Everest, con 8.848 metros en Asia, representa quizás el mayor logro. Ana María fue una de las primeras colombianas en conquistarlo. El Monte Carstenz, con 4.884 metros en Oceanía, completa la lista de cumbres logradas.
Solo falta el Monte Vinson en la Antártida. Esta séptima cumbre cerrará el ciclo en 2025. Cada montaña ha representado un desafío único. Cada una ha dejado enseñanzas valiosas.
En esta aventura, las montañistas cuentan con el respaldo de marcas colombianas. Estas empresas están comprometidas con su causa. TOPARA, marca especializada en ropa y accesorios outdoor, acompaña la expedición. Proporciona equipamiento técnico diseñado para condiciones extremas.
“Estamos muy felices y orgullosos de acompañar a Ana María y Ana Isabel en esta aventura que inspira a toda una generación”, afirmó Benny Bursztyn. Él es fundador de TOPARA. También es vicepresidente de Producto e Innovación de Nalsani S.A.S.
También se suma Lili Pink como patrocinador oficial de ropa interior del equipo. “En Lili Pink creemos en el poder de las mujeres reales…”, destacó Verónica Pachón. Ella es gerente de Mercadeo y Producto. Su declaración reafirma el compromiso de la marca con el empoderamiento femenino.
El respaldo empresarial resulta fundamental para expediciones de esta magnitud. Los costos de una expedición antártica son elevados. Incluyen vuelos especiales, equipamiento técnico, guías especializados y permisos. También seguros de rescate y logística en zonas remotas.
Las montañistas han trabajado durante meses para conseguir patrocinios. Han presentado su proyecto a múltiples empresas. Algunas vieron en esta iniciativa una oportunidad de inspirar. Otras reconocieron el valor del liderazgo femenino que representa.
El camino hacia el Monte Vinson ha estado lleno de obstáculos. No solo físicos, sino también logísticos y emocionales. Coordinar una expedición antártica requiere planificación meticulosa. Las ventanas climáticas son limitadas. El clima en la Antártida cambia rápidamente.
Las montañistas han debido equilibrar sus responsabilidades profesionales y familiares. Ana María como madre de dos hijos enfrenta el desafío adicional. Debe prepararse físicamente mientras mantiene su rol familiar. El apoyo de su familia ha sido fundamental.
Ana Isabel como directora de proyectos ha aplicado sus habilidades profesionales. La planificación de una expedición se asemeja a gestionar un proyecto complejo. Requiere coordinación, presupuesto, cronogramas y gestión de riesgos.
Ambas han compartido sus experiencias en conferencias y charlas motivacionales. Han visitado empresas, colegios y universidades. Su mensaje resuena especialmente entre mujeres jóvenes. Muchas ven en ellas un modelo a seguir.
El impacto de su proyecto va más allá de las cumbres alcanzadas. Han demostrado que las mujeres colombianas pueden competir en alta montaña. También han roto estereotipos sobre las capacidades femeninas. Su ejemplo inspira a otras a perseguir sueños extraordinarios.
El montañismo en Colombia ha crecido en los últimos años. Cada vez más personas se interesan en la alta montaña. Sin embargo, sigue siendo un deporte dominado por hombres. La presencia de Ana María y Ana Isabel ayuda a cambiar esta realidad.
Han enfrentado desafíos específicos como mujeres en este deporte. Desde comentarios condescendientes hasta dudas sobre sus capacidades. También dificultades para conseguir patrocinios. Las empresas suelen invertir más en deportistas masculinos.
A pesar de estos obstáculos, han perseverado. Su determinación se ha fortalecido con cada cumbre alcanzada. Cada experiencia ha reforzado su convicción. Ahora están a un paso de completar su gran objetivo.
La expedición al Monte Vinson representa más que un logro deportivo. Es una declaración de que los límites existen solo en la mente. Es un testimonio del poder de la perseverancia. También es una invitación a que otros se atrevan a soñar en grande.
Las banderas que llevarán a la cima contienen mensajes de apoyo. Personas de toda Colombia han enviado sus buenos deseos. Estos mensajes las acompañarán en los momentos más difíciles. Cuando el frío sea insoportable y el cansancio abrume. Cuando la cumbre parezca inalcanzable.
En esos momentos recordarán por qué emprendieron este viaje. Recordarán a las personas que han inspirado. Pensarán en las niñas que verán sus fotografías. Aquellas que soñarán con sus propias montañas por escalar.
La preparación mental ha sido tan importante como la física. Han trabajado con psicólogos deportivos. Han aprendido técnicas de visualización y manejo del estrés. También estrategias para enfrentar el miedo y la incertidumbre.
El miedo es un compañero constante en alta montaña. No es ausencia de miedo lo que define al valiente. Es la capacidad de actuar a pesar del miedo. Ana María y Ana Isabel han aprendido a convivir con él.
Han estudiado casos de expediciones anteriores al Vinson. Han aprendido de los errores y aciertos de otros. Conocen las historias de éxito y también las tragedias. Esta información les permite tomar decisiones más informadas.
La seguridad es la prioridad máxima en cualquier expedición. Ninguna cumbre vale una vida. Por eso han establecido protocolos claros. Saben cuándo es momento de continuar y cuándo retroceder.
El clima en la Antártida es impredecible. Una tormenta puede aparecer en minutos. Los vientos pueden alcanzar velocidades extremas. La visibilidad puede reducirse a cero. En esas condiciones, la única opción es buscar refugio.
Han practicado el montaje de carpas en condiciones simuladas. También técnicas de rescate en glaciares. Saben cómo reaccionar ante una caída en una grieta. Han ensayado protocolos de comunicación de emergencia.
Cada detalle ha sido considerado. Desde la alimentación hasta el equipamiento. La comida debe proporcionar suficientes calorías. En condiciones extremas, el cuerpo quema energía rápidamente. Deben consumir entre 5.000 y 6.000 calorías diarias.
El equipamiento incluye ropa de múltiples capas. Guantes especiales para temperaturas extremas. Gafas de protección contra la radiación solar. Botas diseñadas para soportar el frío intenso. Sacos de dormir con aislamiento térmico avanzado.
También llevan equipos de comunicación satelital. GPS de alta precisión. Equipos de primeros auxilios completos. Medicamentos para mal de altura. Sistemas de purificación de agua.
El peso de las mochilas es considerable. Cada gramo cuenta en alta montaña. Por eso han seleccionado cuidadosamente cada elemento. Solo llevan lo esencial para sobrevivir y alcanzar la cumbre.
El trabajo en equipo será crucial durante la expedición. Deberán cuidarse mutuamente. Observar signos de hipotermia o congelamiento. Motivarse en los momentos de debilidad. Celebrar juntas cada pequeño avance.
La cordada es más que una técnica de escalada. Es un símbolo de confianza y compromiso mutuo. Cuando están atadas por una cuerda, sus destinos se entrelazan. La seguridad de una depende de la otra.
Han desarrollado una comunicación efectiva. Entienden las señales no verbales de la otra. Saben cuándo necesita un descanso sin que lo diga. Pueden anticipar las necesidades y ofrecer apoyo.
Esta conexión se ha fortalecido durante meses de entrenamiento conjunto. Han compartido madrugadas de entrenamiento. También momentos de duda y frustración. Han celebrado pequeños logros que las acercan a la meta.
Sus familias también forman parte de este equipo extendido. Desde casa, ofrecen el apoyo em