La demencia representa un desafío sanitario creciente en todo el planeta. Según la Organización Mundial de la Salud, 57 millones de personas vivían con esta condición en 2021. Además, cada año se suman aproximadamente 10 millones de casos nuevos a escala global.

Entre las distintas formas de demencia, la variante con cuerpos de Lewy destaca por su frecuencia. De hecho, afecta principalmente a adultos mayores en diferentes regiones del mundo. El Lewy Body Resource Center la ubica como la segunda causa neurodegenerativa más común de deterioro cognitivo. Solamente el Alzheimer la supera en prevalencia entre estas enfermedades.

Los datos indican que más de 11 millones de personas padecen esta condición actualmente. Por ello, comprender sus mecanismos resulta prioritario para la comunidad científica internacional. Recientemente, investigadores de la Universidad de Montreal avanzaron en esa dirección con un estudio revelador.

El trabajo fue publicado en la revista Journal of Biomedical Science. Allí, los científicos presentaron hallazgos sobre cómo se distribuye el daño cerebral en esta enfermedad. Contrariamente a lo que se pensaba, el adelgazamiento cortical no ocurre al azar. En cambio, sigue un patrón específico y predecible en ciertas regiones cerebrales.

Shady Rahayel lideró la investigación desde la Universidad de Montreal. Este profesor de medicina también trabaja en el Centro de Investigación Avanzada en Medicina del Sueño. Su equipo colaboró con instituciones de McGill, Newcastle, Cambridge y Toronto para realizar el análisis.

Los investigadores compararon resonancias magnéticas de 83 personas con demencia con cuerpos de Lewy. También examinaron estudios de 86 individuos sanos como grupo de control. A través de ese análisis, identificaron zonas específicas con mayor deterioro en los pacientes afectados.

El adelgazamiento cortical apareció más marcado en las regiones posteriores del cerebro. Específicamente, las áreas parietales, temporales y occipitales mostraron mayor compromiso estructural. Estas zonas se ubican en la parte trasera del órgano y cumplen funciones esenciales.

La corteza cerebral constituye la capa externa del cerebro humano. Esta estructura participa en procesos como la percepción, la atención y el pensamiento consciente. Por tanto, su adelgazamiento afecta directamente múltiples capacidades cognitivas y perceptivas de los pacientes.

Los científicos utilizaron la reducción del espesor cortical como indicador de atrofia regional. Este marcador les permitió cuantificar el daño y compararlo con otras características cerebrales. Así, pudieron establecer correlaciones entre el deterioro y diversos rasgos biológicos del cerebro.

Desde la Universidad de Montreal señalaron que estos hallazgos contradicen suposiciones antiguas. Durante mucho tiempo se pensó que la pérdida de tejido era aleatoria. Sin embargo, el estudio demostró que el adelgazamiento sigue un patrón preciso y reproducible.

Ese patrón se vincula con genes y neurotransmisores específicos en el cerebro. También se relaciona con la arquitectura de las conexiones cerebrales entre diferentes regiones. Aunque trabajos previos habían observado este fenómeno, la investigación actual fue más allá.

Los autores compararon el mapa de atrofia con datos de actividad genética cerebral. También lo cruzaron con información sobre receptores cerebrales y conexiones anatómicas entre áreas. De esta manera, pudieron analizar qué otros rasgos coincidían con las zonas más afectadas.

El análisis genético reveló correspondencias significativas con el patrón de deterioro observado. Las zonas más afectadas coincidían con áreas de alta actividad de ciertos genes. Específicamente, estos genes se relacionan con las mitocondrias y las sinapsis neuronales.

Las mitocondrias son estructuras celulares responsables de producir energía para las células. Por su parte, las sinapsis representan los puntos de contacto entre neuronas. A través de ellas, las células nerviosas se comunican y transmiten información química.

“El aporte original de nuestro estudio está en su segunda etapa”, afirmó Rahayel. El investigador explicó que las zonas comprometidas coinciden con lugares específicos del cerebro. Allí, “ciertos genes se transcriben más, en particular genes vinculados con la función mitocondrial y con las sinapsis”.

Rahayel añadió que “estas regiones parecen ser intrínsecamente más frágiles, lo que podría volverlas más propensas a la degeneración”. Esta vulnerabilidad intrínseca explicaría por qué el daño se concentra en esas áreas. No obstante, se necesitan más estudios para confirmar los mecanismos causales subyacentes.

El trabajo también identificó un grupo de 90 genes no asociados con Parkinson. Tampoco estaban vinculados con Alzheimer, las dos enfermedades neurodegenerativas más estudiadas. En cambio, estos genes se relacionaban con el sistema GABAérgico del cerebro.

El sistema GABAérgico utiliza el neurotransmisor GABA para regular la actividad neuronal. Este hallazgo podría explicar síntomas distintivos de la demencia con cuerpos de Lewy. Entre ellos destacan las alucinaciones visuales, que afectan a muchos pacientes con esta condición.

La universidad señaló que este descubrimiento también aclara otra característica clínica importante. Los pacientes muestran marcada sensibilidad a medicamentos como las benzodiazepinas. Estos fármacos actúan precisamente sobre el sistema GABAérgico del sistema nervioso central.

Además, los investigadores cruzaron el mapa de atrofia con datos de tomografía por emisión de positrones. Esta técnica permitió visualizar la densidad de receptores de serotonina, dopamina y GABA. Las regiones más atrofiadas compartían patrones particulares en estos sistemas de neurotransmisión.

Estos resultados describen correspondencias entre diferentes mapas cerebrales obtenidos por técnicas complementarias. Sin embargo, no prueban que esos perfiles genéticos sean la causa directa del daño. Las asociaciones observadas sirven para delimitar hipótesis biológicas sobre la vulnerabilidad regional.

No obstante, no establecen una secuencia temporal comprobada ni un mecanismo causal cerrado. Por ello, los autores reconocen las limitaciones de su diseño de investigación transversal. Estudios longitudinales futuros deberán seguir la evolución del daño en el tiempo.

El trabajo también evaluó la relación entre el adelgazamiento cortical y la conectividad estructural. Esta conectividad se refiere a las grandes vías de fibras nerviosas que conectan regiones. En el análisis, las regiones más afectadas aparecieron más conectadas entre sí.

El comunicado institucional planteó una hipótesis sobre la propagación de la enfermedad. Sugirió que podría “propagarse de una región cerebral a otra a lo largo de estas conexiones”. Sería como “un reguero de pólvora que avanza por una red en lugar de aparecer al azar”.

Sin embargo, el estudio no siguió la evolución del daño temporalmente. Tampoco comprobó de manera experimental ese recorrido propuesto de propagación. Por tanto, esa interpretación debe considerarse como una hipótesis y no como una demostración directa.

La demencia con cuerpos de Lewy se asocia con la acumulación anormal de alfa-sinucleína. Esta proteína se deposita dentro de las neuronas de manera patológica. La enfermedad puede combinar alteraciones de la memoria y la atención con otros síntomas.

Entre las manifestaciones clínicas destacan las alucinaciones visuales, frecuentes y características de esta condición. También aparecen trastornos del sueño que afectan la calidad de vida de los pacientes. Además, surgen síntomas motores parecidos a los observados en la enfermedad de Parkinson.

Aun así, persistía una pregunta central en la comunidad científica hasta ahora. Los investigadores se preguntaban por qué el deterioro se concentra en regiones específicas. El nuevo estudio aporta respuestas parciales a ese interrogante fundamental sobre la enfermedad.

“Estos resultados muestran que la vulnerabilidad de ciertas regiones cerebrales a la demencia con cuerpos de Lewy no es aleatoria, sino que refleja una combinación de factores moleculares y redes neuronales”, afirmó Rahayel. Esta declaración resume el principal aporte del trabajo publicado.

El investigador agregó que esos circuitos “podrían algún día ser objeto de nuevos tratamientos”. Estos tratamientos estarían dirigidos a los mecanismos específicos afectados en la enfermedad. No obstante, por ahora no existe una aplicación clínica concreta derivada de estos hallazgos.

El trabajo aporta un mapa más preciso de qué zonas del cerebro aparecen más comprometidas. También identifica con qué rasgos biológicos se pueden asociar estas regiones vulnerables. Sin embargo, todavía no se traduce en una intervención clínica disponible para los pacientes.

Los hallazgos abren líneas de investigación para comprender mejor la enfermedad. Futuros estudios podrán explorar si estos patrones se mantienen en poblaciones más grandes. También será necesario determinar si aparecen en etapas tempranas de la condición.

Además, queda por establecer si estos marcadores pueden predecir la progresión de la enfermedad. Tal información resultaría valiosa para el desarrollo de terapias preventivas o modificadoras. Por ahora, el estudio representa un avance en la comprensión de los mecanismos subyacentes.

La investigación utilizó múltiples técnicas de análisis cerebral de manera integrada. Combinó resonancias magnéticas estructurales con mapas de expresión genética cerebral. También incorporó datos de tomografía por emisión de positrones sobre sistemas de neurotransmisores.

Esta aproximación multimodal permite una visión más completa de la enfermedad. Integra información anatómica, genética, neuroquímica y de conectividad en un solo marco. Así, los investigadores pueden identificar patrones que no serían evidentes con una sola técnica.

El estudio forma parte de un esfuerzo más amplio por caracterizar las enfermedades neurodegenerativas. Cada vez más investigaciones adoptan este enfoque integrador de múltiples niveles de análisis. De esta manera, se busca superar las limitaciones de los estudios centrados en un solo aspecto.

Los resultados también podrían tener implicaciones para el diagnóstico diferencial de las demencias. Distinguir entre demencia con cuerpos de Lewy, Alzheimer y otras formas resulta desafiante clínicamente. Patrones específicos de atrofia regional podrían ayudar a mejorar la precisión diagnóstica.

Asimismo, comprender qué regiones son más vulnerables podría orientar el desarrollo de biomarcadores. Estos marcadores biológicos permitirían detectar la enfermedad en etapas más tempranas. También facilitarían el seguimiento de la progresión y la respuesta a tratamientos experimentales.

La identificación de genes específicos no asociados con Alzheimer o Parkinson resulta particularmente interesante. Sugiere que la demencia con cuerpos de Lewy tiene mecanismos parcialmente distintos. Por tanto, podría requerir enfoques terapéuticos específicos diferentes de otras enfermedades neurodegenerativas.

El papel del sistema GABAérgico merece atención especial en futuras investigaciones. Este sistema regula el equilibrio entre excitación e inhibición en el cerebro. Su alteración podría explicar varios síntomas neuropsiquiátricos característicos de la enfermedad.

La sensibilidad a benzodiazepinas tiene implicaciones clínicas importantes para el manejo de pacientes. Los médicos deben ser cautelosos al prescribir estos medicamentos a personas con esta condición. El conocimiento de los mecanismos subyacentes puede mejorar la seguridad del tratamiento farmacológico.

La investigación también destaca la importancia de las mitocondrias en la neurodegeneración. Estas estructuras celulares son esenciales para el metabolismo energético de las neuronas. Su disfunción podría hacer que ciertas regiones cerebrales sean más susceptibles al daño.

Las sinapsis, por su parte, representan puntos críticos de vulnerabilidad en el cerebro envejecido. La pérdida sináptica se correlaciona estrechamente con el deterioro cognitivo en diversas enfermedades. Proteger estas estructuras podría ser una estrategia terapéutica prometedora a futuro.

El estudio refuerza la idea de que las enfermedades neurodegenerativas afectan selectivamente ciertas regiones. Esta selectividad no es aleatoria sino que refleja propiedades intrínsecas de esas áreas. Comprender esas propiedades es fundamental para desarrollar intervenciones dirigidas y efectivas.

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