Las tensiones entre Pakistán y Afganistán escalaron a una confrontación militar directa. El primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif declaró este viernes la capacidad de su nación para responder contundentemente. Las fuerzas armadas de Islamabad lanzaron bombardeos sobre territorio afgano durante la madrugada.
“Nuestras fuerzas tienen plena capacidad para aplastar cualquier ambición agresiva”, afirmó Sharif. El mensaje fue publicado en la cuenta oficial del gobierno paquistaní en X. Además, el mandatario subrayó el respaldo popular a las tropas. “Toda la nación apoya hombro con hombro a las fuerzas armadas de Pakistán”, agregó.
El Gobierno paquistaní declaró una “guerra abierta” contra las autoridades talibanes de Afganistán. Los bombardeos alcanzaron varias ciudades afganas, incluida Kabul. Esta ofensiva se produjo tras meses de ataques mortales entre ambos países. La zona fronteriza se convirtió en escenario de enfrentamientos constantes.
Las hostilidades se reanudaron el jueves por la noche. Continuaron durante la madrugada del viernes sin interrupción. Fuerzas afganas atacaron tropas fronterizas paquistaníes en represalia por bombardeos previos. El ciclo de violencia se intensificó rápidamente.
Las relaciones entre ambas naciones habían sido cercanas durante años. Sin embargo, se volvieron tensas desde la toma de Kabul por los talibanes. Este cambio ocurrió en 2021, cuando el grupo insurgente recuperó el control. Islamabad acusa a los talibanes afganos de proteger a militantes que atacan territorio paquistaní. Las autoridades afganas rechazan categóricamente esta acusación.
El ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, emitió una declaración contundente. “Nuestra paciencia ha llegado al límite. A partir de ahora, es la guerra abierta entre nosotros y ustedes”, expresó. El funcionario utilizó la red social X para transmitir este mensaje. Poco antes, periodistas en Kabul y Kandahar reportaron fuertes explosiones. También se escucharon vuelos de aviones sobre las ciudades.
El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, calificó los ataques como una “respuesta adecuada”. Esta reacción militar respondía a las acciones previas del vecino. Por su parte, el portavoz talibán Zabihullah Mujahid anunció contramedidas. Afganistán reanudará operaciones aéreas a gran escala contra posiciones paquistaníes, advirtió.
El jueves, el ejército afgano atacó instalaciones militares fronterizas en Pakistán. Las autoridades talibanes alegaron que actuaban en represalia por bombardeos previos. Según Mujahid, más de 15 puestos paquistaníes cayeron en dos horas. El portavoz afirmó que “decenas de soldados han muerto”. No obstante, el gobierno de Pakistán negó la pérdida de posiciones. Islamabad afirmó haber causado “graves pérdidas” a las fuerzas afganas.
El ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, confirmó los ataques. Los objetivos fueron “la defensa talibán afgana” en Kabul, Kandahar y Paktia. Estos operativos sucedieron después de bombardeos paquistaníes el pasado fin de semana. Las provincias de Nangarhar y Paktika fueron atacadas tras atentados suicidas en territorio paquistaní.
Un residente en Kabul describió que los ataques produjeron hasta ocho explosiones. Algunas fueron tan cercanas que sacudieron las viviendas de la zona. “El primer par de explosiones ocurrió lejos de nuestra ubicación. Las últimas fueron mucho más próximas, sacudieron la casa y tras cada detonación se escuchaban aviones de combate”, relató el testigo. El hombre pidió no revelar su identidad por razones de seguridad.
Las autoridades afganas aseguraron haber capturado varios puestos militares. También afirmaron tener soldados paquistaníes con vida durante los recientes enfrentamientos. Sin embargo, el portavoz del primer ministro Shehbaz Sharif desmintió estas afirmaciones. Mosharraf Ali Zaidi declaró: “Hasta este momento, no ha habido soldados paquistaníes capturados ni martirizados. Cualquier afirmación sobre daños en Pakistán es poco más que una fantasía de los representantes de la India en Afganistán”.
La Línea Durand separa Afganistán de Pakistán a lo largo de 2.600 kilómetros. Esta frontera fue trazada por el Imperio Británico en el siglo XIX. Sigue siendo un punto de tensión constante entre ambas naciones. El gobierno afgano nunca reconoció oficialmente esta demarcación. Esta situación ha originado disputas recurrentes sobre soberanía, seguridad y control territorial.
La Línea Durand divide a la población pastún entre Afganistán y Pakistán. Kabul considera esta división una separación colonial de familias. Las relaciones entre ambos países se han deteriorado aún más en los últimos meses. Los pasos fronterizos permanecen cerrados desde los combates de octubre. Más de 70 personas han muerto en ambos bandos.
A pesar de rondas de negociaciones, no se alcanzó un acuerdo duradero. Un alto el fuego inicial fue facilitado por Qatar y Turquía. No obstante, estas gestiones diplomáticas no prosperaron. Arabia Saudita intervino recientemente para lograr la liberación de tres soldados pakistaníes. Estos militares habían sido capturados en octubre.
Este viernes, el régimen iraní ofreció su disposición para “facilitar el diálogo”. La propuesta surgió luego de que Islamabad atacara a los talibanes afganos. Teherán busca mediar tras los ataques aéreos sobre Kabul. “La República Islámica de Irán está dispuesta a proporcionar toda la ayuda necesaria para facilitar el diálogo y mejorar el entendimiento y la cooperación entre los dos países”, afirmó el ministro de Relaciones Exteriores iraní. Abás Araqchi transmitió este mensaje vía X.
Por otra parte, el secretario general de la ONU expresó su preocupación. António Guterres instó a Pakistán y Afganistán a solucionar sus disputas mediante el diálogo diplomático. Los recientes enfrentamientos fronterizos provocaron más de 50 muertes. A través de un comunicado difundido por su portavoz, Stéphane Dujarric, el funcionario internacional hizo un llamado. Guterres pidió a ambas partes respetar sus obligaciones conforme al Derecho Internacional. También solicitó garantizar la protección de los civiles.
La escalada militar entre Pakistán y Afganistán representa una amenaza regional significativa. Ambos países comparten una frontera extensa y porosa. Las poblaciones tribales a ambos lados mantienen vínculos históricos y culturales. La guerra abierta podría desestabilizar aún más una región ya frágil.
Los bombardeos sobre Kabul marcaron un punto de inflexión en el conflicto. La capital afgana no había sido atacada desde que los talibanes retomaron el poder. Las explosiones en áreas urbanas aumentan el riesgo para la población civil. Los residentes de Kabul expresaron temor ante la intensificación de las hostilidades.
La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos. Diversos países han expresado su llamado a la moderación. La posibilidad de una guerra prolongada entre Pakistán y Afganistán genera inquietud global. Ambas naciones enfrentan desafíos internos significativos que podrían agravarse con el conflicto.
La capacidad militar de Pakistán supera considerablemente la de Afganistán. El país cuenta con fuerzas armadas modernas y bien equipadas. Además, Islamabad posee armamento nuclear, aunque no se ha mencionado su uso. Por su parte, los talibanes afganos han demostrado resiliencia en conflictos prolongados. Su experiencia en guerra irregular podría compensar las desventajas tecnológicas.
Los ataques aéreos paquistaníes se dirigieron contra objetivos militares específicos. Las autoridades de Islamabad enfatizaron la precisión de sus operaciones. Sin embargo, los residentes de las ciudades afganas reportaron explosiones en áreas pobladas. La distinción entre objetivos militares y civiles se vuelve difusa en zonas urbanas.
La respuesta afgana incluyó ataques contra puestos fronterizos paquistaníes. Las fuerzas talibanas utilizaron artillería y morteros en sus operaciones. También se reportaron incursiones terrestres en territorio paquistaní. La estrategia afgana parece enfocarse en objetivos fronterizos más que en ataques profundos.
Las acusaciones mutuas entre ambos gobiernos complican cualquier intento de mediación. Pakistán insiste en que Afganistán alberga grupos terroristas que atacan su territorio. Los talibanes afganos niegan estas acusaciones y señalan violaciones paquistaníes de su soberanía. Esta narrativa contradictoria dificulta establecer una base común para negociaciones.
La situación humanitaria en la zona fronteriza se deteriora rápidamente. Miles de familias han sido desplazadas por los combates. El acceso a servicios básicos se ha visto interrumpido. Organizaciones humanitarias expresan dificultades para llegar a las poblaciones afectadas. El cierre de los pasos fronterizos agrava la crisis humanitaria.
La declaración de “guerra abierta” por parte de Pakistán representa un cambio significativo. Anteriormente, ambos países mantenían enfrentamientos limitados en la frontera. La escalada actual sugiere una estrategia más amplia y sostenida. Las implicaciones a largo plazo de esta decisión permanecen inciertas.
Los esfuerzos diplomáticos previos no lograron evitar la escalada militar. Las negociaciones facilitadas por Qatar y Turquía produjeron resultados temporales. El alto el fuego acordado en octubre se rompió rápidamente. La intervención de Arabia Saudita logró algunos avances puntuales, pero insuficientes.
La oferta de mediación iraní añade una nueva dimensión al conflicto. Teherán mantiene relaciones complejas con ambos países. Su capacidad para influir en las partes será puesta a prueba. La aceptación de esta mediación por parte de Pakistán y Afganistán permanece incierta.
La posición de la ONU refleja la preocupación de la comunidad internacional. El llamado de António Guterres al diálogo subraya la urgencia de la situación. Sin embargo, los mecanismos de la ONU para imponer un alto el fuego son limitados. La organización depende de la voluntad de las partes para alcanzar una solución.