El Departamento Administrativo Nacional de Estadística publicó este viernes su medición anual de pobreza monetaria correspondiente a 2025. Este indicador constituye uno de los principales instrumentos con que el país evalúa el poder adquisitivo de los hogares. Además, permite conocer la capacidad real de las familias para cubrir sus necesidades básicas.
El indicador de pobreza monetaria se construye comparando el ingreso per cápita de cada hogar. Posteriormente, este ingreso se contrasta con una línea de pobreza que el DANE actualiza anualmente. Dicha línea considera el costo de vida en cada región del país.
La medición anterior, con datos de 2024, había traído buenas noticias en el agregado nacional. En efecto, la pobreza monetaria cayó de 34,6 % a 31,8 %. Sin embargo, los nuevos datos revelan una reducción aún más significativa.
En 2025, el 28 % de los colombianos estaba en condición de pobreza monetaria. Esta cifra representa una caída de 3,8 puntos porcentuales frente al 31,8 % de 2024. En términos absolutos, cerca de 1,8 millones de personas salieron de esa condición en un año.
Actualmente, 14,4 millones de colombianos todavía están en situación de pobreza. No obstante, esta reducción es la más pronunciada en varios años. Asimismo, aleja al país de los niveles críticos que dejó la pandemia. Durante 2020, la pobreza llegó al 43,1 %.
Para fijar quién es pobre y quién no, el DANE establece cada año una línea de pobreza. Esta línea representa el ingreso mínimo per cápita que necesita un hogar. Específicamente, debe cubrir una canasta básica de bienes y servicios, tanto alimentarios como no alimentarios.
En 2025 esa línea quedó en 482.041 pesos mensuales por persona. Esta cifra es un 4,7 % más que el año anterior. Dicho de otra manera, una familia de cuatro personas cuyos ingresos totales no superaron 1.928.164 pesos al mes fue contada como pobre.
En las grandes ciudades el umbral fue más alto. Alcanzó 2.372.512 pesos para ese mismo hogar en las trece áreas metropolitanas. Por el contrario, en el campo fue más bajo, llegando a 1.240.116 pesos.
La pobreza extrema también experimentó una reducción importante este año. Esta categoría mide si los ingresos alcanzan siquiera para una canasta alimentaria básica. Pasó de 11,7 % en 2024 a 9,6 % en 2025, una reducción de 2,1 puntos.
La línea que define la pobreza monetaria extrema quedó en 236.580 pesos por persona al mes. Esto equivale a menos de 8.000 pesos diarios para comer. Cerca de un millón de colombianos salieron de esa condición en el último año.
A pesar de estos avances, todavía casi cinco millones permanecen en pobreza extrema. Esta realidad evidencia que persisten desafíos estructurales importantes. Particularmente, la situación se agrava en determinadas zonas del país.
En las cabeceras municipales la pobreza monetaria bajó del 28,6 % al 24,6 %. Por otro lado, en los centros poblados y el rural disperso cayó del 42,5 % al 39,5 %. Esta reducción de 3 puntos en términos absolutos sigue dejando a casi cuatro de cada diez habitantes del campo en situación de pobreza.
La pobreza rural es 1,6 veces la de las cabeceras municipales. En la pobreza extrema la distancia es aún más pronunciada y preocupante. El campo registró 19,1 %, casi tres veces el 6,9 % de las cabeceras.
Esta brecha entre campo y ciudad refleja desigualdades históricas en el país. De hecho, evidencia la falta de oportunidades económicas en las zonas rurales. También muestra las limitaciones en el acceso a servicios básicos para estas poblaciones.
Entre las 23 ciudades capitales medidas, Quibdó sigue siendo la de mayor pobreza monetaria del país. Alcanzó un 61,7 %, incluso más que el año pasado cuando era de 59,6 %. Es la única capital que empeoró en pobreza monetaria.
Riohacha viene después, con un índice de pobreza monetaria de 45,4 %. En el otro extremo, Manizales registró 13,2 % y Medellín 16,7 %. Estas diferencias regionales muestran realidades económicas muy diversas dentro del territorio nacional.
Los avances más marcados se dieron en Santa Marta. Esta ciudad cayó de 37,9 % a 28,6 % en un solo año. Valledupar también mostró un progreso significativo, pasando de 47,5 % a 40,2 %.
El coeficiente de Gini mide qué tan concentrada está la riqueza entre la población. En esta escala, cero sería igualdad absoluta y uno desigualdad total. Este indicador pasó de 0,551 en 2024 a 0,531 en 2025 a nivel nacional.
Esta reducción en el coeficiente de Gini sugiere una leve mejora en la distribución del ingreso. Sin embargo, Colombia sigue siendo altamente inequitativa en comparación con otros países de la región. La concentración de la riqueza continúa siendo un desafío estructural pendiente.
Los datos revelan que el país ha logrado su nivel más bajo de pobreza monetaria desde 2012. Este hito representa un avance importante en términos de desarrollo social. No obstante, las disparidades regionales persisten de manera significativa.
El campo colombiano continúa rezagado en comparación con las áreas urbanas. Esta situación demanda políticas públicas específicas y focalizadas. Asimismo, requiere inversiones sostenidas en infraestructura y generación de oportunidades económicas.
La reducción de la pobreza extrema es particularmente relevante desde una perspectiva humanitaria. Significa que menos personas enfrentan hambre o desnutrición crónica. Aun así, la cifra de cinco millones en esta condición sigue siendo alarmante.
Las diferencias entre ciudades capitales evidencian que el desarrollo económico no ha sido homogéneo. Mientras algunas ciudades avanzan rápidamente, otras retroceden o se estancan. Esta heterogeneidad plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas nacionales.
El caso de Quibdó merece atención especial por parte de las autoridades. Es la única capital donde la pobreza aumentó en lugar de disminuir. Esta situación sugiere problemas estructurales que requieren intervención urgente y focalizada.
La actualización anual de la línea de pobreza según el costo de vida es fundamental. Permite que las mediciones reflejen la realidad económica del momento. De esta forma, se evita subestimar o sobreestimar la magnitud del problema.
El incremento de 4,7 % en la línea de pobreza refleja la inflación y el aumento del costo de vida. Este ajuste es necesario para mantener la comparabilidad de los datos año tras año. Sin embargo, también significa que las familias necesitan más ingresos para no ser consideradas pobres.
La diferencia en las líneas de pobreza entre zonas urbanas y rurales reconoce realidades económicas distintas. En las ciudades, el costo de vida suele ser más alto. Por tanto, se requiere mayor ingreso para cubrir las necesidades básicas.
La salida de 1,8 millones de personas de la pobreza representa un logro significativo. Sin embargo, es importante analizar si esta mejora es sostenible a largo plazo. También resulta crucial entender qué factores contribuyeron a este cambio.
Los 14,4 millones de colombianos que permanecen en pobreza representan un desafío persistente. Equivalen aproximadamente al 28 % de la población total del país. Esta proporción, aunque reducida, sigue siendo considerable para una nación de ingreso medio.
La comparación con los niveles de 2020 durante la pandemia ofrece perspectiva. El país ha recorrido un camino importante desde el pico de 43,1 %. No obstante, aún no se alcanzan los niveles previos a la crisis sanitaria.
El umbral de pobreza extrema de 236.580 pesos mensuales por persona es extremadamente bajo. Menos de 8.000 pesos diarios apenas alcanza para una alimentación muy básica. Esta realidad subraya la gravedad de la situación que enfrentan millones de colombianos.
Las variaciones entre ciudades como Santa Marta y Valledupar muestran que el progreso es posible. Ambas lograron reducciones de casi 10 puntos porcentuales en un año. Analizar qué hicieron estas ciudades podría ofrecer lecciones para otras regiones.
La persistencia de la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, indica que el crecimiento no beneficia a todos por igual. Aunque hubo mejora, el índice de 0,531 sigue siendo alto. Esto sugiere que los frutos del desarrollo económico se concentran en ciertos sectores.
La brecha de 1,6 veces entre pobreza rural y urbana es un indicador de exclusión. Refleja que las oportunidades económicas se concentran en las ciudades. También evidencia la necesidad de políticas de desarrollo rural más efectivas.
En pobreza extrema, la brecha campo-ciudad es de casi tres veces. Esto significa que el hambre y la desnutrición afectan desproporcionadamente a las zonas rurales. Esta situación tiene implicaciones graves para la salud y el desarrollo infantil.
El progreso en las cabeceras municipales fue más pronunciado que en las zonas rurales. Esto podría deberse a mejores oportunidades de empleo formal en las ciudades. También puede relacionarse con mayor acceso a programas sociales y servicios públicos.
La situación de Riohacha, con 45,4 % de pobreza, también merece atención. Esta ciudad enfrenta desafíos similares a otras capitales de departamentos periféricos. La distancia de los centros económicos del país puede ser un factor determinante.
Manizales y Medellín, con los índices más bajos de pobreza, ofrecen modelos a estudiar. Estas ciudades han logrado mantener tasas relativamente bajas de manera sostenida. Sus experiencias podrían informar políticas en otras regiones del país.
La medición del DANE proporciona información valiosa para el diseño de políticas públicas. Permite identificar dónde focalizar recursos y esfuerzos de manera más efectiva. Asimismo, facilita el seguimiento del impacto de las intervenciones gubernamentales.
El descenso generalizado de la pobreza sugiere que factores macroeconómicos favorables tuvieron impacto. Posiblemente, la recuperación económica post-pandemia generó más empleos e ingresos. Sin embargo, esta recuperación no ha sido equitativa en todas las regiones.
La pobreza monetaria es solo una dimensión del bienestar de las personas. No captura aspectos como acceso a educación, salud o vivienda digna. Por tanto, debe complementarse con otros indicadores para tener una visión integral.
El hecho de que casi cinco millones permanezcan en pobreza extrema es inaceptable. Estas personas viven con recursos insuficientes incluso para alimentarse adecuadamente. Esta situación demanda respuestas urgentes y efectivas del Estado y la sociedad.
La actualización metodológica anual del DANE garantiza la relevancia de las mediciones. Al ajustar las líneas de pobreza según costos reales, se mantiene la precisión. Esto permite comparaciones válidas a lo largo del tiempo.
El contraste entre el progreso nacional y el retroceso en Quibdó es llamativo. Mientras el país avanza, esta capital se queda atrás. Esta divergencia plantea preguntas sobre equidad y justicia territorial.
La reducción de 2,1 puntos en pobreza extrema representa cerca de un millón de personas. Estas familias lograron superar el umbral mínimo de supervivencia alimentaria. Sin embargo, muchas probablemente permanecen en situación de vulnerabilidad.
Las diferencias en las líneas de pobreza reflejan realidades de costo de vida muy distintas. Una familia en Bogotá necesita casi el doble que una en zona rural. Esta variación es importante para entender las dinámicas regionales de pobreza.
El avance hacia el nivel más bajo desde 2012 marca un hito importante. Demuestra que es posible reducir la pobreza con políticas adecuadas. No obstante, el camino hacia la eliminación de la pobreza extrema sigue siendo largo.