El DANE publicó este jueves los datos de pobreza multidimensional para los 170 municipios PDET. Estos territorios fueron identificados como los más afectados por la violencia. También sufren altos niveles de pobreza y economías ilícitas. Se trata de municipios ubicados en 19 departamentos agrupados en 16 subregiones. En ellos viven más de cinco millones de colombianos.

En buena parte de estos municipios, casi nueve de cada diez hogares viven del trabajo informal. Más de una cuarta parte no tiene acceso a agua potable. En las zonas rurales la proporción sube a casi la mitad. Además, más de la mitad de los hogares carga con rezagos educativos. Estos rezagos se arrastran de generación en generación.

Para medir las condiciones de vida, el DANE usa el Índice de Pobreza Multidimensional. Esta herramienta va más allá del ingreso. En vez de preguntar cuánto gana una familia, el índice mide su acceso a servicios básicos. Evalúa el acceso a educación, salud, trabajo digno y servicios públicos. También mide las condiciones adecuadas de vivienda.

Son cinco dimensiones y 15 indicadores en total. El índice revisa si hay niños sin ir al colegio. También verifica si hay rezago escolar. Evalúa si algún adulto del hogar es analfabeta. Mide si completó nueve años de educación. Verifica si la familia tiene acceso a salud. Analiza si enfrenta barreras para atenderse.

Asimismo, el índice detecta si hay trabajo infantil. Revisa si existe desempleo de larga duración. Observa si la vivienda tiene pisos de tierra. Evalúa si las paredes son precarias. Verifica si cuenta con acueducto y alcantarillado. Un hogar se considera pobre multidimensionalmente cuando presenta privaciones en al menos el 33,3 % de esos indicadores.

En 2025, el 21,2 % de la población de los municipios PDET estaba en situación de pobreza multidimensional. Este dato contrasta con el 24,4 % de 2024. Se registró una caída de 3,2 puntos porcentuales. El DANE califica esta reducción como estadísticamente significativa.

Desde 2018, cuando el indicador llegaba a 39,8 %, la tendencia general ha sido a la baja. Se observa una reducción acumulada de 18,6 puntos en siete años. Sin embargo, hubo algunos repuntes en 2020 y 2024.

Los dos indicadores que más jalaron la caída fueron el bajo logro educativo y el acceso a agua potable. El porcentaje de hogares con privación por bajo logro educativo pasó de 60,3 % a 55,7 %. Esto representa una reducción de 4,6 puntos. El de hogares sin acceso a fuente de agua mejorada bajó 3 puntos. Pasó de 30,8 % a 27,8 %.

En las cabeceras, el rezago escolar también retrocedió. Bajó de 26,6 % a 23,7 %. En las zonas rurales dispersas, el acceso a agua mejorada mostró el avance más relevante del año. Registró 4,7 puntos menos. Pasó de 48,2 % a 43,5 %.

El analfabetismo afecta al 12,5 % de los hogares en el total de los municipios PDET. En las zonas rurales sube a 14,7 %. No obstante, bajó 2 puntos frente a 2024. Esta reducción es estadísticamente significativa. El trabajo infantil llega al 3,4 % en zonas rurales. Prácticamente no presenta cambios frente al año anterior.

El desempleo de larga duración bajó 2,2 puntos porcentuales. Pasó de 12,7 % a 10,5 % en el agregado. Esta reducción es estadísticamente significativa tanto en cabeceras como en zonas rurales.

Pero no todo el reporte trae buenas noticias. El saneamiento básico retrocedió. La proporción de hogares con inadecuada eliminación de excretas subió 2,8 puntos en el agregado PDET. Pasó de 21,2 % a 24 %. Esto significa que más hogares carecen de alcantarillado.

En las cabeceras fue donde ese indicador incrementó más. Subió 6,1 puntos. Pasó de 19,9 % a 26 %. Este retroceso representa un desafío importante para las autoridades locales.

La inasistencia escolar también creció, aunque de forma más leve. Aumentó 0,6 puntos en el agregado. Pasó de 3,5 % a 4,1 %. En las zonas rurales dispersas el aumento fue de 0,8 puntos. Este incremento preocupa porque afecta el futuro educativo de los niños.

El hacinamiento crítico afecta al 8,2 % de los hogares en el agregado. Sin embargo, sube a 10,3 % en las cabeceras. El dato varió levemente frente a 2024. Registró apenas 0,1 puntos de cambio.

La mayor reducción de pobreza multidimensional entre 2024 y 2025 ocurrió en los centros poblados. También se dio en el rural disperso de los municipios PDET. Allí la incidencia bajó 3,8 puntos. Pasó de 29,9 % a 26,1 %.

Aun así, la brecha de pobreza multidimensional entre las cabeceras y las zonas rurales persiste. Esta diferencia sigue siendo de más de 11 puntos porcentuales. La disparidad refleja las dificultades históricas del campo colombiano.

Los municipios PDET fueron creados como parte del Acuerdo de Paz. Su objetivo es priorizar inversión en los territorios más afectados por el conflicto. Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial buscan transformar estas regiones. Pretenden cerrar brechas históricas de desigualdad.

Los datos del DANE muestran avances importantes en algunos indicadores. El acceso a agua mejorada ha progresado significativamente. El bajo logro educativo también ha disminuido. El desempleo de larga duración presenta reducciones importantes.

Sin embargo, persisten desafíos estructurales graves. El saneamiento básico ha empeorado en varios municipios. La inasistencia escolar sigue creciendo. El analfabetismo continúa afectando a miles de familias.

En las zonas rurales, las privaciones son más profundas. Casi la mitad de los hogares rurales no tiene acceso a agua potable. El trabajo infantil persiste en niveles preocupantes. Las condiciones de vivienda siguen siendo precarias.

La informalidad laboral alcanza niveles alarmantes. Casi nueve de cada diez hogares dependen del trabajo informal. Esta situación limita el acceso a seguridad social. También reduce las posibilidades de ahorro y estabilidad económica.

Los rezagos educativos representan un círculo vicioso. Más de la mitad de los hogares enfrenta privaciones educativas. Estos rezagos se transmiten de padres a hijos. Limitan las oportunidades de movilidad social.

El acceso a salud presenta barreras importantes. Muchas familias no pueden atenderse adecuadamente. Las distancias a centros de salud son grandes. La falta de infraestructura dificulta la atención oportuna.

Las condiciones de vivienda siguen siendo inadecuadas. Muchas casas tienen pisos de tierra. Las paredes son precarias. Falta acceso a servicios públicos básicos.

El hacinamiento crítico afecta especialmente a las cabeceras municipales. Más de una décima parte de los hogares urbanos vive hacinada. Esta situación afecta la salud y el desarrollo infantil.

La falta de alcantarillado ha empeorado en el último año. Este retroceso representa un riesgo sanitario grave. Aumenta la exposición a enfermedades. Afecta especialmente a los niños.

La inasistencia escolar, aunque leve, muestra una tendencia preocupante. Cada niño que deja de asistir al colegio representa una oportunidad perdida. El abandono escolar perpetúa los ciclos de pobreza.

A pesar de los desafíos, la tendencia general es positiva. La pobreza multidimensional ha caído 18,6 puntos en siete años. Este avance demuestra que las políticas públicas pueden generar cambios. Sin embargo, el ritmo de reducción debe acelerarse.

La brecha entre el campo y la ciudad sigue siendo amplia. Las zonas rurales concentran las mayores privaciones. Esta disparidad refleja décadas de abandono estatal. Requiere inversión sostenida y focalizada.

Los municipios PDET necesitan atención prioritaria. Son territorios que sufrieron décadas de violencia. El conflicto armado dejó profundas heridas sociales. La presencia de economías ilícitas complica el panorama.

La transformación de estos territorios requiere esfuerzos integrales. No basta con mejorar un solo indicador. Es necesario atacar simultáneamente múltiples privaciones. La educación, la salud y la infraestructura deben avanzar juntas.

El agua potable es una necesidad básica urgente. Casi tres de cada diez hogares carecen de ella. En las zonas rurales la situación es peor. Este déficit afecta la salud y la calidad de vida.

El saneamiento básico requiere inversión inmediata. El retroceso en este indicador es inaceptable. Las autoridades deben priorizar la construcción de alcantarillado. Es una cuestión de salud pública.

La educación es la clave para romper ciclos de pobreza. Reducir el analfabetismo debe ser prioridad. También lo es disminuir el rezago escolar. Cada año de educación adicional amplía oportunidades.

El trabajo infantil debe erradicarse completamente. Ningún niño debería trabajar en lugar de estudiar. Las políticas deben proteger la infancia. También deben apoyar a las familias para que no necesiten el trabajo infantil.

La informalidad laboral requiere estrategias económicas integrales. Es necesario crear empleos dignos. También se debe facilitar la formalización. Las políticas de desarrollo productivo son fundamentales.

Los datos del DANE ofrecen una radiografía detallada. Permiten identificar dónde focalizar esfuerzos. También muestran qué políticas están funcionando. Son una herramienta fundamental para la toma de decisiones.

La medición multidimensional de la pobreza es más completa que la medición por ingresos. Captura privaciones que el dinero no refleja. Permite entender mejor las condiciones de vida reales.

Los cinco millones de colombianos que habitan estos territorios merecen oportunidades. Han soportado décadas de violencia y abandono. El Estado tiene una deuda histórica con ellos.

La reducción de 3,2 puntos en un año es significativa. Demuestra que el cambio es posible. Sin embargo, más de una quinta parte de la población sigue en pobreza multidimensional. Aún hay mucho trabajo por hacer.

Los avances en educación son prometedores. La reducción del bajo logro educativo es importante. También lo es la disminución del analfabetismo. Estos cambios tendrán impacto en las próximas generaciones.

El acceso a agua mejorada ha progresado notablemente. Especialmente en zonas rurales dispersas. Este avance mejora la salud y la calidad de vida. Debe continuar hasta alcanzar cobertura universal.

La disminución del desempleo de larga duración es positiva. Más personas están encontrando trabajo. Sin embargo, la calidad del empleo sigue siendo un desafío. La informalidad predomina.

Los retrocesos en saneamiento e inasistencia escolar son señales de alerta. Indican que algunos aspectos están empeorando. Requieren atención inmediata de las autoridades. No se puede avanzar en unos frentes mientras se retrocede en otros.

La fotografía que presenta el DANE es compleja. Muestra avances y retrocesos simultáneos. Refleja la realidad de territorios históricamente marginados. También evidencia la necesidad de políticas integrales y sostenidas.

Los municipios PDET son fundamentales para la paz. Su transformación es esencial para la reconciliación. Representan la oportunidad de construir un país más equitativo. Su desarrollo beneficiará a toda Colombia.

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