La transformación digital se ha consolidado como prioridad absoluta en el mundo empresarial colombiano. De hecho, las búsquedas en Google sobre este tema experimentaron un crecimiento notable. Pasaron de un índice de apenas 5 en 2016 a alcanzar 100 en 2025. Sin embargo, el entusiasmo no siempre se traduce en resultados concretos.
La definición de IBM resulta esclarecedora al respecto. Según esta compañía, la transformación digital es el proceso mediante el cual una empresa incorpora nuevas tecnologías. Además, cambia la forma en que trabaja y mejora sus procesos. También desarrolla nuevos productos o servicios. Finalmente, responde de manera más efectiva a las necesidades de sus clientes. Esta definición deja claro que la transformación digital no consiste únicamente en adoptar herramientas. Por el contrario, implica transformar el negocio de manera integral.
Este último aspecto resulta fundamental para entender las cifras que revelan las consultoras internacionales. McKinsey ha encontrado que las empresas alrededor del mundo han realizado cambios tecnológicos masivos. No obstante, estas han obtenido mucho menos valor de lo esperado. Los números son contundentes al respecto.
Según los estudios de esta firma, el 89% de las grandes compañías ya tienen procesos activos. Estos incluyen transformación digital e implementación de inteligencia artificial. Sin embargo, solo han conseguido el 31% del aumento de ingresos que esperaban. Asimismo, apenas alcanzaron el 25% de los ahorros en costos que habían proyectado.
La diferencia entre empresas exitosas y las demás radica en su enfoque estratégico. Las compañías con mejores resultados no se limitan a invertir en tecnología. Su enfoque va más allá de la simple adopción de herramientas. Adoptan una estrategia integral que también involucra el talento humano. Además, transforman el modelo de negocio y optimizan la gestión de datos. Con esto apuntan a un impacto transversal en toda la organización.
Estas empresas fortalecen aspectos que van desde la confianza de los clientes hasta la gestión operativa. Por tanto, logran resultados más significativos y sostenibles en el tiempo.
El panorama colombiano refleja tanto el entusiasmo como los desafíos globales. La consultora EY ofrece datos específicos sobre el contexto nacional. Sus encuestas revelan que existe un amplio interés en esta materia. Por ejemplo, el 86% de los empresarios afirma que la IA será determinante. Específicamente, será clave para el futuro de su negocio.
La misma proporción ubica la ciberseguridad entre las tres principales prioridades de su organización. Además, considera que la productividad debe estar impulsada por la tecnología. Estos datos demuestran una clara consciencia sobre la importancia de la digitalización.
Las cifras también revelan que la IA ya goza de amplia adopción en Colombia. El 92% de los trabajadores ya utiliza esta tecnología en su trabajo. Además, el 34% afirma hacerlo todos los días. Según EY, ese uso de la IA les permite ahorrar tiempo valioso. En promedio, los trabajadores recuperan ocho horas de trabajo a la semana.
No obstante, el desafío que se observa a nivel mundial también se refleja localmente. Solo el 28% de las organizaciones está logrando convertir el uso de estas tecnologías. Es decir, apenas una minoría logra una verdadera transformación de sus negocios. Al mismo tiempo, el 58% de los trabajadores asegura que su carga laboral aumentó. Este incremento ocurrió durante el último año, pese a la adopción de la inteligencia artificial.
Esta paradoja plantea interrogantes importantes sobre la implementación tecnológica. ¿Por qué la tecnología no alivia la carga laboral como se esperaba? La respuesta parece estar en cómo se integran estas herramientas.
BBVA Colombia representa uno de los ejemplos de compañías que están adelantando procesos exitosos. Katherine Duque, vicepresidenta de Ingeniería de la entidad, compartió su experiencia con El Espectador. Señala que el principal beneficio que han experimentado ha sido multifacético. Incluye el uso de los datos, la automatización y la adopción de la IA.
Estos elementos les permiten anticiparse a las necesidades del cliente. También mejoran la eficiencia operativa de manera significativa. Además, personalizan los productos según cada usuario. Finalmente, toman decisiones más rápidas y precisas.
Para Duque, el impacto de estas nuevas tecnologías requiere una perspectiva diferente. No debe verse únicamente como una sustitución de tareas en la que las máquinas reemplazan personas. Por el contrario, debe entenderse como una evolución de las capacidades de los trabajadores.
“Muchas actividades operativas y repetitivas se automatizan, pero al mismo tiempo surgen nuevos roles en analítica, IA, ciberseguridad, arquitectura cloud, gobierno de datos, experiencia digital y gestión de producto. El gran reto es la reconversión del talento: formar a los equipos para trabajar con nuevas herramientas y moverlos hacia tareas de mayor valor”, señala.
Esta visión destaca la importancia del factor humano en la transformación digital. La tecnología habilita posibilidades, pero las personas las convierten en valor real. Por tanto, la capacitación y el desarrollo del talento resultan esenciales.
De cara a los usuarios finales, la transformación digital promete mejoras significativas. Específicamente, cambia la forma en que interactúan con las empresas. Gracias al uso de tecnologías como la inteligencia artificial, la experiencia mejora notablemente. También influyen la analítica de datos y la automatización de procesos.
Las organizaciones pueden ofrecer servicios más personalizados mediante estas herramientas. Además, los servicios se vuelven más ágiles y proactivos. Al mismo tiempo, se reducen las barreras de acceso tradicionales. La relación entre empresas y consumidores deja de depender exclusivamente de una oficina física. Tampoco requiere necesariamente pagos en efectivo.
Esto facilita el acceso a productos y servicios desde cualquier lugar. También permite hacerlo en cualquier momento del día. Por tanto, la conveniencia para el usuario aumenta considerablemente.
La gran conclusión de las fuentes consultadas resulta clara y contundente. La innovación tecnológica, por sí sola, no garantiza mejores resultados. El verdadero cambio ocurre cuando las organizaciones combinan esas capacidades tecnológicas con otros elementos. Estos incluyen liderazgo efectivo, talento humano capacitado y una cultura abierta a la innovación.
En últimas, el éxito no depende del tamaño de la empresa. Tampoco depende de la cantidad de herramientas que adopte. Por el contrario, depende de su capacidad para convertirlas en soluciones reales. Específicamente, soluciones que generen valor tangible para el negocio y sus clientes.
Esta conclusión replantea el debate sobre la transformación digital. No se trata de una carrera por adoptar la última tecnología disponible. Más bien, se trata de un proceso estratégico y profundo. Requiere cambios en la cultura organizacional y en las capacidades del talento humano.
Las empresas que lo entienden así están logrando resultados superiores. Aquellas que solo invierten en tecnología sin transformar otros aspectos enfrentan dificultades. Por tanto, la brecha entre líderes y rezagados continuará ampliándose.
El contexto colombiano presenta oportunidades y desafíos particulares. Por un lado, existe alto nivel de adopción y entusiasmo. Por otro, persisten dificultades para materializar el potencial de estas tecnologías. La clave estará en aprender de los casos exitosos. También será fundamental invertir no solo en tecnología, sino en personas y procesos.
El camino hacia la transformación digital efectiva requiere paciencia y visión estratégica. No es un proyecto con fecha de finalización definida. Por el contrario, es un proceso continuo de adaptación y mejora. Las organizaciones que lo comprendan así estarán mejor posicionadas para el futuro.