En la cima del monte Esquilino, la Basílica Santa María la Mayor conserva el peso de dieciséis siglos de historia. El sol del mediodía primaveral ilumina las escalinatas. En el ingreso, la cúpula también brilla con el oro. Según se cree, ese oro provino de América. Los Reyes Católicos lo donaron tras la llegada de Colón al Nuevo Continente.

Pero abajo, en la nave lateral, el brillo se interrumpe. Entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza, cerca del altar de San Francisco de Asís, el suelo se vuelve opaco. Allí está la tumba del Papa Francisco. Es una losa de piedra de Finale Ligure. El material remite a las tierras de sus ancestros.

No hay ángeles de mármol ni bajorrelieves barrocos. La lápida se eleva 12 centímetros sobre el nivel del suelo. Lo suficiente para sostener un nombre grabado: FRANCISCUS. Sobre la pared, una reproducción de su cruz pectoral es el único relieve. Los muros enlucidos en tono marfil completan un entorno de austeridad.

Es el tiempo previo al primer aniversario de su muerte. El ambiente tiene un ritmo pausado. Todavía no hay largas colas. Tampoco filas eternas para ingresar en la basílica. El ingreso es gratuito. Menos de 15 minutos de espera.

La geografía del lugar revela la última voluntad del Papa Francisco. Eligió ser sepultado al lado de la Salus Populi Romani. La Virgen a la que visitaba antes y después de cada viaje. Frente a la capilla donde San Ignacio de Loyola celebró su primera misa.

En la previa de la ceremonia oficial, el movimiento de los fieles permite anticipar el clima emocional. Elena y Juan llegaron desde Corrientes, Argentina. Se detienen frente a la piedra. No hay vallas ni excesos ornamentales. Elena observa la simplicidad del conjunto.

“Es lo más impactante por la simplicidad y todo lo que transmite”, dice. Juan añade una sensación física. “Te da como chuchos. Ver tanto lujo y de repente algo tan simple y humilde como vivió él”. Para ellos, el contraste entre el oro del techo es el mensaje final. “Fíjate qué necesitas para vivir. No necesitas mucho más material que agradecer la vida”, agrega Elena. Llegó hasta aquí el último día de su viaje.

En un descanso en un patio pequeño, aledaño al museo, Martha Ramírez habla desde su experiencia. Vino de México. Dice que su ilusión era conocer esta basílica. Desde que Francisco inició su pontificado. “Es una tumba muy sencilla, simple, como era él. No tiene nada ostentoso”, observa. Para Martha, el espacio refleja la personalidad de un “pastor del pueblo”. Un pontífice que supo abrir puertas a otras comunidades.

El encargado de ceremonial del Vaticano, Guillermo Karcher, explicó detalles importantes. En los días previos su labor se centró en los preparativos del protocolo. Ante la inminente presencia de los embajadores. Detalló que la misa se realizaría en la Basílica de Santa María la Mayor. Porque allí había quedado sepultado el Pontífice por elección propia.

Karcher señaló que junto a la tumba se encuentra la capilla de la Salus Populi Romani. La patrona de Roma, de quien Bergoglio era muy devoto. Sintiéndose el obispo de la ciudad, el Papa acudía a saludarla. Antes y después de cada viaje. Incluso al salir del hospital.

Según Karcher, Francisco quiso permanecer junto a la patrona. Justo enfrente de la capilla donde San Ignacio de Loyola celebró su primera misa. Fundador de los jesuitas. Un detalle simbólico que, para la identidad de Bergoglio, aportaba un valor afectivo adicional. Al situar allí su última morada.

En estos días, los visitantes anónimos se reparten el centro de la escena. Daniel es venezolano. Reside en España. Relata su experiencia: “Al principio fue sorpresa encontrarla así.” No esperaba la cercanía física con los restos de un hombre. Que hasta hace un año todavía marcaba la agenda global. Se retira conmovido. Hablando de la humildad como un reflejo. Que quedó impreso en la piedra.

La basílica domina la ciudad desde hace dieciséis siglos. Como el primer santuario mariano de Occidente. El espacio no solo custodia los restos de Francisco. Sino que integra su presencia a una genealogía de otros siete pontífices. Entre ellos San Pío V. Cuyo cuerpo permanece expuesto 453 años después de su muerte.

La estación de Roma Termini se encuentra a tres cuadras de la basílica. Es un núcleo vital. Gestiona el tránsito de unos 600.000 pasajeros diarios. Y 800 trenes cada día. Se consolida como la terminal ferroviaria más importante de Italia. Esta ubicación conecta el pulso nacional con el aeropuerto de Fiumicino. Y las principales líneas del metro. Sumando anualmente hasta 180 millones de usuarios.

Su proximidad convierte el silencio de Santa María la Mayor en un refugio inmediato. Frente al flujo incesante de viajeros. Y trabajadores que atraviesan la capital.

Los visitantes que recorren las naves atraviesan un viaje temporal. Que va desde los mosaicos de la época bizantina hasta el barroco. Bajo un artesonado que, según relatan los historiadores del templo, fue elaborado con el primer oro extraído de América. Cerrando un círculo simbólico con el origen del papa argentino.

Entre los fieles que circulan en esta previa, las voces resaltan matices. Sobre el bienestar que produce la cercanía del sepulcro. Nieves Cagna recordó al pontífice como “un hombre feliz que se destacó por su labor con los pobres y su constante deseo de viajar”.

Martha Ramírez, desde su mirada de peregrina mexicana, profundizó en la imagen del Papa. A un año de su partida. Lo definió como “un pastor humilde que tuvo la capacidad de atraer a sus ovejas”. Pero subrayó especialmente la apertura que marcó su tiempo.

Según su percepción, el de Francisco fue “un pontificado abierto para todas las personas, una gestión que supo incluir a todas las comunidades, religiones y preferencias sin hacer distinciones por sus creencias”.

Daniel, el joven venezolano, se detuvo en el mensaje de unión. Y en la voluntad de estar siempre por el prójimo. Que, a su juicio, definió la vida de Francisco. Explicó que esa sencillez y humildad extremas del Papa le importaban profundamente. A quien solo le importó transmitir su mensaje. Habían quedado plasmadas en la fisonomía de la tumba. Describiéndola como el reflejo fiel de lo que fue su propia existencia.

Respecto a la logística del acto central, se dispuso información precisa. El martes la basílica interrumpe el acceso al público a las 15:00. Para organizar el despliegue de seguridad. Reabriendo una hora después. Para recibir a quienes deseen participar de la ceremonia.

El programa oficial se iniciará a las 17:00. Con el rezo del Santo Rosario. Para dar paso a las 18:00 a la Santa Misa. Que contará con una cobertura multiplataforma. A través de Vatican Media.

El Papa León visitó la tumba de Francisco. El actual Pontífice frente a la losa de piedra en Santa María la Mayor. Un momento cargado de simbolismo. Y de continuidad en la historia de la Iglesia.

Los peregrinos continúan llegando desde todos los rincones del mundo. Cada uno trae su propia historia. Sus propias razones para estar allí. Algunos vienen por devoción religiosa. Otros por curiosidad histórica. Muchos por admiración personal hacia un hombre. Que transformó la percepción del papado.

La piedra de Finale Ligure mantiene su opacidad característica. Contrasta deliberadamente con el esplendor dorado del techo. Ese contraste no es accidental. Es el mensaje final de un pontificado. Que priorizó la cercanía con los más vulnerables. Por encima de los símbolos de poder.

En las paredes laterales de la basílica, los mosaicos antiguos narran historias bíblicas. Con colores que han resistido el paso de los siglos. Los visitantes caminan lentamente. Mirando hacia arriba. Luego hacia abajo. Donde la tumba los devuelve a la realidad presente.

Las ofrendas florales se acumulan discretamente junto a la lápida. Rosas blancas, claveles rojos, pequeños ramos silvestres. Cada uno representa una oración. Un agradecimiento. Un recuerdo personal de alguien. Que sintió el impacto de este Papa.

La luz natural que entra por las ventanas altas crea juegos de sombras. A lo largo del día. Por la mañana, ilumina directamente la tumba. Al mediodía, se desplaza hacia las capillas laterales. Por la tarde, regresa para bañar la piedra. En un resplandor dorado y suave.

Los guardias de seguridad mantienen una presencia discreta. Permiten que los fieles se acerquen. Que toquen la piedra si lo desean. Que permanezcan en oración. El tiempo que necesiten. No hay prisa. No hay restricciones innecesarias.

Un grupo de monjas llega en formación ordenada. Visten hábitos blancos. Se arrodillan simultáneamente frente a la tumba. Rezan en voz baja. Sus labios se mueven en silencio. Después de varios minutos, se levantan. Y continúan su recorrido por la basílica.

Una familia italiana con niños pequeños se detiene. Los padres explican en susurros. Quién fue el Papa Francisco. Los niños escuchan con atención. Uno de ellos pregunta por qué la tumba es tan simple. El padre responde que así lo quiso él. Porque creía en la humildad.

Un sacerdote africano permanece inmóvil durante largo rato. Sus ojos cerrados. Sus manos juntas. Cuando finalmente se retira. Las lágrimas corren por sus mejillas. No intenta ocultarlas.

La acústica de la basílica amplifica cada sonido. El roce de los zapatos sobre el mármol. El murmullo de las oraciones. El llanto contenido. Todo resuena suavemente. Creando una atmósfera de recogimiento.

Cerca de la entrada lateral, un puesto de información ofrece folletos. En varios idiomas. Explican la historia de la basílica. Y el significado de la elección de Francisco. De ser enterrado allí. Los voluntarios responden preguntas. Con paciencia y conocimiento.

El museo adyacente exhibe objetos relacionados con la historia del templo. Vestimentas litúrgicas antiguas. Cálices de oro. Manuscritos iluminados. Pero muchos visitantes omiten el museo. Y van directamente a la tumba.

La capilla de la Salus Populi Romani, a pocos metros, recibe también numerosos visitantes. El icono de la Virgen, atribuido a San Lucas, reposa bajo un baldaquino ornamentado. Los fieles encienden velas. Dejan peticiones escritas. Continúan una tradición de siglos.

Enfrente, la capilla donde San Ignacio celebró su primera misa mantiene su estructura original. Es pequeña. Austera. Similar en espíritu a la tumba de Francisco. Esta proximidad geográfica refuerza el vínculo. Entre el fundador de los jesuitas. Y el primer papa jesuita.

Los historiadores del Vaticano han comentado la singularidad de esta elección. Ningún papa moderno había rechazado las criptas vaticanas. Para ser enterrado en una basílica romana. La decisión de Francisco rompió con siglos de tradición. Y generó debates iniciales. Que ahora se han transformado en aceptación. Y admiración.

La piedra de Finale Ligure fue seleccionada personalmente. Por el propio Francisco antes de morir. Quería un material que conectara con sus raíces. Su familia paterna provenía de esa región de Liguria. La piedra viajó desde el norte de Italia. Hasta Roma. Para cumplir su última voluntad.

Los canteros que trabajaron la lápida recibieron instrucciones precisas. Simplicidad absoluta. Solo el nombre. Sin fechas. Sin títulos pomposos. Sin decoraciones adicionales. El resultado es una pieza que comunica. Más por lo que omite. Que por lo que muestra.

La cruz pectoral reproducida en la pared fue la que Francisco usó durante todo su pontificado. De hierro simple. Con la imagen del Buen Pastor. Cargando una oveja sobre sus hombros. Esa imagen define su ministerio. Y ahora preside su lugar de descanso.

Los teólogos han analizado el simbolismo de cada elemento. La altura de la lápida. Doce centímetros. El número de los apóstoles. La ubicación entre dos capillas. Representando el puente entre tradiciones. La proximidad a la Virgen. Su devoción mariana. Cada detalle tiene significado.

Pero para los peregrinos comunes, el análisis teológico importa menos. Que la experiencia directa. De estar frente a los restos. De un hombre que cambió sus vidas. Que les habló en un lenguaje comprensible. Que los hizo sentir parte de la Iglesia.

Las redes sociales se llenan de fotografías. De la tumba. Algunos critican esta práctica. Como irrespetuosa. Otros la defienden. Como forma de compartir la experiencia. De inspirar a quienes no pueden viajar. A Roma.

Los comerciantes cercanos han notado el aumento de visitantes. Las cafeterías alrededor de la basílica. Están más concurridas. Las tiendas de souvenirs religiosos. Ofrecen nuevos productos. Relacionados con Francisco. Medallas. Estampas. Rosarios.

Pero dentro de la basílica, el comercio queda fuera. Solo permanece el silencio. Y la oración. Y el encuentro personal. Con el legado de un pontificado. Que priorizó la misericordia. Por encima del juicio.

A medida que se acerca el aniversario, la afluencia aumenta gradualmente. Los organizadores esperan decenas de miles de personas. Para la ceremonia oficial. Las autoridades romanas coordinan. Con el Vaticano. Para garantizar seguridad. Y orden.

Vatican Media prepara una cobertura especial. Con cámaras en múltiples ángulos. Transmisión en directo. Traducción simultánea a varios idiomas. Para que el mundo entero. Pueda participar virtualmente. Del homenaje.

Los cardenales que conocieron a Francisco personalmente. Han sido invitados a compartir testimonios. Durante la ceremonia. Hablarán de su humor. Su cercanía. Su capacidad de escucha. Sus decisiones difíciles. Su valentía para reformar.

El Papa León, su sucesor, presidir

You May Also Like

Grace Wales Bonner es nombrada nueva directora creativa de Hermès para hombre

La reconocida diseñadora británica Grace Wales Bonner asumirá la dirección creativa de la línea masculina de Hermès, reemplazando a Véronique Nichanian tras 40 años.

Travis Scott anuncia Circus Maximus Tour en América Latina con preventa exclusiva en Bogotá

Travis Scott llevará su Circus Maximus Tour a América Latina, con preventa exclusiva en Bogotá el 24 de julio.