Hace dos décadas, Venezuela representaba uno de los principales motores del comercio exterior colombiano. La renta petrolera impulsaba entonces compras masivas de bienes colombianos. Ese país se convirtió en socio clave para empresas nacionales. Sin embargo, años de crisis económica transformaron radicalmente ese panorama.

El cierre fronterizo, las sanciones internacionales y la incertidumbre institucional marcaron ese periodo. Ahora, una eventual reactivación de la relación despierta expectativa. No obstante, también obliga a mirar el nuevo escenario con cautela.

La chequera del vecino parecía descomunal hace 20 años. Según cifras de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en 2008 la producción fiscalizada total de crudo fue de 3,26 millones de barriles diarios. Su potencial alcanzó los 3,8 millones de barriles por día.

En ese contexto, el precio internacional del petróleo llegó a tocar niveles históricos. Alcanzó US$143,95 en julio de ese año, según datos de la Opep. El grifo de las divisas parecía no tener límites.

Colombia también recibió parte de las mieles de esa bonanza. Para 2008, el comercio bilateral superó los US$7.200 millones. Esto ocurrió incluso en medio de tensiones políticas entre los entonces presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez.

Según el Dane, Colombia exportó hacia Venezuela US$6.091,5 millones. Además, importó US$1.140,4 millones. Estas cifras reflejaban una balanza ampliamente inclinada a favor colombiano. También mostraban una economía venezolana cada vez más dependiente de las importaciones.

Pero ese cliente cambió drásticamente. Dos décadas después, la posibilidad de una nueva etapa comercial despierta entusiasmo. Sin embargo, también obliga a revisar las condiciones actuales con detenimiento.

Venezuela ya no tiene la misma chequera petrolera de antaño. Su aparato productivo tampoco es el mismo. Además, las condiciones para sostener negocios son completamente diferentes.

Venezuela sufrió una de las mayores contracciones económicas registradas en la historia. Esta rondó el 80% de su economía. El cierre de la frontera entre el 2015 y el 2022 agravó la situación. El fin del boom petrolero también contribuyó al colapso.

El deterioro del sistema democrático llevó a que esa sociedad productiva se destruyera casi completamente. El Dane reportó que para 2017 las exportaciones hacia Venezuela fueron de US$319,3 millones. Es decir, cerca de 20 veces menos frente al 2008.

“Esa relación que tuvimos es una barbaridad para países latinoamericanos promedio. Eso fue afectado no solo por el fin del auge petrolero y de commodities a nivel mundial, sino que la crisis económica, política, institucional de Venezuela llevó a que el país destruyese su capacidad productiva en un 79%”, explicó Luis Angarita, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

Con la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño, se intentó normalizar la relación bilateral. Sin embargo, pese a los esfuerzos de reactivación, PDVSA cargaba con sanciones. Estados Unidos las había impuesto desde 2019.

Además, la seguridad jurídica de hacer negocios era nula. Un dictador ocupaba el Palacio de Miraflores. Los empresarios aún tenían vivo el recuerdo de Chávez en una plaza pública de Caracas. Lo recordaban señalando propiedades privadas y gritando frente a las cámaras: ¡Exprópiese!

No obstante, el 3 de enero de 2026 marcó un antes y después. Estados Unidos decidió capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Este acontecimiento cambió radicalmente el panorama.

Casi que de inmediato, empresas en Colombia comenzaron a preguntar por el vecino. Cementos Argos hizo los primeros anuncios de intención. El Grupo Nutresa lanzó declaraciones que se viralizaron rápidamente. Dijeron que su idea era invadir Venezuela con sus productos.

“Lo que hay que manejar ahorita es que el 3 de enero en Venezuela todo cambió. El primer punto es que hay una certidumbre económica que no existía en los últimos años, y es un punto de ruptura muy importante y, en mi opinión, muy positivo”, indicó Germán Umaña, presidente de la junta directiva de la Cámara de Comercio Colombo Venezolana y exministro de Comercio de Colombia.

De acuerdo con el Banco Mundial, en 2008 Venezuela tenía un PIB per cápita de US$11.262,5. Mientras que en 2024 fue de US$4.217,6. La caída resulta evidente y dramática.

Para ese año, el Banco Central del país reportó que la inflación fue de 30,9%. Para 2025, el Emisor venezolano informó que fue de 475%. El deterioro económico se aceleró exponencialmente.

Además, en la primera década del 2000, el gobierno de Chávez creó la Comisión de Administración de Divisas. Este sistema se conoció como Cadivi. Era un sistema de control cambiario mediante el cual el Estado asignaba dólares. La tasa oficial era mucho más baja que la del mercado paralelo.

Aunque se presentó como un mecanismo para proteger la economía, con el tiempo se convirtió en algo diferente. Se transformó en uno de los mayores focos de corrupción. El uso de empresas de maletín, importaciones ficticias y sobrefacturación permitían obtener divisas preferenciales.

El acceso a dólares baratos también incentivó la importación masiva de productos. Esto debilitó la producción nacional. Además, creó una sensación de prosperidad sostenida artificialmente por la renta petrolera.

En ese sentido, los empresarios venezolanos han reseñado que la realidad del 2026 es muy diferente. Por tanto, amerita acciones muy diferentes a las del pasado.

“Si en cambio la visión es ver a Venezuela meramente como un sitio donde enviar mercancía (…), yo no le veo sostenibilidad de largo alcance a eso”, dijo el presidente de Fedecámaras Venezuela, Felipe Capozzolo.

Recientemente, Mireya Blavia de Cisneros, presidenta de We Cisneros, hizo declaraciones importantes. We Cisneros es uno de los emporios empresariales más importantes del país vecino. Le dijo a la agencia Efe que Venezuela se ha convertido nuevamente en un destino atractivo. Ahora atrae la inversión internacional.

La empresaria anunció la creación de un fondo de inversión de US$1.000 millones. Este se destinará a infraestructura, turismo, salud, agricultura y desarrollo inmobiliario.

Capozzolo insistió en la necesidad de ver a Venezuela como un lugar para invertir. “Creemos que la mejor manera es a través de la inversión. No necesariamente va a ser a través de la exportación de todos sus productos terminados”, añadió.

Por su lado, Luis Angarita explicó que el mercado en 2026 es muy estrecho. “Venezuela tiene muchas necesidades ¿La principal? En principio creo que todo. Reconstruir las industrias que tienen rezagos es importante. En este momento el sector agroindustrial es importante con semillas, fertilizantes y asesoría técnica. En el pasado Colombia fue importantísimo y lo puede ser en este momento con semillas certificadas”.

Para Umaña, Colombia tiene la oportunidad de ser parte de ese proceso de recuperación. Venezuela busca implementar cambios estructurales significativos.

“Y al ser parte de la recuperación venezolana tenemos que trabajar conjuntamente con los agentes productivos y con el gobierno venezolano para contribuir a la recuperación venezolana y eso implica no solo comercio, sino que nosotros tenemos que participar, sobre todo en fronteras”, dijo.

Sin embargo, los retos son mayores de lo que aparentan. Pese a la captura de Maduro, los empresarios colombianos continúan esperando muestras de estabilidad. Necesitan señales claras antes de comprometer recursos significativos.

“Lo primero es consolidar un entorno confiable para las operaciones. Esto implica resolver temas relacionados con pagos internacionales, seguridad jurídica, interoperabilidad aduanera y estabilidad en los pasos fronterizos. Sin esos elementos, será difícil construir relaciones comerciales sostenibles en el tiempo”, manifestó Miguel Ángel Espinosa, presidente ejecutivo de la Federación Colombiana de Agentes Logísticos en Comercio Internacional (Fitac).

Las empresas ven oportunidades evidentes en el mercado venezolano. No obstante, esperan reglas claras para invertir con seguridad. También necesitan garantías para vender y cobrar sin contratiempos. La experiencia pasada con expropiaciones y controles cambiarios genera cautela natural.

El sector empresarial colombiano reconoce el potencial del mercado venezolano. Al mismo tiempo, mantiene una postura prudente ante la incertidumbre institucional. Las lecciones del pasado pesan en las decisiones actuales.

Los empresarios requieren certeza sobre los mecanismos de pago internacional. También necesitan claridad sobre la protección de inversiones. La estabilidad jurídica resulta fundamental para comprometer recursos a largo plazo.

El gobierno venezolano enfrenta el desafío de generar confianza en el sector privado. Debe demostrar que las condiciones han cambiado realmente. Las palabras necesitan traducirse en hechos concretos y medibles.

La recuperación de Venezuela representa una oportunidad para Colombia. Sin embargo, esta oportunidad viene acompañada de riesgos significativos. La evaluación cuidadosa resulta esencial antes de tomar decisiones de inversión.

El sector agroindustrial aparece como una de las áreas prioritarias. Venezuela necesita reconstruir su capacidad productiva en este campo. Colombia cuenta con experiencia y tecnología para contribuir a este proceso.

Las semillas certificadas, los fertilizantes y la asesoría técnica representan necesidades urgentes. Estos insumos pueden ayudar a reactivar la producción agrícola venezolana. Colombia ha sido proveedor histórico de estos productos.

La infraestructura fronteriza requiere mejoras sustanciales para facilitar el comercio. Los pasos fronterizos deben operar de manera eficiente y predecible. La interoperabilidad aduanera necesita establecerse con protocolos claros.

El sector de la construcción también presenta oportunidades importantes. Venezuela necesita reconstruir infraestructura básica después de años de deterioro. Empresas colombianas tienen experiencia relevante en este campo.

El turismo podría convertirse en otro sector de colaboración. Venezuela cuenta con atractivos naturales significativos. La inversión en este sector podría generar beneficios mutuos.

El sector salud presenta necesidades apremiantes después de años de crisis. Equipamiento médico, medicamentos y servicios especializados tienen demanda. Colombia puede ofrecer soluciones en estas áreas.

El desarrollo inmobiliario requiere inversiones considerables para recuperar el sector. Vivienda, oficinas y espacios comerciales necesitan renovación. Este campo ofrece oportunidades para inversionistas con visión de largo plazo.

La estabilidad macroeconómica de Venezuela sigue siendo una interrogante. La inflación de 475% en 2025 genera preocupación. Los empresarios necesitan ver mejoras sostenidas en estos indicadores.

El tipo de cambio y su estabilidad resultan cruciales para las operaciones comerciales. Los empresarios recuerdan los problemas del pasado con controles cambiarios. Necesitan garantías de que esos problemas no se repetirán.

La seguridad física de las operaciones también preocupa a los inversionistas. Las empresas necesitan protección para sus activos y personal. El Estado debe garantizar condiciones adecuadas de seguridad.

La transparencia en las regulaciones comerciales resulta fundamental para generar confianza. Las reglas del juego deben ser claras y aplicarse de manera consistente. La discrecionalidad genera incertidumbre y desalienta la inversión.

Los empresarios colombianos mantienen un interés genuino en el mercado venezolano. Sin embargo, este interés está condicionado a mejoras concretas en el entorno de negocios. Las palabras deben traducirse en acciones verificables.

La colaboración entre sectores privados de ambos países puede acelerar la recuperación. Fedecámaras Venezuela y los gremios colombianos pueden facilitar este proceso. El diálogo constante resulta esencial para identificar oportunidades.

El papel de los gobiernos en facilitar el comercio resulta crucial. Acuerdos bilaterales claros pueden reducir barreras y generar confianza. La voluntad política debe traducirse en marcos regulatorios efectivos.

La experiencia histórica de comercio entre ambos países ofrece lecciones valiosas. Los éxitos y fracasos del pasado deben informar las decisiones actuales. Aprender de la historia puede evitar repetir errores.

El mercado venezolano actual difiere sustancialmente del de hace dos décadas. La capacidad de compra se ha reducido drásticamente. Las estrategias comerciales deben adaptarse a esta nueva realidad.

La reconstrucción de Venezuela será un proceso largo y complejo. No existen soluciones rápidas para problemas tan profundos. La paciencia y la visión de largo plazo resultan indispensables.

Las empresas que decidan ingresar al mercado venezolano necesitan estrategias cuidadosas. La evaluación de riesgos debe ser exhaustiva. Los planes de contingencia resultan esenciales ante la incertidumbre.

La diversificación de mercados sigue siendo importante para las empresas colombianas. Venezuela no debe convertirse en la única apuesta. Mantener presencia en múltiples mercados reduce riesgos.

El potencial de Venezuela como mercado permanece intacto a largo plazo. El país cuenta con recursos naturales abundantes. Su población necesita bienes y servicios que Colombia puede proveer.

La geografía favorece el comercio entre ambos países. La frontera compartida reduce costos de transporte. Esta ventaja natural puede aprovecharse cuando las condiciones mejoren.

Los lazos culturales e históricos facilitan las relaciones comerciales. Ambos países comparten idioma y muchas tradiciones. Esta afinidad cultural puede traducirse en ventajas comerciales.

El sector financiero necesita desarrollar mecanismos confiables para transacciones internacionales. Los pagos deben procesarse de manera ágil y segura. Sin esto, el comercio enfrentará obstáculos permanentes.

La banca colombiana puede jugar un papel importante en facilitar transacciones. Sin embargo, necesita garantías sobre el marco regulatorio venezolano. La claridad normativa resulta esencial para su participación.

Las empresas venezolanas también buscan oportunidades en Colombia. El flujo comercial puede ser bidireccional si se crean condiciones adecuadas. La reciprocidad fortalece las relaciones económicas.

La inversión venezolana en Colombia también merece consideración. Empresarios venezolanos han buscado refugio para sus capitales. Algunos pueden estar interesados en retornar cuando mejoren las condiciones.

El talento humano venezolano representa otro activo valioso. Profesionales y técnicos venezolanos han migrado a Colombia. Su conocimiento de

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