En la madrugada del 22 de octubre, Rusia lanzó un devastador ataque aéreo contra la capital ucraniana Kiev y otras ciudades importantes del país.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, confirmó que las primeras explosiones se registraron aproximadamente a la 1:10 hora local. Previamente, la Fuerza Aérea ucraniana había emitido una alerta por misiles balísticos.
Los bombardeos no se limitaron a Kiev. De hecho, también se reportaron fuertes explosiones en las ciudades de Dnipro, Zaporizhzhia e Izmail, según informaron periodistas locales del Kyiv Independent.
El ataque dejó un saldo trágico de seis víctimas mortales, entre ellas dos niños pequeños. Además, diecisiete personas resultaron heridas, según declaró el presidente Volodimir Zelensky en un comunicado oficial.
En el distrito Dniprovskyi de Kiev, un edificio residencial de gran altura sufrió graves daños. El jefe de la Administración Militar local, Tymur Tkachenko, reportó un incendio que afectó los pisos octavo y noveno. Los equipos de rescate lograron evacuar a diez residentes.
La infraestructura energética también resultó severamente afectada. La empresa DTEK confirmó importantes daños en sus instalaciones que provocaron cortes de electricidad en Kiev, Dnipropetrovsk y Odesa.
Este ataque masivo ocurre en un momento crítico, cuando Rusia intensifica sus ofensivas contra la infraestructura energética ucraniana ante la proximidad del invierno. Anteriormente, Zelensky había advertido sobre un posible incremento en estos ataques.
La escalada de violencia se produce después de que Ucrania atacara una planta química estratégica en Bryansk, al sur de Rusia. Para esta operación, el ejército ucraniano empleó misiles Storm Shadow de fabricación franco-británica.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber derribado 57 drones ucranianos sobre Bryansk durante un período de cuatro horas. Sin embargo, Alexander Bogomaz, gobernador de la región, indicó que no se registraron heridos ni daños materiales.
En respuesta a la creciente tensión militar, el Parlamento ucraniano aprobó un significativo aumento en el presupuesto de Defensa por 324.700 millones de grivnas, equivalentes a 6.600 millones de euros.
El ministro de Finanzas ucraniano, Sergi Marchenko, enfatizó que este incremento presupuestario resulta fundamental para mantener una resistencia efectiva contra la agresión rusa. Los fondos provendrán principalmente de activos rusos congelados y apoyo internacional.
Los servicios de emergencia ucranianos trabajaron incansablemente para controlar múltiples incendios en Kiev. Las imágenes mostraban a los bomberos combatiendo las llamas en edificios residenciales mientras rescataban a civiles atrapados.
La comunidad internacional observa con preocupación esta nueva escalada de violencia. Estados Unidos ha proporcionado misiles Tomahawk a Ucrania como parte de su apoyo militar, mientras que otros aliados occidentales continúan respaldando la resistencia ucraniana.