El Catatumbo enfrenta una amenaza que podría desencadenar una nueva crisis humanitaria. La expansión territorial de grupos armados desde la Sierra Nevada enciende las alarmas. Además, el fin de las treguas electorales agrava el panorama de violencia en la región.
La Defensora del Pueblo, Iris Marín, expresó el cansancio acumulado con pocas palabras. “Catatumbo nuevamente…”, escribió el pasado 11 de marzo en sus redes sociales. Su mensaje acompañaba una alerta temprana para esta zona del país. La guerra amenaza otra vez con desbordarse en el territorio.
La Defensoría del Pueblo identificó varios factores de riesgo en su análisis. Entre ellos destaca la llegada de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. Este grupo libra una batalla contra el Clan del Golfo en Santa Marta. Ahora extiende su presencia hacia Norte de Santander.
La entidad emitió la Alerta Temprana de Inminencia 007 de 2026. El documento advierte sobre “el grave riesgo de vulneraciones a los derechos humanos”. La causa principal es “la acelerada expansión territorial” de estos grupos armados. También señala posibles combates tras finalizar las treguas pactadas para las elecciones.
Lina Mejía coordina Derechos Humanos y DIH en Vivamos Humanos. Ella explica que los primeros indicios aparecieron en 2025. Precisamente, el Catatumbo atravesaba entonces su peor crisis humanitaria en dos décadas. La estructura heredera del paramilitarismo comenzó a descender desde la Sierra Nevada.
El movimiento se dirigió especialmente hacia Ocaña y zonas cercanas al Cesar. Allí el grupo busca establecer control territorial, según indica Mejía. “Además, en ese departamento, más allá de la subregión del Catatumbo, ha existido presencia histórica de sectores relacionados con el Clan del Golfo”, explica Mejía.
Estas zonas no concentran actualmente los principales combates en la región. Los enfrentamientos más intensos han ocurrido en Tibú y El Tarra. Sin embargo, la coordinadora advierte que múltiples actores armados crean condiciones peligrosas. “Se convierte en un ‘caldo de cultivo’ para que esa presencia termine chocando en algún momento con otros grupos, más allá de los enfrentamientos que ya se han registrado entre el Frente 33 de las disidencias y el ELN”, alerta.
La expansión de las Autodefensas Conquistadoras ya muestra señales concretas en el terreno. El grupo intenta consolidar su control territorial en Norte de Santander. “La entidad ha documentado retenes ilegales e intercepción del transporte público, como el ocurrido el pasado 19 de enero, en el que individuos armados intimidaron a pasajeros(as) y marcaron vehículos con insignias del grupo ACSN”, se lee en el comunicado de la Defensoría.
La situación configura un escenario complejo con cuatro grupos armados simultáneos. Cada uno libra sus propias guerras mientras avanza en distintos territorios. Eventualmente podrían encontrarse en el camino. “Tiene que ver con toda la zona de la Serranía del Perijá, digamos todos los corredores afines, que finalmente en algún punto terminan conectando”, explica Mejía.
La geografía y la estrategia militar se entrelazan en esta dinámica. Conectar la Serranía del Perijá con el Catatumbo daría ventajas significativas. Los grupos obtendrían un corredor amplio para ejercer control en varios departamentos. También dominarían rutas del tráfico de armas, drogas y otras economías ilegales.
Este movimiento permite comprender mejor la crisis en la Sierra Nevada. Allí la guerra entre las Autodefensas Conquistadoras y el Clan del Golfo desató consecuencias graves. La crisis humanitaria golpea especialmente a la comunidad de Serankwa. Este pueblo indígena arhuaco sufre directamente las consecuencias de los enfrentamientos.
Lo que ocurre en esa zona “no le es indiferente” al nororiente colombiano. Así lo señala la coordinadora de Vivamos Humanos. La consecuencia sería un nuevo reacomodo del conflicto armado en Catatumbo. Las estructuras armadas reconfigurarían su presencia y control territorial.
Las mesas de negociación aún no se pronuncian oficialmente sobre esta expansión. Tampoco han evaluado públicamente los eventuales efectos humanitarios en los diálogos. Para Álvaro Jiménez, jefe negociador del Gobierno con el Ejército Gaitanista, el tema requiere discusión. Jiménez advierte que la expansión del Clan del Golfo no se limita al Catatumbo. También se observa hacia departamentos como Caldas y el norte del Valle del Cauca.
La expansión hacia el Catatumbo responde a múltiples factores estratégicos. No solo refleja el reposicionamiento por dinámicas propias de la guerra. También se relaciona con la violencia que típicamente se intensifica en época electoral.
“Sabemos que siempre se aumenta un poco la contraofensiva o la ofensiva de algunas organizaciones armadas precisamente porque quieren enviar un mensaje político. En el caso de los grupos que están en mesas de diálogo, quieren terminar ese proceso con mayor fortaleza o presionar al Gobierno para que se cumplan los acuerdos que tiene a su cargo”, explica Mejía.
La combinación de factores no afecta únicamente al Catatumbo. Ha producido un número alarmante de hechos violentos en el país durante 2026. Hasta el 11 de marzo se registraron más de 130 incidentes. Esto equivale a un promedio de al menos dos hechos violentos diarios.
De mantenerse esta tendencia, zonas como el Catatumbo podrían alcanzar niveles críticos. Mejía advierte que se acercarían nuevamente a las cifras del año pasado. En 2025 se contabilizaron en promedio 4.1 eventos violentos diarios en Colombia.
El fin de las treguas electorales agrega otra capa de incertidumbre al panorama. El Clan del Golfo, el Estado Mayor de los Bloques y Frente y las Autodefensas Conquistadoras pactaron treguas con el Gobierno. El ELN tomó un camino diferente y no pactó directamente una tregua. La mesa de diálogo con esa guerrilla está suspendida desde enero de 2025. La suspensión ocurrió tras la arremetida violenta del grupo en Catatumbo.
Sin embargo, el ELN también anunció un cese al fuego unilateral para los comicios. Ahora, con las elecciones finalizadas, todas las treguas han concluido. Esto genera preocupación en las organizaciones que monitorean la situación humanitaria.
Para Vivamos Humanos, el riesgo de una nueva escalada es alto. “Definitivamente podemos retornar a la situación de crisis humanitaria que se viene presentando. Es decir, no es que haya pausado por estos días, pausaron las armas, pero finalmente hay situaciones que ya se venían presentando y que persisten: temas de reclutamiento, de confinamiento, de estigmatización, amenazas con drones. Si bien en el periodo electoral no se registraron necesariamente en estos lugares donde existe alta presencia de estos grupos armados, lo que sí es cierto es que, al terminar esa tregua, existe el temor de que se retomen los combates”, advierte Mejía.
Las consecuencias podrían replicar el escenario de enero de 2025 en el Catatumbo. Entonces la escalada del conflicto dejó una crisis humanitaria profunda. La región enfrentó inseguridad alimentaria y interrupciones en el acceso a la educación. El sistema de salud sufrió graves afectaciones en todo el territorio.
También existen riesgos por la presencia de minas antipersonal en la zona. Las comunidades enfrentan restricciones severas a su movilidad por razones de seguridad. Estos factores limitan el acceso a servicios básicos y actividades económicas.
La Defensoría también advierte sobre el fuerte control armado en los territorios. La entidad alertó sobre la “imposición de toques de queda de facto y regulación de la conducta social”. Además señala la “extorsión sistemática a comerciantes, ganaderos y pequeños emprendimientos de mujeres cabeza de familia”.
Esta última práctica ha definido la operación del Clan del Golfo. También caracteriza a las Autodefensas de la Sierra en los departamentos de Magdalena, Cesar y La Guajira. La extorsión afecta especialmente a las economías locales y a las familias más vulnerables.
Cada movimiento de estos grupos armados tiene consecuencias para la población civil. Su reconfiguración acerca a Norte de Santander a una crisis humanitaria conocida. El riesgo es que el país vuelva a presenciar un Catatumbo devastado. La guerra amenaza con repetir los ciclos de violencia que la región ha padecido.