El canto disolvió lo desconocido. Aquella mujer mexicana nunca había escuchado un alabao. Sin embargo, cuando las cantadoras del Chocó comenzaron su interpretación, algo la conmovió. Tal vez fue el deseo compartido de vivir en paz.
“Ella es más que todo poeta. Solo escuchó la tonada y ahí mismo inició a cantar con nosotras. Rápidamente se conectó con nuestra tradición. Fue algo que me impactó, que la raíz es una sola esencia”, cuenta Nelly Valencia. Ella es cantadora y docente licenciada en música.
La escena ocurrió en Chiapas, México, durante septiembre de 2024. El evento tenía proyección hacia la Red Internacional de Mujeres. Esta red cuida la vida desde las artes, las culturas y los saberes. También promueve la paz y los derechos culturales.
Además, forma parte de las iniciativas de la XI Comisión Mixta. Esta comisión trabaja en Asuntos Culturales y Educativos. Opera entre los Estados Unidos Mexicanos y la República de Colombia. Su periodo es 2024-2026.
Esa reunión refleja un giro institucional importante. APC Colombia consolidó un modelo de cooperación internacional con enfoque de género. Este modelo pone a las mujeres en el centro de sus proyectos.
En el ámbito de la Ayuda Oficial al Desarrollo, las cifras respaldan la estrategia. Entre 2023 y marzo de 2025, los registros de fondos cambiaron notablemente. Las iniciativas explícitamente feministas pasaron de USD $686.031,09 a USD $3’311.752,00. Esto representa un aumento del 383 % respecto al periodo inmediatamente anterior.
El mensaje fue claro al adoptar un capítulo feminista. Este capítulo está en la Estrategia Nacional de Cooperación Internacional 2023-2026. Su objetivo es cooperación para transformar las relaciones injustas. Estas relaciones han rezagado a mujeres, niñas y personas con orientaciones sexuales diversas. También incluye a personas con identidades de género diversas.
En los últimos tres años, la entidad de cooperación ha colaborado ampliamente. Ha trabajado con cuatro países de América Latina. También con cuatro países de África y Asia. Esto se ha hecho a través de Cooperación Sur-Sur. Los proyectos se centran en la transformación de género.
Entre ellos están los centros barriales de cuidado con Chile. También el empoderamiento empresarial con El Salvador. Igualmente, datos inclusivos con Ghana y Kenia.
Otro proyecto importante trata sobre el cuidado de la vida para la paz. Se enfoca en voces y cuerpo de mujeres artistas. Este fue justamente el que llevó a las mujeres del Chocó hasta México. También posibilitó que un grupo de sabedoras del país norteamericano visitara Quibdó.
Durante los encuentros, las participantes compartieron rituales de armonización. Realizaron mesas de trabajo. Crearon un mural. Construyeron un manifiesto juntas.
“No es una red para recaudar fondos económicos, sino saberes para interactuar y transmitir. La importancia de que APC Colombia nos haya tenido en cuenta es que podamos unir nuestras voces. También nuestro clamor en torno a la paz. Ellas también anhelan un mundo en paz”, dice Valencia.
Ndeye Coumba Maty Mbengue es médica veterinaria del gobierno de Senegal. Viene de una familia del campo. Llegó a Colombia en el marco de la ruta de aprendizaje. Esta ruta trata sobre la autonomía y la innovación para las mujeres rurales. Fue impulsada por APC Colombia.
Allí vio a las mujeres del país convertirse en espejo. “Nos parecemos muchísimo. Ese instinto de luchadora es igual. También la solidaridad entre poblaciones, entre comunidad”, dice.
Las rutas de aprendizaje se posicionan como herramientas clave. Son importantes para la escalabilidad de la cooperación Sur-Sur. Se implementan junto a socios estratégicos. Entre ellos están la Organización Internacional para las Migraciones y Procasur.
Una ruta hace posible el intercambio sostenible de buenas prácticas evaluadas. Esto ocurre entre múltiples actores de dos o más países. En este caso, Colombia y Senegal.
En la cooperación feminista, esta metodología sirve para hacer seguimiento. Se evalúa qué tan bien están funcionando las acciones compartidas. Esto ocurre entre organizaciones o actores. Especialmente cuando se trata de reducir las desigualdades de género.
En ese recorrido, Ndeye Coumba se encontró con una medida política. Cree que su país debería tenerla: la reforma agraria.
“Es una reforma que podemos llevar. Podemos intentar implementarla allá. También todo lo que tiene que ver con prácticas para mejorar la calidad de vida. Eso es algo que podemos capitalizar y llevar a mi país”, explica.
La visita de Ndeye Coumba se dio en medio de un intercambio de conocimiento. Este se realizó entre mujeres rurales en el marco de la cooperación técnica. APC Colombia incluye componentes explícitos de equidad de género. Hace énfasis en acceso a la tierra. También en liderazgo productivo y participación en cadenas de valor. Esto representa más del 50 % de todas sus iniciativas.
Para ella, esos esfuerzos encuentran respuesta en una convicción. “Somos mujeres. Tenemos derechos iguales que los hombres. Podemos hacer mucho en nuestra sociedad, como los hombres”, dice.
Desde la Dirección de Oferta de Cooperación Internacional de APC Colombia, Daniel Rodríguez explica algo importante. Esta dinámica es una apuesta-país por el trabajo. Se enfoca en “nuestras hermanas y hermanos de África”.
Para él, la clave está en reconocer algo fundamental. El aprendizaje no va en una sola dirección.
“Es muy importante este trabajo. Ustedes ya identificaron buenas prácticas de Colombia. Pero seguramente las entidades colombianas también encontraron experiencias valiosas. Pueden aprender de ustedes”, señala en referencia a la comunidad senegalesa.
Según Rodríguez, tradicionalmente los proyectos de cooperación Sur-Sur parten de una demanda. Esta puede ser de conocimiento o apoyo técnico de un país a otro. Uno comparte experiencias exitosas (oferente). Otro busca aprender (demandante).
Sin embargo, en la práctica casi siempre se convierten en procesos de doble vía.
“En el 90 % de los casos, nuestros proyectos de cooperación Sur-Sur se convierten en proyectos de intercambio mutuo. Esto ocurre porque en esa conversación las dos partes encuentran algo. Tienen algo que enseñar y algo que aprender”, añade el funcionario de APC Colombia.
Desde la vicepresidencia de Colombia, en cabeza de Francia Márquez, se ha impulsado una agenda. Esta teje lazos entre Colombia y el continente africano. Las mujeres son protagonistas. Se llama la Estrategia África.
Ivanny Plaza habla con convicción sobre el poder del cultivo de camarón. Este puede frenar el narcotráfico. Ese flagelo ha dejado a su municipio, Tumaco, Nariño, sumido en la guerra. Los grupos armados se enfrentan constantemente.
Plaza tiene 46 años. Lleva 15 trabajando con el camarón. Es la presidenta de la Asociación de Mujeres Semillas de Paz Perlas del Pacífico. Esta asociación opera en Tumaco y se conoce como Asmudepaz.
En esa asociación, cerca del 82 % de sus participantes son mujeres. Muchas de ellas son víctimas del conflicto armado. La asociación hace parte del proyecto de la Cadena de valor del camarón de Tumaco.
“Esto puede sustituir el cultivo que hacen ellos. Si ellos duran dos meses en producir y cosechar, acá también lo podemos hacer. Y es algo legal”, dice.
El proyecto que la sostiene combina recursos del Gobierno colombiano. También incluye aportes de la cooperación española. Esta llegó al territorio cuando nadie más apostaba por él.
“(Desde la Cooperación española) dieron un paso en el que otras personas no tenían fe”, dice Plaza.
A través de APC Colombia, ese apoyo se tradujo en ultracongeladores. Estos permitirán que el camarón llegue al consumidor sin perder textura. Tampoco pierde sabor ni color.
“APC Colombia está dentro del territorio apoyando estos procesos. Nos apoyan con los proyectos alternativos para que podamos salir adelante dentro de la cadena. Entonces, es un apoyo muy significativo”, dice.
Al igual que Plaza, mujeres como Estella Castro encontraron una salida económica. La encontraron en el cultivo.
“A la primera quincena dije: está más de lo que me pagan en el mes por lavar. O por hacer una casa. Voy a seguir pelando camarón. Y allí me quedé, ya me hice adulta. Me estaba cambiando el pelo de color. Ya estoy en la siembra de camarón”, cuenta Castro. Ella también hace parte de Asmudepaz.
Todo este proyecto de cooperación hace parte del mecanismo de Contrapartida Nacional. Son iniciativas que combinan recursos del Gobierno colombiano con aportes de socios internacionales. Su objetivo es impulsar soluciones territoriales con impacto sostenible.
Como explica Sandra Bermúdez, directora de Coordinación Interinstitucional de APC Colombia, el mecanismo busca algo específico. Apoya los esfuerzos de desarrollo que realizan los cooperantes internacionales. También busca cerrar brechas en los territorios.
Lo que está en juego con el proyecto es el imaginario de todo un territorio. El camarón no es solo un producto.
Para Miguel Ángel Gómez, líder de Alianzas y Oportunidades de la Red Nacional de Agencias de Desarrollo Local, hay una oportunidad. Esta red se conoce como Red Adelco.
“Gracias a productos como el camarón, Tumaco puede tener la oportunidad de tener un nuevo imaginario. Desligado de la violencia, del conflicto, del narcotráfico. Y resignificarlo hacia uno de oportunidades, de esperanza, de pujanza”, dice.
La alianza público-privada que sostiene este proceso no es solo una suma de recursos. Así lo añade Gómez.
“No estamos compitiendo con precio ni en volumen. Competimos con calidad, con historia, con impacto social”.
Las historias de Nelly, Ivanny y Estella no se quedan en experiencias locales. Hacen parte de una agenda que APC Colombia ha llevado desde los territorios. Esta agenda ha llegado hasta escenarios multilaterales. Allí también se define el rumbo de la cooperación.
Durante el III Encuentro Ministerial sobre Empoderamiento y Autonomía Económica de las Mujeres ocurrió algo importante. Este encuentro fue de la Alianza del Pacífico. Colombia coordina el grupo técnico.