La semana del 11 al 14 de agosto marcó un nuevo capítulo en la tendencia bajista del dólar frente al peso colombiano. Durante esos días, la divisa estadounidense perdió $28,78 en su valor. Además, la moneda colombiana alcanzó niveles que no se observaban desde hace siete años.
El martes 11 de agosto, la Tasa Representativa del Mercado se ubicó en $3.125,47. Esta cifra contrastó con los $3.157,43 establecidos para el fin de semana anterior. Por lo tanto, la disminución fue de $31,96, equivalente a cerca de 1,01 por ciento.
La caída continuó al día siguiente. El miércoles 12 de agosto, la TRM bajó hasta $3.121,07. Así, alcanzó su nivel más bajo de la semana. Frente al martes, la reducción fue de $4,40, aproximadamente 0,14 por ciento.
Sin embargo, desde ese punto el comportamiento cambió. El dólar comenzó a recuperar terreno gradualmente. El jueves 13 de agosto, la TRM subió a $3.123,28. Esto representó un aumento de $2,21 frente al día anterior.
El avance se aceleró el viernes 14 de agosto. Ese día, la divisa alcanzó $3.127,51. En consecuencia, subió $4,23 más que el jueves. No obstante, la TRM del viernes todavía estaba $29,92 por debajo del inicio del lunes.
Las negociaciones en la Bolsa de Valores de Colombia vuelven a estar muy cerca de los $3.100. Asimismo, la TRM del 12 de agosto se ubica entre las más bajas de todo el año. Esta tendencia de fortalecimiento del peso desde el último tercio de mayo todavía no cede.
La Superintendencia Financiera fijó estos valores durante la semana analizada. Primero, la TRM mostró una tendencia descendente. Posteriormente, evidenció una recuperación moderada. De acuerdo con estos datos, el peso colombiano mantiene su fortaleza.
Pese a que el dólar se encuentra en niveles bajos, la caída no se refleja completamente en los precios al consumidor. El profesor Rodrigo Taborda, de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, explicó este fenómeno. Según él, esto corresponde al llamado efecto transferencia.
Un importador que adquirió mercancía meses atrás lo hizo con una tasa de cambio superior. Por lo tanto, ese costo continúa incorporado en el inventario disponible para la venta. El ajuste puede producirse cuando los comerciantes vuelvan a abastecer sus inventarios.
En ese momento, podrán negociar nueva mercancía con un dólar más barato. La situación es diferente para las compras directas en plataformas internacionales. Allí, la transacción ocurre con la tasa de cambio vigente en ese momento.
Mientras tanto, la fortaleza del peso continúa expuesta a factores externos. Entre ellos se encuentran las tasas de la Reserva Federal. También influye el apetito de riesgo de los inversionistas internacionales. Igualmente, las señales fiscales del nuevo Gobierno juegan un papel importante.
Por ello, el dólar barato todavía no garantiza menores precios en las vitrinas. Los comerciantes mantienen márgenes basados en costos anteriores. Además, otros factores inflacionarios pueden compensar el efecto cambiario.
El peso colombiano acumula una apreciación cercana al 20 por ciento en lo corrido de 2026. Esta valorización ha sido impulsada por la debilidad global del dólar. Asimismo, la entrada de capitales ha fortalecido la moneda local. También ha contribuido una menor percepción de riesgo sobre Colombia.
Sin embargo, esta tendencia podría estar llegando a un punto de inflexión. Un informe de Visión Davivienda advierte sobre varios factores que podrían presionar al alza la tasa de cambio. Estos elementos podrían manifestarse durante los próximos meses.
Entre los principales factores identificados aparece la decisión del Banco de la República. La entidad mantuvo su tasa de política monetaria en 12 por ciento. Después de esa determinación, el dólar rebotó hacia la zona de los $3.160.
Previamente, en julio, la tasa de cambio había perforado el nivel de $3.100. Para agosto, Visión Davivienda proyecta una TRM promedio de $3.310. El rango estimado oscila entre $3.132 y $3.500.
El comportamiento del petróleo también aparece como una variable relevante. Históricamente, existe una relación inversa entre el precio del crudo y la tasa de cambio colombiana. Cuando cae el petróleo, el dólar suele ganar terreno frente al peso.
Aunque esa relación se ha alterado durante 2026, el reciente retroceso del crudo podría deteriorar los términos de intercambio. Además, podría reducir uno de los principales ingresos externos del país. Por consiguiente, esto ejercería presión sobre la moneda local.
A esto se suma el programa de acumulación de reservas internacionales anunciado por el Banco de la República. Según Visión Davivienda, la estrategia podría generar una demanda cercana a US$400 millones mensuales. Sin embargo, su efecto sería moderado frente al tamaño del mercado cambiario colombiano.
En el mercado cambiario se negocian alrededor de US$1.400 millones diarios. Por lo tanto, la operación del banco central representa una fracción del volumen total. No obstante, podría limitar nuevas caídas pronunciadas del dólar.
Pese a estos riesgos, Colombia mantiene atractivo para los inversionistas internacionales. El diferencial de tasas de interés favorece al país. El denominado carry-to-risk ratio continúa ubicando a Colombia entre los destinos atractivos de América Latina.
En este aspecto, el país se encuentra junto con Brasil. En julio, los inversionistas institucionales registraron ventas netas por US$1.209 millones en el mercado spot. Además, los extranjeros vendieron US$988 millones. A pesar de ello, el interés en Colombia persiste.
Visión Davivienda proyecta un dólar cercano a $3.530 al cierre de 2026. Esta proyección considera los múltiples factores que influyen en el mercado cambiario. También toma en cuenta las decisiones de política monetaria esperadas.
La fortaleza actual del peso representa un fenómeno complejo con múltiples aristas. Por un lado, beneficia a importadores y consumidores de productos extranjeros. Por otro, afecta la competitividad de los exportadores colombianos.
Los exportadores enfrentan menores ingresos en pesos por cada dólar vendido. Esto reduce sus márgenes de ganancia. Consecuentemente, algunos sectores productivos han expresado preocupación por la situación.
El sector petrolero resulta particularmente afectado por la combinación de factores. La caída en los precios internacionales del crudo se suma a la apreciación del peso. Así, los ingresos fiscales derivados del petróleo enfrentan doble presión.
El Gobierno debe balancear estos efectos contradictorios en su política económica. Las autoridades monetarias monitorean constantemente la evolución del tipo de cambio. Además, evalúan su impacto en la inflación y el crecimiento económico.
La tendencia observada durante la semana del 11 al 14 de agosto ilustra la volatilidad del mercado. Inicialmente, el dólar cayó hasta mínimos de varios años. Luego, recuperó parte del terreno perdido en solo dos días.
Esta volatilidad refleja la incertidumbre que caracteriza los mercados financieros globales. Los inversionistas reaccionan rápidamente a nuevas informaciones y cambios en las expectativas. Por ello, las proyecciones de mediano plazo enfrentan márgenes de error considerables.
Las negociaciones diarias en la Bolsa de Valores de Colombia reflejan estas dinámicas cambiantes. Los operadores ajustan sus posiciones según las noticias internacionales y locales. También responden a indicadores económicos y decisiones de política monetaria.
El mercado cambiario colombiano ha mostrado mayor profundidad en años recientes. Esto ha contribuido a reducir la volatilidad excesiva. Sin embargo, eventos externos pueden generar movimientos bruscos en períodos cortos.
La entrada de capitales extranjeros ha sido fundamental para el fortalecimiento del peso. Los inversionistas buscan mayores rendimientos en mercados emergentes. Colombia ofrece tasas de interés atractivas en comparación con economías desarrolladas.
No obstante, estos flujos pueden revertirse rápidamente ante cambios en el sentimiento global. Una crisis internacional o ajustes en la política de la Reserva Federal podrían alterar el panorama. Por ello, la estabilidad actual no está garantizada a largo plazo.
El Banco de la República enfrenta el desafío de mantener la estabilidad de precios. Al mismo tiempo, debe considerar el impacto de la tasa de cambio en la economía real. Las decisiones de política monetaria tienen efectos múltiples y a veces contradictorios.
Una tasa de interés alta atrae capitales y fortalece el peso. Sin embargo, también encarece el crédito y puede desacelerar el crecimiento económico. El banco central debe encontrar el equilibrio apropiado entre estos objetivos.
La acumulación de reservas internacionales busca fortalecer la capacidad de respuesta ante crisis. Con mayores reservas, el país puede intervenir en el mercado cambiario si fuera necesario. Además, mejora la percepción de solidez financiera ante inversionistas internacionales.
Esta estrategia tiene costos asociados. La compra de dólares implica expandir la base monetaria. Si no se esteriliza adecuadamente, podría generar presiones inflacionarias. Por ello, el banco central debe coordinar cuidadosamente estas operaciones.
Los próximos meses serán determinantes para confirmar o revertir la tendencia actual. Los factores identificados por Visión Davivienda podrían materializar un cambio de dirección. Alternativamente, el peso podría mantener su fortaleza si las condiciones globales permanecen favorables.
Los consumidores colombianos esperan que la caída del dólar se traduzca en menores precios. Sin embargo, el efecto transferencia explicado por el profesor Taborda retrasa este impacto. Gradualmente, a medida que se renueven inventarios, los beneficios podrían hacerse visibles.
Los importadores que negocien nueva mercancía aprovecharán el dólar más barato. Esto les permitirá mejorar sus márgenes o reducir precios para ganar competitividad. La presión competitiva eventualmente debería trasladar estos beneficios a los consumidores finales.
Las compras directas en plataformas internacionales ya reflejan el tipo de cambio favorable. Los colombianos que adquieren productos en sitios web extranjeros pagan menos en pesos. Esto ha impulsado el comercio electrónico transfronterizo.
La situación actual del peso colombiano representa un fenómeno excepcional en el contexto histórico reciente. Los niveles alcanzados no se observaban desde hace siete años. Esto marca un contraste notable con períodos anteriores de debilidad cambiaria.