La tragedia golpeó Kabul durante la noche del lunes. Un centro médico para personas con adicciones quedó devastado tras bombardeos pakistaníes. Las autoridades afganas denunciaron la muerte de aproximadamente 400 personas. Además, más de 200 resultaron heridas en el ataque.
El portavoz del Ministerio de Salud afgano, Sharafat Zaman, ofreció un balance preliminar. “El balance no es definitivo: las operaciones de búsqueda continúan, pero tenemos unos 400 muertos y más de 200 heridos”, declaró. Por su parte, el portavoz adjunto del gobierno, Hamdullah Fitrat, confirmó la misma cifra de víctimas mortales.
Los periodistas presentes en el lugar documentaron escenas desgarradoras. Durante la noche observaron al menos una treintena de cadáveres. También vieron decenas de heridos en el Centro de Servicios de Rehabilitación Secundaria. Las imágenes mostraban edificios colapsados y restos humanos entre las ruinas ennegrecidas.
Pakistán lanzó los bombardeos sobre la capital afgana el lunes por la noche. Islamabad justificó sus acciones afirmando haber atacado “objetivos militares y terroristas”. Sin embargo, el gobierno pakistaní rechazó categóricamente las acusaciones afganas sobre el centro médico. El ministro de Información pakistaní, Attaullah Tarar, calificó estas denuncias como “completamente infundadas”.
El conflicto entre ambos países se ha intensificado durante los últimos meses. Pakistán sostiene que Afganistán alberga combatientes del movimiento talibán paquistaní, conocido como TTP. Este grupo ha reivindicado múltiples ataques mortales en territorio pakistaní. No obstante, las autoridades afganas han negado sistemáticamente estas acusaciones.
Dejan Panic dirige el hospital de la ONG italiana Emergency en Afganistán. Su institución está tratando a algunos de los heridos del ataque. Panic expresó su preocupación por el incremento del saldo de víctimas. El centro médico bombardeado acogía “a muchos pacientes” que sufrían problemas de adicción. Según fuentes médicas consultadas, entre 2.000 y 3.000 personas recibían tratamiento en las instalaciones.
El portavoz del Ministerio del Interior, Abdul Mateen Qani, reveló detalles escalofriantes. “Es imposible identificar algunos cuerpos”, afirmó ante los medios. Las autoridades afganas planean organizar funerales nacionales colectivos para las víctimas. Esta medida busca honrar la memoria de quienes perdieron la vida.
Habibullah Kabulbai, de 55 años, llegó al hospital la noche del ataque. “Estoy aquí desde anoche. Busco a mi hermano, pero no lo encuentro. ¿Qué puedo hacer?”, declaró llorando. Su hermano menor, Nawroz, había ingresado al centro cinco días antes del bombardeo. “Estamos desamparados. Esto no me pasa solo a mí, sino a todo Afganistán”, añadió mientras otras familias compartían su angustia.
Las operaciones de rescate continuaron durante el martes por la mañana. Más de un centenar de personas buscaban desesperadamente información sobre sus familiares. Los equipos de emergencia trabajaban incansablemente buscando cuerpos y posibles sobrevivientes. Un equipo de la agencia AFP documentó la situación directamente desde el lugar.
Uno de los edificios del centro sufrió daños estructurales graves. El techo se derrumbó completamente tras el impacto. Azmat Ali Momand, un médico de 30 años, resultó herido durante el ataque. “Había terminado de examinar a los pacientes y me había ido a hacer las abluciones (antes de la oración) cuando se oyó la explosión”, relató. Entonces, “el techo me cayó encima”, contó el joven doctor desde su cama de hospital.
Los restos humanos quedaron esparcidos entre los escombros. El incendio que siguió al bombardeo ennegreció las ruinas. Las llamas consumieron gran parte de las instalaciones durante horas. Los equipos de rescate enfrentaron condiciones extremadamente peligrosas durante sus labores.
Omid Stanikzai trabaja como guardia en el centro médico. Él describió los momentos previos al ataque con detalle. “He oído un caza volar sobre nosotros. Unidades militares cercanas dispararon contra el avión. Soltó bombas y se declaró un incendio”, explicó. Su testimonio coincide con los relatos de otros testigos presenciales.
Los bombardeos provocaron pánico generalizado entre los habitantes de Kabul. Muchos residentes corrieron buscando refugio al escuchar las explosiones. Las sirenas de ambulancias resonaron durante toda la noche. Los hospitales de la capital se prepararon para recibir un flujo masivo de heridos.
Islamabad defendió sus operaciones militares con argumentos específicos. Las fuerzas pakistaníes hacen lo posible para evitar “daños colaterales”, según afirmó. El ministro Tarar escribió en la red social X sobre el incidente. “No se atacó ningún hospital, ningún centro de rehabilitación de drogadictos ni ninguna instalación civil”, aseguró categóricamente.
Pakistán llevó a cabo seis ataques durante la noche del lunes. Estos fueron descritos como “precisos, deliberados y profesionales” por las autoridades pakistaníes. Los objetivos se ubicaron en Kabul y en la provincia fronteriza oriental de Nangarhar. Según Islamabad, estas acciones forman parte de la “guerra en curso contra el terrorismo”. El objetivo declarado es detener las operaciones de milicianos en territorio pakistaní.
La escalada de violencia entre ambos países tiene antecedentes recientes. En octubre ocurrieron enfrentamientos que causaron decenas de muertos. Posteriormente, la tensión se había calmado temporalmente. Sin embargo, los combates se reanudaron con intensidad el 26 de febrero. Esta nueva ola de violencia siguió a múltiples ataques pakistaníes.
Islamabad habló de “guerra abierta” el 27 de febrero. Ese mismo día lanzó nuevos ataques contra Kabul. La retórica entre ambos gobiernos se ha endurecido progresivamente. Las posibilidades de diálogo diplomático parecen cada vez más lejanas.
La Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán publicó cifras alarmantes. Entre el 26 de febrero y el 13 de marzo murieron 75 civiles afganos. Además, más de 115.000 familias han sido desplazadas forzosamente. Las provincias del este y del sur son las más afectadas. Pakistán también ha informado de víctimas mortales entre su población civil.
Michael Kugelman es experto del centro de estudios Atlantic Council International Affairs. Él ofreció un análisis pesimista sobre la situación. “Los esfuerzos diplomáticos de los últimos meses han fracasado y los países del Golfo están ahora ocupados con su propia guerra”, afirmó. Kugelman no vislumbra un final del conflicto a corto plazo. Las perspectivas de paz parecen cada vez más distantes.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU emitió una advertencia esta semana. Una “inestabilidad persistente (empujaría) a millones de personas a sufrir aún más el hambre” en Afganistán. La crisis humanitaria se agrava con cada día de conflicto. Los sistemas de distribución de alimentos están siendo severamente afectados.
La situación humanitaria en Afganistán era ya precaria antes de estos ataques. Millones de afganos dependen de la asistencia internacional para sobrevivir. El conflicto armado interrumpe las cadenas de suministro esenciales. Los trabajadores humanitarios enfrentan riesgos crecientes al intentar llegar a las poblaciones necesitadas.
Los centros médicos para personas con adicciones desempeñan un papel crucial. Afganistán enfrenta una grave crisis de drogadicción desde hace décadas. Miles de personas dependen de estos servicios para recuperarse. La destrucción de estas instalaciones representa un golpe devastador para la salud pública.
Las familias de las víctimas exigen respuestas y justicia. Muchas personas permanecen desaparecidas bajo los escombros. La identificación de los cuerpos presenta desafíos enormes debido al estado de los restos. Los forenses trabajan arduamente para devolver dignidad a las víctimas.
La comunidad internacional observa con preocupación creciente la escalada. Diversos organismos han llamado a ambas partes a ejercer moderación. Sin embargo, estos llamados han tenido poco efecto práctico. Las tensiones continúan aumentando sin señales claras de desescalada.
Los hospitales afganos luchan por atender a todos los heridos. Los suministros médicos escasean debido al conflicto prolongado. El personal sanitario trabaja en condiciones extremadamente difíciles. Muchos profesionales de la salud han abandonado el país por la inseguridad.
Las operaciones de búsqueda y rescate continuarán durante los próximos días. Las autoridades temen encontrar más víctimas bajo los escombros. Cada hora que pasa reduce las posibilidades de hallar sobrevivientes. Los equipos especializados utilizan perros y equipos de detección avanzados.
La reconstrucción del centro médico tomará meses o incluso años. Miles de personas con adicciones quedarán sin acceso a tratamiento. Esta situación podría generar una crisis de salud pública adicional. Las organizaciones humanitarias evalúan cómo responder a esta emergencia.
El trauma psicológico afectará a la población durante generaciones. Los niños que presenciaron los bombardeos cargarán estas memorias. Los servicios de salud mental en Afganistán son extremadamente limitados. La atención psicológica será una necesidad crítica en los meses venideros.
Las relaciones diplomáticas entre Afganistán y Pakistán están en su punto más bajo. Décadas de desconfianza mutua alimentan el conflicto actual. Los intereses geopolíticos de potencias regionales complican aún más la situación. La resolución pacífica requeriría concesiones significativas de ambas partes.
Los civiles atrapados en medio del conflicto pagan el precio más alto. Sus vidas quedan destrozadas por decisiones políticas y militares. La violencia genera más violencia en un ciclo aparentemente interminable. La comunidad internacional debe intensificar sus esfuerzos de mediación.
Las próximas semanas serán cruciales para determinar el curso del conflicto. Una escalada adicional podría desestabilizar toda la región. Los países vecinos observan nerviosamente el desarrollo de los acontecimientos. La paz parece un objetivo cada vez más lejano.