La Superintendencia Financiera certificó este viernes 29 de mayo la tasa de usura para junio de 2026. El indicador quedó en 28,79 % efectivo anual para crédito de consumo y ordinario. En mayo, esta cifra se ubicaba en 28,17 %.
El incremento representa 62 puntos básicos adicionales. Además, se trata del nivel más alto registrado en lo que va del año. Sin embargo, entender estas cifras requiere primero comprender qué significa realmente la tasa de usura.
Este límite legal establece el tope máximo de intereses que pueden cobrar las entidades financieras en Colombia. Ningún banco, cooperativa o prestamista puede superar este porcentaje. Por tanto, quien lo haga comete un delito tipificado en el Código Penal.
El cálculo se realiza aplicando el 150 % al Interés Bancario Corriente. Este último es un promedio de las tasas que efectivamente cobran los establecimientos de crédito del país. Para junio, el IBC en la modalidad de consumo y ordinario alcanzó 19,19 % efectivo anual.
La cifra anterior representa 41 puntos básicos por encima del 18,78 % de mayo. Consecuentemente, el margen legal para cobrar intereses se amplió un poco más. Cualquier entidad que cobre por encima del 28,79 % anual incurre en usura.
Este tope rige entre el 1 y el 30 de junio de 2026. Asimismo, se calculó con base en la información reportada por los establecimientos de crédito. El período de reporte abarcó del 1 al 22 de mayo.
La Superintendencia Financiera también certificó el IBC para otras modalidades de crédito. Todas estas tasas tienen vigencia durante junio. El crédito de consumo de bajo monto presenta un IBC de 41,40 % efectivo anual.
Su tasa de usura correspondiente llega a 62,10 %. Mientras tanto, el crédito productivo de mayor monto registra un IBC de 27,37 %. Su límite de usura se establece en 41,06 %.
El crédito productivo rural muestra un IBC de 22,23 % efectivo anual. Por consiguiente, su tasa de usura alcanza 33,35 %. En contraste, el crédito productivo urbano exhibe un IBC de 39,95 %.
Este último tiene una tasa de usura de 59,93 %. Por otra parte, el crédito popular productivo rural presenta un IBC de 48,63 %. Su tope de usura se ubica en 72,95 %.
Finalmente, el crédito popular productivo urbano registra el IBC más alto. Esta modalidad alcanza 59,82 % efectivo anual. En consecuencia, su tasa de usura llega a 89,73 %.
La usura para crédito de consumo y ordinario acumula varios meses de repunte. Entre enero de 2024 y enero de 2026 cayó de 34,98 % a 24,36 %. Esta reducción representó más de diez puntos en dos años.
Desde entonces la tendencia se revirtió completamente. El indicador ha registrado cinco meses consecutivos de alzas. Estas alzas llevaron el indicador a 28,79 % en junio.
Se trata de su punto más alto en lo que va de 2026. Igualmente, representa el nivel más elevado desde mediados de 2024. La reversión marca un cambio significativo en el panorama crediticio.
Para quienes tienen o buscan un crédito, este incremento tiene implicaciones directas. El margen legal para cobrar intereses se amplió un poco más. Si un banco cobra por encima del 28,79 % anual en un crédito de consumo ordinario, está incurriendo en usura.
Las cooperativas y prestamistas informales también están sujetos a este límite. Por ende, cualquier entidad financiera debe respetar este techo. La violación de este límite constituye un delito penal.
El crédito popular productivo urbano, conocido como microcrédito, presenta cifras particularmente elevadas. Según los datos, está en 59,82% efectivo anual. La tasa de usura con la que se liquidan moras alcanza 89,83% efectivo anual.
La inflación anual no supera el 6%. Esta disparidad genera cuestionamientos sobre la sostenibilidad de estos créditos. Difícilmente una microempresa puede aguantar para pagar un crédito con esas tasas.
Si la empresa entra en mora, la situación se complica drásticamente. Los microempresarios terminan trabajando principalmente para la banca. La tasa de referencia del Banco de la República contrasta marcadamente con estas cifras.
El panorama actual muestra una tendencia ascendente sostenida. Los cinco meses consecutivos de alzas reflejan cambios en las condiciones del mercado crediticio. Las entidades financieras están ajustando sus tasas al alza.
Este comportamiento responde a diversos factores macroeconómicos. La política monetaria y las condiciones del mercado influyen directamente. No obstante, el impacto recae principalmente sobre los deudores.
Quienes buscan financiamiento enfrentan costos más elevados. Las familias que requieren créditos de consumo deben asumir mayores intereses. Los emprendedores y microempresarios enfrentan barreras más altas para acceder al crédito.
La brecha entre diferentes modalidades de crédito es considerable. El crédito productivo de mayor monto tiene tasas significativamente menores. Mientras tanto, el crédito popular productivo urbano presenta los costos más elevados.
Esta diferenciación refleja la percepción de riesgo de las entidades financieras. Los créditos de menor monto y mayor riesgo percibido tienen tasas más altas. Sin embargo, esto genera un círculo vicioso para los pequeños emprendedores.
El acceso al crédito se vuelve más costoso precisamente para quienes más lo necesitan. Los microempresarios enfrentan tasas que superan ampliamente la inflación. Esta situación limita las posibilidades de crecimiento y desarrollo.
El marco regulatorio establece límites, pero estos son cada vez más altos. La tendencia ascendente de los últimos cinco meses es preocupante. Los consumidores y pequeños empresarios son los más afectados.
La certificación mensual de la Superintendencia Financiera es fundamental. Este proceso garantiza transparencia en el sistema financiero. No obstante, el incremento sostenido plantea interrogantes sobre la accesibilidad del crédito.
Las entidades financieras operan dentro del marco legal establecido. Sin embargo, las tasas cercanas al límite de usura son cada vez más comunes. Esta práctica, aunque legal, genera cuestionamientos éticos.
El sistema financiero debe equilibrar rentabilidad y accesibilidad. Los consumidores necesitan opciones de financiamiento razonables. Los emprendedores requieren créditos que les permitan crecer sosteniblemente.
La situación actual del mercado crediticio colombiano presenta desafíos importantes. La tendencia alcista de la tasa de usura afecta directamente a millones de personas. Las decisiones de política monetaria tienen repercusiones concretas en la economía familiar.
Los próximos meses mostrarán si esta tendencia continúa o se revierte. Mientras tanto, los colombianos deben evaluar cuidadosamente sus opciones de financiamiento. Comparar tasas entre diferentes entidades es más importante que nunca.
La educación financiera se vuelve crucial en este contexto. Entender cómo funcionan las tasas de interés permite tomar mejores decisiones. Conocer el límite de usura ayuda a identificar prácticas abusivas.
El Interés Bancario Corriente refleja las condiciones reales del mercado. Su incremento indica que las entidades están cobrando más por sus créditos. Esta realidad se traduce en mayores costos para los deudores.
La información reportada por los establecimientos de crédito entre el 1 y el 22 de mayo determinó estas tasas. Este proceso mensual permite ajustes constantes según las condiciones del mercado. Sin embargo, la volatilidad puede dificultar la planificación financiera de las familias.