En el marco del Día Mundial de la Vida Silvestre, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca lanzó una alerta urgente. La entidad reiteró su llamado a la ciudadanía para proteger la biodiversidad regional. Además, busca reducir los casos de atropellamiento de especies silvestres en las vías del territorio.
Durante 2025, la CAR reportó 93 individuos de fauna silvestre víctimas de atropellamiento en carreteras cundinamarquesas. Sin embargo, esta cifra podría ser significativamente mayor debido al subregistro existente. Muchos casos no son reportados por los conductores o testigos de estos incidentes. Por lo tanto, la problemática real podría superar ampliamente las estadísticas oficiales.
Entre los animales más afectados por esta situación se encuentran las zarigüeyas, especies fundamentales para el ecosistema. Asimismo, los zorros cangrejeros figuran entre las víctimas más frecuentes de estos accidentes viales. Diversas especies de serpientes también sufren constantemente el impacto de los vehículos en las carreteras.
Estas especies desempeñan funciones vitales para el equilibrio de los ecosistemas de Cundinamarca. Contribuyen activamente al control de plagas que afectan cultivos y asentamientos humanos. Además, participan en la dispersión de semillas, proceso esencial para la regeneración forestal. Del mismo modo, resultan indispensables para el mantenimiento de la biodiversidad regional.
La Corporación ha identificado varios corredores críticos donde los atropellamientos ocurren con mayor frecuencia. El tramo Funza-Siberia presenta uno de los índices más altos de accidentes contra fauna. También la vía La Vega – Sasaima registra numerosos casos de animales impactados. La Ruta del Sol completa la lista de corredores más peligrosos para la vida silvestre.
En estos sectores, el alto flujo vehicular aumenta considerablemente la probabilidad de atropellamientos. Los vehículos circulan a velocidades elevadas, reduciendo el tiempo de reacción de los conductores. Simultáneamente, los animales cruzan estas vías buscando alimento, agua o nuevos territorios. Esta combinación de factores genera un escenario de alto riesgo para la fauna.
“Nuestra alerta por la protección de la fauna se mantiene en este 2026 pues solo durante el mes de enero se registraron 11 casos de animales atropellados en las vías del territorio, una cifra que evidencia que esta problemática persiste y que requiere del compromiso de todos los actores viales para protegerlos”, afirmó Magdala Iregui Quevedo, directora técnica de Biodiversidad.
Las cifras de enero de 2026 demuestran que la problemática continúa sin disminuir significativamente. Once casos en un solo mes representan un promedio preocupante de atropellamientos. Esta tendencia sugiere que el año podría cerrar con cifras similares o superiores a 2025. Por consiguiente, las autoridades ambientales mantienen su postura de alerta máxima.
La directiva de la CAR enfatiza que se requiere el compromiso de todos los actores viales. Los conductores particulares deben adoptar prácticas de manejo más conscientes y preventivas. Las empresas de transporte necesitan capacitar a sus operadores sobre esta problemática ambiental. Igualmente, las autoridades de tránsito deben reforzar las campañas de sensibilización en estos corredores críticos.
Para contrarrestar esta problemática, la Corporación avanza en la implementación de diversas acciones concretas. La instalación de señalización especializada constituye una de las medidas prioritarias en los tramos identificados. Estas señales alertan a los conductores sobre la presencia frecuente de fauna silvestre. Además, indican los puntos específicos donde los cruces de animales son más comunes.
El fortalecimiento de medidas orientadas a la protección de la fauna silvestre también forma parte del plan. La CAR estudia la instalación de pasos de fauna en los sectores más críticos. Estos corredores biológicos permitirían a los animales cruzar las vías de manera segura. Asimismo, se evalúa la implementación de reductores de velocidad en zonas de alta circulación animal.
La Corporación busca reducir el riesgo mediante estrategias de educación ambiental dirigidas a la comunidad. Talleres y charlas informativas se realizan en municipios cercanos a los corredores críticos. También se distribuye material educativo sobre la importancia de la fauna silvestre regional. Paralelamente, se promueven campañas en redes sociales para ampliar el alcance del mensaje.
El objetivo final consiste en promover la coexistencia entre el desarrollo vial y la conservación ambiental. Las carreteras son necesarias para el desarrollo económico y la conectividad regional. No obstante, su construcción y operación no deben comprometer la supervivencia de especies silvestres. Por ende, se buscan soluciones que beneficien tanto a la movilidad como a la biodiversidad.
La problemática del atropellamiento de fauna silvestre no es exclusiva de Cundinamarca. En Colombia, diversas regiones enfrentan situaciones similares con diferentes especies afectadas. Sin embargo, la concentración de casos en ciertos corredores cundinamarqueses exige atención inmediata. La cercanía de estos tramos a Bogotá incrementa el flujo vehicular constantemente.
Las zarigüeyas, entre las especies más afectadas, cumplen funciones sanitarias importantes en los ecosistemas. Consumen insectos, roedores pequeños y carroña, contribuyendo al control de plagas naturalmente. Además, son resistentes al veneno de serpientes, lo que las convierte en controladoras naturales. Su pérdida genera desequilibrios que eventualmente afectan a las comunidades humanas cercanas.
Los zorros cangrejeros, por su parte, regulan poblaciones de pequeños mamíferos y reptiles. También se alimentan de frutas, participando activamente en la dispersión de semillas. Su presencia indica la salud general del ecosistema donde habitan. Por lo tanto, la reducción de sus poblaciones señala problemas ambientales más amplios.
Las serpientes, frecuentemente temidas y malentendidas, resultan esenciales para el control de roedores. Una sola serpiente puede consumir docenas de ratones anualmente, protegiendo cultivos y almacenes. Además, algunas especies controlan poblaciones de otras serpientes, manteniendo el equilibrio. Su desaparición de determinadas zonas provoca explosiones demográficas de plagas.
La CAR reconoce que el subregistro representa un desafío significativo para dimensionar correctamente el problema. Muchos conductores no reportan los atropellamientos por desconocimiento de los canales adecuados. Otros continúan su camino sin detenerse tras impactar un animal. Algunos más desconocen la importancia de reportar estos incidentes para la gestión ambiental.
Para mejorar el registro de casos, la Corporación habilitó líneas telefónicas y aplicaciones móviles. Los ciudadanos pueden reportar atropellamientos de fauna silvestre de manera rápida y sencilla. Estos reportes alimentan bases de datos que permiten identificar nuevos puntos críticos. Consecuentemente, las autoridades pueden focalizar mejor sus intervenciones y recursos disponibles.
La señalización especializada que se está instalando incluye reflectores y dispositivos sonoros en algunos tramos. Estos elementos buscan alertar tanto a conductores como a animales sobre el peligro mutuo. Los reflectores imitan ojos de depredadores, disuadiendo a algunos animales de cruzar. Mientras tanto, los dispositivos sonoros emiten frecuencias que ahuyentan fauna sin afectar a humanos.
La implementación de estas medidas requiere inversión económica y coordinación interinstitucional significativa. La CAR trabaja conjuntamente con el Instituto Nacional de Vías y administradores de concesiones viales. También coordina acciones con alcaldías municipales de las zonas afectadas. Esta articulación institucional resulta fundamental para garantizar la efectividad de las intervenciones.
Los estudios técnicos previos a la instalación de infraestructura consideran los patrones de movimiento animal. Investigadores de la CAR realizan monitoreos nocturnos en los corredores críticos identificados. Mediante cámaras trampa, registran las especies presentes y sus horarios de mayor actividad. Esta información científica orienta las decisiones sobre ubicación de señales y pasos de fauna.
La participación ciudadana constituye un pilar fundamental en la estrategia de protección de fauna. Los conductores deben reducir la velocidad en tramos señalizados como corredores de vida silvestre. También deben permanecer alertas durante las horas de mayor actividad animal, especialmente al amanecer y atardecer. Igualmente, se recomienda usar las luces altas responsablemente para detectar animales con anticipación.
Las comunidades locales pueden contribuir reportando los sectores donde observan animales cruzando frecuentemente. Este conocimiento tradicional complementa los estudios técnicos de las autoridades ambientales. Además, los residentes pueden participar en jornadas de limpieza de vías que reducen atractivos para fauna. La basura acumulada atrae animales buscando alimento, incrementando el riesgo de atropellamiento.
La problemática también tiene dimensiones legales que muchos conductores desconocen. La fauna silvestre está protegida por la legislación colombiana vigente. Atropellar intencionalmente un animal silvestre puede constituir un delito ambiental sancionable. Por consiguiente, los conductores tienen responsabilidades legales además de éticas respecto a la fauna.
La CAR también trabaja en el rescate y rehabilitación de animales que sobreviven a atropellamientos. Muchos individuos sufren fracturas, heridas o trauma que requieren atención veterinaria especializada. Los centros de atención y valoración de fauna silvestre reciben estos casos regularmente. Tras su recuperación, los animales son liberados en hábitats adecuados lejos de carreteras.
Sin embargo, la rehabilitación no siempre es posible o exitosa. Muchos animales mueren en el lugar del impacto o poco después. Otros quedan con secuelas permanentes que impiden su liberación y supervivencia silvestre. Estos casos demuestran que la prevención resulta infinitamente más efectiva que la atención posterior.
El impacto económico de la pérdida de biodiversidad por atropellamientos rara vez se cuantifica adecuadamente. Los servicios ecosistémicos que proveen estas especies tienen valor económico real para las comunidades. El control natural de plagas reduce costos en pesticidas y pérdidas de cultivos. La polinización y dispersión de semillas sostienen la productividad de ecosistemas de los cuales dependen actividades económicas.
La experiencia internacional ofrece ejemplos exitosos que Cundinamarca podría adaptar a su contexto. En países europeos, los pasos de fauna subterráneos y aéreos han reducido significativamente los atropellamientos. Costa Rica implementó corredores biológicos que conectan áreas protegidas atravesando infraestructura vial. Estos modelos demuestran que la coexistencia entre desarrollo y conservación es técnicamente viable.
La inversión en infraestructura amigable con la fauna genera beneficios múltiples más allá de la conservación. Reduce accidentes de tránsito causados por animales en las vías, protegiendo vidas humanas. Disminuye daños materiales a vehículos que impactan fauna de tamaño considerable. Además, fortalece la imagen regional como territorio comprometido con la sostenibilidad ambiental.
El turismo de naturaleza, sector en crecimiento, se beneficia de la conservación de fauna silvestre. Los visitantes buscan destinos donde puedan observar biodiversidad en condiciones naturales. La presencia de especies saludables en sus hábitats atrae observadores de aves, fotógrafos y ecoturistas. Por lo tanto, proteger la fauna representa también una oportunidad de desarrollo económico sostenible.
La educación ambiental desde edades tempranas resulta fundamental para cambios culturales a largo plazo. La CAR desarrolla programas educativos en instituciones escolares de municipios afectados. Niños y jóvenes aprenden sobre la fauna local, su importancia ecológica y las amenazas que enfrenta. Estos futuros conductores y ciudadanos internalizarán valores de respeto hacia la vida silvestre.
Las empresas de transporte de carga y pasajeros tienen responsabilidad particular en esta problemática. Sus vehículos circulan constantemente por los corredores críticos identificados por la CAR. Por ello, la Corporación promueve acuerdos voluntarios con estas compañías para capacitar conductores. También se exploran incentivos para empresas que demuestren compromiso con la protección de fauna.
La tecnología ofrece herramientas innovadoras que podrían implementarse en el futuro cercano. Sistemas de detección de fauna mediante sensores infrarrojos ya operan en algunas carreteras internacionales. Estos dispositivos activan señales luminosas cuando detectan animales aproximándose a la vía. Aplicaciones móviles permiten a conductores reportar avistamientos en tiempo real, alertando a otros usuarios.
El cambio climático añade complejidad adicional a la problemática de atropellamiento de fauna. Las alteraciones en patrones de lluvia modifican la disponibilidad de recursos en hábitats naturales. Consecuentemente, los animales amplían sus áreas de búsqueda de alimento y agua. Esta expansión incrementa las probabilidades de encuentros con infraestructura vial y vehículos.
La fragmentación de hábitats causada por carreteras constituye una amenaza adicional más allá de los atropellamientos directos. Las vías dividen poblaciones animales, limitando el flujo genético entre grupos. Esta separación puede conducir a problemas de consanguinidad y reducción de diversidad genética. A largo plazo, estas poblaciones fragmentadas enfrentan mayores riesgos de extinción local.
Los corredores biológicos que la CAR planea implementar buscan precisamente reconectar poblaciones fragmentadas. Estos pasos permitirían el movimiento seguro de individuos entre hábitats separados por carreteras. Así se mantendría el flujo genético necesario para poblaciones saludables y viables. Esta visión integral considera tanto la supervivencia individual como la salud poblacional.
La participación de universidades e instituciones de investigación fortalece las estrategias de conservación. Estudios académicos aportan conocimiento sobre ecología, comportamiento y genética de especies afectadas. Esta información científica fundamenta decisiones de manejo y conservación más efectivas. Además, estudiantes participan en monitoreos y campañas de sensibilización, multiplicando el alcance de las acciones.
La crisis de atropellamiento de fauna silvestre en Cundinamarca refleja tensiones más amplias entre desarrollo y conservación. El crecimiento económico demanda infraestructura vial cada vez más extensa y transitada. Simultáneamente, la conservación de biodiversidad se reconoce como imperativo ético y necesidad práctica. Encontrar el equilibrio entre estas demandas define el desafío de la sostenibilidad contemporánea.