Drummond Ltd. se mantiene como uno de los principales productores de carbón en Colombia. Al mismo tiempo, desarrolla una estrategia que integra operación minera con acciones ambientales y sociales. Además, la compañía impulsa iniciativas de desarrollo territorial en regiones clave del país.
Este trabajo ha contribuido a dinamizar las economías locales. Específicamente, ha impactado los departamentos del Cesar y Magdalena. Por consiguiente, los indicadores sociales muestran transformaciones significativas en estas zonas.
El índice de Necesidades Básicas Insatisfechas refleja estos cambios. Según cifras del Dane, este indicador pasó de 69 % en 1993 a 20 % en 2023. Esta reducción se registró específicamente en el corredor minero de la región.
La generación de empleo constituye otro aporte relevante de la operación. La empresa reporta cerca de 10.500 puestos de trabajo directos. Adicionalmente, genera alrededor de 50.000 empleos indirectos en la zona de influencia.
“Queremos que los jóvenes tengan más herramientas, que las comunidades cuenten con más capacidades productivas y que la región fortalezca sectores complementarios como agroindustria, servicios, turismo, logística, energías y economía circular”, aseguró José Miguel Linares, presidente de Drummond.
La inversión social representa un componente central de esta estrategia. Durante el año, la empresa destinó más de $146.000 millones a diversas iniciativas. Estos recursos se orientaron a formación, empleabilidad, emprendimiento y desarrollo comunitario.
Entre 1995 y 2025, la compañía notificó aportes significativos al Estado colombiano. Específicamente, reportó US$ 15.284 millones en regalías, participación por precios altos e impuestos. Por lo tanto, estos recursos han contribuido al financiamiento de programas públicos.
La gestión ambiental constituye otro pilar fundamental de la operación de Drummond. La empresa trabaja en la recuperación progresiva de las áreas intervenidas por la minería. Para ello, implementa procesos de retrollenado y reforestación en los terrenos afectados.
Paralelamente, desarrolla iniciativas orientadas al aprovechamiento de residuos. También impulsa proyectos de economía circular en sus operaciones mineras y portuarias. De esta manera, busca reducir el impacto ambiental de sus actividades.
En 2025, la compañía reportó la generación de 31.226,5 toneladas de residuos. Sin embargo, logró aprovechar 25.037,8 toneladas de estos materiales. Esto representa una tasa de aprovechamiento significativa en el contexto industrial.
La empresa recuperó caucho y acero provenientes de llantas de maquinaria minera. Estos materiales pueden reincorporarse a otras cadenas productivas. Por ejemplo, se utilizan en pavimentación de vías, pisos o escenarios deportivos.
La gestión del recurso hídrico representa otra prioridad ambiental de la operación. La construcción del embalse El Paujil ha sido clave en este proceso. Según la compañía, el 93 % del agua utilizada proviene de fuentes alternativas.
Específicamente, se trata de aguas lluvias y escorrentía minera tratadas y almacenadas. Por consiguiente, se reduce la dependencia de fuentes hídricas naturales de la región. Esta estrategia contribuye a la sostenibilidad del recurso en el territorio.
La transición energética también forma parte de la hoja de ruta empresarial. Drummond plantea alcanzar la carbono neutralidad en 2050. Para ello, implementará medidas de eficiencia operativa y compensación ambiental.
La incorporación progresiva de fuentes renovables es fundamental en este proceso. Drummond Energy, filial de la compañía, juega un papel clave en esta transición. Esta subsidiaria se encarga de desarrollar proyectos de generación renovable en Colombia.
Además, Drummond Energy se dedica a la exploración y producción de gas natural. De este modo, la empresa diversifica su portafolio energético hacia fuentes más limpias. Consecuentemente, avanza hacia un modelo operativo menos dependiente del carbón.
El Parque Solar Cañahuate I representa un hito en esta estrategia. Esta instalación cuenta con capacidad instalada de 65 MWp. Además, dispone de más de 112.000 paneles solares en funcionamiento.
Este parque solar cubre cerca del 33 % de las necesidades energéticas. Específicamente, abastece una tercera parte de la operación minera de Drummond. Por lo tanto, reduce significativamente las emisiones asociadas a la generación eléctrica.
El componente educativo sobresale dentro de los esfuerzos de responsabilidad social. A cierre de 2025, la empresa reportó haber intervenido infraestructura educativa significativa. Específicamente, contribuyó a la construcción o mejoramiento de 1.252 aulas escolares.
Estas intervenciones han impactado a más de 72.000 estudiantes en la región. Asimismo, 385 jóvenes de Cesar y Magdalena han recibido becas universitarias. Además, más de 8.000 hijos de empleados han accedido a auxilios educativos.
También se destacan iniciativas enfocadas en calidad educativa. Estas han impactado a miles de estudiantes y docentes. Específicamente, abordan áreas como lectura, matemáticas, bilingüismo y tecnologías de la información.
Un análisis reciente del Monitor de Desarrollo Territorial abordó la relación minería-deforestación. Este estudio concluyó que la minería de carbón no impulsa la deforestación en Colombia. Por el contrario, los datos muestran una realidad diferente a las percepciones comunes.
El estudio “Carbón y Deforestación en los Territorios” presentó hallazgos relevantes. Los municipios donde se desarrolla minería conservan mayor cobertura boscosa. Esta comparación se realizó frente a otros territorios con características similares.
El informe fue desarrollado por Jaime Arteaga & Asociados. Además, contó con la alianza de instituciones académicas de distintas regiones. Por lo tanto, sus conclusiones se basan en análisis técnico riguroso.
Los municipios carboníferos del norte aportaron apenas 0,9 % de la deforestación nacional. Este dato corresponde al registro de 2025 en Colombia. Consecuentemente, no se evidencia una relación directa entre producción carbonífera y pérdida forestal.
No existe correlación entre mayores niveles de producción de carbón y deforestación. En los casos donde se presenta pérdida de bosque, las causas son diferentes. Estos procesos se concentran en zonas como la Serranía del Perijá.
Las causas de deforestación en estas áreas están asociadas a otros factores. Principalmente, se relacionan con la colonización y la expansión de la frontera agrícola. Por consiguiente, la minería no constituye el motor de estos procesos.
“El análisis confirma, con información verificable y un enfoque técnico, que la minería de carbón que desarrollamos en el Cesar no es un motor de la deforestación. En Drummond continuaremos trabajando con responsabilidad, promoviendo una operación que integra la gestión ambiental, el cumplimiento de la normativa y la protección de los recursos naturales, mientras aportamos al desarrollo sostenible de los territorios donde tenemos presencia”, dijo Linares.
Para Drummond, estos resultados se explican por su metodología de trabajo. La compañía realiza una identificación sistemática de las necesidades más urgentes. Esta aproximación permite focalizar recursos y maximizar el impacto de las intervenciones.
“La identificación de necesidades surge del diálogo permanente con comunidades, autoridades locales, líderes sociales e instituciones educativas, combinado con los planes de desarrollo locales, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y diagnósticos técnicos que permiten priorizar dónde el impacto es mayor”, afirmó Carolina Riaño, vicepresidenta sénior y chief sustainability officer de la compañía.
El diálogo con comunidades constituye la base de esta estrategia. También involucra a autoridades locales, líderes sociales e instituciones educativas. Además, se alinea con los planes de desarrollo locales de cada municipio.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible también orientan estas prioridades. Asimismo, se realizan diagnósticos técnicos para identificar dónde el impacto es mayor. De este modo, la inversión social se torna más estratégica y efectiva.
El estudio Brújula Minera 2026 muestra cambios en la percepción pública. La credibilidad de la información de la compañía pasó del 61 % al 71 %. Este incremento refleja un fortalecimiento en la relación con las comunidades.
De cara al futuro, Drummond buscará seguir siendo un aliado regional. La empresa continuará combinando una operación responsable con inversión social estratégica. Específicamente, priorizará educación, diversificación productiva y fortalecimiento institucional.
“Creemos que Drummond debe medirse no solo por su producción, sino por su aporte a la competitividad, el bienestar y la sostenibilidad de los territorios. Ser buen vecino implica escuchar, construir confianza y que la riqueza del subsuelo ayude a reducir la pobreza sobre el suelo”, concluyó Riaño.
Esta visión integral reconoce que la minería trasciende la extracción de recursos. También implica una responsabilidad con el desarrollo territorial sostenible. Por consiguiente, el éxito empresarial se mide también en términos sociales y ambientales.
La estrategia de Drummond integra múltiples dimensiones del desarrollo sostenible. Combina eficiencia operacional con gestión ambiental rigurosa. Además, incorpora inversión social estratégica en educación y fortalecimiento comunitario.
La transición energética hacia fuentes renovables avanza progresivamente. Paralelamente, la economía circular y el aprovechamiento de residuos reducen el impacto ambiental. Estas iniciativas posicionan a la empresa en la ruta hacia la carbono neutralidad.
El fortalecimiento de capacidades locales representa otra prioridad estratégica. La formación de jóvenes y el apoyo al emprendimiento diversifican la economía regional. Consecuentemente, las comunidades desarrollan mayor resiliencia frente a las fluctuaciones del sector minero.
La construcción de confianza con las comunidades requiere diálogo permanente y transparencia. También demanda resultados tangibles que mejoren la calidad de vida de los habitantes. Por ello, la empresa mantiene un enfoque de largo plazo en sus intervenciones.
La recuperación ambiental de áreas intervenidas continúa siendo una prioridad operacional. Los procesos de retrollenado y reforestación buscan restaurar los ecosistemas afectados. De esta manera, se mitiga el impacto de la actividad extractiva.
La gestión hídrica responsable protege un recurso crítico para las comunidades. El almacenamiento de aguas lluvias reduce la presión sobre fuentes naturales. Además, el tratamiento de escorrentías mineras previene la contaminación de cuerpos de agua.
La infraestructura educativa construida y mejorada permanecerá como legado para la región. Miles de estudiantes se beneficiarán de mejores condiciones de aprendizaje. Asimismo, las becas universitarias abren oportunidades de movilidad social para jóvenes talentosos.
El fortalecimiento institucional contribuye a la gobernanza territorial. La articulación con planes de desarrollo municipales asegura coherencia en las intervenciones. Por consiguiente, los recursos se invierten donde generan mayor impacto sostenible.
La diversificación económica hacia agroindustria, turismo y servicios reduce la dependencia minera. Estos sectores complementarios generan empleo y dinamizan las economías locales. Además, fortalecen la base productiva regional para el largo plazo.
La economía circular transforma residuos en recursos para otras industrias. El aprovechamiento de caucho y acero de llantas mineras cierra ciclos productivos. Estos materiales recuperados encuentran nuevos usos en construcción e infraestructura.
La transición hacia energías limpias avanza con proyectos concretos como Cañahuate I. Esta infraestructura renovable reduce la huella de carbono de la operación. Además, demuestra la viabilidad técnica y económica de la transición energética.
La medición de impacto trasciende indicadores productivos tradicionales. Incorpora variables de competitividad territorial, bienestar social y sostenibilidad ambiental. De este modo, se evalúa integralmente el aporte empresarial al desarrollo regional.
La construcción de confianza se refleja en indicadores de credibilidad y percepción. El incremento de 10 puntos porcentuales en credibilidad empresarial es significativo. Este cambio evidencia el reconocimiento comunitario a los esfuerzos de responsabilidad social.
La reducción de la pobreza multidimensional en el corredor minero es notable. El descenso del NBI de 69 % a 20 % en tres décadas representa transformación social. Sin embargo, persisten desafíos que requieren esfuerzos sostenidos de múltiples actores.
La generación de empleo directo e indirecto dinamiza las economías familiares. Los 10.500 empleos directos y 50.000 indirectos representan ingresos para miles de hogares. Consecuentemente, se fortalece el consumo local y la actividad económica regional.
Los aportes fiscales a través de regalías e impuestos financian inversión pública. Los US$ 15.284 millones acumulados entre 1995 y 2025 son recursos significativos. Estos fondos han contribuido a infraestructura, educación y servicios sociales en la región.
La protección de la cobertura boscosa en municipios mineros contradice percepciones negativas. Los datos técnicos muestran que estos territorios conservan más bosque que otros similares. Este hallazgo invita a revisar narrativas sobre minería y medio ambiente.
La responsabilidad ambiental se demuestra con acciones concretas y resultados medibles. El aprovechamiento del 80 % de residuos generados supera estándares industriales convencionales. Además, la gestión hídrica basada en aguas tratadas protege ecosistemas acuáticos.
El compromiso con la carbono neutralidad para 2050 alinea la empresa con metas globales. Esta meta requiere transformaciones profundas en procesos operativos. También demanda inversiones significativas en tecnologías limpias y eficiencia energética.
La formación de capacidades locales prepara a las comunidades para nuevas economías. Los programas en tecnologías de la información y bilingüismo amplían oportunidades laborales. Asimismo, el fortalecimiento de habilidades matemáticas y de lectura mejora la empleabilidad.
El apoyo a emprendimientos locales diversifica las fuentes de ingreso familiar. Estas iniciativas reducen la dependencia exclusiva del empleo minero. Además, fomentan el desarrollo de cadenas de valor complementarias en la región.
La articulación con instituciones académicas fortalece la calidad de las intervenciones. Los diagnósticos técnicos basados en evidencia permiten priorizar necesidades reales. Por lo tanto, los recursos se invierten donde generan mayor transformación social.
El modelo de relacionamiento comunitario basado en diálogo permanente constru