Durante años, muchos gobiernos de América Latina trataron las estaciones terrestres satelitales chinas como infraestructura comercial. Esa comodidad se volvió insostenible esta semana. Según una investigación del Financial Times, Irán habría adquirido en 2024 un satélite espía chino. Además, habría recibido acceso a estaciones terrestres operadas por Emposat para vigilar bases estadounidenses en Oriente Medio. Esto ocurrió durante la guerra regional que sacudió la zona.
El gobierno de China negó rotundamente la versión publicada. Por su parte, la propia empresa aseguró que nunca otorgó acceso alguno al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Sin embargo, incluso con esas negativas, la advertencia estratégica ya está delante de nosotros. Una red “comercial” de apoyo satelital puede convertirse en un multiplicador de inteligencia militar. Esta posibilidad cambia por completo el análisis de riesgo.
El problema no se limita únicamente al episodio iraní. De acuerdo con su propio sitio web, Emposat ofrece servicios de telemetría, seguimiento y comando. También brinda manejo de satélites en órbita y recepción de datos. Asimismo, la empresa afirma haber construido una red global con más de sesenta estaciones. Dice haber prestado servicios a más de trescientos setenta satélites y cohetes. Además, cuenta con sucursales incluso en Sudamérica.
Por eso el caso de Irán debe entenderse como una advertencia para el hemisferio occidental. Si una empresa de este perfil aparece ligada a una arquitectura de vigilancia empleada por un actor hostil, la discusión cambia radicalmente. Esa vigilancia se utilizó para observar activos militares sensibles. Por lo tanto, la discusión en América Latina ya no puede limitarse a si un proyecto genera empleos o antenas. Tampoco basta evaluar si ofrece “conectividad” genérica.
En cambio, debe centrarse en si esa infraestructura puede servir mañana para recopilar inteligencia. También es crucial evaluar si puede transferir datos sensibles a terceros. Igualmente importante es determinar si puede dar apoyo técnico a una red estratégica más amplia de Beijing. Eso es exactamente lo que varios informes oficiales vienen señalando sobre la expansión espacial china en el extranjero. También informes de inteligencia apuntan en la misma dirección.
Tampoco sería la primera vez que la creciente proyección espacial china aparece rozando conflictos armados. En abril de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó información preocupante. La firma china Chang Guang Satellite Technology estaba apoyando ataques hutíes contra intereses estadounidenses. Lo hacía mediante el suministro de imágenes satelitales de alta resolución.
En África, una amplia investigación de Reuters documentó que China no solo dona satélites y telescopios. También dona estaciones completas a países del continente. Además, mantiene acceso a datos e imágenes recolectados por esa infraestructura. Igualmente significativo es que mantiene presencia permanente de personal chino en las instalaciones que construye. Este patrón se repite en múltiples países africanos.
Ese patrón encaja con la ambición nacional declarada de China. El libro blanco oficial de 2021 de su programa espacial afirma algo revelador. La industria espacial es un “elemento crítico” de la estrategia nacional. Destaca entre las áreas prioritarias los sitios de lanzamiento. También enfatiza las capacidades de telemetría, seguimiento y comando como fundamentales.
Más recientemente, Reuters informó que la gran contratista estatal CASC se ha fijado una meta ambiciosa. Busca convertir a China en una “potencia espacial líder mundial” para 2045. El país mantiene además la meta de llevar astronautas a la Luna antes de 2030. También avanza en planes para una base lunar permanente en la década de 2030.
Emposat debe leerse dentro de esa arquitectura mayor. No como una anomalía comercial aislada. Tampoco como un emprendimiento puramente privado. Sino como una herramienta de una estrategia nacional de largo plazo. Esta estrategia busca proyectar poder chino a través de infraestructura crítica.
Aún más revelador es que en 2025 la Administración Espacial Nacional de China aprobara un plan específico. Buscaba acelerar el desarrollo del sector comercial espacial. También ponía a disposición de empresas privadas instalaciones estatales de prueba, calibración y telemetría. Esto integra de forma explícita el vuelo espacial comercial dentro del marco general del desarrollo espacial nacional.
Ese mismo año, la nueva política china hacia América Latina y el Caribe prometió profundizar el intercambio militar. También ofreció cooperación en ciberseguridad. Además, propuso otros mecanismos de seguridad con la región. Vista en conjunto, esta documentación oficial deja muy poco espacio para la ingenuidad.
Las fronteras entre lo comercial, lo estatal y lo estratégico están siendo deliberadamente borradas por Beijing. Esta fusión no es accidental. Tampoco es un efecto secundario de la globalización. Es una política de Estado claramente articulada.
Para entender por qué Emposat importa, hay que recordar algo elemental. Un satélite vale poco sin una red terrestre que lo controle. También necesita infraestructura que reciba sus datos. Igualmente requiere sistemas que mantengan el enlace con él. Las estaciones de telemetría, seguimiento y comando no son accesorios. Son la condición de posibilidad de la operación satelital.
La propia empresa se presenta como proveedora internacional de servicios de estaciones terrestres. También ofrece transmisión y procesamiento de datos. Además, comercializa hardware y software vinculados al segmento terrestre. Eso convierte a sus instalaciones en infraestructura crítica. No son simple equipamiento civil de uso genérico.
Ese es precisamente el punto central del informe publicado en febrero de 2026. Lo elaboró el Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre el Partido Comunista Chino. La investigación concluye que Beijing usa infraestructura espacial ostensiblemente civil y comercial en América Latina. Lo hace para avanzar la “conciencia del dominio espacial” del Ejército Popular de Liberación. También busca fortalecer sus capacidades futuras de combate.
El informe identifica al menos once instalaciones vinculadas a China en la región. Entre ellas hay estaciones terrestres, radiotelescopios y sitios de medición láser. Están repartidas entre Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. Cuando una red regional es descrita oficialmente en esos términos, el estándar de prueba cambia. Para aceptar nuevos nodos chinos debería elevarse, no relajarse.
Aquí entra en juego el concepto más importante de toda esta discusión: la fusión militar-civil. Informes del CSIS coinciden en este análisis. También lo hace la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China. Igualmente, el propio Departamento de Defensa estadounidense llega a la misma conclusión.
Todos coinciden en que la estrategia china de fusión militar-civil borra las líneas entre actividades civiles y militares. Esto ocurre especialmente en el espacio. Eso significa que empresas nominalmente privadas pueden desarrollar tecnologías de doble uso. También pueden probar y operar estas tecnologías. Finalmente, pueden integrarlas en la ventaja estratégica del EPL.
En un entorno así, la defensa de que Emposat es “solamente una empresa comercial” deja de ser tranquilizadora. Pasa a ser, en el mejor de los casos, incompleta. En el peor, puede ser deliberadamente engañosa.
Además, la preocupación no descansa únicamente en teorías generales. La cobertura internacional del caso iraní ha subrayado un dato relevante. El fundador de Emposat, Richard Zhao, pasó quince años en la Academia China de Tecnología Espacial. Esta institución es parte central del complejo aeroespacial estatal chino.
El informe del Comité Selecto sobre la presencia espacial de China en América Latina sostiene algo más. Personal de Emposat puede ser rastreado hasta las Bases 25 y 26 de la Fuerza Aeroespacial del EPL. Estos son centros de mando de lanzamientos satelitales chinos. Dicho de otra manera, las dudas sobre la empresa no nacen de prejuicios ideológicos. Surgen de vínculos institucionales y trayectorias profesionales concretas.
El caso más contundente fuera del hemisferio es el de la República Checa. En una advertencia oficial de 2025, la Agencia Nacional de Ciberseguridad y Seguridad de la Información checa recordó expresamente algo importante. El gobierno checo prohibió a Emposat operar una estación satelital terrestre en Vlkoš. La razón fue la preocupación de que la República Popular China pudiera usar esa instalación para espionaje.
La misma advertencia califica la amenaza como alta. También la vincula a la capacidad del Estado chino para presionar a empresas formalmente privadas. Estas pueden ser obligadas a cooperar con sus intereses de seguridad. Ese no es un comentario periodístico. Es una evaluación oficial de riesgo hecha por un Estado europeo.
También en Francia afloraron sospechas serias. En este caso surgieron a través de investigaciones periodísticas especializadas. Reportes de Intelligence Online señalaron actividades sospechosas. También lo hizo Futura-Sciences en sus publicaciones. Indicaron que la filial europea SATHD Europe, vinculada a Emposat, fue observada por servicios franceses de seguridad.
Esto ocurrió en el contexto de una presunta operación de escucha. Se desarrollaba cerca de instalaciones relacionadas con Airbus Defence and Space. También cerca de Thales y centros terrestres franceses. Estas informaciones deben citarse con prudencia. Describen sospechas e investigaciones, no condenas judiciales. Sin embargo, refuerzan una conclusión incómoda: donde Emposat intenta expandirse, la conversación de seguridad aparece rápidamente.
En Argentina, la bandera roja no es menor. El informe del Comité Selecto de la Cámara estadounidense describe la estación de Río Gallegos como una asociación comercial. Involucra a la firma local Ascentio y a Emposat. Fue autorizada como instalación civil en 2021. Sin embargo, según la investigación, está vinculada a personal rastreable hasta bases de lanzamiento del EPL.
El mismo informe afirma que la estación cuenta con entre cuatro y seis antenas en bandas X y C. Esas capacidades pueden proporcionar las comunicaciones seguras necesarias para la guerra electrónica moderna. Lo importante aquí no es aceptar sin más cada inferencia del informe. Sino entender que un proyecto presentado durante años como civil ya es evaluado por un órgano oficial extranjero. Lo hace en términos estratégica y militarmente sensibles.
Los países de América Latina y el Caribe deberían suspender o negar nuevas autorizaciones para instalaciones de Emposat. Esto debe ocurrir mientras no exista una evaluación de seguridad nacional integral. Esta evaluación debe ser pública y técnicamente seria. También debe involucrar a expertos independientes en inteligencia y defensa.