En Colombia, las enfermedades transmitidas por vectores representan una amenaza constante. Zancudos, pitos y el llamado “mosquito pólvora” continúan transmitiendo enfermedades. Año tras año, miles de familias resultan afectadas por estas patologías. Sin embargo, el panorama no es nuevo para el país.
El mosquito Aedes aegypti actúa como principal vector urbano del dengue. Además, este insecto transmite el Zika y el chikungunya en áreas pobladas. Por otro lado, las chinches Rhodnius prolixus y Triatoma dimidiata propagan la enfermedad de Chagas. Asimismo, los flebótomos del género Lutzomyia se relacionan con la leishmaniasis en zonas tropicales.
La fiebre amarilla presenta actualmente un patrón diferente en el territorio nacional. Los brotes registrados son de tipo selvático, asociados a zancudos de géneros específicos. Haemagogus y Sabethes son los responsables de estos casos en ambientes naturales. Afortunadamente, el ciclo urbano dominado por Ae. aegypti ha quedado atrás. Este último causó estragos en 1929, precisamente en El Socorro, Santander.
Santander conoce profundamente esta problemática por razones geográficas y climáticas específicas. La diversidad del territorio departamental favorece la proliferación de vectores. Las lluvias intermitentes crean condiciones ideales para la reproducción de estos insectos. Además, la movilidad poblacional, incluida la migración, intensifica el escenario de riesgo.
En Bucaramanga se ha comprobado la resistencia excepcional del Aedes aegypti. Este mosquito no desaparece ni durante la temporada seca del año. Por el contrario, mantiene índices poblacionales bajos durante estos períodos. Posteriormente, regresa con mayor fuerza después de las temporadas invernales.
Durante décadas, las autoridades han desplegado campañas preventivas en todo el departamento. Las fumigaciones se realizan periódicamente en zonas de alto riesgo. Los mensajes radiales buscan educar a la población sobre medidas preventivas. También se han implementado programas escolares para sensibilizar a las nuevas generaciones.
A pesar del esfuerzo institucional, los resultados no siempre perduran en el tiempo. Con el paso de los años, surgió una verdad incómoda para los responsables. El control de vectores no impacta si no transforma la dinámica humana. No basta con intervenir temporalmente; hay que promover cambios sostenibles y medibles.
El programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores en Santander ha experimentado consolidación significativa. Desde sus inicios, se ha orientado por lineamientos del Ministerio de Salud. A lo largo de los años se desarrollaron importantes acciones contra vectores. Entre ellas destacan las campañas de control del mosquito Aedes aegypti.
Las estrategias dirigidas a la eliminación de la malaria también forman parte fundamental. Igualmente, el proceso internacional de certificación contra el Chagas ha avanzado considerablemente. Específicamente, se busca interrumpir la transmisión por el vector domiciliario Rhodnius prolixus. Estos avances reflejan el esfuerzo sostenido del programa en territorio santandereano.
Actualmente, 21 municipios cuentan con certificación otorgada por la Organización Panamericana de la Salud. Esta certificación reconoce la interrupción de la transmisión vectorial del Chagas. El logro representa un hito importante en la salud pública departamental. Sin embargo, el trabajo debe continuar para mantener estos resultados.
Frente a esta realidad, en Santander se decidió cambiar la forma de actuar. La Gobernación de Santander asumió el liderazgo de esta transformación estratégica. El Programa de Enfermedades Transmisibles por Vectores de la Secretaría de Salud coordina acciones. Además, el Centro de Investigaciones en Enfermedades Tropicales de la UIS aporta conocimiento científico.
Así nació una apuesta diferente: el fortalecimiento de capacidades para el control integral. El propósito es tan simple como ambicioso a la vez. Se busca disminuir de manera real la presencia del vector en el territorio. También se pretende reducir el riesgo de transmisión mediante acciones locales autónomas.
No es una campaña más; es una estrategia integral que involucra múltiples actores. El Laboratorio de Control de Vectores participa activamente en esta iniciativa. Los funcionarios municipales reciben capacitación técnica especializada para sus territorios. Los profesionales de la salud actualizan sus conocimientos sobre manejo clínico de casos.
Los líderes comunitarios se convierten en multiplicadores de información preventiva. Las personas que trabajan diariamente en terreno son fundamentales para el éxito. El enfoque consiste en formar, capacitar y acompañar a todos estos actores. Muchas veces el problema no radica en la falta de voluntad institucional.
La falta de conocimiento y estrategia constituye el verdadero obstáculo a superar. Quien convive con el zancudo no siempre sabe identificar un criadero correctamente. Tampoco conoce las técnicas adecuadas para eliminarlo de manera efectiva. Por eso, el proyecto prioriza la formación práctica sobre conocimientos teóricos.
Los participantes aprenden a reconocer larvas y estados inmaduros de los vectores. También identifican puntos críticos en viviendas, patios y zonas comunes del territorio. En las jornadas de campo, técnicos y líderes locales comparten experiencias valiosas. Aprenden a partir de ejemplos reales encontrados en las comunidades visitadas.
Comprenden que el control del vector es una tarea que se construye diariamente. La meta es que cada participante se convierta en un agente multiplicador. Deben ser capaces de enseñar, actuar y orientar a su comunidad. Este efecto multiplicador amplifica el impacto de las intervenciones institucionales.
Adicionalmente, el trabajo en redes sociales se plantea como estrategia de difusión. Instagram, TikTok y Facebook son plataformas utilizadas para alcanzar diferentes audiencias. Se difunden mensajes sencillos pero prácticos para la población en general. El objetivo es motivar a las personas a convertirse en copartícipes activos.
Las acciones orientadas a la disminución de las ETV requieren participación ciudadana. El proyecto también impulsa la transferencia de tecnología desde la universidad. Desde el CINTROP–UIS se han desarrollado tecnologías propias para el contexto local. Entre ellas destacan trampas de uso doméstico para capturar vectores.
Estas trampas permiten eliminar Aedes aegypti y flebótomos en espacios residenciales. También se diseñan repelentes naturales basados en compuestos de origen biológico. Estas alternativas reducen la dependencia de productos químicos sintéticos potencialmente dañinos. Además, se desarrollan herramientas sencillas de vigilancia para monitoreo técnico.
Estas herramientas facilitan el seguimiento sin depender de grandes recursos económicos. Son soluciones nacidas en Santander, diseñadas para condiciones reales del territorio. Se adaptan a las características de las viviendas y climas locales. Sin embargo, la innovación no se detiene en estos desarrollos regionales.
En el mundo, la ciencia del control vectorial avanza con pasos firmes. Una de las estrategias más prometedoras es la bacteria Wolbachia. En varios países ha logrado reducir la transmisión del virus del dengue. Esta bacteria interfiere en la replicación viral dentro del mosquito vector.
Aunque el CINTROP no trabaja actualmente con esta tecnología específica, la considera relevante. Colombia, como país, debe prepararse para evaluarla en el futuro cercano. La evidencia internacional sugiere que podría ser una herramienta viable y complementaria. Se sumaría a las acciones convencionales ya implementadas en el territorio.
También se observa con interés el desarrollo de sistemas de edición genética. Estas tecnologías se basan en la herramienta molecular conocida como CRISPR. Permiten modificar y editar la herencia de los mosquitos con propósitos específicos. El objetivo principal es controlar las poblaciones de vectores de manera sostenible.
Entre estas tecnologías destaca la técnica de insecto estéril guiada por precisión. Esta técnica, conocida como pgSIT, permite liberar machos estériles en el ambiente. No recurre a insecticidas químicos para lograr el control poblacional deseado. Aunque estas estrategias se encuentran aún en fases de evaluación bioética, son prometedoras.
También requieren aprobación regulatoria antes de su implementación a gran escala. Sin embargo, abren un nuevo horizonte donde convergen múltiples disciplinas científicas. La biología molecular, la ecología y la salud pública se integran. Juntas desarrollan soluciones innovadoras en el control de vectores transmisores de enfermedades.
Uno de los aprendizajes más profundos de este proceso es crucial. La comunidad no puede seguir siendo espectadora pasiva de las intervenciones. Debe convertirse en protagonista del cambio para lograr resultados duraderos. En Santander, se están realizando esfuerzos para sumar estratégicamente a diversos actores.
Las juntas de acción comunal participan activamente en las estrategias de prevención. Los grupos juveniles aportan energía y creatividad a las campañas educativas. Las asociaciones rurales adaptan las recomendaciones a sus contextos específicos. Los comités ambientales escolares involucran a estudiantes y docentes en acciones concretas.
Los administradores de condominios residenciales implementan protocolos de limpieza y mantenimiento. Los establecimientos comerciales también participan en la eliminación de criaderos potenciales. El personal de mantenimiento de empresas recibe formación técnica especializada. Todos ellos están siendo entrenados y empoderados para actuar con conocimiento.
Con el apoyo de sus supervisores, integran estas acciones en sus labores diarias. La prevención deja de ser una respuesta temporal ante brotes de enfermedad. Se convierte en una rutina constante dentro de las actividades cotidianas. En la lucha contra los vectores, cada tanque tapado suma al esfuerzo colectivo.
Cada recipiente vaciado reduce las posibilidades de reproducción de los mosquitos. Cada patio limpio elimina potenciales criaderos de vectores transmisores de enfermedades. Pero lo más importante es el cambio de conciencia en la población. Ver al vector como un enemigo común y no como problema ajeno.
En muchos lugares del país, el zancudo vuelve por falta de vigilancia. Nadie lo busca donde realmente se reproduce y prolifera. Por eso, enseñar a identificar focos invisibles resulta fundamental para el control. Los tanques de reserva de agua suelen ser criaderos inadvertidos por las familias.
Los bebederos para animales también acumulan agua estancada propicia para larvas. Las materas con platos recolectores de agua representan otro punto crítico frecuente. Los canales de desagüe obstruidos y las tapas de botellas acumulan agua. Estos elementos pueden ser más efectivos que cualquier insecticida aplicado periódicamente.
El control de vectores se realiza en todo el país con diferentes resultados. Lo que marca la diferencia no es la cantidad de intervenciones realizadas. La integración entre instituciones, ciencia y ciudadanía determina el éxito real. En Santander, esa unión comienza a consolidarse con resultados medibles y sostenibles.
La Unidad de Entomología del Laboratorio de Salud Pública juega un papel central. Se ha convertido en espacio de encuentro entre el conocimiento técnico especializado. La experiencia comunitaria aporta perspectivas prácticas sobre la realidad territorial. La investigación científica proporciona evidencia para la toma de decisiones informadas.
Desde allí se impulsa una vigilancia activa con datos reales sobre densidad vectorial. Se evalúa la eficacia de las acciones implementadas en diferentes municipios. Se identifican las zonas críticas de riesgo que requieren intervención prioritaria. Además, una estrategia de comunicación de medios busca convertir a cada ciudadano.
Cada persona puede convertirse en un divulgador activo de medidas preventivas. Porque el control no empieza en los laboratorios de investigación científica. Comienza en los hogares, donde se reproducen la mayoría de los vectores. Cada persona que entiende el ciclo de vida del mosquito multiplica el impacto.
Quien sabe detectar un criadero puede prevenir la proliferación de vectores. Quien enseña a otro cómo prevenirlo amplifica el trabajo institucional realizado. Además de las acciones comunitarias y de control vectorial, se fortalece otro aspecto. En Santander se está mejorando decididamente la capacidad del personal de salud.
Los profesionales que atienden diariamente las enfermedades transmitidas por vectores requieren actualización. Médicos, enfermeros y equipos asistenciales de distintos municipios participan en capacitaciones. Estos procesos de formación se orientan a mejorar la atención de pacientes. El dengue y otras ETV requieren manejo clínico adecuado y oportuno.
Estas jornadas de formación se complementan con la revisión de protocolos actualizados. El objetivo es cerrar brechas en el conocimiento clínico sobre estas enfermedades. Proteger vidas requiere no solo prevenir la transmisión sino también tratar adecuadamente. La atención clínica con propósito salva vidas cuando la prevención no fue suficiente.