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La Ruta de los Siete Lagos, ahora en expansión como el Paseo de los Nueve Lagos, es un recorrido escénico que se extiende a lo largo de aproximadamente 96 kilómetros en la Patagonia argentina. Este trayecto, que bordea una serie de lagos al pie de la cordillera de los Andes, es conocido por su belleza natural y su capacidad para ofrecer una experiencia única a los visitantes. Originalmente, el recorrido incluía siete lagos principales: Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo. Sin embargo, la ruta se ha ampliado para incluir el imponente lago Nahuel Huapi y, mediante desvíos, otros cuerpos de agua como Meliquina, Hermoso, Traful y Espejo Chico. Cada lago aporta un paisaje distinto, enriqueciendo la travesía con una variedad de colores, formas y posibilidades de contacto con la naturaleza.

En los últimos años, esta ruta extendida ha cobrado aún más relevancia debido a un ambicioso proyecto de pavimentación anunciado por el gobierno de la provincia de Neuquén. Con una inversión de 29 mil millones de pesos, el proyecto busca mejorar la conectividad y ampliar el circuito turístico. Las obras contemplan tramos estratégicos de las Rutas Provinciales 63 y 62, lo que permitirá incorporar de manera permanente dos nuevos destinos al recorrido: los lagos Meliquina y Lolog. Con esta expansión, el tradicional circuito pasará a conocerse como el “Paseo de los Nueve Lagos”, consolidándose como uno de los recorridos escénicos más completos y atractivos del sur argentino.

La obra central comprende la pavimentación de 19 kilómetros de la Ruta Provincial 63, que conectará la Ruta Nacional 40 con Villa Meliquina, incluyendo el paso por la zona urbana de la localidad. Paralelamente, se completará la conexión asfaltada entre San Martín de los Andes y el lago Lolog a través de la Ruta Provincial 62. Ambos proyectos estarán a cargo de la empresa CN Sapag SA, con un plazo de finalización de 720 días, y forman parte de un plan provincial más amplio que ya cuenta con más de 600 kilómetros de caminos en ejecución.

El gobernador Rolando Figueroa destacó el valor estratégico de estas inversiones durante el acto de firma del contrato. Según lo expuesto, las obras no solo mejorarán la integración territorial, sino que también fortalecerán la producción, el turismo y la calidad de vida en la región. Uno de los aspectos más significativos del proyecto es el refuerzo del vínculo con Bariloche a través de la Ruta Nacional 40, consolidando un corredor turístico de gran riqueza natural y cultural. Además, se contempla la futura incorporación del lago Traful al recorrido, lo que ampliaría aún más el mapa turístico del sur de Neuquén.

Según el intendente de San Martín de los Andes, Carlos Saloni, este desarrollo redefinirá el mapa turístico del sur neuquino, multiplicando las oportunidades económicas para prestadores turísticos, productores locales y emprendedores del sector. La pavimentación permitirá una conexión más fluida entre los destinos tradicionales y los nuevos lagos incorporados, mejorando sustancialmente la experiencia del visitante y potenciando la integración con otros destinos clave de la Patagonia.

Recorrer la Ruta de los Siete Lagos es mucho más que un simple viaje entre dos destinos turísticos. Se trata de una travesía que requiere cierta preparación para aprovechar al máximo cada tramo. Desde la elección del medio de transporte hasta las actividades que pueden realizarse en el camino, hay varios aspectos que conviene tener en cuenta antes de emprender la aventura.

Lo primero que debe saber es que el circuito puede hacerse en ambos sentidos: desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes o viceversa. Es posible recorrerlo en automóvil, motocicleta o incluso en bicicleta, en el caso de quienes cuenten con un buen estado físico. Aunque el trayecto puede completarse en un solo día, lo ideal es planificar al menos cinco días para detenerse con calma en cada sitio, disfrutar del entorno y pasar la noche en distintos puntos. La ruta está asfaltada, pero incluye tramos angostos, curvas cerradas y pendientes pronunciadas, por lo que se recomienda conducir con precaución.

A lo largo del recorrido, los paisajes invitan a disfrutar de diversas actividades al aire libre, tanto en tierra como en el agua. Los senderos que conectan los lagos ofrecen alternativas para todos los niveles, desde caminatas suaves hasta trekkings más exigentes, y están bien señalizados y mantenidos por los parques nacionales. En verano, los lagos permiten realizar actividades como kayak, natación o paseos recreativos, con servicios de alquiler de equipos y guías disponibles en varios puntos del trayecto. Además, la ruta atraviesa dos importantes áreas protegidas: los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi. Esto permite observar una biodiversidad única, donde se destacan especies de árboles como lengas, coihues y pehuenes, así como fauna silvestre que incluye zorros, ciervos, pumas, cóndores y truchas.

El lago Lácar, de origen glaciar, marca el inicio del recorrido si se comienza desde San Martín de los Andes. Con una extensión de 25 kilómetros, está rodeado de montañas y bosques que conforman un entorno natural imponente. Es ideal para actividades náuticas como kayak, paddle surf y paseos en lancha. El lago Machónico, ubicado a 30 km de San Martín de los Andes, destaca por sus aguas calmas y su entorno silencioso. Es ideal para actividades no motorizadas como kayak o canoa, ya que la navegación a motor está prohibida. Cuenta con senderos en sus orillas y miradores que lo hacen perfecto para caminatas y fotografía.

El lago Falkner es considerado uno de los más bonitos de la Ruta de los Siete Lagos. Destaca por sus amplias playas de arena y su entorno protegido del viento, lo que lo convierte en un lugar ideal para el descanso. Es frecuentado tanto por mochileros que recorren el circuito como por residentes que lo eligen para picnic o uso diurno. Cuenta con un área de camping agreste y es un punto central dentro del recorrido. El lago Villarino, junto al lago Falkner, conforma un imponente paisaje en el corazón de la Ruta de los Siete Lagos. De grandes dimensiones, se extiende a la derecha del camino, rodeado por bosques de coihues y cordones montañosos. Está conectado con el Falkner a través del río homónimo, formando una cuenca de notable belleza. Cuenta con servicios como restaurante, alojamiento, camping libre y zonas de uso diurno.

El lago Escondido, verdadero a su nombre, se encuentra en un punto más reservado de la ruta, rodeado por una densa vegetación que le da un aire íntimo y silencioso. De menor tamaño, es perfecto para desconectarse y disfrutar del contacto sereno con la naturaleza. Las aguas calmas lo hacen propicio para remar en kayak o paddle surf, mientras que sus senderos permiten explorarlo desde distintos ángulos. El lago Correntoso es uno de los más conocidos del circuito, tanto por la transparencia de sus aguas como por la variedad de actividades que ofrece. Su nombre proviene de la fuerte corriente que conecta con el lago Nahuel Huapi.

El lago Espejo, con sus aguas quietas que reflejan con nitidez el cielo y las montañas, hace honor a su nombre. Es uno de los más accesibles de la ruta, con playas amplias, zonas de descanso, camping y servicios para los visitantes. Actividades como kayak, natación y caminatas por los senderos de la ribera lo convierten en una excelente opción para cerrar el recorrido con comodidad y tranquilidad.

Por su parte, lo que destaca de las nuevas incorporaciones es que ambas ofrecen experiencias distintas pero complementarias, que enriquecen aún más el recorrido. Por ejemplo, Meliquina es una pequeña comunidad de menos de 400 habitantes que ha apostado por el ecoturismo y un modelo de vida autosustentable. No cuenta con infraestructura convencional: el agua proviene de vertientes naturales, la electricidad se genera con energía solar y eólica, y los residuos se gestionan mediante separación, compostaje y reciclaje. Allí, el lago de aguas azul profundo es un refugio ideal para el descanso y la contemplación. Se pueden practicar actividades como pesca con mosca a partir de noviembre, kitesurf en la costa sureste, o simplemente disfrutar de sus playas tranquilas, donde es común ver caballos bebiendo agua y aves como garzas, cauquenes y martines pescadores.

Por su parte, el lago Lolog, ubicado a solo 14 kilómetros al norte de San Martín de los Andes, es una de las paradas más accesibles y populares del circuito. Sus playas de aguas poco profundas lo convierten en un destino ideal para familias y visitantes que buscan un ambiente relajado. Playa Bonita, la más concurrida, se llena en verano de quienes disfrutan del sol y el paisaje. El acceso atraviesa un tramo pavimentado que bordea el Regimiento de Caballería de Montaña, seguido de un ascenso por camino de ripio entre bosques que ofrece vistas panorámicas del cordón Chapelco. Al llegar a la cabecera del lago se encuentra Villa Lolog, y desde allí se puede continuar hasta Puerto Arturo, un punto clave dentro del Parque Nacional Lanín, donde se ubica una seccional de guardaparques.

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