El pasado 24 de junio, dos terremotos consecutivos sacudieron el centro-norte de Venezuela. Los sismos golpearon la zona con apenas 39 segundos de diferencia. La tragedia dejó un saldo de casi 5.400 muertos. Además, se registraron 16.740 personas heridas en toda la región afectada.

El Banco Mundial publicó este jueves una evaluación preliminar sobre los daños. Según el informe, los terremotos causaron pérdidas por USD 19.600 millones. Esta cifra representa el 18 % del Producto Interno Bruto del país. Los daños afectan principalmente edificios e infraestructura en nueve estados venezolanos.

La vivienda residencial concentra casi la mitad de los costos totales. Por otra parte, el estado de La Guaira resultó severamente afectado. El Distrito Capital, que incluye el centro de Caracas, también sufrió daños considerables. Estas dos zonas concentran alrededor de la mitad de las pérdidas totales.

La estimación del Banco Mundial contrasta con otras cifras internacionales. Las Naciones Unidas calcula los daños en aproximadamente USD 37.000 millones. Esta diferencia muestra la complejidad de evaluar el impacto real del desastre.

El sector educativo enfrentó pérdidas significativas en toda la región. Más de 900 escuelas resultaron dañadas en nueve estados diferentes. Asimismo, 38 hospitales sufrieron daños que afectan la capacidad sanitaria. Sin embargo, las infraestructuras energéticas tuvieron daños “relativamente menores”, según el informe.

Susana Cordeiro Guerra es vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina. Ella explicó la urgencia de presentar este informe tan rápidamente. “Un informe como este suele tardar meses en elaborarse, pero necesitábamos hacerlo con mayor rapidez porque la rapidez de la reconstrucción será clave”, dijo Cordeiro Guerra.

La funcionaria destacó la importancia del documento para orientar decisiones. “(El informe) Puede ayudar a orientar las decisiones de financiación que debe tomar el gobierno y mejorar la coordinación entre los socios”, agregó Cordeiro.

La reconstrucción completa en cinco años requiere movilizar recursos extraordinarios. Se necesitarían USD 9.800 millones en financiación pública adicional. Además, se requieren USD 9.600 millones en inversión privada. Sin estos recursos, los esfuerzos de reconstrucción se extenderían considerablemente.

De hecho, sin financiación pública y privada suficiente, el proceso duraría más. La reconstrucción podría prolongarse a por lo menos una década completa. Esta proyección representa un desafío mayúsculo para el país sudamericano.

Conseguir esa financiación presenta obstáculos importantes para Venezuela. El país lleva más de dos décadas desconectado de prestamistas multilaterales. Además, Venezuela permanece en situación de impago desde 2017. Esta situación complica significativamente el acceso a nuevos créditos internacionales.

No obstante, el Banco Mundial busca coordinar esfuerzos con otras instituciones. La organización trabaja con el Banco Interamericano de Desarrollo actualmente. También colabora con el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). El objetivo es coordinar el apoyo técnico y financiero necesario.

La deuda externa representa otro desafío crucial para el país. El informe advierte sobre el impacto de financiar la reconstrucción mediante deuda. Si el gasto adicional se “financiara íntegramente mediante deuda externa no concesional, aumentaría en 8,1 puntos porcentuales la relación deuda/PIB de Venezuela para 2036”, advierte el informe.

Este incremento en la deuda tendría consecuencias a largo plazo. La relación deuda/PIB ya representa una preocupación para la economía venezolana. Un aumento adicional podría comprometer la estabilidad fiscal futura del país.

Susana Cordeiro enfatizó las necesidades de inversión del país afectado. “Venezuela necesita más inversión”, afirmó Cordeiro con claridad. La vicepresidenta agregó que “el banco seguirá siendo un socio técnico y estamos realizando evaluaciones sobre cómo apoyar al gobierno, incluida la financiación, para encontrar formas de atraer inversión privada de manera eficaz”.

La rapidez en la reconstrucción resulta fundamental por múltiples razones. Primero, miles de familias perdieron sus hogares y requieren soluciones urgentes. Segundo, la infraestructura dañada afecta la capacidad productiva del país. Tercero, la recuperación económica depende de restablecer servicios básicos rápidamente.

El sector privado jugará un papel crucial en este proceso. La inversión privada debe complementar los esfuerzos del gobierno venezolano. Sin embargo, atraer capital privado requiere garantías y condiciones favorables. El contexto económico actual del país presenta desafíos para lograr este objetivo.

La coordinación internacional será clave para el éxito de la reconstrucción. Los organismos multilaterales deben trabajar de manera articulada con las autoridades. Además, la comunidad internacional puede aportar experiencia técnica valiosa. Esta colaboración podría acelerar significativamente los procesos de recuperación.

Las escuelas dañadas representan una preocupación especial para el futuro. La educación de miles de niños y jóvenes se vio interrumpida. Reconstruir estos espacios debe ser una prioridad para el gobierno. La inversión en educación garantiza el desarrollo futuro del país.

Los hospitales afectados comprometen la atención médica en las zonas golpeadas. El sistema de salud venezolano ya enfrentaba dificultades antes del desastre. Ahora, la situación se ha vuelto aún más crítica para muchas comunidades. Restaurar la capacidad hospitalaria salvará vidas en el mediano plazo.

La evaluación preliminar del Banco Mundial servirá como guía fundamental. El documento identifica prioridades y estima costos con mayor precisión. Asimismo, facilita la toma de decisiones basada en evidencia técnica. Los próximos meses serán cruciales para definir la estrategia de reconstrucción.

Venezuela enfrenta así uno de los mayores desafíos de su historia reciente. La magnitud de la destrucción requiere respuestas coordinadas y eficientes. Además, la situación económica previa complica los esfuerzos de recuperación. Sin embargo, la colaboración internacional ofrece una ventana de oportunidad importante.

El camino hacia la recuperación será largo y complejo para el país. Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán el futuro. La movilización de recursos financieros y técnicos resulta urgente e impostergable. Miles de venezolanos esperan respuestas concretas para reconstruir sus vidas.

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