Iván Cepeda llegó a la campaña presidencial de 2026 como el candidato más competitivo de la izquierda colombiana. Su ascenso se aceleró tras ganar la consulta del Pacto Histórico. En la votación general terminó en segundo lugar con casi el 41% de los votos.

Ese resultado cerró una trayectoria atípica dentro de la campaña. Hasta finales de 2025, el senador no aparecía como nombre fijo del oficialismo. Su avance se consolidó con una estrategia centrada en actos de plaza pública. Además, realizó pocas entrevistas y ningún debate.

Cepeda tiene 63 años y nació el 24 de octubre de 1962 en Bogotá. Actualmente es senador del Pacto Histórico. Dio un salto en la consulta interna de esa fuerza para convertirse en su candidato presidencial.

Es hijo de Manuel Cepeda Vargas, congresista de la Unión Patriótica asesinado en 1994. Su madre fue Yira Castro, dirigente comunista y exconcejal de Bogotá, fallecida en 1981. El asesinato de su padre fue reconocido en 2023 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La Cidh lo consideró parte del exterminio de un movimiento político.

Ese origen familiar definió su perfil público y su manera de intervenir en la vida política. Quedaron registradas las entrevistas que dio siendo joven. En ellas habló poco después de enterarse en la calle de la muerte de su padre. Iba camino a la universidad cuando se enteró de la noticia.

El hoy político y defensor de derechos humanos estudió filosofía en la Universidad San Clemente de Ohrid. Esta institución se encuentra en Sofía, Bulgaria. Posteriormente se especializó en derecho internacional humanitario en la Universidad Católica de Lyon, Francia. Está casado con Blanca del Pilar Rueda, exfuncionaria de la Jurisdicción Especial para la Paz.

Su trayectoria política estuvo atravesada por amenazas y exilio. Vivió fuera de Colombia entre 1998 y 2004, en Europa. Esto ocurrió tras denunciar vínculos entre políticos y paramilitares. En 2003 fundó el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado.

En 2010 fue elegido representante a la Cámara por Bogotá con el Polo Democrático. Desde 2014 ocupa una banca en el Senado. Ha logrado reelecciones en 2018 y 2022. El Polo Democrático también fue el partido del que fue miembro Gustavo Petro.

En el Congreso de la República, Cepeda fue copresidente de la Comisión de Paz. También fue miembro de la Comisión Segunda del Senado. Además, actuó como facilitador en el proceso de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las extintas Farc.

Su participación se extendió a otros intentos de negociación. De hecho, intervino en los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional. Asimismo, colaboró en los acercamientos con el Clan del Golfo. Esto ocurrió dentro de la política de Paz Total impulsada por el Gobierno Petro.

En su trabajo legislativo, Cepeda ha denunciado casos de parapolítica. También ha señalado vínculos entre empresarios y paramilitares. Esa combinación entre activismo por derechos humanos y presencia parlamentaria es fundamental. Igualmente, su participación en conversaciones de paz constituye la base de su propuesta política. Con ella llegó a disputar la sucesión presidencial.

El punto de quiebre del ascenso electoral de Iván Cepeda fue el expediente judicial. Este enfrentó al expresidente Álvaro Uribe Vélez con la justicia. En ese caso, Cepeda actuó como víctima y testigo. En julio de 2025, una jueza declaró al líder del Centro Democrático culpable. Los cargos fueron fraude procesal y soborno a testigos. En ese momento, el senador se disparó como candidato favorito.

La secuencia judicial venía de años atrás. En 2012, Uribe Vélez denunció a Cepeda por presunta manipulación de testigos. Sin embargo, en 2018 la Corte Suprema de Justicia archivó el caso contra el senador. La decisión se tomó por falta de elementos probatorios. Simultáneamente, abrió investigación contra el expresidente por los mismos hechos.

El recorrido del caso dio una visibilidad política que Cepeda no tenía al comienzo del ciclo electoral. Uribe Vélez pasó de acusador a acusado. Luego fue declarado culpable en 2025. Después fue absuelto cuando el Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena. La sentencia en primera instancia era de 12 años de prisión domiciliaria contra el exgobernador de Antioquia.

Ese proceso judicial le dio a Cepeda una exposición decisiva hacia las elecciones de 2026. Aunque no había iniciado la contienda como precandidato, la condena contra el exmandatario fue clave. Esta activó un movimiento político que terminó empujándolo a representar al Pacto Histórico. Así llegó a los comicios electorales.

Aida Quilcué acompaña a Iván Cepeda en su aspiración presidencial. Buscan mantener el proyecto progresista de Gustavo Petro en la Casa de Nariño. La legisladora tiene 53 años. Llegó al Congreso de la República el 20 de julio de 2022. Fue elegida por la Circunscripción Especial Indígena con aval del Movimiento Alternativo Indígena y Social.

Dos años antes había intentado obtener esa curul sin éxito. Finalmente ingresó al Legislativo junto a Martha Peralta. Quilcué ha estado vinculada en el Senado a la Comisión Primera Constitucional. Concentró su trabajo en la defensa de las poblaciones indígenas. También se ha enfocado en las agendas de derechos humanos y la paz. En 2024 fue elegida presidenta de la Comisión Legal de Paz y Posconflicto.

La senadora es lideresa indígena del pueblo nasa del resguardo Piçkwe Tha Fiw. Este se encuentra en el departamento del Cauca. También integró la Organización Nacional Indígena de Colombia. Igualmente, participó en el Consejo Regional Indígena del Cauca. Allí fue consejera y delegada ante otras entidades institucionales.

En 2021 recibió el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos. La distinción fue en la categoría “Defensa a toda una vida”. Este reconocimiento destacó su trabajo en la promoción y protección de los derechos de los pueblos indígenas. Esa trayectoria también la acercó al programa de gobierno del presidente Gustavo Petro.

La política colombiana impulsó proyectos de ley en línea con esa agenda. Lo hizo desde su llegada al Congreso. Su elección en 2022 la convirtió en una de las primeras mujeres indígenas en el Senado. Ocupó un escaño en esta corporación.

La candidata vicepresidencial arrastra una historia marcada por violencia y amenazas. En diciembre de 2008, su esposo, Edwin Legarda Vásquez, fue asesinado. El crimen ocurrió en la vía entre el municipio de Inzá y Popayán. Miembros de las Fuerzas Militares lo cometieron después de interceptar la camioneta en la que se movilizaba.

El Estado colombiano asumió la responsabilidad por ese crimen. Posteriormente condenó a seis militares adscritos al batallón José Hilario López. Frente a ello, el componente judicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición inició una investigación. Esta comenzó sobre ese caso en 2018.

Quilcué y otros dirigentes del Cric recibieron amenazas de muerte reiteradas. Estas ocurrieron por denunciar lo ocurrido. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ordenó medidas de protección en su favor. Las amenazas continuaron a lo largo de los años.

El episodio más reciente ocurrió el pasado 10 de febrero de 2026. La congresista se desplazaba con su esquema de seguridad por la vía entre Inzá y Totoró. Hombres armados la retuvieron durante al menos tres horas. La liberaron junto con sus escoltas tras la presión de la guardia indígena. Esta logró que fueran abandonados en el lugar al que habían sido llevados.

Ese hecho se sumó a otro ataque sufrido en octubre de 2022. En ese atentado, el vehículo de su esquema de seguridad recibió seis impactos de arma de fuego. El ataque ocurrió mientras recorría las zonas de Guadualejo, Puerto Valencia y Tierradentro.

El congresista del Pacto Histórico y su fórmula vicepresidencial, Aida Quilcué, promueven el diálogo con los grupos armados. También impulsan la inclusión rural como ejes centrales de su propuesta. Buscan darle continuidad a las reformas del gobierno Petro. Su candidatura representa la apuesta de la izquierda colombiana por mantener el rumbo progresista.

La campaña de Cepeda se ha caracterizado por un discurso centrado en la paz. También destaca la defensa de los derechos humanos y la justicia social. Su trayectoria como defensor de víctimas del conflicto armado le otorga credibilidad en estos temas. Además, su experiencia parlamentaria respalda su capacidad de gestión.

La dupla Cepeda-Quilcué representa una alianza entre el activismo urbano y el liderazgo indígena. Esta combinación busca ampliar la base electoral del proyecto de izquierda. Pretende conectar con diferentes sectores de la población colombiana. Especialmente con aquellos históricamente excluidos del poder político.

Alrededor de 41 millones de ciudadanos están habilitados para elegir al próximo presidente del país. La jornada enfrenta a Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta. El resultado definirá la continuidad o el cambio del modelo político iniciado por Petro.

La llegada a la Casa de Nariño el 7 de agosto se dará en un contexto económico complejo. Existe una brecha de 6,4% del PIB. Las obligaciones externas alcanzan el 52%. Además, hay un debate abierto sobre el modelo de desarrollo del país.

El candidato que resulte elegido enfrentará desafíos significativos en materia económica. La deuda externa, el desempleo y la inflación son problemas urgentes. También deberá abordar las tensiones sociales y políticas que atraviesa Colombia. La polarización del país se ha profundizado en los últimos años.

Cepeda ha construido su candidatura sobre la promesa de profundizar las transformaciones iniciadas por Petro. Propone continuar con la política de Paz Total. También plantea avanzar en reformas estructurales en materia de salud, educación y redistribución de la tierra.

Su propuesta incluye fortalecer el diálogo con todos los grupos armados. Busca consolidar los procesos de paz existentes. Además, pretende abrir nuevos espacios de negociación con organizaciones que aún mantienen las armas.

En materia de inclusión rural, la fórmula presidencial plantea políticas específicas para el campesinado. Proponen facilitar el acceso a la tierra. También buscan mejorar la infraestructura en las zonas rurales. Igualmente, plantean fortalecer la economía campesina mediante programas de apoyo técnico y financiero.

La presencia de Quilcué en la fórmula refuerza el compromiso con los pueblos indígenas. Su experiencia como lideresa y legisladora aporta conocimiento sobre las necesidades de estas comunidades. Además, su historia personal simboliza la resistencia frente a la violencia y la impunidad.

La estrategia de campaña de Cepeda ha privilegiado el contacto directo con las bases sociales. Los actos de plaza pública han sido su principal escenario de comunicación. Esta decisión contrasta con las campañas tradicionales centradas en medios masivos y debates televisados.

Algunos analistas consideran que esta estrategia responde a fortalezas y debilidades del candidato. Por un lado, le permite conectar con sectores populares y movimientos sociales. Por otro lado, evita exposición en formatos donde podría ser más vulnerable a cuestionamientos.

La ausencia de debates ha generado críticas de sectores de la oposición. Argumentan que los candidatos deben exponer sus propuestas ante el escrutinio público. Sin embargo, la estrategia de Cepeda parece haber funcionado hasta ahora. Le permitió consolidarse como el candidato de la izquierda y llegar a la segunda vuelta.

El resultado del 41% en la primera vuelta demostró la capacidad de movilización del Pacto Histórico. También evidenció que existe un sector importante del electorado que respalda la continuidad del proyecto de izquierda. No obstante, para ganar la presidencia necesitará ampliar su base de apoyo.

La segunda vuelta plantea un escenario diferente al de la consulta interna y la primera vuelta. Cepeda deberá competir por el voto de quienes apoyaron a candidatos eliminados. También necesitará convencer a indecisos y a quienes votaron en blanco o se abstuvieron.

Su capacidad para construir alianzas y ampliar su mensaje será determinante. Deberá equilibrar la fidelidad a su base electoral con la apertura a otros sectores. Este es uno de los desafíos más importantes que enfrenta en esta etapa final de la campaña.

La trayectoria de Cepeda como defensor de derechos humanos es reconocida nacional e internacionalmente. Su trabajo en casos de parapolítica y vínculos entre poder político y grupos armados ilegales ha sido consistente. Esta credibilidad es uno de sus principales activos políticos.

Sin embargo, también enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad de gestión administrativa. Algunos sectores dudan de que su experiencia legislativa y activista sea suficiente para gobernar. Argumentan que la presidencia requiere habilidades diferentes a las del Congreso.

La experiencia de Quilcué en el Senado y su liderazgo en procesos comunitarios busca complementar el perfil de Cepeda. Juntos representan una combinación de experiencia parlamentaria, activismo social y conexión con bases populares e indígenas.

El contexto internacional también influye en esta elección. Colombia enfrenta presiones geopolíticas y económicas que condicionarán la gestión del próximo gobierno. Las relaciones con Estados Unidos, Venezuela y otros países de la región serán temas clave.

Cepeda ha manifestado su intención de mantener una política exterior independiente. Propone fortalecer las relaciones con América Latina. También plantea diversificar los vínculos internacionales del país. Su posición frente a estos temas será observada con atención por actores nacionales e internacionales.

La jornada

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