A finales de 2019, Jackeline Rivera recuerda un hecho preocupante. La bióloga de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER) registró el primer reporte alarmante. Una danta de montaña apareció herida y con una infección de gusanos.

“Meses después la capturamos y se hizo un tratamiento en su hábitat, y se recuperó exitosamente”, cuenta Rivera. Sin embargo, la tranquilidad duró poco tiempo. “Pero luego de eso, año tras año, hemos recibido reportes de dantas con este tipo de heridas asociadas a infecciones causadas por un parásito”.

El responsable es el llamado gusano barrenador. En realidad, se trata de la larva de una mosca. Su nombre científico es Cochliomyia hominivorax. Este parásito ha afectado durante décadas al ganado en Colombia. Además, en los últimos años ha encendido alertas en la comunidad científica.

Su impacto en las dantas de montaña resulta devastador. La especie está catalogada como En Peligro por la UICN. Según cifras de la CARDER, entre 2019 y 2025 se reportaron siete casos. Las dantas presentaban miasis, como se denomina a esta infección.

Para poner esta cifra en perspectiva, los números son inquietantes. Se estima que quedan solo entre 200 y 300 individuos. Esta población habita en la Cordillera Central del país.

Un pico de esta problemática se registró durante la temporada seca. El periodo crítico ocurrió entre finales de 2023 e inicios de 2024. Las condiciones de mayor temperatura favorecen la presencia de la mosca. También prolifera con mayor facilidad durante estas épocas.

“En ese momento, logramos capturar a varias dantas para hacerles tratamiento, pero la miasis, en algunos casos, ya estaba muy avanzada. Lo que se hacía era tratar a los individuos durante meses, pero era muy complejo pues no hay un sitio con las condiciones para hacerlo”, explica Rivera. Ella es responsable del programa de fauna amenazada de la CARDER.

Para atender esta problemática, el departamento tomó medidas concretas. Se creó una mesa regional compuesta por varias entidades. Participan la CARDER, Parques Nacionales Naturales y organizaciones científicas. También se sumaron comunidades locales para adelantar proyectos de protección.

La danta de montaña es una de cuatro especies de tapires. También se le denomina así a esta especie particular. Es considerada uno de los mamíferos terrestres más grandes de los Andes colombianos. Según estudios y caracterizaciones puede medir hasta 1,80 metros de largo. Alcanza 90 centímetros de altura en promedio.

Su comportamiento es principalmente solitario y tímido. Además, tiene hábitos principalmente nocturnos. Se alimenta de hojas, brotes y frutos diversos. Vive entre 25 y 30 años en condiciones naturales.

En los últimos años se han establecido alianzas importantes. La Federación Comunitaria para el Ordenamiento y Manejo de las Áreas Protegidas de Risaralda participa activamente. A través de Fecomar se han instalado cámaras trampa en zonas protegidas.

Estos dispositivos se ubican en árboles u otras estructuras naturales. Al detectar el paso de especies, se activan automáticamente. A finales de 2025 y principios de 2026 se firmó un acuerdo clave. Wildlife Conservation Society Colombia se sumó a los esfuerzos de conservación.

Se instalaron 35 cámaras trampa en el Parque Regional Ucumarí. Este parque está ubicado en la cuenca alta del río Otún. El fin era fortalecer el conocimiento sobre el estado de la especie.

Los resultados de ese último monitoreo se acaban de conocer. “Lo que encontramos nos da bastante entusiasmo”, sostiene Carlos Saavedra. Él es coordinador de especies de Wildlife Conservation Society.

Tras analizar más de 22.600 fotografías, los hallazgos fueron reveladores. El periodo de análisis abarcó 70 días continuos. Se encontró que las dantas ocupan más del 72% del parque regional.

“Logramos captar imágenes muy interesantes y que nos sorprendieron como una fotografía de una danta juvenil, una muy pequeña que se mueve frente a la cámara”, cuenta Saavedra. Los dispositivos también permiten grabar videos de gran valor científico.

Se tomó uno en el que un individuo aparece jugueteando. Otro video capturó a una danta emitiendo sonidos. Esto es clave para conocer más sobre sus vocalizaciones.

Como aclaran los investigadores del monitoreo, la metodología fue rigurosa. El evento de presentación se realizó en Pereira. Las cámaras se pusieron en una parte del área protegida. A través de modelos estadísticos se calculó su presencia general. Los resultados indican ocupación en casi todo el ecosistema.

Aunque no existe una cifra directamente comparable con este resultado, hay datos históricos. Según la CARDER, en 1996 la situación era muy diferente. El área enfrentaba fuertes procesos de deforestación en ese momento. Se estimaba que había alrededor de una danta por cada 400 hectáreas.

Hoy, gracias a las cámaras, los investigadores han individualizado seis dantas. Este hallazgo ocurrió en un tramo de aproximadamente cuatro kilómetros. “Con ese solo dato ya sabemos que las estimaciones que se tenían en el 96 son inferiores a la que estamos viendo en este momento”, precisa Rivera.

Este monitoreo hace parte de un macroproyecto más amplio. Se viene trabajando en articulación con el Grupo de Especialistas en Tapires. Esta entidad pertenece a la UICN.

Los funcionarios de la corporación indican cambios positivos. Ahora las dantas se observan con mayor frecuencia. Dejan rastros que muestran una mayor abundancia en los bosques analizados.

Además, uno de los hallazgos destacados tranquiliza a los científicos. No se detectaron nuevos casos de miasis en los individuos registrados. En total, el monitoreo con las 35 cámaras trampa fue exhaustivo.

Se analizaron 114 registros de dantas en el periodo estudiado. De estos, el 82,5% presentaba buena condición corporal. No evidenciaba heridas visibles en sus cuerpos.

Para Diego Lizcano, biólogo experto en dantas, los resultados son significativos. Él no participó en el estudio actual. Se trata de “hallazgos bien interesantes y es positivo que en el muestreo con cámaras no encontraron dantas con la infección”.

“Este tipo de hallazgos son superpositivos, y creo que son ejemplos de los que nos debemos pegar. Y para lograr entender, con una visión compleja, que no necesariamente tenemos que chocar con la naturaleza, sino que con un poco de organización es posible coexistir con la biodiversidad del mundo”, comenta Saavedra.

A ojos de Rivera, estos resultados tienen una explicación clara. Hacen parte de estrategias que se vienen desarrollando en el departamento. Estas acciones se han implementado en los últimos años.

“Por ejemplo, en el parque regional tenemos un gran hito de que casi no se ha registrado deforestación desde principios de siglo, ni cambios importantes en el uso del suelo”. Este logro representa décadas de esfuerzo sostenido.

Desde hace dos años, según la corporación, hay esfuerzos educativos importantes. Se viene realizando un trabajo en la educación ambiental. Incluye la realización de un festival de la danta anual.

El objetivo es fortalecer la apropiación social de esta especie. A esto se suma, según Saavedra de WCS, otra estrategia fundamental. El desarrollo en la región de prácticas sostenibles ha sido clave.

Actividades como el turismo de naturaleza también contribuyen significativamente. A través de comunidades locales, buscan la protección del territorio. “Es una matriz bastante interesante la que se ha tejido en el territorio en aras de la biodiversidad”, precisa.

Esto es clave si se tienen en cuenta las amenazas principales. Las dantas enfrentan su cacería ilegal como primer peligro. La ganadería extensiva también representa una amenaza constante. La deforestación completa el trío de riesgos mayores.

En ese caso, el estudio también detalló otros aspectos positivos. No se reportaron casos de caza contra dantas en el área. Tampoco se registraron ataques de perros ferales durante el monitoreo.

Esta ha sido una problemática alertada por científicos en otras zonas. En particular, se han registrado varios casos en Santa Rosa de Cabal. “En el caso del bosque, no los hemos visto, no se han obtenido rastros de ellos”, asegura Rivera.

Sin embargo, señala que esta problemática sí se registra en otros sectores. El departamento enfrenta desafíos variables según la zona.

Estos resultados positivos no permiten a los científicos cantar victoria. Los funcionarios ambientales mantienen la cautela y vigilancia. En particular, existen nuevas amenazas que enfrentan las dantas.

Estos nuevos factores de riesgo están relacionados principalmente con el cambio climático. Sus efectos ya se están sintiendo en la región.

Por ejemplo, los cambios en la temperatura pueden alterar las condiciones del territorio. Con ello, también afectan su distribución natural. Como habita entre los 1.700 y 4.000 metros sobre el nivel del mar, su rango podría reducirse.

También podría verse forzada a desplazarse hacia zonas más altas. A esto se sumarían variaciones en el régimen de lluvias. Estos cambios tienen efectos sobre la vegetación disponible. También afectan las fuentes de agua de las que depende la danta.

Además, estas modificaciones en los patrones del clima favorecen al parásito. Pueden aumentar la presencia del Cochliomyia hominivorax en la región. Este es el parásito que viene afectando estas especies.

Ante estos riesgos, los investigadores aseguran estar preparando estrategias. Ante la inminente llegada de un fenómeno del El Niño, tomarán medidas. Se espera para el segundo semestre de 2026.

Se realizarán más monitoreos para evaluar los riesgos con precisión. Buscan determinar qué tanto aumenta el riesgo de infecciones. Las temporadas secas son particularmente críticas para este análisis.

“Estos resultados nos permiten priorizar acciones en el territorio y anticiparnos a los riesgos. El monitoreo nos da información clave para enfocar esfuerzos en restauración, manejo sanitario y trabajo con comunidades antes de que las amenazas afecten a la población”, afirmó Leonor Valenzuela. Ella es bióloga y coordinadora del proyecto por WCS Colombia.

Una de las propuestas que maneja la comunidad científica es innovadora. Se detalla en un estudio publicado a finales de 2025. En este participó el biólogo Diego Lizcano.

“Para mitigar esta amenaza, Colombia debería considerar la posibilidad de poner en marcha un programa de control biológico mediante la técnica de insectos estériles, similar a las iniciativas de erradicación”, se lee en el estudio. Esta técnica ha demostrado efectividad en otros contextos.

En esta línea, en este momento desde la CARDER trabajan activamente. La WCS también participa en esta iniciativa conjunta. Se trabaja en un documento que detallará un plan de choque.

El objetivo es asegurar la conservación ante los nuevos retos. La especie enfrenta desafíos que requieren respuestas coordinadas. Entre las principales acciones están la restauración de hábitats degradados. También se contempla el manejo sanitario preventivo de poblaciones.

El trabajo con comunidades locales será fundamental para el éxito. La educación ambiental continuará siendo una prioridad estratégica. El monitoreo constante permitirá ajustar las estrategias según sea necesario.

La danta de montaña representa un indicador de la salud del ecosistema. Su recuperación en Risaralda muestra que la conservación es posible. Requiere esfuerzo coordinado entre instituciones, científicos y comunidades.

Los próximos años serán cruciales para consolidar estos avances. El cambio climático presenta desafíos sin precedentes para la especie. Sin embargo, la experiencia acumulada ofrece herramientas valiosas para enfrentarlos.

El Parque Regional Ucumarí se ha convertido en un modelo de conservación. Demuestra que es posible revertir tendencias negativas con acciones sostenidas. La colaboración entre diferentes actores ha sido fundamental para estos resultados.

Las cámaras trampa continuarán proporcionando información valiosa sobre las poblaciones. Permitirán detectar tempranamente cualquier amenaza emergente para la especie. La tecnología se ha convertido en una aliada indispensable para la conservación.

El festival de la danta ha logrado crear conciencia en la población local. Las comunidades ahora se sienten parte activa de los esfuerzos de conservación. Este sentido de pertenencia es crucial para la protección a largo plazo.

Las prácticas sostenibles implementadas en la región benefician a múltiples especies. No solo protegen a las dantas, sino a todo el ecosistema andino. La biodiversidad de la zona depende de estos esfuerzos integrados.

El turismo de naturaleza ha generado ingresos para las comunidades locales. Esto crea incentivos económicos para la conservación del territorio. Las personas ven valor en mantener los bosques saludables y protegidos.

La ausencia de deforestación desde principios de siglo es un logro notable. Contrasta con la situación en muchas otras regiones del país. Demuestra que las políticas de conservación pueden ser efectivas cuando se implementan consistentemente.

La recuperación de las poblaciones de dantas inspira esperanza. Muestra que especies en peligro pueden recuperarse con intervenciones adecuadas. Sin embargo, la vigilancia debe mantenerse para no perder los avances logrados.

Los científicos enfatizan que cada individuo cuenta en una población tan reducida. Entre 200 y 300 ejemplares en toda la Cordillera Central es alarmantemente bajo. Cada danta que sobrevive y se reproduce es vital para la especie.

El tratamiento exitoso de las dantas infectadas en 2019 marcó un precedente importante. Demostró que es posible intervenir para salvar individuos amenazados. Esta experiencia ha sido valiosa para desarrollar protocolos de respuesta.

La complejidad del tratamiento de la miasis en campo sigue siendo un desafío. No existen instalaciones adecuadas para tratar animales tan grandes durante periodos prolongados. Se necesitan soluciones innovadoras para este problema logístico.

La mesa regional creada para proteger la especie facilita la coordinación. Reúne conocimientos científicos, capacidad institucional y sabiduría comunitaria. Esta combinación ha demostrado ser más efectiva que esfuerzos aislados.

Los modelos estadísticos utilizados en el análisis permiten extrapolar los datos. De 35 cámaras se puede inferir la situación en todo el parque. Esta metodología maximiza el valor de los recursos invertidos en monitoreo.

La presencia de dantas juveniles indica reproducción activa en la población. Este es un indicador c

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