Los recursos naturales se agotan cada vez más rápido. Además, el cambio climático impacta la vida cotidiana de millones de personas. Por eso, invertir en sostenibilidad dejó de ser opcional. Ahora es la única forma de hacer las cosas correctamente.

El Foro de innovación económica y empresarial sostenible reunió a diversos expertos. Este evento fue organizado por Foros El Espectador. Los especialistas analizaron el panorama actual de la economía verde. También ofrecieron orientación sobre el camino que deben seguir las empresas.

Representantes de múltiples sectores participaron en este encuentro. Entre ellos estuvieron voceros de la minera Aris Mining. También asistieron delegados de Porvenir y la Universidad Europea. Carlos Eduardo Correa, exministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, compartió su perspectiva. Actualmente representa en Colombia al Adam Smith Center.

Correa señala que la percepción ha cambiado radicalmente. Lo que antes parecía un desafío ahora representa una oportunidad. La transición sostenible ya está movilizando enormes cantidades de capital. Asimismo, está generando empleos en todo el mundo. De igual manera, está redefiniendo la dinámica económica global.

Las cifras respaldan esta transformación de manera contundente. En 2023, el mercado mundial de bienes verdes alcanzó cifras impresionantes. Específicamente, llegó a los 10,3 billones de dólares. Por otro lado, la inversión en transición energética fue significativa. Esta alcanzó los 1,8 billones de dólares ese mismo año.

América Latina muestra un crecimiento particularmente dinámico en este sector. Los empleos verdes crecen a un ritmo del 24 % anual. Esta tendencia supera ampliamente el crecimiento de empleos tradicionales. Hacia 2030, las proyecciones son aún más prometedoras. La economía de la naturaleza podría representar 4,3 billones de dólares.

En este contexto, la innovación sostenible adquiere un nuevo significado. No debe verse como un costo adicional para las empresas. Por el contrario, representa una vía concreta para generar valor. Más que una obligación impuesta desde afuera, es un modelo de negocio.

Carolina Mora dirige la transformación de L’Oréal Groupe. Su área de responsabilidad abarca Centroamérica y la Región Andina. Ella presenta un panorama contundente sobre la situación actual. El verdadero riesgo hoy es no invertir en sostenibilidad.

Desde la experiencia de su compañía, Mora explica su enfoque. Cada una de las marcas responde a un propósito claro. Este va más allá de simplemente vender productos de belleza. Busca generar un impacto positivo en la sociedad. También apunta a mejorar el medio ambiente de manera tangible.

La tecnología juega un papel fundamental en esta transformación. Hoy una persona puede probarse maquillaje digitalmente antes de comprarlo. Igualmente, puede experimentar con tonos de cabello de forma virtual. Esto ayuda a reducir desperdicios de manera significativa. Además, la compañía está comprometida con la descarbonización total.

La planta de Funza representa un hito importante. Es la primera en operar con energía 100 % renovable. De esta energía, el 30 % proviene de paneles solares. La meta es que el 95 % de los ingredientes cumplan criterios específicos. Ya son biodegradables, pero ahora deben tener trazabilidad total. También deben cumplir criterios estrictos de sostenibilidad ambiental.

Los modelos de economía circular avanzan dentro de la empresa. Están reduciendo el uso de plástico mediante sistemas innovadores. Los sistemas de recarga o “refills” son parte de esta estrategia. Permiten a los consumidores reutilizar envases de manera práctica.

Jaime Restrepo dirige Rotor, el Motor de Innovación. Él destaca que estamos en la quinta revolución industrial. En este contexto, las personas deben estar en el centro. Cada decisión debe enfocarse en su bienestar real. Cada innovación debe considerar el impacto en las comunidades. Cada problema a resolver debe priorizarlo.

Esto exige modelos de negocio ambientalmente sostenibles desde su diseño. Restrepo menciona un proyecto piloto que desarrollan actualmente. Se lleva a cabo en la plaza de mercado de Bello. Buscan transformar los residuos orgánicos en recursos valiosos. Específicamente, en fuentes de energía y compost de calidad.

La apuesta es escalar estas iniciativas a otras plazas. El objetivo es llevarlas a diferentes ciudades del país. Buscan revitalizar estos espacios que han perdido atractivo. En muchos casos, dejaron de ser motores económicos locales. También perdieron su papel como destinos turísticos populares.

La economía verde ha demostrado algo fundamental. Lograr un impacto real requiere la participación de todos. No basta con las acciones de las empresas. También se necesitan las decisiones cotidianas de las personas.

La economía circular ofrece beneficios concretos para los consumidores. Alguien puede optar por reparar su celular. Esta decisión es más sostenible que reemplazarlo completamente. Renovar prendas alarga su vida útil de manera significativa. Las plataformas de segunda mano ofrecen productos en buen estado. Además, permiten acceder a ellos a menor precio.

A largo plazo, estos hábitos representan un alivio económico. Reducen la presión sobre los recursos naturales del planeta. También fomentan un consumo más consciente e inteligente. Benefician tanto al bolsillo como al medio ambiente.

El periodista y presentador Iván Lalinde aporta su perspectiva. La clave está en cambiar nuestra forma de pensar. Debemos dejar de enfocarnos solo en lo bonito del instante. Es necesario pensar en lo que viene después. Debemos considerar el río, el mar, el relleno sanitario. Allí terminará ese desecho que generamos hoy.

Alejandra Quintero es fotógrafa, artista y directora creativa. Trabaja en CULdeBAL y tiene una visión clara. Los cambios empiezan en lo individual, sin excepción. Los hábitos son todo porque son el punto de partida.

Si una persona es constante en sus acciones sostenibles, marca diferencia. Además, puede influir positivamente en quienes la rodean. Se va generando una suma de pequeñas acciones. Esta termina convirtiéndose en una pequeña gran revolución. Todo comienza con acciones tan simples como limpiar correctamente el reciclaje.

Los ejemplos cotidianos ilustran el impacto de estas decisiones. Usar un termo en lugar de envases desechables evita desperdicios. Puede evitar el consumo de hasta 200 botellas por persona. Esto ocurre en el transcurso de un solo año. Los residuos orgánicos pueden transformarse en compost nutritivo. Este puede utilizarse en jardines y cultivos urbanos.

Reducir el tiempo de la ducha también marca diferencia. Por cada minuto menos se ahorran aproximadamente 20 litros de agua. A lo largo del año, esto representa miles de litros. Es un recurso valioso que se preserva con un gesto simple.

La sostenibilidad se está convirtiendo en una nueva forma de progreso. Ya no se trata solo de crecer económicamente. Se trata de hacerlo mejor, con mayor responsabilidad. También implica mantener la mirada puesta en el futuro. Los recursos son limitados y los efectos son cada vez más visibles.

Innovar en esta materia hoy es lo que marca la diferencia. Las empresas que lo entienden están liderando el cambio. Las personas que lo practican están construyendo un futuro mejor. Los gobiernos que lo apoyan están asegurando la prosperidad. La economía verde no es una moda pasajera. Es el nuevo paradigma económico del siglo XXI.

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