La deforestación en Colombia alcanzó niveles alarmantes durante 2024, con un incremento del 43% respecto al año anterior según datos oficiales presentados por el Ministerio de Ambiente.
El país sudamericano perdió 113.608 hectáreas de cobertura boscosa el año pasado, revirtiendo la tendencia positiva que se había logrado en 2023. Este retroceso resulta especialmente preocupante porque afecta principalmente a la región amazónica.
La ministra de Ambiente, Lena Estrada Añokazi, expresó su inquietud durante una rueda de prensa en Bogotá. “Los esfuerzos que este Gobierno ha hecho no son suficientes porque la deforestación persiste”, manifestó la funcionaria.
La Amazonia colombiana sufrió la pérdida de 77.124 hectáreas, casi el doble de las 44.274 hectáreas registradas en 2023. Los departamentos más afectados fueron Meta con 27.107 hectáreas, Caquetá con 25.263, Guaviare con 16.908 y Putumayo con 5.443 hectáreas.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) identificó nueve núcleos críticos que concentran el 57% de la deforestación total. La zona más devastada fue Sabanas del Yarí Caguán en Caquetá, seguida por Llanos del Yarí Marginal de la Selva.
Detrás de esta crisis ambiental se entrelazan múltiples factores. Edersson Cabrera, coordinador del sistema de monitoreo de bosques del Ideam, señala que las causas están vinculadas principalmente con actividades ilegales y conflictos territoriales.
La ganadería extensiva no sostenible encabeza la lista de actividades destructivas. A esto se suman los cultivos ilícitos, la minería ilegal y los impactos del cambio climático que agudizan la situación.
Sin embargo, el factor más preocupante es la presencia de grupos armados ilegales en estas zonas. Las disidencias de las FARC, particularmente el Estado Mayor Central (EMC), han impuesto su control mediante amenazas y violencia.
Estos grupos armados han obstaculizado el trabajo de las autoridades ambientales, impidiendo su ingreso a ciertas áreas. En el Guaviare, los enfrentamientos entre facciones disidentes han provocado paros armados y asesinatos de líderes sociales.
El periodista comunitario Gustavo Chicangana y ocho líderes sociales fueron asesinados durante el año, evidenciando la peligrosa conexión entre violencia y destrucción ambiental.
Las alertas tempranas de deforestación ya habían aumentado un 40% durante el primer trimestre de 2024, según advertía la entonces ministra Susana Muhamad. Esta tendencia se confirmó con los datos anuales presentados.
La situación en la Amazonia colombiana refleja un ciclo perverso donde la violencia armada facilita la destrucción ambiental. Los grupos ilegales aprovechan la ausencia estatal para promover actividades destructivas.
La ministra Estrada enfatizó la necesidad de un enfoque integral: “Si logramos desescalar la guerra en la que estamos, logramos desescalar la deforestación”. Sin embargo, la articulación entre instituciones sigue siendo un desafío pendiente.
El deterioro de la Amazonia colombiana representa una crisis tanto ambiental como de seguridad. La pérdida de bosques no solo afecta la biodiversidad sino que también debilita la gobernabilidad en estos territorios estratégicos.