El gobierno boliviano confirmó este miércoles la cancelación definitiva del convenio de cooperación militar suscrito con Irán. El acuerdo había sido firmado durante la presidencia de Luis Arce en julio de 2023. Marcelo Salinas, ministro de Defensa, comunicó que la denuncia del convenio ocurrió hace aproximadamente cuatro meses.

El anuncio representa la primera confirmación oficial pública sobre la extinción de este pacto. Además, marca un punto de inflexión en la política exterior boliviana. Por primera vez, las autoridades reconocen abiertamente el distanciamiento respecto a Teherán.

“Hace aproximadamente cuatro meses, ese convenio de cooperación militar ha sido denunciado, de tal manera que ya no existe ese contrato”, afirmó Salinas. El ministro formuló estas declaraciones ante periodistas que consultaron sobre el estado del acuerdo. Posteriormente añadió que los convenios con Teherán “han sido simplemente concluidos y no existen más”.

Sin embargo, Salinas no ofreció detalles sobre qué actores impulsaron formalmente la rescisión. Tampoco especificó si medió alguna presión exterior en esta decisión. La falta de información precisa genera interrogantes sobre el proceso que condujo a esta cancelación.

El convenio original fue firmado el 20 de julio de 2023 en la capital iraní. Edmundo Novillo, entonces ministro de Defensa boliviano, suscribió el documento junto a su homólogo iraní. El general de brigada Mohamad Reza Qarai Ashtiani representó a Teherán en aquella ocasión.

El documento estableció un marco de cooperación en seguridad y defensa entre ambas naciones. Específicamente, incluía asistencia para la vigilancia fronteriza y la lucha contra el narcotráfico. También contemplaba acciones conjuntas contra el contrabando en territorio boliviano.

Asimismo, el acuerdo consideraba el posible suministro de drones militares iraníes a Bolivia. Esta disposición generó particular preocupación en la región sudamericana. La opacidad con que se manejó el convenio provocó cuestionamientos dentro del propio país andino.

Argentina reaccionó con alarma ante la firma de este pacto bilateral. El país vecino sufrió dos atentados en los años noventa que marcaron su historia. La justicia argentina atribuyó estos ataques terroristas a Irán, lo que explica su preocupación.

La cancelación constituye la expresión más concreta del distanciamiento entre La Paz y Teherán. Este proceso comenzó con la llegada al poder de Rodrigo Paz el 8 de noviembre de 2025. El nuevo presidente cuestionó desde el inicio la orientación diplomática de sus predecesores.

Paz criticó especialmente los vínculos establecidos hacia Irán, Venezuela y Cuba durante gobiernos anteriores. En contraste, trazó una hoja de ruta diplomática completamente opuesta a la previa. Su objetivo principal consistió en restablecer vínculos con Washington, rotos desde 2008.

La ruptura con Estados Unidos ocurrió tras la expulsión del embajador estadounidense durante el gobierno de Evo Morales. Durante casi dos décadas, Bolivia mantuvo una política exterior alineada con el eje bolivariano regional. No obstante, el cambio de gobierno trajo consigo una reorientación radical de las relaciones exteriores.

Paralelamente, Paz buscó restablecer relaciones con Israel, suspendidas por el gobierno de Arce. Luis Arce había cortado relaciones con el Estado israelí en octubre de 2023. La decisión respondió a la calificación como “desproporcionada” de la ofensiva militar israelí en Gaza.

El restablecimiento de relaciones con Israel se formalizó oficialmente en diciembre de 2025. Posteriormente, Bolivia eliminó las restricciones de visado para ciudadanos estadounidenses e israelíes. Estas medidas facilitaron el tránsito de nacionales de ambos países hacia territorio boliviano.

Adicionalmente, Bolivia se retiró del Grupo de La Haya, coalición que impulsaba sanciones internacionales contra Israel. Gideon Saar, canciller israelí, calificó esta última decisión de “medida necesaria y basada en principios”. La declaración evidenció la satisfacción de Tel Aviv ante el viraje boliviano.

El contexto regional amplifica significativamente el alcance de esta medida diplomática. Recientemente, Estados Unidos e Israel ejecutaron ataques militares contra objetivos iraníes. Estos acontecimientos incluyeron la muerte del líder supremo Alí Khamenei, figura central del régimen teocrático.

Consecuentemente, el aislamiento de Teherán en América Latina se ha acelerado notablemente. Bolivia, que bajo Morales y Arce fue uno de los aliados más firmes de Irán, completa un giro de 180 grados. Este cambio radical ocurrió en menos de seis meses desde la asunción presidencial de Paz.

Washington ha seguido de cerca todo el proceso de reorientación diplomática boliviana. Christopher Landau, subsecretario de Estado estadounidense, se reunió personalmente con el presidente Paz. Durante ese encuentro, expresó la expectativa de que Bolivia revele el alcance real de los documentos firmados con Irán.

Específicamente, Estados Unidos desea conocer los acuerdos suscritos durante las dos décadas del Movimiento Al Socialismo en el poder. Este partido gobernó Bolivia bajo el liderazgo de Evo Morales y posteriormente con Luis Arce. Durante ese período, La Paz estableció vínculos estrechos con países considerados adversarios por Washington.

Lo que resta por definir es si La Paz dará el paso adicional de una ruptura diplomática formal. Esta medida implicaría el cierre de embajadas y la expulsión de representantes diplomáticos mutuos. Alternativamente, Bolivia podría optar por una reducción progresiva de su representación en Teherán.

Fuentes gubernamentales citadas por la prensa boliviana anticipan esta segunda opción como la más probable. Una reducción gradual permitiría evitar una confrontación directa con el régimen iraní. Al mismo tiempo, mantendría la tendencia hacia el distanciamiento sin provocar una crisis diplomática inmediata.

El viraje diplomático boliviano refleja también cambios en la correlación de fuerzas regionales. Venezuela y Cuba, tradicionales aliados de Irán, enfrentan crecientes dificultades económicas y políticas. Esta situación debilita el eje bolivariano que durante años influyó en la política exterior de varios países sudamericanos.

Paralelamente, la presión de Estados Unidos sobre gobiernos latinoamericanos se ha intensificado recientemente. Washington busca consolidar su influencia en la región mediante incentivos económicos y amenazas de sanciones. Bolivia, atravesando una compleja situación económica, resulta particularmente vulnerable a estas presiones.

La cancelación del convenio militar también responde a dinámicas internas de la política boliviana. El Movimiento Al Socialismo, que gobernó durante dos décadas, enfrenta una crisis de legitimidad. Rodrigo Paz representa una alternativa política que busca diferenciarse claramente de la gestión anterior.

Esta diferenciación incluye necesariamente un cambio en las alianzas internacionales del país andino. Desvincularse de Irán constituye una señal clara hacia la comunidad internacional sobre la nueva orientación. Simultáneamente, acercarse a Estados Unidos e Israel promete potenciales beneficios económicos y políticos.

No obstante, estos movimientos diplomáticos no están exentos de riesgos para el gobierno boliviano. Sectores afines al Movimiento Al Socialismo critican duramente el acercamiento a Washington y Tel Aviv. Consideran que Bolivia está renunciando a su soberanía y traicionando principios históricos de su política exterior.

Por otra parte, la cancelación del convenio con Irán elimina posibilidades de cooperación en áreas sensibles. La vigilancia fronteriza y la lucha contra el narcotráfico requieren recursos tecnológicos y humanos significativos. Bolivia deberá buscar nuevos socios que reemplacen la asistencia que potencialmente ofrecía Teherán.

El posible suministro de drones militares iraníes quedó definitivamente cancelado con este acuerdo. Ahora, las Fuerzas Armadas bolivianas deberán explorar alternativas con otros proveedores internacionales. Estados Unidos e Israel podrían convertirse en nuevos abastecedores de tecnología militar para Bolivia.

Esta transición implica también cambios en la doctrina de seguridad y defensa del país. Los equipos y metodologías iraníes difieren sustancialmente de los occidentales o israelíes. La adaptación requerirá inversión en capacitación y adecuación de protocolos operativos militares.

La opacidad que rodeó originalmente al convenio con Irán contrasta con las declaraciones públicas actuales. El gobierno de Paz parece comprometido con mayor transparencia en sus relaciones internacionales. Esta apertura busca generar confianza tanto internamente como ante la comunidad internacional.

Sin embargo, persisten interrogantes sobre el contenido exacto de los acuerdos firmados previamente con Teherán. Washington insiste en conocer todos los detalles de la cooperación bilateral durante los gobiernos del MAS. La presión estadounidense podría resultar en revelaciones que comprometan a figuras del anterior gobierno.

El caso boliviano ilustra las tensiones geopolíticas que atraviesan América Latina en la actualidad. Los países de la región enfrentan presiones contradictorias de diferentes potencias mundiales. China, Rusia, Estados Unidos e incluso actores regionales como Brasil compiten por influencia.

Bolivia, por su posición estratégica y recursos naturales, resulta particularmente atractiva para estos actores internacionales. El litio boliviano, fundamental para la industria de baterías, genera especial interés global. Las decisiones diplomáticas del país andino tienen implicaciones que trascienden sus fronteras.

La cancelación del convenio militar con Irán podría facilitar inversiones occidentales en el sector extractivo boliviano. Estados Unidos y sus aliados europeos observan con interés el potencial del litio andino. Un gobierno boliviano alineado con Occidente podría acelerar proyectos de explotación de este mineral estratégico.

Paralelamente, el distanciamiento de Irán reduce riesgos de sanciones secundarias estadounidenses contra Bolivia. Washington ha advertido repetidamente que castigará a países que mantengan relaciones significativas con Teherán. Evitar estas sanciones resulta crucial para una economía vulnerable como la boliviana.

La comunidad internacional observa atentamente la evolución de la política exterior boliviana bajo Paz. Organismos multilaterales como la OEA han expresado satisfacción ante el viraje diplomático del país. Este respaldo contrasta con el aislamiento que Bolivia experimentó durante los gobiernos del MAS.

No obstante, organizaciones de izquierda latinoamericana critican duramente las decisiones del gobierno de Paz. Consideran que Bolivia está abandonando principios de solidaridad con pueblos oprimidos como el palestino. Estas críticas reflejan las divisiones ideológicas que persisten en la región.

El futuro de las relaciones entre Bolivia e Irán permanece incierto más allá de la cancelación del convenio militar. Ambos países mantienen formalmente relaciones diplomáticas, aunque claramente debilitadas. La posibilidad de una ruptura total dependerá de múltiples factores internos y externos.

Entre estos factores destaca la evolución del régimen iraní tras la muerte de Khamenei. La sucesión en Teherán podría generar cambios significativos en su política exterior regional. Un Irán reformado podría intentar reconstruir puentes con países latinoamericanos que se han distanciado.

Alternativamente, un endurecimiento del régimen iraní podría acelerar su aislamiento internacional completo. En ese escenario, Bolivia tendría pocos incentivos para mantener vínculos diplomáticos con Teherán. La presión occidental para una ruptura total se intensificaría considerablemente.

Dentro de Bolivia, el debate sobre la política exterior continúa generando tensiones políticas significativas. La oposición de izquierda cuestiona sistemáticamente cada acercamiento a Estados Unidos o Israel. Por su parte, sectores conservadores y empresariales respaldan entusiastamente el viraje diplomático de Paz.

Este debate refleja divisiones más profundas sobre el modelo de desarrollo y las alianzas estratégicas del país. La gestión de Paz apuesta por una reinserción en los circuitos económicos y políticos occidentales. Esta estrategia contrasta radicalmente con el modelo de integración alternativa que promovió el MAS.

La cancelación del convenio militar con Irán constituye apenas un capítulo de esta transformación más amplia. En los próximos meses, se esperan nuevas medidas que profundicen el realineamiento internacional de Bolivia. La sostenibilidad política de este proceso dependerá de resultados económicos tangibles para la población.

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