Santa Marta se convirtió en epicentro de una transformación diplomática. Durante tres días, la ciudad recibió a más de 70 delegaciones internacionales. El motivo fue la Reunión Extendida del Buró del Comité de Alto Nivel de Cooperación Sur-Sur de Naciones Unidas.
La Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia lideró este encuentro histórico. Además, contó con el apoyo de la Misión Permanente de Colombia ante Naciones Unidas. Asimismo, participó la Oficina de la ONU para la Cooperación Sur-Sur.
Diplomáticos, altos emisarios y representantes de la sociedad civil se congregaron en el evento. También asistieron académicos, miembros del sector privado y agencias de cooperación. Provenían de América Latina, África, Asia y Medio Oriente.
El objetivo central fue discutir cómo mejorar la Cooperación Sur-Sur y Triangular. Por consiguiente, se buscó fortalecer los vínculos entre países que enfrentan desafíos similares. Colombia demostró su nuevo papel en este escenario global.
El país mantiene actualmente más de 120 proyectos de cooperación. Estos involucran a 59 naciones alrededor del mundo. En consecuencia, Colombia intercambia conocimientos, metodologías e insumos para superar problemas de desarrollo.
Durante décadas, la cooperación internacional siguió un modelo vertical. Los países desarrollados establecían las agendas y proporcionaban recursos. Sin embargo, estas iniciativas no siempre respondían a las realidades territoriales del sur.
Hoy, el contexto mundial presenta nuevos retos. Las crisis climáticas se intensifican cada año. Asimismo, persisten desigualdades estructurales en múltiples regiones. Los conflictos armados continúan afectando a diversas poblaciones.
Además, las transformaciones tecnológicas avanzan a ritmo acelerado. Por ello, varios países consideran necesario un cambio de enfoque. Compartir experiencias entre pares resulta más efectivo que replicar modelos externos.
Este espíritu atravesó todas las discusiones en Santa Marta. Las delegaciones insistieron en transformar su papel tradicional. Ya no quieren limitarse a ser receptores pasivos de cooperación.
En cambio, aspiran a producir conocimientos y soluciones propias. Estas respuestas surgen desde las realidades del Sur Global. Posteriormente, pueden compartirse con el resto del mundo.
Omar Hilale, presidente del Comité de Alto Nivel para la Cooperación Sur-Sur, destacó la importancia del encuentro. “Debemos agradecer al Gobierno de Colombia por organizar este Comité. El mundo está enfrentando dificultades y desafíos económicos y en términos geopolíticos, pero este encuentro demuestra la solidaridad entre el Sur Global que propone discusiones directas y prospectos sobre soluciones y oportunidades para usarlas y acelerar los procesos de cambio”, señaló.
Colombia emergió como uno de los países con mayor capacidad articuladora. La Agencia Presidencial de Cooperación Internacional aprovechó el evento para mostrar experiencias exitosas. Muchas de estas iniciativas están siendo observadas en otras regiones.
La firma del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016 marcó un punto de inflexión. Distintas instituciones y territorios colombianos comenzaron a desarrollar metodologías innovadoras. Estas se relacionaban con reconciliación territorial y sustitución de cultivos ilícitos.
También surgieron experiencias en desarrollo rural y prevención de violencias. Lo que inicialmente respondió a necesidades internas se transformó en conocimiento exportable. Otros países enfrentan conflictos similares y buscan aprender de Colombia.
Filipinas representa uno de los ejemplos más visibles de esta cooperación. El país asiático adoptó modelos inspirados en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial. Estos programas buscan cerrar brechas históricas en zonas afectadas por conflictos armados.
El conflicto en Filipinas se prolonga desde finales de los años sesenta. Gracias al acompañamiento técnico de Colombia y APC Colombia, se implementaron soluciones concretas. Actualmente funcionan allí 18 centros territoriales basados en la experiencia colombiana.
Nigeria también recurrió a las capacidades desarrolladas en Colombia. El país africano enfrentaba desafíos para anticipar crisis de derechos humanos. Por ello, replicó mecanismos de alertas tempranas inspirados en sistemas colombianos.
La Defensoría del Pueblo de Colombia desarrolló estos sistemas durante décadas. Su propósito es anticipar riesgos de violaciones de derechos humanos. Asimismo, buscan prevenir escenarios de violencia antes de que escalen.
La cooperación impulsada por Colombia se ha extendido hacia América Latina. En México, expertos colombianos compartieron metodologías sobre sistemas de cuidado. Estos se dirigen a mujeres que dedican sus vidas al trabajo doméstico no remunerado.
Incluso Corea del Sur, potencia tecnológica y económica, firmó un memorando de entendimiento. Este acuerdo se concretó en el marco del evento en Santa Marta. Fortalecerá el intercambio de conocimientos en innovación, agricultura y desarrollo productivo.
Este hecho señala que la cooperación horizontal está reemplazando las relaciones tradicionales. Ya no se trata únicamente de donantes y receptores. En cambio, se busca el intercambio equitativo entre pares.
Alexandra Palencia, directora de APC Colombia, explicó este nuevo enfoque. “Le hablamos al sur desde el sur. Nuestros países no son solamente receptores de cooperación: son productores de conocimiento, tecnología, innovación social, políticas públicas y capacidades comunitarias. Hemos aprendido a convertir aprendizajes en bienes compartidos”, afirmó.
Mauricio Jaramillo Jassir, viceministro de Asuntos Multilaterales, destacó otro aspecto importante. El Comité funcionó como plataforma para amplificar nuevas voces del Sur Global. Esto ocurre en un contexto internacional cada vez más fragmentado.
La discusión ya no gira únicamente alrededor de financiación o asistencia técnica. Ahora importa quién define las prioridades del desarrollo. También resulta relevante desde dónde se producen las soluciones.
En la Reunión Extendida del Buró del Comité de Alto Nivel se abordaron múltiples temas. Se discutió cómo la información pública puede convertirse en materia prima fundamental. Los estados la necesitan para monitorear índices de desarrollo.
Además, el análisis de datos permite prevenir hechos fortuitos. Estos, una vez ocurridos, pueden causar perjuicios significativos. Los efectos dominó se extienden a ámbitos políticos, sociales y económicos.
El medio ambiente también se beneficia de este modelo de cooperación. Hubo diferentes espacios donde se discutió el potencial de Colombia. Especialmente, sus zonas costeras pueden convertirse en laboratorios de proyectos verdes.
Conservación Internacional, el Instituto Internacional de Carbono Azul y el INVEMAR colaboran en esta área. Han capacitado a 50 personas de 11 países. El objetivo es proteger los manglares y convertirlos en receptores de carbono.
Estos ecosistemas acuíferos, además de conservados, pueden mitigar el cambio climático global. Colombia intenta ocupar un nuevo lugar en esta agenda ambiental. Durante décadas, el país fue visto a través del lente del conflicto armado.
También se le asociaba con el narcotráfico y la dependencia de ayuda exterior. Hoy se reposiciona como laboratorio de políticas públicas territoriales. Además, se presenta como arquitecto de cooperación entre países con desafíos similares.
Santa Marta dejó una imagen simbólica de este tránsito. Delegaciones de distintas regiones del planeta miraron hacia Colombia. No solo buscaban entender cómo sobrevivió a décadas de guerra.
También querían aprender de las herramientas que desarrolló en medio del conflicto. Más allá de los acuerdos y declaraciones diplomáticas, el encuentro dejó una señal clara. El Sur Global quiere mayor capacidad para definir su propio camino de desarrollo.
Asimismo, busca construir soluciones desde experiencias compartidas. El contexto internacional está marcado por tensiones geopolíticas. También influyen las crisis climáticas y las crecientes desigualdades.
Por consiguiente, la cooperación entre países con desafíos similares se consolida como alternativa relevante. En esa conversación, Colombia logró posicionarse no solo como anfitrión. También se estableció como articulador capaz de conectar territorios, conocimientos y agendas comunes.
La reunión confirmó un cambio simbólico para el país. Colombia pasó de ser vista únicamente como nación receptora de cooperación. Ahora se convierte en exportadora de capacidades institucionales y experiencias de paz.
Los modelos territoriales colombianos despiertan interés en otras latitudes. Delegaciones de África, Asia, América Latina y Medio Oriente llegaron a Santa Marta. Su objetivo fue discutir cómo aprender unas de otras.
Esto demuestra que el debate sobre el futuro de la cooperación internacional cambió. Ya no se construye exclusivamente desde las potencias tradicionales. Colombia quiere ocupar un lugar central en esa nueva arquitectura global.
Para Palencia, este tipo de espacios cumple dos propósitos fundamentales. El primero recuerda a los países del Sur Global que sí es posible resolver asuntos urgentes. Esto requiere articulación y voluntad política.
Muchos problemas se vieron torpedeados en el pasado por falta de coordinación o financiamiento. El segundo propósito sienta los pilares para que Colombia y los demás países continúen cooperando. Así pueden resolver problemas que después de décadas empiezan a ver solución.
“Este trabajo que hemos hecho de juntar voces, esfuerzos, conocimiento y recursos es un legado que dejamos para Colombia: lograr que la cooperación y la forma en que el país se coordina con el resto”, expresó la directora de APC Colombia.
El encuentro en Santa Marta representó más que un evento diplomático. Significó la consolidación de un nuevo modelo de cooperación internacional. Este modelo se construye desde el sur, para el sur y con el sur.
Colombia demostró que puede liderar esta transformación. Su experiencia en construcción de paz ofrece lecciones valiosas para otras naciones. Asimismo, sus metodologías de desarrollo territorial se adaptan a contextos diversos.
El país ya no solo recibe conocimiento del exterior. Ahora también lo produce, lo sistematiza y lo comparte. Este intercambio horizontal beneficia a todas las partes involucradas.
Las más de 70 delegaciones que asistieron al evento reconocieron este liderazgo colombiano. Felicitaron al país por su protagonismo en el Sur Global. También expresaron su disposición para continuar fortaleciendo estos vínculos.
Los 120 proyectos de cooperación vigentes son solo el comienzo. Representan una red creciente de intercambio de conocimientos y soluciones. Cada proyecto conecta realidades territoriales y construye puentes entre comunidades.
La cooperación Sur-Sur no reemplaza otros modelos de asistencia internacional. Sin embargo, los complementa desde una perspectiva de mayor horizontalidad. Reconoce que los países del sur tienen mucho que enseñarse entre sí.
Santa Marta quedará en la memoria diplomática como un punto de inflexión. Allí se reunieron voces diversas con un propósito común. Todas buscaban redefinir las reglas de la cooperación internacional.
Colombia asumió el reto de ser anfitrión y articulador de este proceso. Lo hizo desde su experiencia, sus aprendizajes y sus capacidades institucionales. El resultado fue un encuentro que proyecta al país hacia nuevos horizontes.
El legado de esta reunión trasciende los tres días del evento. Se extiende hacia el futuro de las relaciones entre países del Sur Global. También redefine el papel de Colombia en el escenario internacional.