La rentabilidad del sistema bancario colombiano comenzó a recuperarse en 2025 tras dos años de deterioro. Sin embargo, detrás de esta mejora existe una señal de alerta. Buena parte del repunte responde a factores cíclicos. No se trata de un fortalecimiento estructural del negocio.
Asobancaria presentó un análisis sobre esta situación. El ROA y el ROE mejoraron frente a 2023 y 2024. Estos son los dos principales indicadores para medir la rentabilidad bancaria. Aun así, permanecen lejos de los niveles registrados en años anteriores.
La historia de la última década muestra una realidad clara. La banca ha estado sometida a fuertes movimientos asociados al ciclo económico. Entre 2016 y 2019 los indicadores mantuvieron un comportamiento relativamente estable. Luego, la pandemia provocó un desplome en 2020. Este desplome ocurrió principalmente por el aumento de las provisiones. Las entidades anticiparon el deterioro esperado de la cartera.
La recuperación económica permitió que la rentabilidad subiera con fuerza. Esto ocurrió en 2021 y 2022. No obstante, volvió a caer durante el ciclo de tasas de interés altas. Dicha caída se registró en 2023 y 2024.
El comportamiento de 2025 confirma la importancia del ciclo crediticio. La reducción del costo de riesgo permitió mejoras significativas. Además, la mejora de la calidad de la cartera jugó un papel fundamental. Gracias a esto, los bancos redujeron el gasto en provisiones. Así recuperaron parte de las utilidades perdidas.
En septiembre de 2025, el menor gasto en provisiones aportó 0,44 puntos porcentuales. Esta cifra contribuyó a la recuperación del ROA. El dato es significativo por una razón específica. Muestra que el principal impulso no provino de un aumento de los ingresos. Más bien, surgió de una menor presión por pérdidas crediticias.
Asobancaria señala que esta diferencia es fundamental para leer los resultados. Cuando la calidad de los deudores mejora, ocurre un fenómeno particular. Las entidades liberan provisiones constituidas por períodos de mayor riesgo. Esto eleva las utilidades de manera automática.
Pero ese fenómeno no necesariamente significa algo más profundo. No implica que el negocio bancario sea ahora más productivo. Tampoco indica que sus ingresos estructurales hayan aumentado. Por eso, el gremio dice algo importante. La recuperación de 2025 debe entenderse principalmente como una normalización. Representa un ajuste después del deterioro de años anteriores.
El problema aparece cuando se amplía la mirada hacia el largo plazo. El ROA pasó de niveles cercanos al 2,1% en 2016. Para 2025, se ubicó alrededor del 1,3%. Esta caída es considerable y merece atención.
El filtro de Hodrick-Prescott utilizado en el estudio permite separar elementos clave. Distingue los movimientos transitorios de la tendencia. Los resultados confirman algo preocupante. Mientras el componente cíclico se recuperó, la tendencia estructural continúa descendiendo.
La principal explicación de este deterioro de largo plazo está identificada. Se encuentra en el margen neto de intereses. Este continúa siendo la principal fuente de ingresos de la banca colombiana. El margen corresponde a la diferencia entre los intereses que los bancos reciben. Por un lado están los créditos y las inversiones. Por otro, los intereses que pagan por depósitos y otras fuentes de financiación.
Su reducción ha ejercido una presión persistente sobre el ROA. Además, constituye el principal desafío para la rentabilidad futura del sector. Asobancaria identificó uno de los factores detrás de esta situación. Se trata de la transmisión asimétrica de las tasas de interés.
Cuando las tasas bajan, ocurre un fenómeno particular. Las que cobran los bancos por créditos pueden reducirse más rápido. Esto contrasta con las tasas pasivas que pagan por captar recursos. El resultado es un estrechamiento del margen de intermediación.
En otras palabras, los bancos enfrentan mayores dificultades. Les cuesta conservar el diferencial entre el costo de captar dinero. También les afecta el precio al que lo colocan.
A este fenómeno se suma el encarecimiento del fondeo. Durante períodos de tasas elevadas, las entidades deben competir por los depósitos. Lo hacen frente a instrumentos financieros que ofrecen mayores rendimientos. Al mismo tiempo, enfrentan exigencias regulatorias de liquidez y fondeo estable.
Esto eleva el costo de obtener recursos. Finalmente, termina presionando las utilidades. También adquiere relevancia el riesgo de tasa de interés del libro bancario. Este puede afectar los márgenes cuando los movimientos de las tasas generan descalces. Dichos descalces ocurren entre activos y pasivos.
Los límites a las tasas de interés restringen la capacidad de las entidades. Entre ellos está la tasa de usura. Limitan la posibilidad de ajustar el precio de los créditos. Las entidades no pueden hacerlo de acuerdo con el riesgo de cada cliente. Tampoco según el costo de su financiación.
A ello se agrega la carga tributaria y regulatoria. Incluye gravámenes sobre el patrimonio. Estos reducen las utilidades y pueden limitar la capacidad de los bancos. Les dificulta acumular capital y fortalecer sus colchones. Estos colchones son necesarios frente a eventuales períodos de estrés financiero. Así lo explicó Asobancaria.
El deterioro de la rentabilidad tampoco puede atribuirse principalmente a un factor específico. No se debe a un cambio significativo en la composición de la cartera. La estructura por modalidades se ha mantenido relativamente estable. Esto refuerza una conclusión importante.
El problema está relacionado más con la capacidad de generar ingresos. También con el costo de la intermediación. No se trata de una transformación profunda del portafolio crediticio.
El reto consiste en encontrar nuevas fuentes de eficiencia y rentabilidad. Pero esto debe hacerse sin comprometer la calidad de los activos. Tampoco puede afectar la estabilidad financiera. Asobancaria señaló que Colombia necesita recuperar un crecimiento sostenible del crédito. Además, debe avanzar hacia una mayor profundización financiera.
El potencial de profundización cercano al 65% indica algo positivo. Hay espacio para ampliar la intermediación. También para llevar servicios financieros a hogares y empresas. Esta es una oportunidad que el sector debe aprovechar.
La mejora de la calidad de la cartera en 2025 ofreció un respiro. Sin embargo, no resuelve los desafíos estructurales que enfrenta el sistema bancario. La presión sobre el margen neto de intereses continúa. El encarecimiento del fondeo persiste como problema.
Las restricciones regulatorias y tributarias siguen presentes. Limitan la capacidad de maniobra de las entidades financieras. Por tanto, la recuperación cíclica no debe confundirse con una solución definitiva.
Los bancos colombianos necesitan estrategias de largo plazo. Deben enfocarse en mejorar la eficiencia operativa. También en diversificar sus fuentes de ingresos. La innovación tecnológica puede jugar un papel importante. Permite reducir costos y mejorar la experiencia del cliente.
La expansión hacia segmentos desatendidos representa otra oportunidad. Muchos hogares y empresas aún carecen de acceso adecuado a servicios financieros. Ampliar la cobertura puede generar nuevos ingresos. Al mismo tiempo, contribuye al desarrollo económico del país.
El entorno macroeconómico también será determinante. La estabilidad de las tasas de interés facilita la planeación. Un crecimiento económico sostenido impulsa la demanda de crédito. La inflación controlada protege el poder adquisitivo de los deudores.
Las políticas públicas pueden apoyar u obstaculizar estos objetivos. Regulaciones excesivas encarecen la operación. Impuestos elevados reducen la rentabilidad. Por otro lado, un marco regulatorio bien diseñado promueve la competencia. También protege a los consumidores sin asfixiar al sector.
La transparencia en la información es fundamental. Permite a los clientes tomar decisiones informadas. También facilita la supervisión por parte de las autoridades. Los bancos deben mantener estándares elevados de gobierno corporativo. Esto genera confianza y estabilidad en el sistema.
La gestión de riesgos cobra mayor importancia en tiempos de incertidumbre. Las entidades deben anticipar posibles escenarios adversos. Contar con provisiones adecuadas es esencial. Pero no suficiente para garantizar la sostenibilidad del negocio.
La capitalización adecuada actúa como colchón frente a choques inesperados. Los bancos bien capitalizados pueden enfrentar crisis con mayor resiliencia. Por eso, acumular capital en tiempos buenos es una estrategia prudente. Prepara al sistema para períodos difíciles.
La competencia en el sector financiero ha aumentado. Nuevos actores digitales ofrecen servicios innovadores. Las fintech desafían el modelo tradicional de los bancos. Esto presiona los márgenes pero también impulsa la innovación.
Los bancos tradicionales deben adaptarse a esta nueva realidad. La transformación digital no es opcional. Es una necesidad para mantenerse relevantes. Aquellos que logren integrar tecnología y servicio personalizado tendrán ventaja competitiva.
La educación financiera de la población también importa. Clientes más informados toman mejores decisiones. Esto reduce el riesgo de sobreendeudamiento. También promueve el uso responsable del crédito.
El sector bancario colombiano enfrenta un momento de transición. La recuperación cíclica de 2025 ofrece un respiro temporal. Pero los desafíos estructurales persisten y requieren atención urgente. El margen neto de intereses continuará bajo presión. El costo del fondeo seguirá siendo un reto importante.
Las entidades financieras deben buscar eficiencias operativas. También diversificar sus fuentes de ingreso. La expansión hacia nuevos segmentos ofrece oportunidades. La innovación tecnológica puede reducir costos significativamente.
El entorno regulatorio y tributario necesita revisión. Debe equilibrar la protección del consumidor con la viabilidad del sector. Políticas públicas bien diseñadas pueden facilitar el crecimiento sostenible. Al mismo tiempo, deben mantener la estabilidad financiera.
La colaboración entre el sector público y privado es esencial. Juntos pueden diseñar soluciones que beneficien a todos. Un sistema bancario saludable es fundamental para el desarrollo económico. Facilita la inversión y el consumo. También promueve la inclusión financiera.
Los próximos años serán decisivos para el sector bancario colombiano. Las decisiones que se tomen hoy determinarán su capacidad futura. La rentabilidad sostenible requiere más que ajustes cíclicos. Necesita transformaciones estructurales profundas.
Los bancos que logren adaptarse prosperarán. Aquellos que se aferren a modelos obsoletos enfrentarán dificultades crecientes. La transformación no será fácil ni rápida. Pero es el único camino viable hacia la sostenibilidad.