La nueva reforma tributaria propuesta por el gobierno nacional ha encendido las alarmas entre diversos gremios del país por su potencial impacto en los precios de los combustibles. Los análisis técnicos revelan incrementos significativos para el año 2026.
Según las proyecciones presentadas, la gasolina corriente experimentaría un aumento de $1.051 exclusivamente por concepto de impuestos. Por su parte, el diésel no se quedaría atrás, con un incremento estimado de $658 por la misma razón.
El presidente Gustavo Petro ha sido enfático al señalar que el actual subsidio a los combustibles representa una carga insostenible para las finanzas públicas. Además, ha calificado como un “error histórico” la práctica de compensar a Ecopetrol utilizando recursos del presupuesto nacional.
La denominada “ley de financiamiento” busca recaudar $26,3 billones adicionales para cubrir las necesidades presupuestales de 2026, que ascienden a $556,9 billones. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, ha defendido la propuesta argumentando que se construyó bajo dos principios fundamentales.
El primer principio establece no gravar productos de la canasta familiar básica. El segundo busca mantener la progresividad tributaria para proteger a las familias de ingresos bajos y medios.
Sin embargo, los gremios han manifestado su preocupación por los efectos indirectos que tendría el incremento en los combustibles. El aumento en los costos de transporte podría generar un efecto dominó en los precios de alimentos y servicios esenciales.
El panorama se torna más complejo cuando se considera que el transporte público también se vería afectado. Los pasajes podrían experimentar alzas significativas, impactando directamente el bolsillo de millones de colombianos que dependen de este servicio.
La advertencia del gobierno es clara: si el Congreso no aprueba la reforma tributaria, los costos se trasladarán inevitablemente a los consumidores en 2026. Esta situación plantea un dilema entre la sostenibilidad fiscal y el impacto económico inmediato en la población.
Los transportadores de carga han expresado particular preocupación por el incremento en el precio del diésel. Este combustible es fundamental para el movimiento de mercancías a nivel nacional, y su encarecimiento podría afectar toda la cadena logística.
El debate sobre esta reforma promete ser intenso en el Congreso, donde se deberá equilibrar la necesidad de recursos fiscales con la protección del poder adquisitivo de los ciudadanos. La discusión apenas comienza, y los diferentes sectores económicos están atentos a su desarrollo.