La crisis alimentaria en Gaza alcanza niveles sin precedentes
En medio de un sistema de distribución de ayuda humanitaria caótico y violento, los habitantes de Gaza enfrentan una dramática escalada en los precios de los alimentos básicos. Esta situación se ha agravado desde que Israel modificó el sistema de distribución en mayo.
Los mercados locales, que representan una de las pocas alternativas para obtener alimentos, muestran un panorama desolador. El azúcar, que antes costaba menos de un dólar por kilogramo, ahora alcanza los 106 dólares. La harina se ha disparado de 42 centavos a 12 dólares por kilogramo. Los tomates, anteriormente a 59 centavos, hoy cuestan 30 dólares por kilogramo.
“Los precios son una locura, una locura total”, expresa Mohammad Fares, un joven de 24 años que ha perdido más de 23 kilos desde el inicio del conflicto. Como muchos otros residentes, Fares y su familia viven con parientes tras la destrucción de su hogar.
La volatilidad en el suministro genera fluctuaciones extremas en los precios. Por ejemplo, un saco de harina de 25 kilogramos llegó a costar 891 dólares el 20 de julio, para luego bajar a 223 dólares y volver a subir a 334 dólares en cuestión de días.
Los productos no alimentarios también sufren aumentos desproporcionados. Una simple pastilla de jabón pasó de 59 centavos a 10 dólares. Los pañales, que antes costaban 8,61 dólares por paquete de 40 unidades, ahora cuestan 149 dólares.
La escasez de efectivo agrava la situación. Con los bancos y cajeros automáticos destruidos o cerrados, los palestinos deben recurrir al mercado negro, donde enfrentan comisiones cercanas al 50% para obtener shekels israelíes.
Ayed Abu Ramadan, presidente de la Cámara de Comercio de la Gobernación de Gaza, señala que las variaciones de precios están directamente relacionadas con las restricciones a la entrada de bienes. Durante un alto el fuego, los precios bajaron significativamente cuando miles de camiones pudieron ingresar al territorio.
“No sólo nos enfrentamos a una guerra en términos de bombas, sino también a una guerra en términos de precios, hambre y sed”, afirma Abu Ramadan, quien supervisa el comité de emergencia de las cámaras de comercio locales.
Arif Husain, economista jefe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, destaca lo extraordinario de la situación: “¿He visto algo así en otro lugar? Para nada”. Según explica, cuando los precios alcanzan niveles tan elevados, se vuelven prácticamente irrelevantes y la población solo puede concentrarse en obtener cantidades mínimas de productos esenciales.
La distribución de ayuda humanitaria se ha convertido en una actividad peligrosa. Muchos palestinos, como Fares, evitan los centros de distribución, describiéndolos como “trampas mortales” donde se han reportado incidentes violentos y disparos.