El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reveló cifras alentadoras sobre el mercado laboral colombiano. En febrero de este año, la tasa de desempleo alcanzó el 9,2 por ciento. Esta cifra representa la más baja registrada para este mes desde el año 2001.
La reducción resulta significativa al compararla con el año anterior. Frente a febrero de 2025, la disminución fue de 1,1 puntos porcentuales. Sin embargo, los desafíos relacionados con la informalidad laboral persisten en múltiples regiones del país.
El panorama demográfico muestra más de 41 millones de personas en edad de trabajar. De este total, aproximadamente 24 millones se encuentran actualmente empleadas. Esta cifra implica un aumento de 624.000 trabajadores respecto al mismo período del año pasado.
El incremento en el número de ocupados constituye una variación estadísticamente significativa. Por otro lado, los desempleados suman actualmente 2,45 millones de personas. Esta cantidad representa 252.000 desocupados menos que en febrero de 2025.
La tasa global de participación se ubicó en 66,4 por ciento durante febrero. En el mismo mes del año anterior, esta tasa había sido de 66,8 por ciento. Mientras tanto, la tasa de ocupación alcanzó el 60,3 por ciento.
Este último indicador se mantuvo similar al registrado en febrero de 2025. Las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas presentaron una tasa de desempleo del 9,2 por ciento. Un año atrás, estas mismas ciudades habían registrado un 9,8 por ciento.
Los datos del trimestre móvil entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 revelan disparidades regionales importantes. De las 23 ciudades y áreas metropolitanas analizadas, tres destacan por sus elevadas tasas de desocupación. Quibdó encabeza la lista con un preocupante 26,3 por ciento de desempleo.
Riohacha ocupa el segundo lugar con una tasa del 14,3 por ciento. Cartagena completa el grupo de las tres ciudades más afectadas con 14,2 por ciento. En contraste, otras urbes muestran un panorama más favorable en materia de empleo.
Villavicencio registró la menor tasa de desocupación con apenas 8,0 por ciento. Neiva le sigue de cerca con un 8,1 por ciento de desempleo. Bogotá, la capital del país, presentó una tasa del 8,2 por ciento.
Estas tres ciudades demuestran un mejor desempeño en la generación y mantenimiento de empleos formales. No obstante, la informalidad continúa siendo un fenómeno predominante en el mercado laboral colombiano. Durante febrero, la tasa de informalidad alcanzó el 55,3 por ciento a nivel nacional.
Esta cifra evidencia una reducción de 2,3 puntos porcentuales frente a febrero del año anterior. A pesar de esta mejora, más de la mitad de los trabajadores colombianos operan en condiciones informales. La falta de prestaciones sociales y estabilidad laboral caracteriza esta situación.
El análisis del último trimestre revela cuáles ciudades enfrentan mayores desafíos de informalidad. Sincelejo lidera este ranking con un 68,3 por ciento de trabajadores informales. Valledupar registra un 63,4 por ciento de informalidad en su mercado laboral.
Cúcuta y su área metropolitana presentan una tasa del 62,8 por ciento. Riohacha alcanza el 62,2 por ciento de trabajadores en la informalidad. Santa Marta muestra un 59,5 por ciento de empleos sin formalizar.
Quibdó, además de su alto desempleo, registra un 57,6 por ciento de informalidad. Pasto presenta una tasa del 57,4 por ciento de trabajadores informales. Montería alcanza el 56,1 por ciento en este indicador.
Florencia registra un 55,5 por ciento de informalidad laboral. Popayán completa las diez ciudades con mayor informalidad, alcanzando el 54,2 por ciento. Estas cifras evidencian la concentración de la informalidad en ciudades intermedias y capitales de departamentos periféricos.
En el extremo opuesto, algunas ciudades muestran mejores niveles de formalización laboral. Bogotá destaca con la menor tasa de informalidad, ubicándose en 33,8 por ciento. Tunja y Manizales comparten el segundo lugar con 35,7 por ciento cada una.
Medellín y su área metropolitana registran un 38,2 por ciento de informalidad. Pereira y su área metropolitana alcanzan el 39,5 por ciento en este indicador. Armenia presenta una tasa del 42,5 por ciento de trabajadores informales.
Bucaramanga y su área metropolitana muestran un 43,8 por ciento de informalidad. Neiva registra un 47,0 por ciento de empleos sin formalizar. Ibagué y Cartagena comparten una tasa del 47,1 por ciento.
Estas ciudades, principalmente ubicadas en el interior del país, presentan mejores condiciones de formalización. Sin embargo, incluso en las urbes con menor informalidad, el porcentaje supera el treinta por ciento. Esto indica que el desafío de la formalización laboral persiste en todo el territorio nacional.
La brecha entre las ciudades con mayor y menor informalidad supera los treinta puntos porcentuales. Esta disparidad refleja diferencias estructurales en las economías regionales del país. Las ciudades con mayor desarrollo industrial y de servicios tienden a presentar mejores tasas de formalización.
Por el contrario, las urbes dependientes del comercio y actividades primarias enfrentan mayores desafíos. La informalidad limita el acceso de los trabajadores a seguridad social y pensiones. Además, reduce la capacidad del Estado para recaudar impuestos y financiar servicios públicos.
Los trabajadores informales carecen de protección ante despidos o accidentes laborales. Tampoco cuentan con ingresos estables ni oportunidades de desarrollo profesional. Esta situación perpetúa ciclos de pobreza y vulnerabilidad en amplios sectores de la población.
Las cifras del DANE muestran avances en la reducción del desempleo. No obstante, la persistencia de altos niveles de informalidad matiza estos logros. La generación de empleo de calidad continúa siendo una asignatura pendiente para el país.
La reducción de 252.000 desempleados en un año constituye un paso importante. Sin embargo, la creación de empleos formales requiere esfuerzos adicionales y sostenidos. Las políticas públicas deben enfocarse en facilitar la transición de la informalidad a la formalidad.
Los incentivos para la formalización empresarial pueden contribuir a mejorar estos indicadores. Asimismo, la simplificación de trámites y la reducción de costos laborales pueden impulsar la contratación formal. La capacitación y el fortalecimiento de habilidades también resultan fundamentales para mejorar la empleabilidad.
Las diferencias regionales en desempleo e informalidad exigen estrategias diferenciadas. Las ciudades con mayores desafíos requieren intervenciones específicas y focalizadas. El desarrollo de infraestructura y la atracción de inversiones pueden dinamizar economías locales estancadas.
La diversificación económica en regiones dependientes de pocas actividades resulta crucial. Igualmente, el fortalecimiento de las cadenas productivas locales puede generar empleos de mejor calidad. La articulación entre el sector público, privado y académico es esencial para estos propósitos.
Los datos de febrero de 2026 ofrecen motivos de optimismo moderado. La tendencia descendente del desempleo y la informalidad debe consolidarse en los próximos meses. El seguimiento continuo de estos indicadores permitirá evaluar la efectividad de las políticas implementadas.
La recuperación del mercado laboral tras períodos de crisis económica suele ser gradual. Por tanto, mantener la tendencia positiva requiere estabilidad macroeconómica y confianza empresarial. El contexto internacional y las condiciones internas influirán en la evolución futura de estos indicadores.
La creación de empleo formal y de calidad representa un desafío multidimensional. Requiere no solo crecimiento económico, sino también reformas estructurales y políticas activas de mercado laboral. La reducción de la informalidad beneficia tanto a los trabajadores como al conjunto de la sociedad.
Los avances recientes demuestran que es posible mejorar las condiciones del mercado laboral colombiano. Sin embargo, el camino hacia la plena formalización y el empleo digno para todos continúa siendo largo. La persistencia en los esfuerzos y la coordinación de actores resultan indispensables para alcanzar estos objetivos.