Los resultados de las Pruebas Saber 11° 2025 revelaron datos preocupantes sobre la educación colombiana. El puntaje global promedio aumentó apenas 1,5 puntos respecto a 2024. Alcanzó 257,6 puntos en total. Sin embargo, este incremento no refleja mejoras reales en el aprendizaje.
El examen evaluó competencias en matemáticas, lectura crítica, ciencias naturales, sociales y ciudadanas e inglés. Un total de 547.173 estudiantes presentaron la prueba. Provenían de instituciones educativas públicas y privadas del país.
La Fundación Empresarios por la Educación analizó los datos junto al Observatorio de Gestión Educativa. Encontraron que 10.206 estudiantes menos presentaron la prueba frente a 2024. Además, el país no ha recuperado los niveles previos a la pandemia. Hay 11.000 estudiantes menos que en 2019.
Entre 2019 y 2020, el número de evaluados cayó en más de 50.000 estudiantes. Esta brecha persiste seis años después. La Fundación señaló que “estas variaciones no representan un cambio sustantivo en los aprendizajes”. Esta afirmación pone en duda la narrativa de mejora.
El análisis por áreas mostró incrementos mínimos en la mayoría de las asignaturas. La lectura crítica, matemáticas y ciencias naturales registraron incrementos de apenas 0,5 puntos cada una. Por su parte, inglés subió un punto. La única área que mostró retroceso fue sociales y ciudadanas. Cayó 0,4 puntos.
Estos movimientos contrastan con el incremento de 2,1 puntos registrado entre 2023 y 2024. Esto refuerza la percepción de que el sistema educativo colombiano enfrenta un techo de cristal. Al menos así lo señala la Fundación respecto a la calidad educativa.
La composición de los estudiantes que presentaron la prueba cambió significativamente. Los niveles socioeconómicos más bajos, clasificados como NSE 1 y 2, perdieron cerca de 15.000 estudiantes. En contraste, los NSE 3 y 4 sumaron aproximadamente 14.000 evaluados adicionales.
Esta disminución en la participación de estudiantes de estratos bajos genera preocupación entre los expertos. Podría indicar deserción escolar o exclusión del sistema educativo. También podría reflejar barreras económicas para presentar el examen.
La brecha entre el nivel socioeconómico más alto y el más bajo alcanzó los 77 puntos en 2025. Los estudiantes del NSE 4 obtuvieron un promedio de 308 puntos. En contraste, los del NSE 1 alcanzaron apenas 231 puntos. Esta diferencia evidencia la desigualdad educativa del país.
La brecha entre colegios oficiales y no oficiales aumentó dos puntos. Alcanzó 31 puntos de diferencia en 2025. Los estudiantes de instituciones privadas obtuvieron un promedio de 281 puntos. Mientras tanto, sus pares en colegios públicos alcanzaron 250 puntos.
La diferencia entre zona urbana y rural tuvo la misma tendencia. Creció un punto frente a 2024, alcanzando 26 puntos de diferencia. Los estudiantes de colegios urbanos obtuvieron 262 puntos en promedio. Por otro lado, los de instituciones rurales alcanzaron 236 puntos.
La brecha de género se mantuvo estable en nueve puntos. Los hombres obtuvieron mejores resultados que las mujeres. Esta diferencia persiste año tras año sin cambios significativos.
Uno de los hallazgos más preocupantes del análisis es la distribución de estudiantes en los niveles de desempeño. La proporción se mantiene prácticamente igual desde 2022. En ciencias naturales y sociales y ciudadanas, casi el 70% de los estudiantes se ubican en los niveles más bajos. Estos corresponden a los niveles 1 y 2 según la escala del Icfes.
En inglés, el 70% de los estudiantes no puede comprender textos sobre temas generales y específicos. Tampoco pueden inferir el significado de palabras desconocidas a partir de un contexto dado. Ni identificar puntos de vista como sentimientos, deseos e intenciones. Solo el 4% de los evaluados alcanzó el nivel B+, el más alto de la escala.
En matemáticas y lectura crítica cerca del 50% de los evaluados se ubican en el nivel 3 de desempeño. Sin embargo, esta cifra podría parecer positiva a primera vista. En realidad revela que la mitad de los estudiantes no han desarrollado competencias en las áreas fundamentales del conocimiento. Así lo señalan los expertos consultados.
Uribia, en La Guajira, registró el peor desempeño con 192 puntos. Le siguió Chocó con 200 puntos. Tumaco obtuvo 208 puntos. En el otro extremo, Envigado alcanzó 293 puntos. Floridablanca obtuvo 289 puntos. Chía también alcanzó 289 puntos.
La brecha entre el territorio mejor y peor evaluado supera los 100 puntos. Esta diferencia abismal refleja las profundas desigualdades regionales del país. También evidencia la falta de inversión en zonas apartadas.
Por regiones, la zona central del país lideró los resultados con 271 puntos en promedio. Fue impulsada por Bogotá, Santander, Boyacá, Quindío y Cundinamarca. En contraste, la región Amazonía obtuvo el desempeño más bajo con 242 puntos promedio.
La región Caribe promedió 245 puntos en el examen. Mientras tanto, el Eje Cafetero alcanzó 254 puntos. Estas diferencias regionales persisten año tras año.
El puntaje global promedio de colegios públicos que más mejoró entre 2024 y 2025 corresponde a entidades territoriales certificadas. Estas tienen presencia importante de iniciativas y programas del sector privado. Lorica lideró con un aumento de 12 puntos. Le siguió Girón con 9,7 puntos. Montería registró un incremento de 7,1 puntos.
Estos territorios cuentan con entre siete y 23 iniciativas privadas operando en sus sistemas educativos. Esto sugiere que la inversión privada podría estar generando impacto positivo. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la responsabilidad del Estado.
La Fundación Empresarios por la Educación señaló que “continúa analizando a mayor profundidad los resultados de las pruebas Saber 11 – 2025”. El objetivo es generar reflexiones que aporten a la construcción de mejores políticas. Buscan que, en conjunto con el fomento del liderazgo educativo y la visibilización de los aportes del sector privado, permitan a Colombia dar un salto en educación de calidad.
Los expertos coinciden en que los resultados muestran un estancamiento preocupante del sistema educativo colombiano. Las brechas socioeconómicas, regionales y entre lo público y privado continúan ampliándose. Además, la deserción de 15.000 estudiantes de estratos bajos representa una señal de alarma.
La pandemia dejó heridas profundas en el sistema educativo que aún no se han cerrado. Seis años después, el país no logra recuperar los niveles de participación previos. Esto sugiere que miles de jóvenes han quedado fuera del sistema.
El estancamiento en los niveles de desempeño más bajos es particularmente preocupante. Casi el 70% de los estudiantes no desarrollan competencias básicas en ciencias y sociales. En inglés, la situación es igualmente crítica con apenas un 4% alcanzando el nivel más alto.
Las diferencias territoriales evidencian un país fragmentado en términos educativos. Mientras Envigado alcanza 293 puntos, Uribia apenas llega a 192. Esta brecha de más de 100 puntos refleja realidades educativas completamente diferentes.
La inversión privada parece generar resultados en algunos territorios. Lorica, Girón y Montería mostraron mejoras significativas. Sin embargo, esto plantea preguntas sobre la equidad del sistema. No todos los municipios tienen acceso a estas iniciativas privadas.
La situación en las zonas rurales continúa siendo crítica. La brecha de 26 puntos con las zonas urbanas refleja abandono estatal. También evidencia las dificultades de acceso a recursos educativos de calidad.
El incremento de la brecha entre colegios oficiales y no oficiales es especialmente preocupante. Pasó de 29 a 31 puntos en un solo año. Esto indica que la educación privada avanza mientras la pública se estanca.
La pérdida de 15.000 estudiantes de estratos bajos entre quienes presentan el examen requiere investigación urgente. Podría tratarse de deserción escolar, migración o barreras económicas. Cualquiera sea la causa, representa una exclusión inaceptable.
Los resultados en matemáticas y lectura crítica, con el 50% en nivel 3, muestran deficiencias graves. Estas son áreas fundamentales para el desarrollo académico y profesional futuro. La mitad de los estudiantes no alcanza competencias básicas en estas materias.
La región Amazonía, con el peor desempeño promedio, refleja el abandono histórico de estas zonas. Con 242 puntos promedio, está casi 30 puntos por debajo de la zona central. Esta diferencia representa años de rezago educativo.
La estabilidad de la brecha de género en nueve puntos sugiere que no hay políticas efectivas para cerrarla. Las mujeres continúan obteniendo resultados inferiores a los hombres. Esto requiere intervenciones específicas y focalizadas.
El hecho de que la proporción de estudiantes en niveles bajos se mantenga igual desde 2022 es alarmante. Indica que las políticas educativas actuales no están generando impacto. El sistema parece estar paralizado sin capacidad de mejora.
La brecha socioeconómica de 77 puntos entre NSE 1 y NSE 4 es la más amplia de todas. Evidencia que el origen socioeconómico determina casi completamente el desempeño académico. Esto contradice el principio de igualdad de oportunidades.
Los 10.206 estudiantes menos que presentaron la prueba en 2025 frente a 2024 representan una tendencia preocupante. Sumados a los 11.000 menos respecto a 2019, muestran una pérdida acumulada significativa. El sistema educativo está perdiendo estudiantes de manera sostenida.
La región Caribe, con 245 puntos promedio, también muestra resultados por debajo del promedio nacional. Esto refleja desafíos particulares de esta zona del país. Requiere atención y recursos específicos para mejorar.
El Eje Cafetero, con 254 puntos, se ubica cerca del promedio nacional. Sin embargo, aún está lejos de los resultados de la zona central. Esto indica que incluso regiones tradicionalmente mejor posicionadas enfrentan retos.
La presencia de iniciativas privadas en Lorica, Girón y Montería parece correlacionarse con mejoras. Sin embargo, esto plantea interrogantes sobre la sostenibilidad. También sobre la posibilidad de replicar este modelo en todo el país.
El incremento de apenas 1,5 puntos en el promedio global es estadísticamente insignificante. No representa una mejora real en la calidad educativa. Los expertos advierten que podría tratarse simplemente de variaciones normales.
La caída de 0,4 puntos en sociales y ciudadanas es particularmente preocupante. Esta área es fundamental para la formación democrática y cívica. Su deterioro tiene implicaciones para la sociedad en su conjunto.
Los incrementos de 0,5 puntos en lectura crítica, matemáticas y ciencias naturales son mínimos. No representan cambios sustantivos en el aprendizaje. Están dentro del margen de error estadístico.
El aumento de un punto en inglés tampoco es significativo. Especialmente considerando que el 70% de los estudiantes no alcanza competencias básicas. El país sigue rezagado en esta área crucial para la competitividad.
La comparación con el incremento de 2,1 puntos entre 2023 y 2024 muestra una desaceleración. El ritmo de mejora, que ya era lento, se ha reducido aún más. Esto sugiere que el sistema enfrenta límites estructurales.
La Fundación Empresarios por la Educación ha sido enfática en señalar que no hay mejoras sustantivas. Sus análisis desmienten cualquier narrativa optimista sobre los resultados. La realidad es que el sistema educativo está estancado.
Los datos revelan un panorama complejo y preocupante sobre la educación colombiana. Las brechas se amplían, la participación disminuye y la calidad se estanca. Se requieren políticas urgentes y efectivas para revertir esta situación.
La exclusión de 15.000 estudiantes de estratos bajos del examen es quizás el dato más alarmante. Representa la materialización de la desigualdad en su forma más cruda. Estos jóvenes quedan fuera del sistema sin oportunidades de avanzar.