El árbitro de fútbol alemán Pascal Kaiser le propuso matrimonio a Moritz, su novio. El pedido ocurrió en el campo del FC Köln el 30 de enero. Se arrodilló al costado de la cancha con los anillos en mano. El prometido le dijo que sí inmediatamente. Ambos se besaron y abrazaron ante el estadio repleto. Una multitud de testigos aclamó el momento como un golazo. Los chicos ahora pueden casarse y mostrarse públicamente. También pueden convertirse en parte del folclore futbolero a los besos.
La escena clásica se repite en múltiples escenarios. Él arrodillado y ella sorprendida es la postal habitual. Los lugares cambian constantemente: viajes, parques de diversiones, playas. También habitaciones alfombradas de pétalos de rosas. Además, montañas, arenas, recitales, escenarios, rings. Incluso castillos medievales, cataratas o destinos exóticos.
Los escenarios cambian pero la letra permanece igual. “¿Querés casarte conmigo?” es la pregunta central. En este contexto, el decorado no se calla. Por el contrario, resulta fundamental para el momento. La sorpresa es esencial en cada propuesta. La originalidad vale más que el anillo mismo. Este puede ser de papel o de diamantes.
Los lugares posibles son infinitos para estos pedidos. Pueden ocurrir en cines, videojuegos, shoppings. También con auroras boreales de fondo. Además, en desiertos, puertos, orillas de lagos. Igualmente en la nieve, las pirámides, fogones. Asimismo en barcos, aviones, entre flores. También con velas encendidas creando atmósfera romántica.
El estado aclamó el pedido de Pascal a Moritz. Hubo una multitud de testigos presentes. Sonó música de Queen durante el momento. El beso de compromiso cerró la escena perfectamente.
La escenografía importa cada vez más en estos rituales. La respuesta también tiene su peso específico. El “sí, quiero” es un clásico que volvió. Ya no es necesariamente conservador. Sin embargo, muestra el auge de los rituales. También evidencia la plenitud del amor contemporáneo.
Pedir la mano se puso de moda nuevamente. Existen varios motivos para entender este fenómeno. Primero, la necesidad de rituales en la sociedad. Segundo, la deserotización que requiere un contraste. Tercero, el retorno del romanticismo tradicional. Cuarto, la espectacularización de la vida cotidiana. Quinto, los afectos instagrameables que se comparten. Sexto, la viralización de los acontecimientos vitales.
La igualdad convirtió un pedido en noticia. La diversidad se juega en todas las canchas. El pedido de Pascal a Moritz rompió esquemas. Ahora el pedido de mano se extendió. Parejas de dos varones también participan del ritual. Sin embargo, la pose de rodillas hincadas persiste. El anillo en el anular y la mano pedida continúan. Como casi todo, tiene una historia de machismo.
Los que piden tradicionalmente son ellos. Lo hacen cuando quieren y cómo quieren. Si ellas quieren, no pueden expresarlo abiertamente. Solo les queda esperar pacientemente. Luego pueden aceptar o rechazar la propuesta.
No es casual que esto ocurra ahora. Vivimos una época de amores líquidos. La gente está harta de las aplicaciones de citas. Ahora vuelve a buscarse en canchas de paddle. También en planes de trekking y actividades grupales. Cuesta quedar dos veces seguidas con alguien. Los que quieren verse diariamente toman decisiones épicas. No lo consideran un trámite burocrático. Lo convierten en un momento memorable.
Estamos en una coyuntura de parálisis de avances. También hay vuelta a ritos ancestrales. En ese sentido, casi todos tienen raíces problemáticas. La sumisión era requisito para las mujeres. Ellas permanecían erguidas por poco tiempo. Los que se agachaban lo hacían como excepción. Luego se levantaban a dar órdenes. También se quedaban con los bienes de la desposeída.
Los pedidos de mano simulan cuentos de princesas. Por eso Disney es escenario del boom. Los anillos para Instagram proliferan en estos lugares. La pareja del FC Köln demuestra algo interesante. Un hombre puede pedir o ser pedido. Una mujer solo puede pedir si la mano es de otra dama.
Una mujer que le pide a un hombre no se ve casi nunca. Queda como el cliché de la desesperada. Ella busca casarse mientras él huye del compromiso. En la película “Tenías que ser tú” la protagonista esperaba un anillo. Este indicaría el éxito en su vida: ser esposa. Sin embargo, unos aros mostraron el fin de la ilusión.
Entonces ella tuvo una idea particular. Decidió ir a Irlanda en una fecha específica. El 29 de febrero, los años bisiestos, existe una tradición. Se permite que las mujeres hagan la propuesta. Como excepción, pueden tomar la iniciativa ese día. Por supuesto, es una comedia romántica. Pasa de todo menos dejar pasar al amor.
Según una leyenda irlandesa del siglo V existe esta posibilidad. Las mujeres pueden pedir la mano de sus novios. Pero siempre hay un pero importante. Solo disponen de 24 horas una vez cada cuatro años. Tienen un día para decir la famosa frase. Ese día es el 29 de febrero únicamente.
Cualquier mujer que ansíe el anillo puede intentarlo. El amor todo lo puede según la tradición. Solo tiene que esperar un año bisiesto. Esa era la trama de la película analizada.
La leyenda cuenta que Santa Brígida se quejó. Le expresó su molestia a San Patricio. Los hombres tardaban demasiado tiempo en declararse. Decidieron instaurar esa fecha especial. Así las mujeres podrían dar el paso ellas.
Un solo día cada cuatro años era suficiente. Al menos para la sociedad de la época. Ahora en pleno siglo XXI la tradición está obsoleta. A pesar de eso, aún se sigue celebrando. Es una festividad en Irlanda todavía. A lo largo de las décadas se extendió. Otros países la adoptaron como Dinamarca. También Finlandia e Inglaterra la incorporaron.
Sin embargo, seis años después del análisis, la situación persiste. No es más común que las mujeres propongan. No pueden proponer lo que realmente quieren. Su lugar es atender, esperar y festejar. Pueden festejar la iniciativa ajena con alegría. También pueden rechazar con pudor la decisión unilateral. Sus compañeros de escena mantienen el control.
El pedido de mano pone el dedo en la llaga. Muestra la desigualdad amorosa existente. Ellos pueden tomar la iniciativa siempre. Ellas tienen que esperar a que ellos actúen. Ellas deben cultivar la paciencia constantemente. Ellos son los dueños de la decisión. Controlan el deseo, la convivencia y los festejos.
En pleno show de Maluma ocurrió una pedida. Fue parte del espectáculo musical completo. Un solo día, cada cuatro años, en un solo lugar. Las mujeres tienen que esperar o viajar. Deben moverse en el tiempo y el espacio. Solo así logran concretar el casorio deseado.
El film se estrenó el 25 de junio de 2010. El calendario muestra los frenos actuales. También evidencia los retrocesos que se conjugan. Todavía en 2026, más de quince años después, la situación persiste. Es muy raro, excesivamente raro, que una mujer pida casamiento.
En realidad la pedida de mano nace del patriarcado. Surge en su máxima expresión histórica. La opinión de la novia no importaba. Lo importante era pedir permiso al padre. Él era quien decidía por sobre su hija. De romántico no tenía nada. De protector mucho menos en realidad.
Los matrimonios se arreglaban por dinero. También por poder, supervivencia, títulos. Además por trabajo, reparto de tierras. Incluso por guerras o intereses diversos. El destino de las hijas se intercambiaba. Eran como una moneda que el patriarca concedía. Lo daba a cambio por conveniencia personal.
Pedir la mano era solicitar una transferencia. Era como cambiar la titularidad de un auto. Un dueño lo cedía a otro dueño. El negocio se celebraba con una fiesta. Esta fiesta de compromiso se llamaba “esponsales”. De ahí proviene el término “esposa” actual.
Todo pasado no fue mejor necesariamente. Nos quedamos con los besos para la pantalla. El boom de la entrega de anillos continúa. Aparecen pétalos de rosa en las propuestas. También fondos marinos y videos virales. Ocurren en recitales y canchas de fútbol. El amor hoy necesita espectacularización. Lo que no se viraliza no existe.
El fenómeno de las escenas espectaculares crece. Cada vez son más elaboradas para pedir casamiento. También resalta la necesidad de los rituales. La diversidad abre juego en estos momentos. Los hombres también se dan anillos entre sí. Reciben el aplauso de un estadio completo.
Sin embargo, la tradición patriarcal persiste en muchos casos. Pedir al padre la posesión de la hija continúa. Nico Maccari le propuso casamiento a Cande Ruggeri. Lo hizo con un anillo y velas alrededor. La imagen se viralizó en Instagram rápidamente.
Los pedidos de casamiento se multiplican en eventos. Ocurren en estadios, conciertos, lugares públicos. La espectacularización es parte del amor contemporáneo. Las redes sociales amplifican cada momento romántico. Los testigos ya no son solo los presentes. Miles de personas ven los videos después.
La necesidad de rituales se mantiene fuerte. Las personas buscan momentos significativos para recordar. Los pedidos de mano cumplen esa función. Marcan un antes y un después en las relaciones. Aunque las formas cambian, la esencia persiste. El compromiso público sigue siendo valorado socialmente.
La diversidad transformó algunos aspectos del ritual. Parejas del mismo sexo también participan ahora. Los roles tradicionales se flexibilizan parcialmente. Sin embargo, las estructuras patriarcales subyacentes permanecen. La desigualdad de género en las propuestas continúa. Las mujeres heterosexuales siguen esperando mayormente.
Los escenarios se vuelven cada vez más creativos. La originalidad es fundamental para destacar. Las propuestas compiten por la atención viral. El romanticismo se mezcla con el espectáculo. La intimidad se convierte en contenido público. Los momentos privados se transforman en eventos compartidos.
La presión social por propuestas memorables aumenta. Los estándares se elevan constantemente con cada video. Las expectativas crecen con cada historia viral. El amor debe demostrarse públicamente ahora. La validación externa se vuelve importante. Los likes y comentarios confirman el éxito.
A pesar de los cambios superficiales, las estructuras profundas persisten. Los roles de género tradicionales se mantienen. La iniciativa masculina sigue siendo la norma. La espera femenina continúa siendo la expectativa. El patriarcado se adapta a nuevas formas. Pero su esencia permanece intacta en muchos aspectos.