La revista The Economist publicó esta semana un análisis contundente. “Cuba se dirige al desastre”, afirma el título principal. Este sombrío pronóstico se arrastra desde hace décadas. Sin embargo, ahora cobra nueva relevancia. La cúpula dictatorial de La Habana enfrenta un temor concreto. Su principal aliado y sostén económico podría convertirse en cenizas.

El régimen de Nicolás Maduro lleva dos décadas penetrado por Cuba. La alianza comenzó tempranamente entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Desde entonces, agentes de inteligencia cubanos ocuparon posiciones clave. También lo hicieron funcionarios y militares de la isla. Coparon todos los niveles del chavismo venezolano.

En los últimos años, militares venezolanos idearon salidas internas. Buscaban expulsar al dictador del Palacio de Miraflores. No obstante, cada uno de esos planes fue frustrado. Algunos ni siquiera pasaron de un deseo. Se comentaban tímidamente en cenas íntimas entre oficiales descontentos.

Las comunicaciones entre coroneles y generales están intervenidas. La inteligencia cubana las controla desde hace décadas. Ningún uniformado sabe si puede confiar en quien tiene enfrente. Puede ser un superior o un subalterno. Podría tratarse de un espía o de un verdadero camarada. Esta incertidumbre paraliza cualquier intento de coordinación militar.

Paradójicamente, esa desconfianza interna tiene consecuencias graves. El terror que sembró Cuba entre los militares venezolanos los divide. Impide que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana actúe unida. Incluso frente a una amenaza externa, la institución castrense permanecería fragmentada. Esta debilidad autoprovocada es conocida por todos los actores. Maduro la conoce, también los jerarcas cubanos. Estados Unidos igualmente está al tanto.

Existe además otro factor que profundiza esa desconfianza. El Cartel de los Soles corroe la institución militar desde dentro. Decenas de generales participan en el flujo ilegal. Trafican drogas y armas con Maduro a la cabeza. Sin embargo, no todos los uniformados venezolanos forman parte. Muchos oficiales permanecen al margen de esa organización narcoterrorista. El quiebre interno es completo y aparentemente irreversible.

Desde su llegada al poder en enero de 1959, Cuba dependió de aliados externos. La Unión Soviética la sostuvo principalmente hasta su caída en 1991. Posteriormente, Rusia continuó el apoyo aunque con menor intensidad. No fue como en los años de Guerra Fría. La Habana comprendió que el tiempo destruiría sus estructuras. Necesitaba conseguir otro socio solvente con urgencia.

Una antigua idea castrista comenzó a tomar forma. Fidel Castro soñaba con quedarse con Venezuela. La figura de Hugo Chávez emergió como la oportunidad perfecta. El veterano dictador vio potencial político en el golpista de Barinas. Lo detectó antes que nadie en el continente.

El primer abrazo entre Castro y Chávez ocurrió en 1994. El cubano sabía que ese camarada llegaría al poder. También sabía que podría controlarlo completamente. El advenimiento de Chávez a Miraflores llegó en 1999. Finalmente se concretaba el sueño eterno de Castro. Podría hacerse de los recursos venezolanos.

En 2004, diez años después de su primer encuentro, fundaron una alianza. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) nacía oficialmente. Representaba una respuesta al plan estadounidense. Estados Unidos promovía el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Pero antes de fundar ALBA, Castro ya había explicado algo fundamental. Le enseñó a Chávez cómo debería ejercer el control total del país.

Desde entonces, Cuba consiguió recursos vitales para su supervivencia. Recibió petróleo y toneladas de dólares. Estos sostuvieron la cáscara del régimen caribeño. También logró acceso al flujo de dinero del narcotráfico. A cambio, La Habana entregó conocimiento. Le enseñó a Chávez y sus sucesores cómo eternizarse en el poder.

Para garantizar ese control, infiltró agentes de inteligencia. Los colocó en todos los niveles del Estado venezolano. Desde los burocráticos hasta los militares. También en los políticos y hasta como guardaespaldas personales. La penetración fue total y sistemática.

Hoy la situación ha cambiado drásticamente. Parte del poderío naval estadounidense se desplegó frente a las costas venezolanas. Eliminan envíos narcos en el Mar Caribe constantemente. Aviones militares sobrevuelan cada vez más cerca de Caracas. En este contexto, el régimen cubano es el único aliado activo. Mantiene y recomienda a Maduro permanecer en Miraflores.

Maduro, Diosdado Cabello y los hermanos Rodríguez buscan salidas desesperadamente. Jorge y Delcy Rodríguez llevan mensajes a Miami y Washington. Al menos cuatro propuestas diferentes llegaron a la Casa Blanca. Todas se presentaron en el último mes solamente.

Una propuesta sugería una transición encabezada por Delcy Rodríguez. La actual vicepresidenta chavista asumiría sin Maduro en el poder. La más audaz se conoció hace pocos días. Proponía un período de gracia de entre dos y tres años. Durante ese tiempo, el dictador abandonaría Caracas. Posteriormente podrían organizarse elecciones libres en el país.

El presidente Donald Trump descartó todas las ofertas. Estados Unidos aprendió la lección del pasado. No pueden confiar en las ideas de los emisarios chavistas. Estos intentan desesperados encontrar interlocutores creíbles para sus promesas. Qatar, por intermedio de Turquía, es el más demandado. Los caribeños buscan cualquier mediador que les otorgue legitimidad.

Pero la era de las promesas quedó atrás. Una y otra vez, Venezuela y Cuba dilataron las negociaciones. Lo hicieron hasta el hartazgo de sus interlocutores. Burlaron durante años a negociadores y enviados diplomáticos. Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Portugal fueron engañados. También Reino Unido, Suecia, Argentina, Chile y Ecuador. Panamá, Uruguay, Costa Rica y República Dominicana completaron la lista. Ninguno logró avances concretos en las negociaciones.

Maduro está muy solo en el escenario internacional. La Rusia de Vladimir Putin enfrenta sus propios problemas. Está entreverada en su invasión en Ucrania. No pudo siquiera ayudar a su más cercano aliado territorial. El dictador Bashar Al-Assad cayó en Siria. Rebeldes tomaron el país en pocas horas. Putin dio refugio al brutal déspota y su familia. Eso fue todo lo que pudo hacer.

China continúa quedándose con los recursos venezolanos. Sin embargo, no tiene intención de librar una guerra temprana. No enfrentará a Estados Unidos tan lejos de su territorio. Tiene decepción de promesas venezolanas que nunca se cumplieron. Las deudas tampoco se pagaron jamás. Prefiere concentrarse en su economía interna. También en el Estrecho de Taiwán y los posibles conflictos. Un choque allí podría provocar múltiples problemas para Beijing.

Irán tiene suficientes problemas internos y externos. La sucesión del Ayatollah Ali Khamenei genera incertidumbre. Por otro lado, los golpes provocados por Israel conmocionaron al régimen. En los últimos meses, el régimen teocrático recibió ataques devastadores. Esto impide sostener a un aliado en América Latina. ¿Cómo ayudaría militarmente a Maduro? Apenas sobrevivió al asedio israelí en su propio territorio.

La situación en Cuba es desesperante para su población. La extrema pobreza llega casi al 90 por ciento. Así lo revela un estudio del Observatorio de Derechos Sociales. La población sobrevive con entre 5 y 14 dólares al mes. Ese es el valor de una docena de huevos. También equivale al precio de un pollo.

Sólo funcionarios del régimen pueden darse ciertos lujos. Pueden comer dos platos de comida al día. Los apagones forman parte de la vida diaria de los cubanos. No hay agua potable en muchas zonas. No hay medicamentos en los hospitales. Casi no hay turismo en la isla. Este era el motor que supo mantener a flote la economía.

Esto explica la necesidad imperiosa de las autoridades cubanas. El anciano dictador Raúl Castro tiene casi nulas apariciones públicas. El jefe de estado Miguel Díaz Canel asumió las funciones visibles. Ambos necesitan mantener a Maduro al frente de Miraflores. Lo hacen por interés propio, por supervivencia pura. Saben que la caída del régimen de Maduro tendría consecuencias inmediatas. Podría precipitar la propia caída del régimen cubano.

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