El peso colombiano alcanzó un nivel que pocos anticipaban hace apenas doce meses. La divisa estadounidense cerró la semana cerca de los 3.100 pesos. Sin embargo, los expertos advierten que tocar este piso no garantiza una continuidad en la tendencia.
La tasa representativa del mercado finalizó el viernes en 3.101 pesos. Días antes había comenzado la semana en 3.126,08 pesos. Durante la jornada del viernes, el mercado spot registró incluso 3.079 pesos.
El balance semanal mostró una caída de 40,36 pesos. Esto representa una disminución de 1,28 por ciento. En lo que va del año, el peso acumula una apreciación cercana al 17,46 por ciento.
Las cifras permiten dimensionar la magnitud del movimiento cambiario. A mediados de septiembre de 2025, el dólar se negociaba alrededor de 3.900 pesos. Apenas el año pasado, los analistas debatían si una cotización cercana a 3.800 pesos podía sostenerse.
Ahora el mercado observa otra referencia: los 3.000 pesos. No obstante, existe una diferencia considerable entre llegar a una zona y permanecer en ella.
El precio del petróleo constituye una de las principales razones de la fortaleza del peso. La tensión en Medio Oriente impulsó nuevamente el precio del crudo. El Brent superó los 102 dólares por barril durante la semana.
Para Colombia, un país exportador de petróleo, esto implica mayores ingresos en dólares. Cuando esos dólares llegan al país y se convierten a pesos, aumenta la oferta. Si la demanda no crece en la misma proporción, el dólar tiende a bajar.
La diferencia entre las tasas de interés representa el segundo factor determinante. El Banco de la República mantiene su tasa en 12 por ciento. Mientras tanto, la tasa de la Reserva Federal estadounidense se encuentra en un nivel considerablemente menor.
Esta brecha hace atractivos los activos denominados en pesos para ciertos inversionistas internacionales. Se trata del llamado “carry trade”: buscar rendimiento en países con tasas más altas. Cuando entran capitales para aprovechar esa diferencia, aumenta la demanda por pesos.
Las divisas también están entrando por otras vías. Durante el primer semestre de 2026, Colombia recibió 5.619 millones de dólares por viajes y transporte. Esta cifra representa un aumento de 4,9 por ciento respecto al mismo periodo de 2025.
El comportamiento internacional del dólar constituye el tercer elemento relevante. El índice DXY se mantuvo alrededor de 99,1 puntos durante la semana. No hubo un desplome de la moneda estadounidense. Tampoco apareció una fuerza global suficiente para revertir la apreciación del peso colombiano.
La inflación, sin embargo, presenta una pieza que no encaja completamente en este escenario. El DANE informó que la inflación anual llegó a 6,24 por ciento en agosto. Esta reaceleración mantiene presión sobre el Banco de la República. Además, reduce el espacio para recortar las tasas de interés.
Para el peso, esto tiene una consecuencia paradójica. Una inflación todavía alta puede ser un problema para la economía. Pero mientras obligue al Banco de la República a mantener tasas elevadas, también conserva el atractivo financiero. Por eso el mismo dato que complica la vida de los hogares puede sostener la moneda.
A esto se suma la discusión sobre el salario mínimo de 2027. También aparecen preocupaciones fiscales con mayor fuerza en las perspectivas de los bancos.
Bancolombia advierte que la incertidumbre global será un factor importante. Las preocupaciones fiscales locales también influirán en la tasa de cambio. Los mensajes del nuevo Gobierno sobre los problemas estructurales de la economía colombiana completan el panorama. Por eso su lectura es menos optimista que la fotografía actual.
El primer gran catalizador estará en Estados Unidos. Particularmente, en la Reserva Federal. El mercado está pendiente de la reunión de la Fed del 15 y 16 de septiembre.
Existe una diferencia entre esperar un movimiento concreto de tasas y esperar una señal. Bancolombia señala que el mercado asignaba una probabilidad de 86,5 por ciento a un aumento. Este incremento sería de 25 puntos básicos en la próxima reunión. Una semana antes, esa probabilidad era de 59,4 por ciento.
Para el dólar colombiano, más importante que el titular de la decisión será el tono. Una señal que sugiera una política monetaria más restrictiva podría fortalecer al dólar. Esto empujaría la tasa de cambio hacia los 3.150 pesos. Una lectura más favorable al peso podría llevarlo por debajo de los 3.070 pesos.
El petróleo será el segundo termómetro de la semana. Mientras continúe la tensión en Medio Oriente, Colombia conserva una fuente adicional de dólares. Esto favorece al peso. Una escalada militar mayor, sin embargo, puede producir efectos menos lineales.
El petróleo subiría, lo que favorecería los ingresos externos de Colombia. Pero también aumentaría la aversión global al riesgo. Esto podría provocar una búsqueda de activos considerados refugio, entre ellos el dólar. Por eso una guerra no puede traducirse mecánicamente en “petróleo caro equivale a peso fuerte”.
En el mercado local, Bancolombia identifica una zona de soporte en 3.050 pesos. La resistencia se encuentra en 3.120 pesos. Estos niveles sirven como referencias inmediatas para observar si el movimiento actual continúa.
Jeisson Andrés Balaguera, profesor y CEO de Values AAA, ofrece su perspectiva. Considera que mientras no aparezca un factor fundamental capaz de cambiar el escenario, el dólar podría permanecer entre 3.000 y 3.300 pesos. Además, identifica una leve tendencia descendente.
Aquí aparece la diferencia entre mirar esta semana y mirar los próximos meses. Algunos analistas observan espacio para que el dólar siga descendiendo en el corto plazo. No obstante, Bancolombia proyecta para el cuarto trimestre una tasa de cambio entre 3.400 y 3.580 pesos.
La razón es que varios de los factores que hoy sostienen al peso pueden cambiar. Las tasas de interés pueden comenzar a moverse. El petróleo puede perder parte de su impulso. El apetito internacional por activos colombianos puede deteriorarse. Las dudas fiscales pueden adquirir mayor peso en las decisiones de los inversionistas.
Por ahora, nada de eso ha conseguido romper la fortaleza del peso. La fotografía de septiembre es la de un dólar cerca de 3.100 pesos. Ha perdido 1,28 por ciento en una semana. Además, ha cedido cerca de una quinta parte de su valor frente al peso en 2026.
La película completa es menos cómoda. El mercado todavía no considera que esos 3.100 pesos sean necesariamente un nuevo precio de equilibrio.
Para esta semana, las referencias estarán concentradas en tres lugares. Washington, donde la Fed definirá su mensaje. Medio Oriente, donde el petróleo puede cambiar de precio en cuestión de horas. Y Colombia, donde inflación, tasas y riesgo fiscal determinarán cuánto tiempo puede sostenerse esta fortaleza.
La moneda colombiana parece mucho más fuerte de lo que parecía hace apenas un año. Sin embargo, la pregunta que permanece es si esta fortaleza representa un nuevo equilibrio. O si, por el contrario, se trata de una corrección temporal sujeta a múltiples factores externos.
Los próximos días ofrecerán señales importantes. La decisión de la Reserva Federal marcará el tono de la política monetaria estadounidense. El comportamiento del petróleo reflejará la evolución de las tensiones geopolíticas. Y los indicadores locales mostrarán si la economía colombiana puede sostener esta apreciación.
Mientras tanto, empresarios, inversionistas y hogares ajustan sus expectativas. Un dólar más barato beneficia a quienes importan bienes o servicios. También favorece a quienes tienen deudas en moneda extranjera. Por el contrario, afecta a los exportadores y a quienes reciben ingresos en dólares.
El Banco de la República enfrenta un dilema complejo. Mantener tasas altas ayuda a controlar la inflación y atrae capital extranjero. Sin embargo, también puede frenar el crecimiento económico. Además, una apreciación excesiva del peso puede afectar la competitividad de los productos colombianos.
La situación fiscal añade otra capa de complejidad. El Gobierno necesita ingresos para financiar sus programas. Un peso fuerte reduce el valor en pesos de los ingresos petroleros. Esto puede complicar el cumplimiento de las metas fiscales.
Los analistas coinciden en que la volatilidad continuará. Los factores externos tienen un peso significativo en la determinación de la tasa de cambio. Y muchos de esos factores están fuera del control de las autoridades colombianas.
La tensión en Medio Oriente puede escalar o desescalar. La Reserva Federal puede adoptar una postura más o menos restrictiva. Los inversionistas internacionales pueden aumentar o reducir su apetito por activos de mercados emergentes.
En este contexto, la prudencia parece ser la estrategia más sensata. Tanto para quienes toman decisiones de inversión como para quienes formulan políticas públicas. La historia reciente muestra que los movimientos cambiarios pueden ser rápidos y significativos.
Hace un año, pocos anticipaban que el dólar llegaría a 3.100 pesos. Ahora, pocos se atreven a predecir con certeza dónde estará en seis meses. La única certeza es que múltiples factores seguirán interactuando de formas complejas.
El mercado cambiario refleja, en última instancia, las expectativas sobre el futuro. Y esas expectativas están moldeadas por una combinación de datos económicos, decisiones políticas y eventos geopolíticos. En las próximas semanas, cada uno de estos elementos aportará nueva información.
Los inversionistas observarán con atención. Los exportadores ajustarán sus estrategias. Los importadores evaluarán sus opciones. Y las autoridades económicas seguirán monitoreando los indicadores. Todos buscan anticipar el próximo movimiento en un mercado que ha demostrado ser impredecible.