En México, aproximadamente el 5% de la población porta el factor RH negativo en su sangre. Esta cifra contrasta con Europa. Allí, especialmente en España, la proporción alcanza el 9%. Sin embargo, el dato más revelador aparece al examinar otro grupo. Entre quienes tienen alta ancestría indígena, el porcentaje cae a cero.
El RH negativo no existía en el continente americano antes de la conquista. Llegó con las carabelas españolas. Vino con los soldados. Se instaló con los virreinatos. Este hallazgo surgió de oriGen, un proyecto del Tecnológico de Monterrey. La institución se propuso construir el mapa genético de México.
La pregunta inicial del proyecto nació de una incomodidad profunda. Los grandes estudios genómicos globales habían avanzado durante décadas sin incluir significativamente a la población mexicana. Tampoco consideraron a la latinoamericana de manera adecuada. Las consecuencias de esta omisión eran tangibles y preocupantes.
Las medicinas desarrolladas en Estados Unidos o Europa producían resultados diferentes al implementarse en México. Tratamientos que funcionaban en una población perdían eficacia en otra. Esta brecha no era solo económica. También era genética. Estaba enraizada en herencias biológicas que nadie había estudiado con suficiente profundidad.
El número de muestras del proyecto creció junto con la ambición del equipo. Primero se habló de mil muestras. Luego la cifra subió a 10 mil. Después alcanzó las 20 mil. Finalmente, el equipo se preguntó cuál debía ser la escala verdaderamente significativa. La respuesta fue 100 mil muestras. Además, la meta se cumplió en dos años. Esto ocurrió unos meses antes de lo previsto.
El equipo encabezado por el Dr. Guillermo Torre Amion trabajó incansablemente. El Dr. Pablo Antonio Kuri Morales dirigió el proyecto. El Dr. Víctor Treviño Alvarado lideró el área científica. Juntos recorrieron dieciocho ciudades del país. Cada una fue seleccionada estratégicamente.
En todas estas ciudades el Tec tiene una instalación. Puede ser un campus del Tecnológico de Monterrey. También puede ser una institución hermana como TecMilenio. La representación fue proporcional a la población de cada ciudad. Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara concentraron el mayor volumen de muestras.
Cada muestra respondía a una lógica de selección aleatoria rigurosa. Esta llegaba hasta el nivel de la manzana. De esta manera se garantizaba la representatividad del estudio.
Ticmas conversó con el Dr. Víctor Treviño Alvarado, director científico de oriGen. El encuentro tuvo lugar en el edificio Expedition. Este es el edificio insignia del campus del Tecnológico de Monterrey. Allí se desarrollan investigaciones de educación y salud pensando en cien años en el futuro.
En ese edificio trabajan quienes ponen la tecnología en función de nuevas formas de enseñanza. También están quienes investigan cómo será la vida en las ciudades del 2100. Incluso hay quienes crean carnes en impresoras 3D. Además, buscan cómo imprimir órganos para trasplantes.
Sobre la existencia de un gen mexicano, Treviño Alvarado fue claro. Existe una distribución de genes, de variantes, de genomas que caracterizan a los mexicanos. Hoy, gracias a oriGen y otros estudios, se sabe más. En México hay una gran diversidad de mezcla. Esta es principalmente americana, de pueblos originarios, y europea.
Hay algo de ancestría africana, pero principalmente es americana o europea. Entre esos dos componentes hay una gran variedad. Hay quienes tienen 80% europeo y 20% americano. Otros tienen 95% americano y 5% europeo. También se sabe, por oriGen, que hay un gradiente geográfico.
La proporción de ancestría americana es más pronunciada en el sur del país. Esto se explica porque cuando llegó la conquista española, la población más grande estaba hacia el sur de México. Este patrón tiene implicaciones importantes para la salud pública.
Los mapas de salud basados en estos datos están empezando a emerger. La idea es que los investigadores usen los datos para construir estos mapas. Una estudiante de Treviño Alvarado elaboró uno sobre hipertensión. Los resultados fueron reveladores.
Se puede ver en qué lugares hay mayor o menor hipertensión. Esto es posible al observar la proporción de gente con ciertos criterios. Luego se trasladan estos datos al mapa. Los primeros datos indican algo sorprendente. San Luis Potosí tiene el mayor índice de hipertensión del país.
Aún queda por determinar si esto es un artefacto estadístico o una realidad. Hay que profundizar en el análisis. Sin embargo, oriGen sí es capaz de crear estos mapas de salud con precisión.
Sobre cómo los secretarios de salud podrían usar estos datos, Treviño Alvarado fue reflexivo. A través de publicaciones científicas serias y con rigor, los tomadores de decisiones podrán actuar. Estas publicaciones deben ser exploradas desde distintos ángulos. Deben ser analizadas por distintos investigadores.
También hay investigadores en salud pública y en política pública. Estos pueden hacer propuestas concretas sobre cómo abordar cada problema identificado. La información debe traducirse en acciones concretas.
Respecto a la predisposición de los mexicanos a ciertas enfermedades, los hallazgos son significativos. Ya se demostró hace unos diez años algo importante. Una gran proporción de los mexicanos porta una variante asociada a mayor diabetes.
El equipo tiene un estudio en desarrollo. Este intenta relacionar esa predisposición con la ancestría mexicana. La hipótesis es clara: a mayor ancestría indígena, mayor riesgo de diabetes. Esto es exactamente lo que se quería lograr con oriGen.
Primero, demostrar que ocurre un fenómeno diferente en la población mexicana. Luego, estudiar por qué sucede. Esta predisposición genética provoca diabetes a menor edad que en poblaciones europeas. Las implicaciones son múltiples.
Esto implica mayor gasto en los sistemas de salud. También significa menor calidad de vida para los afectados. Si se puede detectar a esas personas a tiempo, es posible intervenir. De esta manera se les puede ayudar a vivir mejor.
oriGen llegó a las 100 mil muestras recolectadas. Esa fue la meta de esta primera etapa. Sin embargo, el proyecto continúa su desarrollo. Hoy el equipo tiene la información epidemiológica y clínica de los participantes. Está en proceso de sumar la información genética completa.
Con 50 mil secuencias completadas, el objetivo es claro. Se busca tener las 100 mil secuencias para junio de este año. El siguiente paso es compartir esos datos con la comunidad científica. También se está dando forma a una segunda etapa del proyecto.
El equipo está pensando en un posible oriGen 2. En esta nueva fase se puede expandir el tamaño de muestra. Se harán algunas modificaciones para hacerlo un poco más práctico. El interés existe de manera concreta.
El proyecto llamó la atención de diversos sectores. Hay quienes están dispuestos a invertir en su continuación. Lo que oriGen logró en estos dos años es apenas el principio. Es solo una muestra de lo que puede hacer.
“Lo que hemos logrado hoy es importante para el ecosistema de investigación”, afirma Treviño Alvarado. La pregunta que queda flotando es profunda. ¿Cuánto más puede revelar una base de datos como esta?
Con cada nuevo análisis, la base sigue contando cosas. Son cosas que nadie se había atrevido a preguntar. Al menos, hasta ahora. El proyecto representa un hito en la investigación genómica latinoamericana.
La metodología empleada garantiza la representatividad de los datos. La selección aleatoria hasta el nivel de manzana fue crucial. Esto permitió capturar la diversidad real de la población mexicana.
Los campus del Tecnológico de Monterrey fueron fundamentales como puntos de recolección. Su distribución geográfica facilitó el acceso a diferentes regiones. También permitió mantener estándares uniformes en todo el proceso.
El proyecto demuestra la importancia de incluir poblaciones diversas en estudios genómicos. Las diferencias genéticas tienen impacto directo en la efectividad de tratamientos médicos. Ignorar estas diferencias perpetúa inequidades en salud.
La huella biológica de la conquista española ahora es medible. Se puede cuantificar en porcentajes de ancestría. Se puede mapear geográficamente. Este conocimiento transforma la comprensión de la historia y la biología.
Los datos sobre hipertensión en San Luis Potosí requieren investigación adicional. Si se confirman, las autoridades de salud tendrán información valiosa. Podrán diseñar intervenciones específicas para esa región.
La relación entre ancestría indígena y diabetes es particularmente preocupante. México ya enfrenta una epidemia de diabetes. Entender sus bases genéticas es fundamental para combatirla. La detección temprana puede cambiar trayectorias de vida.
El compromiso del Tecnológico de Monterrey con la investigación de largo plazo es evidente. El edificio Expedition simboliza esta visión. Allí convergen diferentes disciplinas para resolver problemas complejos.
La impresión 3D de órganos y la creación de carnes sintéticas comparten espacio con oriGen. Todos estos proyectos miran hacia el futuro. Buscan soluciones para desafíos que apenas comienzan a manifestarse.
La segunda fase de oriGen podría ampliar aún más el alcance del proyecto. Más muestras significan mayor precisión en los análisis. También permiten estudiar subgrupos poblacionales con más detalle.
La disposición de inversores para financiar oriGen 2 valida la importancia del proyecto. No es solo un ejercicio académico. Tiene aplicaciones prácticas inmediatas y futuras. El retorno de inversión se medirá en vidas salvadas y mejoradas.
La comunidad científica internacional observa oriGen con interés. Representa un modelo para otros países con poblaciones mestizas. Muchas naciones latinoamericanas podrían replicar esta metodología.
Los investigadores en salud pública tienen ahora una herramienta poderosa. Pueden formular hipótesis basadas en datos genómicos reales. Pueden diseñar estudios para probar intervenciones específicas.
Los políticos tienen acceso a información que antes no existía. Las decisiones sobre asignación de recursos pueden ser más informadas. Los programas de prevención pueden dirigirse a poblaciones de mayor riesgo.
El gradiente de ancestría americana de norte a sur cuenta una historia demográfica. Refleja patrones de migración y asentamiento durante siglos. También refleja el impacto diferencial de la colonización.
Las variantes genéticas asociadas a enfermedades ahora tienen contexto poblacional. No son solo números abstractos. Están vinculadas a historias, geografías y ancestrías específicas.
La capacidad de oriGen para crear mapas de salud es revolucionaria. Permite visualizar patrones que de otro modo permanecerían ocultos. Facilita la comunicación entre científicos y tomadores de decisiones.
El rigor metodológico del proyecto garantiza la confiabilidad de los resultados. La revisión por pares y la publicación científica validarán los hallazgos. Esto es esencial para que se traduzcan en políticas públicas.
La calidad de vida de millones de personas podría mejorar gracias a oriGen. La detección temprana de predisposiciones genéticas permite intervenciones preventivas. Estas son siempre más efectivas y menos costosas que los tratamientos tardíos.
El proyecto también tiene valor educativo. Forma investigadores en técnicas de genómica poblacional. Crea capacidad local para análisis genéticos complejos.
La colaboración entre diferentes campus del Tec fue fundamental para el éxito. Ninguna institución individual podría haber logrado esto sola. La red institucional multiplicó las capacidades.
Los participantes del estudio contribuyeron a un bien colectivo. Sus muestras individuales se convirtieron en conocimiento compartido. Este conocimiento beneficiará a generaciones futuras.
El factor RH negativo es solo uno de muchos marcadores genéticos estudiados. Cada uno cuenta parte de la historia genética de México. Juntos, forman un relato complejo y fascinante.
La ausencia de RH negativo en poblaciones con alta ancestría indígena es un dato contundente. Demuestra que ciertos rasgos genéticos llegaron con la colonización. Esto no es especulación histórica, es evidencia biológica.
El análisis de 100 mil genomas genera cantidades masivas de datos. Procesarlos requiere capacidad computacional y expertise especializado. El Tec de Monterrey invirtió en ambos.
La meta de completar las 100 mil secuencias para junio de 2026 es ambiciosa pero alcanzable. El ritmo de trabajo del equipo lo ha demostrado. Ya superaron expectativas al completar la recolección antes de tiempo.
Compartir los datos con la comunidad científica amplificará el impacto de oriGen. Otros investigadores podrán hacer preguntas que el equipo original no imaginó. Surgirán colaboraciones nacionales e internacionales.
Las modificaciones planeadas para oriGen 2 reflejan aprendizajes de la primera fase. La experiencia práctica reveló qué funciona mejor. La siguiente iteración será más eficiente.
El ecosistema de investigación mexicano se fortalece con proyectos como oriGen. Posiciona a México como líder en genómica poblacional latinoamericana. Atrae talento y recursos al país.
Las preguntas que nadie se había atrevido a hacer ahora tienen respuestas. O al menos, tienen caminos claros para encontrarlas. oriGen abrió puertas que permanecían cerradas.
La base de datos seguirá revelando información durante años. Cada análisis nuevo puede generar descubrimientos inesperados. Como el hallazgo del factor RH negativo.
Este hallazgo no era un objetivo explícito del estudio. Surgió al analizar los datos desde diferentes ángulos. Ilustra el valor de las bases de datos comprehensivas.
La conquista española dejó huellas en la arquitectura, el idioma y la cultura. Ahora sabemos que también las dejó en el ADN. Estas huellas son medibles y cuantificables.
El 5% de mexicanos con RH negativo representa millones de personas. Cada uno lleva en su sangre evidencia de encuentros históricos. La genética personal es también historia colectiva.
La diferencia entre el 5% en México y el 9% en España es significativa. Refleja proporciones de mezcla poblacional. También refleja demografía histórica y patrones migratorios.
Los sistemas de salud mexicanos podrán beneficiarse enormemente de estos datos. Podrán anticipar necesidades basándose en perfiles genéticos poblacionales. Podrán optimizar recursos escasos.
La menor eficacia de medicamentos desarrollados en Europa o Estados Unidos ya no es un misterio. Tiene bases genéticas claras. Este conocimiento puede impulsar el desarrollo de tratamientos específicos.
La industria farmacéutica debería prestar atención a oriGen. Representa un mercado de más de 120 millones de personas