El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, afirmó el jueves que los primeros seis meses de su gestión “han sido muy duros”. El mandatario constató “la cloaca” que dejaron las administraciones anteriores en el Estado. Durante dos décadas, el Movimiento al Socialismo (MAS) gobernó el país andino.
Paz cumplirá medio año en el cargo el próximo 8 de mayo. Además, el contexto político está marcado por protestas de sectores sindicalistas y campesinos. Por ello, el jefe de Estado enfrenta desafíos considerables desde su llegada al poder.
“Estos seis meses han sido muy duros en función de ver la realidad de lo que dije en algún momento, la cloaca que nos dejaron”, sostuvo Paz. Asimismo, el mandatario destacó la importancia del esfuerzo conjunto de múltiples actores. Entre ellos mencionó a la ciudadanía, representantes parlamentarios y fuerzas políticas.
También incluyó a las organizaciones sociales en su llamado a la colaboración. De igual manera, destacó el papel de organismos multilaterales y países aliados. Según Paz, todos estos sectores son necesarios para que Bolivia salga adelante.
El presidente remarcó la necesidad de establecer “alianzas” y “acuerdos” entre diferentes sectores. Sin embargo, advirtió que sin ese esfuerzo será “extremadamente difícil” superar la crisis económica. Posteriormente, el mandatario alertó sobre la existencia de grupos que buscan “frenar” las transformaciones.
Estos grupos, según Paz, pretenden “retornar” al pasado del país. En consecuencia, el presidente expresó su preocupación por las implicaciones de tal retroceso. “Si retornamos a ese pasado, va a significar de tres a cuatro años de atraso en las transformaciones en nuestra economía. No estamos para aguantar tres o cuatro años en el retraso de las reformas que tarde o temprano se tienen que hacer (…) Nosotros las estamos encarando”, aseguró.
Por otra parte, Paz reiteró que 2026 será un año para “ordenar la casa”. Posteriormente, expresó su confianza en que el próximo año será de crecimiento. Este optimismo se basa en el “esfuerzo y sacrificio” realizados actualmente en el país.
El mandatario mencionó entre los momentos “difíciles” de sus primeros meses los problemas con YPFB. La estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos enfrenta cuestionamientos sobre su gestión. Además, señaló problemas con la calidad de los combustibles vendidos en el mercado interno.
No obstante, Paz aseguró que ya se está “triunfando sobre casos” como estos. Sobre YPFB, el presidente sostuvo que los bolivianos pagaron “un alto precio”. Este costo se debió al accionar de una empresa que “era supuestamente el orgullo del país”.
Sin embargo, en realidad era “un antro de corrupción”, según las palabras del mandatario. Paz atribuyó esta situación a las gestiones de Evo Morales entre 2006 y 2019. También responsabilizó a la administración de Luis Arce, que gobernó de 2020 a 2025.
El mandatario respondió el domingo pasado a los comentarios de Morales sobre la crisis de combustibles. El expresidente también había mencionado la supuesta intención de privatizar la petrolera estatal. A través de una publicación en X, Paz afirmó que Morales “no tiene autoridad moral”.
Esta descalificación se refiere específicamente a comentarios sobre la compañía petrolera. Según el actual mandatario, YPFB fue “quebrada” junto a Arce durante las gestiones anteriores. “Cuando entraste, YPFB era la empresa con más recursos, con reservas petrolíferas y gasíferas del país. Durante 20 años, tú y tu ministro Arce de Economía no hicieron más que usarla para intereses políticos, gastar el gas y no asegurar el futuro de la patria”, escribió Paz en un mensaje.
El presidente también responsabilizó a Morales por haber dejado al país “sin gas y sin futuro hidrocarburífico”. Esto ocurrió a pesar de la nacionalización de los recursos en 2006. “La soberanía energética que nos prometieron hoy es un fracaso porque la negociaste y la vendiste”, apuntó.
Paz defendió su gestión ante las críticas del expresidente. Posteriormente, subrayó que “no pueden pretender que resolvamos en meses lo que destruyeron con corrupción en 20 años”. Asimismo, el mandatario descartó los rumores sobre una eventual privatización de YPFB.
“Nadie va a privatizar YPFB, la haremos eficiente”, afirmó categóricamente el presidente. Previamente, Morales había señalado en un programa radial la existencia de una campaña de desprestigio. El expresidente alegó que esta campaña tenía la supuesta intención de privatizar la compañía.
“De manera intencionada, están haciendo campaña de la mala imagen. Dicen ‘YPFB ya no sirve, entonces hay que privatizar'”, sostuvo Morales en sus declaraciones radiales. Estas acusaciones fueron rechazadas frontalmente por el gobierno actual.
El mandatario actual abordó el análisis de gestión durante un evento especial. La ocasión fue la presentación de una plataforma para denunciar la burocracia estatal. Al acto asistieron personalidades internacionales de relevancia en materia económica y administrativa.
Entre los invitados se encontraba el ministro argentino de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. También participó Jordan Schwartz, vicepresidente ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La presencia de estos funcionarios subraya la búsqueda de apoyo internacional del gobierno boliviano.
El Gobierno enfrenta en los últimos días una serie de conflictos importantes. Los reclamos salariales de sectores obreros generan tensión en el panorama político. Además, existen demandas territoriales de sectores campesinos que complican la situación.
Por otro lado, los transportistas amenazan con huelga ante el problema de los combustibles. También presentan otras demandas sectoriales que requieren atención gubernamental. Estas múltiples presiones configuran un escenario complejo para la administración de Paz.
La crisis económica boliviana tiene raíces profundas en las gestiones anteriores. Durante años, el Movimiento al Socialismo controló el aparato estatal. Ahora, el nuevo gobierno enfrenta las consecuencias de esas políticas.
Las reformas que propone Paz encuentran resistencia en diversos sectores. Algunos grupos temen perder privilegios adquiridos durante las administraciones del MAS. En contraste, otros apoyan las transformaciones prometidas por el actual mandatario.
La disputa entre Paz y Morales refleja tensiones políticas más amplias. El expresidente mantiene influencia en sectores sociales y sindicales del país. Mientras tanto, el gobierno actual busca consolidar su autoridad y legitimidad.
La situación de YPFB simboliza los desafíos que enfrenta Bolivia. Una empresa que alguna vez fue considerada estratégica ahora enfrenta cuestionamientos. Las acusaciones de corrupción y mala gestión requieren respuestas concretas del gobierno.
La estrategia de Paz combina confrontación con sus predecesores y búsqueda de alianzas. Por un lado, critica duramente las gestiones anteriores del MAS. Por otro, llama a la unidad nacional para superar la crisis.
El llamado a organismos multilaterales y países aliados indica la dimensión internacional de la crisis. Bolivia necesita apoyo externo para implementar sus reformas económicas. La presencia de funcionarios del BID en eventos gubernamentales refuerza esta estrategia.
Los próximos meses serán cruciales para la administración de Paz. El gobierno debe demostrar avances concretos en sus promesas de transformación. Al mismo tiempo, debe gestionar las protestas y demandas de diversos sectores.
La narrativa de “ordenar la casa” busca generar paciencia en la población. Paz solicita tiempo para revertir lo que considera décadas de mala gestión. Sin embargo, las presiones sociales y económicas no dan tregua al mandatario.
La confrontación con Morales también tiene implicaciones para el futuro político boliviano. El expresidente mantiene aspiraciones de retornar al poder en futuras elecciones. Mientras tanto, Paz busca deslegitimar el legado del MAS ante la opinión pública.
Las acusaciones cruzadas sobre YPFB revelan la centralidad de los recursos naturales. El gas y el petróleo han sido históricamente fuentes de debate político en Bolivia. La gestión de estos recursos define en gran medida el éxito o fracaso gubernamental.