El 9 de marzo de 1955 nació en Roma una niña destinada a conquistar el mundo. Francesca Romana Rivelli llegaría a ser conocida como Ornella Muti. Hoy cumple 71 años de vida intensa y apasionada.
Su padre era periodista napolitano. Su madre trabajaba como escultora rusa. La pequeña Francesca soñaba con convertirse en bailarina profesional. Sin embargo, su padre destruyó ese sueño de manera brutal.
“Son todas putas”, sentenció cuando ella era apenas una niña. Esas palabras marcaron profundamente su infancia. Poco después, la tragedia golpeó a la familia. El padre murió cuando Francesca tenía solo doce años.
La situación económica familiar se volvió desesperada. Francesca y su hermana mayor, Claudia, buscaron soluciones urgentes. Encontraron trabajo posando desnudas en una escuela de arte. Recibían apenas unas monedas por cada sesión.
Quienes las contrataron creyeron que eran mayores de edad. También podrían haber simulado creerlo. Pronto comenzaron a llamarlas para distintas revistas eróticas. Las hermanas aceptaban cada trabajo sin hacer preguntas.
En un momento, la verdad salió a la luz. Las autoridades escolares descubrieron la situación. Tanto Francesca como Claudia fueron expulsadas del colegio. La madre tuvo que intervenir personalmente ante las autoridades.
Ella alegó que la familia atravesaba una difícil realidad económica. Finalmente, las niñas fueron reincorporadas a clases. Pero el daño ya estaba hecho. Francesca comprendió entonces una lección fundamental.
Su cuerpo podía abrirle puertas que de otro modo permanecerían cerradas. Decidió aprovecharlo sin remordimientos ni vergüenza. En 1970 debutó en el cine italiano. Tenía apenas quince años de edad.
La película se llamaba La esposa más hermosa. El director era Damiano Damiani, un cineasta experimentado. Él sugirió que adoptara un nombre artístico más sonoro. Le propuso Ornella Muti como homenaje a Eleonora Muti.
Eleonora Muti había sido una actriz de teatro italiano. A Francesca el pseudónimo nunca le gustó realmente. Sin embargo, no tuvo más remedio que aceptarlo. En aquella época era demasiado tímida para oponerse.
Al momento de actuar se quedaba completamente muda. Sus colegas comenzaron a burlarse de ella cruelmente. La llamaban “la Muti muti”, jugando con las palabras. Significaba “la Muti muda” en italiano.
En 1974, Ornella dio a luz a su primera hija. La niña fue llamada Naike. Se suponía que era fruto de un affaire español. El supuesto padre era José Luis Bermúdez de Castro.
Bermúdez de Castro trabajaba como productor cinematográfico. Ornella lo había conocido durante un viaje a España. Sin embargo, años más tarde un ADN desmintió la paternidad. La actriz confesó entonces que desconocía la identidad del padre.
Ser madre soltera en aquella época implicaba un estigma social. Pero Ornella le hizo frente a la situación. No se escondió ni se avergonzó de su condición.
“Mi madre me advirtió sobre las responsabilidades de la maternidad. Aunque el aborto no era ilegal en Italia, en el extranjero se podía realizar fácilmente e incluso mi agente cinematográfico en ese momento me lo recomendó, porque tenía que participar en una película”, contó en una entrevista posterior.
A pesar de las presiones, decidió seguir adelante con su embarazo. Enfrentó el escarnio público con la cabeza en alto. Poco tiempo después conoció a Alessio Orano. Él también era actor del cine italiano.
Se casaron en 1975, cuando ella tenía veinte años. Pero el matrimonio no funcionó como esperaban. Las diferencias entre ambos eran demasiado grandes. Finalmente, en 1981 sobrevino la ruptura definitiva.
Tras su primer divorcio, Ornella conoció a Federico Fachinetti. Él trabajaba como operador de bolsa en Milán. Se casaron en 1988, pero ya tenían dos hijos.
Andrea y Carolina habían nacido antes del matrimonio. Esto fue un escándalo para la pacata sociedad católica. Las críticas no se hicieron esperar en los medios. Sin embargo, la pareja ignoró los comentarios maliciosos.
Pero tampoco este matrimonio prosperó con el tiempo. La relación se disolvió en 1996 entre acusaciones graves. Federico la había involucrado en un delito financiero. Ornella se vio obligada a recurrir a la justicia.
Además, tuvo que hacerse cargo de una deuda enorme. Eran unos 150 mil dólares en pagarés falsificados. Él había falsificado su firma en los documentos. Fue una traición que la marcó profundamente.
“Todo lo que he hecho, bueno o malo, contribuyó a ser lo que soy ahora. Me hablan de sensualidad y no sé… Cada actriz tiene su carácter y, tal vez, yo tenga un carácter sensual, tampoco me doy cuenta. No me gusta planteármelo, porque soy muy tímida. Tal vez los tímidos tenemos la ventaja de que hablamos poco y miramos más, y la mirada es algo muy sensual”, reflexionó sobre su imagen pública.
Los directores la convocaban constantemente para papeles sensuales. Ella aceptaba sin cuestionarse demasiado el motivo. Muchos hombres se enamoraron de ella en pantalla. Uno de ellos fue Adriano Celentano.
En 1980 filmaron juntos El fierecillo domado. Era una comedia que se convirtió en éxito inmediato. Durante el rodaje se habló de un supuesto romance. Pero tanto él como ella estaban casados entonces.
No dejaron pruebas del affaire durante aquellos meses. Jamás los pudieron sorprender con una fotografía comprometedora. Fueron extremadamente cuidadosos con su relación secreta. Los rumores circulaban pero nadie podía confirmarlos.
Recién mucho tiempo después, en una entrevista de 2014, ella lo reconoció. Celentano había sido “la primera y única infidelidad de su vida”. Fue una confesión que sorprendió a muchos. Después de tantos años, finalmente reveló la verdad.
A principios de la década del 80, Ornella debutó en Hollywood. La película era Flash Gordon, una cinta de ciencia ficción. Compartió pantalla con Max von Sydow, Timothy Dalton y Chaim Topol.
En 1987 trabajó en una adaptación cinematográfica especial. Era Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. Actuó junto a Anthony Delon, Rupert Everett y Lucía Bosé.
Luego participó en films como El amor de Swann. También trabajó en El amante bilingüe y Tierra del Fuego. Su carrera se expandía por diferentes géneros cinematográficos. Además, formó parte de series de televisión importantes.
Una de ellas fue El Conde de Montecristo. Actuó junto al actor francés Gérard Depardieu. Fue una producción ambiciosa que tuvo éxito internacional. Una de sus últimas apariciones fue en To Rome with love.
Woody Allen dirigió esa película en 2012. Ornella compartió pantalla con Alec Baldwin, Roberto Benigni y Penélope Cruz. Fue un regreso triunfal al cine de autor. Los críticos elogiaron su participación en el film.
Dos años después de terminar su segundo matrimonio conoció a alguien nuevo. Era Stéfano Piccolo, un cirujano plástico de Milán. Convivieron juntos hasta el año 2008. La relación duró una década entera.
La pareja se rompió cuando Ornella conoció a otro hombre. Era Fabrice Kherhervé, un joyero francés. Ella se enamoró perdidamente de él casi de inmediato. Pero la relación se terminó en el 2020.
Desde entonces, la actriz no quiso saber más nada con el amor. Decidió dedicarse completamente a sus nietos y su carrera. A sus 71 años, mantiene una actitud desafiante.
“Fui un sex symbol y ahora soy una abuela erótica”, reconoció con humor. La frase resume perfectamente su personalidad irreverente. Nunca ha temido decir lo que piensa. Tampoco le importan las críticas de los conservadores.
En 1994 recibió un reconocimiento extraordinario. Fue elegida como “la mujer más guapa del mundo”. Para entonces ya había cumplido los 39 años. En aquella época, esa edad se consideraba avanzada.
Muchas mujeres eran consideradas mayores a los cuarenta. Sin embargo, Ornella conservaba intacta su legendaria belleza. Esa belleza había logrado cautivar a millones de personas. Y sigue cautivando a los amantes del cine hoy.
Su vida ha estado marcada por la tragedia y el triunfo. Desde la muerte temprana de su padre hasta sus escándalos sentimentales. Desde la pobreza infantil hasta la fama internacional. Ha sobrevivido a todo con dignidad y coraje.
Hoy cumple 71 años esta diva del cine italiano. Su legado permanece intacto en la memoria colectiva. Las nuevas generaciones descubren sus películas constantemente. Su belleza y talento trascienden las épocas.
Ornella Muti sigue siendo un ícono de sensualidad. También es símbolo de una mujer que enfrentó adversidades. Nunca se rindió ante las circunstancias difíciles. Siempre mantuvo la cabeza en alto.
Su historia es la de millones de mujeres. Mujeres que luchan por sobrevivir en un mundo difícil. Mujeres que usan sus recursos para salir adelante. Mujeres que se niegan a ser víctimas.
La actriz continúa trabajando ocasionalmente en el cine. También participa en eventos y homenajes por toda Europa. Su presencia sigue generando admiración y respeto. Los fotógrafos la buscan constantemente para sus lentes.
En sus redes sociales comparte momentos de su vida cotidiana. Aparece con sus hijos y nietos frecuentemente. También publica fotografías de sus viajes por el mundo. Mantiene una relación cercana con sus seguidores.
La industria del cine la recuerda con cariño y admiración. Sus colegas hablan de ella con profundo respeto. Los directores con quienes trabajó la describen como profesional. También destacan su compromiso con cada proyecto.
Ornella Muti representa una época dorada del cine italiano. Cuando las películas se filmaban con pasión y dedicación. Cuando los actores eran verdaderas estrellas admiradas por todos. Cuando el glamour era parte esencial del séptimo arte.
Su nombre seguirá resonando por muchas generaciones más. Las películas que protagonizó son consideradas clásicos del cine. Su imagen permanece grabada en la memoria cultural europea. Y su historia inspira a quienes la conocen.