Mohamed Al-Fayed llegó al Reino Unido en 1974. Posteriormente, compró Harrods en 1985. Se convirtió así en una figura mediática reconocida. Aparecía frecuentemente en tertulias televisivas y eventos sociales. Sin embargo, décadas después ha dejado de ser un símbolo de lujo. Ahora es la figura central de una red de presuntos abusos sexuales. La investigación se extiende por varios países europeos.
Según la policía británica, al menos 154 víctimas acusan al empresario. Todas afirman haber sido abusadas por él. Al-Fayed falleció en 2023 a los 94 años. La investigación también involucra a su hermano Salah. Este último murió en 2010.
Una investigación de la BBC en 2024 recogió múltiples testimonios. Las mujeres acusan al empresario de violación y agresiones sexuales. Los delitos ocurrieron durante su etapa como propietario de Harrods. También sucedieron en el hotel Ritz de París. Harrods es uno de los almacenes de lujo más famosos del mundo. Desde el año pasado, las autoridades francesas también investigan el caso.
El caso pone el foco en un sistema presuntamente sostenido durante décadas. El entorno del empresario habría encubierto los hechos. Las víctimas describen un patrón de abusos sistemático. Además, relatan una cultura de miedo en el entorno laboral.
“No quería que eso sucediera. No di mi consentimiento. Solo quería que todo terminara”, relata una de ellas. Otra víctima era una adolescente cuando fue violada. El ataque ocurrió en su apartamento en Park Lane. Esta zona se encuentra en pleno centro de Londres. “Era un monstruo, un depredador sexual sin brújula moral alguna”, asegura.
Sophia trabajó como asistente personal del magnate entre 1988 y 1991. Le recuerda como un hombre “vil”. “Me da rabia, la gente no debería recordarlo así. Él no era así”, expresa. Su propio hijo, Omar Fayed, comparaba a su padre con un criminal nazi. Aseguraba que habría fingido “incapacidad mental” en sus últimos años. Así habría intentado eludir la justicia tras las primeras acusaciones. Estas surgieron en 2017 y 2018. Nunca llegaron a juicio. La avanzada edad del empresario fue un factor. También influyó un diagnóstico de demencia presentado por sus abogados.
Al-Fayed paseaba frecuentemente por Harrods. Identificaba y seleccionaba a empleadas jóvenes. Luego las “ascendía” y las llevaba a trabajar junto a él. Las ubicaba en sus oficinas del almacén.
Otra víctima relata cómo el ambiente en los grandes almacenes era tenso. “Todas nos mirábamos al cruzar esa puerta pensando ‘pobre chica, hoy eres tú'”, cuenta. Además, se sentían “completamente impotentes para detenerlo”.
El ambiente laboral bajo Al-Fayed es descrito como de “cultura del miedo”. Una víctima anónima detalla que dicho sentimiento era palpable. “Era palpable para todos los empleados, desde quienes tenían los cargos más bajos hasta los que ocupaban los puestos más altos”, afirma.
No era solo una sensación subjetiva. Varios antiguos miembros del equipo de seguridad confirmaron datos relevantes. El empresario contaba con cámaras ocultas en Harrods y Park Lane. También disponía de escuchas telefónicas en estos lugares.
El personal de seguridad, además, tenía conocimiento de los hechos. “Sabía que ciertas cosas les estaban sucediendo a ciertas empleadas”, relata Steve. Este es un antiguo empleado del establecimiento.
El empresario cometía las agresiones en diversos lugares. Ocurrían tanto en Harrods como en su apartamento de Park Lane. También durante viajes a propiedades en el extranjero. Especialmente al Ritz de París o la mansión Villa Windsor.
Rachel trabajó como su asistente personal en los años noventa. Recuerda cómo, tras una llamada de trabajo, fue citada al apartamento. Allí Al-Fayed la violó. “Recuerdo sentir su cuerpo sobre mí, su peso, escucharlo hacer esos ruidos. Y… simplemente me fui en mi cabeza a otra parte. Él me violó”, relata.
Otras cuatro mujeres entrevistadas por la BBC hacen acusaciones similares. Aseguran haber sido violadas por el empresario. Todas coinciden en el mismo edificio de Park Lane.
En 2023, tras la muerte de Al-Fayed, varias víctimas recurrieron a la justicia. Ahora se investiga en Francia un posible sistema de trata. También se investigan los abusos sexuales.
Rachel Louw es exempleada de Fayed. Testificó ante la policía francesa. Declaró que “en Inglaterra están ignorando la trata. Solo quieren centrarlo en Al-Fayed y Harrods”.
En Francia, sin embargo, el enfoque es diferente. El caso lo lleva una unidad especializada en trata de blancas. Esto supone “un alivio” para Louw. Celebra que sus “casos realmente se reconozcan como trata”.
Louw cuenta que en una ocasión fue enviada a la Costa Azul. Debía trabajar en el yate de Salah Fayed. Pero una vez allí se encontró con otra situación. “Pensaba que iba a archivar papeles, hacer gestiones, organizar el trabajo de oficina… No había oficina, ni horario normal, ni días libres. Se esperaba que simplemente estuviese con él”, explica.
Louw relata que durante su estancia fue drogada. También le privaron de su pasaporte. Logró escapar tras negarse a subir a una lancha rápida. Salah Fayed, hermano del magnate, la esperaba allí. También está acusado de agresión sexual.
Louw fue seleccionada por Al-Fayed cuando trabajaba en Harrods. Esto ocurrió en 1993. Debía participar en un “programa de formación”. Este exigía pruebas médicas invasivas. Además, los resultados se remitían directamente a la empresa.
Según la exjueza Eva Joly, estos informes servían para “armar al violador”. Joly también es exparlamentaria europea francesa. Se recogía también información personal y antecedentes familiares.
Muchas empleadas de Harrods fueron obligadas a someterse a exámenes médicos. Estos evaluaban su salud sexual. Katherine fue asistente ejecutiva en Harrods en 2005. Testificó haber sido víctima de abuso sexual. Razona que “no hay ningún beneficio en que alguien sepa cuál es mi salud sexual”. Continúa: “A menos que estés planeando acostarte con alguien, lo cual me parece bastante escalofriante ahora”.
Svensson fue contratada en 1988 como asistente en el Ritz. Una agencia gestionó su contratación. Describió una rutina de encuentros perturbadora. Esperaba sola durante horas a que el empresario apareciese. Tras lo cual soportaba agresiones sexuales o intentos de violación. “Mientras él se reía”, añade.
Explicó que carecía de apoyo familiar. Desconocía la legislación laboral francesa. Temía perder su sustento económico si renunciaba. “Cada vez que me reunía con Mohamed Al-Fayed, intentaba agredirme”, cuenta.
Tras la muerte de Al-Fayed, muchas mujeres han decidido romper el silencio. Gemma firmó un acuerdo de confidencialidad tras denunciar acoso sexual. Relató que solo ahora se ha sentido capaz de hablar. “He pasado muchos años callada y callada, sin decir nada”, afirma. Espera que hablar ahora de lo que le sucedió ayude. “Todas podemos empezar a sentirnos mejor y a sanar”, añade.
Las acciones legales se han multiplicado en los últimos años. Catorce mujeres han presentado demandas civiles contra Harrods. Se ha alcanzado algún acuerdo extrajudicial desde julio de 2023.
Los actuales propietarios del establecimiento han hecho declaraciones públicas. Han asegurado a la BBC que el Harrods de hoy es diferente. “Es una organización muy diferente a la que Al Fayed poseyó y controló entre 1985 y 2010”, afirman.
La Policía Metropolitana de Londres ha confirmado datos sobre la investigación. La pesquisa sobre los posibles facilitadores o encubridores sigue activa. Han animado a más víctimas a presentarse.
El caso ha sido comparado por las abogadas con el de Jeffrey Epstein. La comparación se basa en la estructura organizada. También en el uso de dinero y poder para intimidar. Igualmente, para silenciar a las víctimas.
Según la exjueza Eva Joly, los patrones son idénticos. “El patrón es el mismo: selección de mujeres jóvenes vulnerables, transporte, alojamiento, aislamiento y dinero”, explica. Este dinero “se utiliza para intimidar o corromper”.
“Estas jóvenes eran como carne, y (en el entorno de Al-Fayed) querían saber si estaban aptas para el consumo”, añade Joly.
Aunque muchos delitos hayan prescrito, la investigación continúa. Busca esclarecer los hechos ocurridos. También determinar si existen casos que aún puedan ser procesados. “Apenas estamos empezando a recomponer el puzle”, valora Joly.